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2010 EDITORIALES NACIONALES E INFO INTERNAC.
 
Para que los Argentinos 'tomemos conciencia'
DISCURSO DE LA DIPUTADA LIDIA SATRAGNO, "PINKY", EN LA SESION ESPECIAL POR EL BICENTENARIO
Creo que, en vez de rendirles un homenaje, deberíamos hacerles un desagravio a los hombres de Mayo.
 Es cierto que, hace 200 años, había en la sociedad –como hoy y como siempre—porcentajes de mediocridad, mezquindades y enfrentamientos. 
 Sin embargo, al lado de esas fallas, nuestros antepasados derrocharon genio, generosidad y espíritu solidario.
Aquellos patriotas tenían visión, tenían objetivos y tenían capacidad de lucha:
-    Contagiaban su patriotismo a la sociedad.
-         La invitaban a una gesta.
Hoy, los argentinos no nos sentimos convocados a ningún esfuerzo común. No creemos en la unidad entre gobernantes y gobernados. No pensamos que nuestro bienestar está en manos de quienes conducen la Nación.
Quiero referirme a un hecho simbólico, no sin antes advertir que amo el fútbol. Soy “cuerva” y vibro con la selección.
Lo que me estremece es que hoy, en el Bicentenario de la patria, la esperanza de ganar en Sudáfrica sea el ÚNICO factor de unidad nacional.
Hace unos días, en Israel, Charly García interpretó su versión del Himno Nacional ante millares de argentinos.
- Al finalizar, no hubo vivas a la patria lejana;
- La multitud comenzó a corear “Volveremos, volveremos”, como si sólo la moviera la posibilidad de ser “campeones, como en el 86” .
Lo peor es que ese gesto sugería que, en caso de perder la selección (Dios y Messi no lo permitan) nos quedaríamos sin ningún factor de unión.
Creo que todos debemos reflexionar sobre el papel que cumplimos en esta sociedad. Los que no somos Maradona, ni Mascherano, ni el Pipita Higuaín, ¿qué hacemos para que nuestros compatriotas se sientan orgullosos de ser argentinos?
 * ¿De qué se ocupa esta Cámara de Diputados?
 * ¿Cuáles son los proyectos que trata y cuáles son los que no trata?
 * ¿Cómo van a cambiar, nuestras decisiones, la vida de la gente?
 *¿En qué ayudaremos a que la Argentina se desarrolle, económica y socialmente?
 * ¿Qué aporte haremos a nuestra alicaída educación?
 * ¿Vamos a quedarnos cruzados de brazos mientras la inseguridad se lleva cientos de vidas por semana?
 * ¿Seguiremos tolerando la desigualdad social obscena?
A mí me indigna cuando se me dice que “es difícil” hacer todo lo que deberíamos hacer. Que hay “muchos obstáculos”. Que los medios de comunicación no ayudan.
* ¿Era fácil construir, partiendo de cero, la armazón jurídica de un nuevo Estado, formar una burocracia, establecer un sistema judicial y crear un sistema monetario?
 * ¿Era fácil enfrentar a los fogueados militares realistas?
 * ¿Era fácil improvisar ejércitos con desertores, libertos y presos?
 * ¿Era fácil, para un abogado como Manuel Belgrano, ganar las dos batallas más trascendentes de nuestra historia patria, Salta y Tucumán?
* ¿Era fácil cruzar los Andes para liberar Chile y luego ir por mar a liberar el    Perú?
 
Los obstáculos que hoy tenemos son ínfimos al lado de los que debieron superar los próceres. No busquemos excusas. No convirtamos el Bicentenario en un show frívolo e intrascendente.
Como ferviente belgraniana que soy, pido que oigamos lo que, tantos años atrás, quiso enseñarnos Belgrano:
 “Este país, que al parecer no reflexiona ni tiene conocimientos económicos, será un país desgraciado, si esteriliza la feracidad de sus tierras y desatiende su industria. Pero eso no es todo. Sin educación, nunca seremos más que lo que desgraciadamente somos”.
También dijo: “Me hierve la sangre, al observar tanto obstáculo, tantas dificultades que se vencerían rápidamente si hubiera un poco de interés por la patria."
Belgrano nos enseñó qué debíamos hacer !
Pero también nos enseñó cómo debíamos hacerlo !
Dijo que era necesario “trabajar por la patria poniendo voluntad, no incertidumbre; método, no desorden; disciplina, no caos; constancia no improvisación; firmeza, no blandura; magnanimidad, no condescendencia." El lo cumplió.
Recomendó, además, que los gobernantes no buscaran “glorias ni honores”, y que no respondieran a “intereses” distintos de los intereses de la Patria.
El día que todo esto sea verdad en la Argentina, podremos festejar sin hipocresías
Ojalá sea el 9 de julio de 2010.

 
 ¿Una Corte "kirchnerista"?
Por Mariano Grondona
Especial para lanacion.com  Jueves 17 de junio de 2010
La historia de nuestra Corte Suprema se divide en dos grandes etapas. Entre 1853 y 1930 tuvimos una Corte "independiente" al frente de un Poder Judicial que limitaba verdaderamente al Poder Ejecutivo. De 1930 hasta hoy, hemos tenido en cambio una sucesión de tribunales supremos hasta cierto punto "dependientes" del Poder Ejecutivo. Los gobiernos militares sustituyeron a los miembros de la Corte en más de una oportunidad. Cuando los gobiernos militares cesaban, el condicionamiento se repetía porque, no teniendo los jueces supremos que provenían de los regímenes de facto el acuerdo del Senado, el Poder Ejecutivo civil nombraba a otros jueces con el consiguiente acuerdo senatorial. Por un camino o por el otro el Poder Ejecutivo, ya fuera militar o civil, ha determinado durante ochenta años la composición de la Corte.
En 1989, Menem se encontró con la Corte equilibrada que le dejaba Alfonsín, pero aumentó el número de sus miembros de cinco a nueve para volver a controlarla. Cuando Kirchner llegó al poder en 2003 su primer ministro del Interior, Gustavo Béliz, permitió el nombramiento de una nueva Corte aunque mejoró al menos su nivel profesional. Antes de caer en desgracia y partir rumbo al exilio, Béliz le dejó a Kirchner una Corte con mayor prestigio. Esta Corte que subsistió hasta hoy, ¿es verdaderamente independiente? Al aprobar en principio la nueva ley de medios, ¿no ha desmentido su supuesta independencia?
Si hablamos de la "dependencia" de la Corte de 1930 en adelante, por otra parte, hay que aclarar que ella nunca fue "totalmente" dependiente porque no lo era en los temas "menores" en tanto sólo dependía del Ejecutivo en los temas "mayores", cuando éste en verdad la necesitaba. También la Corte actual ha demostrado ser independiente del kirchnerismo en temas no centrales como el drama de los jubilados, el escándalo del Riachuelo y la situación del procurador general de Santa Cruz Eduardo Sosa, a quien ella ha querido reponer en su cargo aunque sin conseguirlo. En el tema de la ley de medios, que para los Kirchner es mayor y no menor, la Corte acaba de dar una primera señal favorable al Gobierno. Esta señal, ¿bastará para considerarla, de ahora en adelante, como una Corte "kirchnerista"?
La plena independencia de la Corte se ha concretado cada vez que el Poder Ejecutivo aceptó sin cambios la Corte que heredaba de su antecesor. Este no ha sido el caso ni con Menem ni con Kirchner. Los argentinos nos hemos acostumbrado por ochenta años a la subordinación de la Corte al Poder Ejecutivo en los casos "mayores". Para derrotar esta malsana costumbre, necesitaríamos que la Corte le dijera que "no" al Ejecutivo ante algún tema "mayor". La ley de medios lo es. El fallo de los jueces supremos a favor de Kirchner no ha producido, al menos hasta ahora, la demostración de independencia que los argentinos estamos esperando.

LAS PALABRAS DEL PEPE MUJICA
Ustedes saben mejor que nadie que en el conocimiento y la cultura no sólo hay esfuerzo sino también placer.
Dicen que la gente que trota por la rambla, llega un punto en el que entra en una especie de éxtasis donde ya no existe el cansancio y sólo le queda el placer.
Creo que con el conocimiento y la cultura pasa lo mismo. Llega un punto donde estudiar, o investigar, o aprender, ya no es un esfuerzo y es puro disfrute.
¡Qué bueno sería que estos manjares estuvieran a disposición de mucha gente!
Qué bueno sería, si en la canasta de la calidad de la vida que el Uruguay puede ofrecer a su gente, hubiera una buena cantidad de consumos intelectuales.
No porque sea elegante sino porque es placentero.
Porque se disfruta, con la misma intensidad con la que se puede disfrutar un plato de tallarines.
¡No hay una lista obligatoria de las cosas que nos hacen felices!
Algunos pueden pensar que el mundo ideal es un lugar repleto de shopping centers.
 
En ese mundo la gente es feliz porque todos pueden salir llenos de bolsas de ropa nueva y de cajas de electrodomésticos.
No tengo nada contra esa visión, sólo digo que no es la única posible.
Digo que también podemos pensar en un país donde la gente elige arreglar las cosas en lugar de tirarlas, elige un auto chico en lugar de un auto grande, elige abrigarse en lugar de subir la calefacción.
Despilfarrar no es lo que hacen las sociedades más maduras. Vayan a Holanda y vean las ciudades repletas de bicicletas. Allí se van a dar cuenta de que el consumismo no es la elección de la verdadera aristocracia de la humanidad. Es la elección de los noveleros y los frívolos.
Los holandeses andan en bicicleta, las usan para ir a trabajar pero también para ir a los conciertos o a los parques.
Porque han llegado a un nivel en el que su felicidad cotidiana se alimenta tanto de consumos materiales como intelectuales.
Así que amigos, vayan y contagien el placer por el conocimiento.
En paralelo, mi modesta contribución va a ser tratar de que los uruguayos anden de bicicleteada en bicicleteada.
LA EDUCACION ES EL CAMINO
Y amigos, el puente entre este hoy y ese mañana que queremos tiene un nombre y se llama educación.
Y mire que es un puente largo y difícil de cruzar.
Porque una cosa es la retórica de la educación y otra cosa es que nos decidamos a hacer los sacrificios que implica lanzar un gran esfuerzo educativo y sostenerlo en el tiempo.
Las inversiones en educación son de rendimiento lento, no le lucen a ningún gobierno, movilizan resistencias y obligan a postergar otras demandas.
Pero hay que hacerlo.
Se lo debemos a nuestros hijos y nietos.
Y hay que hacerlo ahora, cuando todavía está fresco el milagro tecnológico de Internet y se abren oportunidades nunca vistas de acceso al conocimiento.
Yo me crié con la radio, vi nacer la televisión, después la televisión en colores, después las transmisiones por satélite.
Después resultó que en mi televisor aparecían cuarenta canales, incluidos los que trasmitían en directo desde Estados Unidos, España e Italia.
Después los celulares y después la computadora, que al principio sólo servía para procesar números.
Cada una de esas veces, me quedé con la boca abierta.
Pero ahora con Internet se me agotó la capacidad de sorpresa.
Me siento como aquellos humanos que vieron una rueda por primera vez.
O como los que vieron el fuego por primera vez.
Uno siente que le tocó en suerte vivir un hito en la historia.
Se están abriendo las puertas de todas las bibliotecas y de todos los museos; van a estar a disposición, todas las revistas científicas y todos los libros del mundo.
Y probablemente todas las películas y todas las músicas del mundo.
Es abrumador.
Por eso necesitamos que todos los uruguayos y sobre todo los uruguayitos sepan nadar en ese torrente.
Hay que subirse a esa corriente y navegar en ella como pez en el agua.
Lo conseguiremos si está sólida esa matriz intelectual de la que hablábamos antes.
Si nuestros chiquilines saben razonar en orden y saben hacerse las preguntas que valen la pena.
Es como una carrera en dos pistas, allá arriba en el mundo el océano de información, acá abajo preparándonos para la navegación trasatlántica.
Escuelas de tiempo completo, facultades en el interior, enseñanza terciaria masificada.
Y probablemente, inglés desde el preescolar en la enseñanza pública.
Porque el inglés no es el idioma que hablan los yanquis, es el idioma con el que los chinos se entienden con el mundo.
No podemos estar afuera. No podemos dejar afuera a nuestros chiquilines.
Esas son las herramientas que nos habilitan a interactuar con la explosión universal del conocimiento.
Este mundo nuevo no nos simplifica la vida, nos la complica..
Nos obliga a ir más lejos y más hondo en la educación.
No hay tarea más grande delante de nosotros.
 
Una repentina alteración en el ritmo de la política
Joaquín Morales Solá LA NACION Domingo 13 de junio de 2010.
Néstor Kirchner no competirá con dos o tres candidatos peronistas el año próximo. Una eventual fractura múltiple de sus adversarios justicialistas era la gran apuesta del ex presidente. Sin embargo, en el vértigo de muy pocos días sus contrincantes aclararon demasiadas cosas. Digan lo que digan unos y otros, Mauricio Macri estará con el peronismo disidente; Francisco de Narváez pugnará por gobernar la provincia de Buenos Aires y no por la presidencia de la Nación; Mario Das Neves y los Rodríguez Saá no provocarán deserciones de votantes peronistas con fórmulas propias, y Carlos Reutemann no será candidato a presidente. A pesar de tales certezas, los garabatos finales de esa historia son aún tierra desconocida.
La otra mala novedad importante que recibió Kirchner fue la posibilidad de que el no peronismo, reunido en el Acuerdo Cívico y Social, pueda exhibir una sola fórmula presidencial si siguiera en ascenso la figura de Ricardo Alfonsín. ¿Con cuánto tiempo más cuenta Julio Cobos para continuar vacilando entre el cargo de vicepresidente y la condición de probable candidato opositor? Hasta es posible que Cobos termine su mandato junto con Cristina Kirchner, porque ya deslizó que él no disputará la candidatura con Alfonsín si éste demostrara que está en mejores condiciones que él para reunir a una importante alianza electoral.
Kirchner redactó la nueva ley electoral con la obsesión de conservar el poder hasta el último minuto. Esa reforma, que está vigente, establece que las elecciones internas, abiertas y obligatorias, se harán sólo en agosto de 2011, apenas dos meses antes de los comicios presidenciales. No hay muchas experiencias en el mundo de una indefinición tan larga sobre candidaturas presidenciales. Con interna o sin internas, lo cierto es que la política comenzó a hablar del relevo de los Kirchner y eso es, precisamente, lo que el matrimonio gobernante no quería.
El peronismo disidente lo amenaza con abandonar el Partido Justicialista. Kirchner no quiere eso, y ha dado algunas muestras recientes de que está dispuesto a hacer concesiones importantes en el proceso electoral interno. Esa flexibilidad tiene una explicación: la candidatura del ex presidente perdería legitimidad si no compitiera con los mejores de su partido. En rigor, el peronismo disidente le quiere arrancar una reforma a la ley electoral para que, entre otras cosas, las elecciones internas puedan hacerse en los primeros meses del año próximo. Sí. Estamos jugando con el kirchnerismo una partida de truco , aceptó uno de los principales referentes del peronismo opositor.
La reunión del miércoles de la cúpula disidente puso en evidencia que existían conversaciones secretas entre esos dirigentes. El triunfo de Alfonsín, libre de ataduras y capaz de agrupar el mosaico no peronista, apuró el trámite. Pero nunca la política podría ser tan rápida como para resolver cuestiones significativas (intereses, ambiciones, grandezas y miserias) en sólo 48 horas. La foto de los peronistas mostró nada más que los apresuramientos finales. Careció de estética: sobraron dirigentes que no representan nada, mezclados con peronistas victoriosos o que cuentan con la consideración social.
¿Qué hará Macri? Su ausencia en esa reunión de los principales dirigentes peronistas antikirchneristas dejó abierta con insistencia esa pregunta. Si se sobrevolaran los grandes trazos ideológicos, podría decirse que el peronismo tiene un ala izquierda renuente a Macri, y que Macri tiene un ala derecha refractaria al peronismo. Felipe Solá y Jorge Busti son las expresiones peronistas más antimacristas. Algunos dirigentes de Pro suponen, a su vez, que no sería bueno para la imagen de Macri entreverarse con todos esos peronistas, algunos muy desgastados.
Tiempo al tiempo: el propio Macri sabe que no podría ser un candidato solitario para sepultar su candidatura y entregarle fácilmente el triunfo al panradicalismo. Será candidato con el peronismo o no será. Algunos macristas los llaman "primos" a los peronistas disidentes, pero lo cierto es que son como hermanos en la fe.
Macri confía sólo en Duhalde. Tiene un realismo y una generosidad por encima de la media de la política , piropea al ex presidente. Voceros de Duhalde aceptaron que una negociación con Macri es inevitable. Será bienvenido a la coalición, pero primero hay que poner en orden al peronismo , dijeron. El propio Macri concede que Duhalde está creciendo en las encuestas, aunque se atribuye a él mismo y a Cobos el liderazgo más popular de la oposición antikirchnerista. Duhaldistas y macristas vaticinan para fines de año el momento oportuno de esa negociación ineludible.
La suerte de Duhalde depende de qué es lo que la gente común entiende por renovación. Si se tratara de una renovación de dirigentes, él estaría perdido. Si, en cambio, la mayoría de los argentinos estuviera buscando una renovación de estilos y de métodos, sus posibilidades podrían crecer. La renovación consiste hoy en darle a la sociedad certidumbres y formas más amables de construir la política, después de siete años de imprevisibilidad y de prepotencia , suele repetir el ex presidente. Juega su juego.
Una noticia importante fueron las declaraciones de De Narváez en las que comenzó a aceptar su destino bonaerense. Imprescindible para que el peronismo disidente aspire a ganar Buenos Aires, el reciente vencedor de Kirchner quiere, no obstante, que su decisión de resignar la candidatura presidencial sea sólo de él y no una imposición de sus aliados. Esa es su condición.
Duhalde aceptó sus planteos y accedió también a recitar el parlamento propuesto por De Narváez: ninguno dirá en adelante que es el candidato inamovible del peronismo disidente. En verdad, De Narváez está negociando las condiciones que un eventual gobierno nacional le daría a una probable administración bonaerense a su cargo.
 
De Narváez entrevió las penurias ornamentales de aquella foto del miércoles y llegó tarde a propósito para no formar parte de ese confuso instante fotográfico. Reutemann lo acogió luego en su despacho para posar en una foto mejor hecha. Reutemann es así: se lleva bien con casi todos (incluido Macri), tal vez porque es verdad que se sentó a la mesa para ayudar y no para ser candidato.
Kirchner no está vencido de antemano, aunque otros protagonistas se hayan quedado en los últimos días con la iniciativa política que él monopolizó hasta el pasado domingo. El ex presidente imagina en 2011 una sociedad extorsionada por la necesidad de conservar la estabilidad económica y menos sensible a las cuestiones morales o institucionales. Si fuera así, muchos argentinos preferirían quedarse con un gobierno que ya conocen. Pero si aquellas garantías económicas fueran asumidas cabalmente por algunos de sus contrincantes, él también estaría perdido.
En este caso, sería difícil la existencia de una sociedad indiferente ante un gobierno capaz de proteger a las barras bravas del fútbol. Y de aliarse con ellas. Ya quedó vetusta la vieja queja social hacia los gobiernos por la impotencia oficial ante esos grupos violentos; ahora es el Gobierno el aliado de esas bandas asociadas al crimen.
Las cosas podrían ser peores todavía si una deducción que balbucea Hugo Moyano fuera algo más que otro síntoma de la natural paranoia de los sindicalistas. El líder cegetista empezó a convencerse de que sus pesadumbres judiciales son obra de los Kirchner; éstos, infiere, se propondrían mostrarlo en la cárcel para conquistar a franjas de la clase media que detestan a la familia Moyano.
El padre de los Moyano levantó la apuesta salarial de su gremio sólo como una guerra preventiva. Kirchner es audaz, pero no tomó aún la decisión de llegar a tanto. Sólo deja que los jueces avancen hasta tocar la línea roja. ¿La cruzarán?
 
¿Desplaza el fútbol a la guerra, la camiseta a la bandera?
Mariano Grondona LA NACIONDomingo 13 de junio de 2010
Durante milenios la guerra fue tenida, siguiendo a Aristóteles en La política , como el desafío final capaz de poner a prueba la suerte de una nación. Era en la secuencia incesante de los enfrentamientos armados, en efecto, donde nacían y morían los imperios.
En un tiempo tan lejano como los comienzos del siglo V antes de Cristo, los griegos resistieron victoriosamente al imperio persa en las Guerras Médicas. Con ellas comenzó la historia de Occidente, una trayectoria que Hegel interpretó en sus Lecciones de filosofía de la historia como la marcha ascendente de la libertad. Después de incontables guerras y batallas, la larga lucha de Occidente culminó a fines del siglo XX, más precisamente en 1989-1991, cuando Estados Unidos y sus aliados doblegaron al totalitarismo soviético, poniendo fin a la Guerra Fría. Si pensamos en San Martín y en Urquiza, nuestra propia historia avanzó a través de las confrontaciones militares que los tuvieron por protagonistas, gracias a las cuales los argentinos conseguimos primero la independencia y después la Constitución de 1853, la Constitución de la libertad.
También durante milenios, por eso, se había dado por seguro que cada generación tendría su guerra. De ahí que en gran parte de su desarrollo tanto la historia de Ocidente como la historia de la Argentina bicentenaria hayan tenido un perfil épico. Pero hechas de gloria y de sangre, y pese a estar acompañadas por las "muertes militares" que cantó Borges, las guerras fueron agotando a la humanidad porque siempre traían consigo, como subrayó Churchill, "sangre, sudor y lágrimas". Dos colosales novedades vinieron a regar entonces la verde planta del pacifismo. Una de ellas, la fatiga de grandes naciones guerreras como Francia, Alemania y Japón. Los franceses experimentaron el inmenso costo humano de la guerra en las crueles trincheras de la Primera Guerra Mundial. Los alemanes y los japoneses dejaron de ser guerreros para convertirse en comerciantes a consecuencia de los terribles estragos de la Segunda Guerra Mundial. Sólo los norteamericanos, los ingleses y los israelíes conservan hoy en Occidente, éstos urgidos por el cerco que los ahoga, el antiguo espíritu bélico. Pero ellos ya no resultan la regla sino la excepción si también se tiene en cuenta que nuestra América latina abandonó, desde la cruenta guerra del Paraguay en la segunda mitad del siglo XIX, el masivo recurso a las armas.
Al influjo de esta memoria colectiva de nuestra civilización vino a sumarse el negro vaticinio que trajo consigo la amenaza nuclear, cuando por más de cuarenta años la subsistencia de la humanidad dependió de que alguien estuviera tan asustado o fuera tan irresponsable como para apretar el botón del Apocalipsis. Pero en tren de superar esta dramática instancia, al borde ya del pacifismo por sus recuerdos y por sus temores, ¿adónde volcarían los seres humanos los cuantiosos excedentes de testosterona que aún los siguen apremiando? Un impensado protagonista ha aparecido al lado de esta pregunta crucial: nada menos que en el deporte.
 
El grito que nos une
Los griegos, que nos han enseñado tantas cosas desde el teatro hasta la filosofía, también despertaron en Occidente el horror a la guerra y por eso cada cuatro años celebraban los Juegos Olímpicos, en cuyo transcurso competían en vez de matarse. Pero esta genial iniciativa era apenas un descanso, un recreo, en medio de sus innumerables batallas. Hoy, asimismo, los Juegos, así como los campeonatos mundiales de fútbol, se despliegan cada cuatro año, pero esta vez indican, más allá de un fugaz reposo del hábito bélico, el advenimiento de una nueva cultura universal a través de la cual las naciones se esfuerzan por ganar la paz.
Parecería que pretender la sustitución de la gloria y la sangre de antaño por la exaltación de las pujas deportivas responde a una motivación pueril. Se dice entonces, después de una victoria futbolística y sobre todo después de una derrota, que no deben exagerarse las tribulaciones de lo que no es, al fin, nada más que un juego.
Hay quienes han analizado más aún el fútbol como una nueva versión del "opio de los pueblos" que Marx adjudicó, en su tiempo, a la religión. A esta concepción respondió por ejemplo el brillante ensayo de Juan José Sebreli La era del fúbol , publicado en 1998. ¿Pero no será que, como alguna vez le dijo Mitre a Roca, "cuando todo el mundo se equivoca, todo el mundo tiene razón"? Seguramente, Sebreli será uno de los escasísimos argentinos que no miraron el partido de ayer contra Nigeria. ¿Pero no habrá entonces algo más, mucho más, que un mero juego o un mero escape en la pasión concurrente que experimentamos ayer millones y millones de argentinos al seguir los trebejos de nuestra selección, una pasión que también experimentaron o experimentarán miles de millones de personas que siguen a otros equipos en el resto del planeta?
Es que hay un sentido místico, casi religioso, en ese momento supremo del fútbol, cuando una multitud siente al mismo tiempo, en el mismo instante, la dulce o amarga sensación de un gol. ¿No quiere decir algo más allá del fútbol que él nos brinde, a quienes venimos de las más distintas preferencias, esta sorprendente vivencia de la unanimidad? ¿Qué late en el fondo de la conciencia colectiva cuando todos vivimos una idéntica sensación? ¿Sólo el entretenimiento de un juego o la aguda conciencia de que formamos parte de una misma nación? Los guerreros que nos precedieron, ¿no sentían algo similar cuando cargaban detrás de una bandera? El fútbol tiene la ventaja adicional sobre los demás deportes de que la escasez del gol lo transforma en un estallido inolvidable. ¿No será que en este tiempo en que las impulsiones de la unidad casi nos han abandonado, la camiseta se ha convertido en el sustituto emocional de la bandera? ¿No es en torno de aquella que ahora nos reconocemos mutuamente como los miembros de una misma nación?
 
El vuelo de las aves
Es que no somos seres exclusivamente racionales sino también "animales racionales" como decía Aristóteles, hechos de carne y de razón. "Hay más cosas en el cielo y en la tierra, le advirtió Hamlet a su amigo Horacio, que las que sueña tu filosofía". Cicerón definió alguna vez a la República Romana como "el Senado y los auspicios", esto es, como la razón y los augurios, presuntamente irracionales, que los sacerdotes vislumbraban en el vuelo de las aves. Los partidos del Mundial darán lugar a innumerables comentarios eruditos, pero también enviarán a los argentinos nuevos augurios. Aun los más intelectuales entre nosotros, ¿podrán sustraerse en los días que siguen al pálpito, a la sensación inexplicable pero real de que los dioses están mirando?
En este sentido, nuestros jugadores exultantes o atribulados serán para nosotros como las aves cuyos vuelos fascinaban a los romanos. Otras batallas incruentas, sin duda, nos esperan. Las ganaremos o las perderemos, pero en el triunfo o en la prueba nos acompañará la renovada sensación de la unidad nacional que aguarda después de esta toma de conciencia.
Por ello desde ahora será necesario, además de condenar a quienquiera pretenda apropiarse indebidamente de nuestro destino después de cada gol, acompañar esta condena con la convicción de que estamos llamados a hacer algo importante, algo grande, juntos, más allá de las mezquindades cotidianas. Ha llegado la hora de tomar ventaja de este impulso quizás irracional que sea capaz de ponernos en la ruta de una acción convergente hacia la plenitud republicana y democrática que todavía nos espera.


 A partir de Alfonsín
Por Mariano Grondona
Especial para lanacion.com  Jueves 10 de junio de 2010
La victoria de Alfonsín en la elección radical del último domingo, ¿refuerza o debilita a la oposición en su combate con el kirchnerismo? Según una primera interpretación, podría debilitarla al agregar un presidenciable más a la lista de aquellos que pretenden desafiar a Kirchner, ya que el radicalismo deberá incluir de ahora en adelante no sólo a Julio Cobos sino también a Ricardo Alfonsín entre los pretendientes. Desde el momento en que el riesgo de la oposición no es sólo que disminuyan sus votos totales, que el 28 de junio de 2009 alcanzaron el 70 por ciento, sino también que esta alta cifra se divida entre demasiados candidatos, la incorporación de Alfonsín a la primera línea del combate pareciera complicarle aún más las cosas.
El hecho de que a partir de ahora tengamos que alargar con un miembro más la lista de los presidenciables no kirchneristas, ¿apunta entonces hacia la existencia de un proceso divergente, "centrífugo", en las filas de la oposición? Esta pregunta es grave porque pareciera anunciar que, si al arco no kirchnerista terminaran por sumarse Macri, Cobos, Alfonsín y dos o tres candidatos del peronismo federal -por ejemplo, De Narváez, Duhalde y Solá-, además de Carrió, el triunfo global de la oposición sobre el Gobierno podría convertirse en derrota a causa de su eventual dispersión.
Contra esta hipótesis pesimista, algunos observadores proponen sin embargo una optimista en función de la posibilidad "centrípeta" de que algunos opositores presidenciables decidan al fin dar un paso al costado para evitar el suicidio. Algunos signos apuntan en esta dirección. Uno de ellos es la cordial felicitación de Cobos a Alfonsín por su triunfo en la interna. Otros son las declaraciones del propio Alfonsín, quien inmediatamente después de haber ganado convocó al resto de las fuerzas políticas a un "pacto de gobernabilidad" destinado a facilitar la dura tarea que le espera al próximo presidente, sugiriendo además que los opositores unificaran sus múltiples candidaturas en beneficio de aquél entre ellos que "mida" mejor en las encuestas con vistas la próxima elección presidencial.
A estas señales habría que agregar que los principales referentes del peronismo federal, de Duhalde a De Narváez y de Reutemann a Das Neves, acaban de firmar un documento de coincidencias. El intérprete se encuentra por lo visto frente a dos visiones opuestas de nuestro futuro. Una de ellas, "centrífuga", refuerza las posibilidades del kirchnerismo al enfatizar la división de sus opositores. La otra, "centrípeta", refuerza al contrario las posibilidades del no kirchnerismo, cuyos principales representantes empiezan a considerar seriamente que, si quieren detener a Kirchner, no tendrán otra salida que la convergencia. ¿Cuál de estas dos visiones alternativas prevalecerá? He aquí una pregunta cuya respuesta resultará, al fin, decisiva.


 El discurso de certeza de los Kirchner se torna vacío
Joaquín Morales Solá  para LA NACION
Quizá ni el propio Ricardo Alfonsín haya imaginado nunca que su triunfo en una interna local agitaría profundamente el plácido letargo de la política. Néstor Kirchner, dueño del monopolio de la decisión política hasta el pasado domingo, está condenado desde entonces a pensar en la estrategia de sus competidores. "Hay que acordar rápido las condiciones del acuerdo", se desesperó un peronista disidente en alusión a su propio sector, fragmentado por varias candidaturas presidenciales. Julio Cobos abandonó su condición de candidato inevitable del radicalismo, y el Acuerdo Cívico y Social se alborotaba con nuevas intenciones y con otros planes tras la novedad dominguera.
Unos 150.000 bonaerenses que votaron en esa interna dejaron, sin embargo, otras dos lecciones que podrían servir para entrever los anhelos sociales. El primer mensaje es el que reclama una rápida renovación de la política. El apellido Alfonsín está asociado a la política desde hace muchos años, pero Ricardo Alfonsín es una persona conocida desde hace muy poco tiempo. Sus contrincantes internos, Leopoldo Moreau y Federico Storani, eran la expresión cabal de una vieja dirigencia apegada a las estructuras partidarias, demasiado distante de la sociedad. En verdad, Moreau debió abandonar la militancia política después de las elecciones nacionales de 2003, cuando llevó al radicalismo, como candidato presidencial, a la peor cosecha de votos en su historia, poco más del 2 por ciento de los sufragios nacionales.
El segundo mensaje está implícito en el estilo del Alfonsín actual. Dialogador y consensual, nunca creó un solo instante de crispación, ni siquiera en las tensas vísperas de la elección interna. Es el radical que mejor dialoga con Elisa Carrió, pero es el mismo radical que pudo ir a la cena del Bicentenario y saludar a Cristina Kirchner con las formalidades del caso. ¿Hay algo más distinto que ese estilo y el sistema de gobierno de los Kirchner? Se ha hecho célebre en la política una definición del matrimonio gobernante que pertenece a Federico Pinedo en sus horas de filósofo amateur: "Los Kirchner no soportan la paz". Es probable que la elección del domingo haya mostrado también los primeros síntomas palpables de cierta fatiga social de ese modo de gobernar.
La política argentina es volátil y tiene, a veces, un ritmo de vértigo. Cobos lo sabe mejor que nadie. Hasta hace sólo tres meses, el vicepresidente era el candidato ineludible del radicalismo para las presidenciales del próximo año. Muchos peronistas encumbrados, y algunos muy cercanos a la cima kirchnerista, aseguraban que Cobos era el próximo presidente de la Argentina. Desde el lunes pasado, está en dudas su condición de candidato presidencial y, por lo tanto, su posibilidad de acceder a la jefatura del Estado. Puede deducirse fácilmente que el principal problema de Cobos está en el radicalismo, donde muchos afiliados no olvidaron su extinguido romance con los Kirchner.
El peronismo disidente se sofoca. ¿Qué hacer ahora para no perder tiempo? Los peronistas antikirchneristas jugaban con la laxitud del tiempo porque el principal referente no peronista de la oposición, Cobos, es un hombre amordazado por el cargo vicepresidencial.
Ricardo Alfonsín puede, en cambio, jugar a candidato desde ahora mismo. Al revés de Cobos, Alfonsín está en condiciones de prometer la reunificación del Acuerdo Cívico y Social, y, sobre todo, un acuerdo con Elisa Carrió y con el socialismo, que eran muy renuentes a cerrar un trato con el vicepresidente.
Carrió ya anticipó que está dispuesta a definir la candidatura presidencial de esa eventual alianza mediante consultas de encuestas sobre intención de votos, no sobre imágenes. Pero ella quiere, primero, crear una coalición en condiciones de gobernar, que podría incluir a algunos peronistas. "La actual coalición [por el Acuerdo Cívico y Social] no es una coalición gobernante", ha dicho. Para Carrió, apurarse no siempre es bueno, y les endilga el pecado de la premura a Cobos y a Alfonsín.
El peronismo disidente estaba acostumbrado a medir probables fuerzas sólo con el kirchnerismo. Incluso, se le atribuye a Eduardo Duhalde la siguiente descripción reciente: "Kirchner cree que puede poner las pesas en las dos bandejas de la balanza. Nosotros tenemos que demostrarle que también podemos poner pesas en la balanza".
El nuevo conflicto de ellos consiste en que se sumó un actor más, el núcleo no peronista de la política, a esa distribución de la relación de fuerzas. "El «efecto Alfonsín» marcará otro ritmo en el peronismo disidente. Negarlo sería negar los cambios de la política", aceptaron muy cerca de Duhalde.
Ese peronismo no kirchnerista tiene sus límites. Uno de ellos son los intereses electorales del propio Duhalde. Su encuestador predilecto, Julio Aurelio, le acaba de decir que su imagen negativa empató por primera vez con la positiva. Duhalde tenía en los últimos años una imagen negativa mucho más alta que la positiva. ¿Por qué frenar ahora ese proceso de crecimiento? No lo hará. El ex presidente acortará sus tiempos, pero no los interrumpirá. "Le hablará a la sociedad de certidumbre y de futuro, que son las grandes ausencias de la política de hoy", vaticinan a su lado.
Otro límite es la obstinación de Francisco de Narváez en pelear su improbable candidatura presidencial. Mientras su situación esté indefinida entre las aspiraciones a la presidencia de la Nación y a la gobernación de Buenos Aires, el peronismo disidente difícilmente podrá construir una alternativa definitiva. Por algo es el único político que le ganó personalmente a Néstor Kirchner desde las elecciones de 2003.
Un obstáculo no menor para el peronismo no kirchnerista consiste también en vislumbrar qué hará el jefe del gobierno porteño, Mauricio Macri. ¿Lo acompañará? ¿Edificará su propia candidatura al margen del peronismo, aunque se condenen él y el peronismo a una eventual derrota? ¿O buscará un acuerdo con ese peronismo, aunque corra el riesgo de resignar su candidatura presidencial? Macri calla, por ahora, pero sus laderos aceptaron que oyó los ruidos de las nuevas ráfagas políticas.
No hay peronistas auténticos que alcancen ahora la imagen positiva que tienen Cobos y Alfonsín, pero la volatilidad de la política también los acecha a los dos líderes radicales. Nada es definitivo para nadie en la política argentina. Y el futuro es más imprevisible aún para los que gobiernan, porque están sometidos a un escrutinio mucho más severo de parte de la sociedad.
Si todos han perdido la seguridad electoral, el reciente discurso de certezas de los Kirchner, que prometían inverosímiles continuidades, se torna ahora más vacío que antes.

 La UCR destapa un tema tabú
Por Martín Dinatale
Especial para lanacion.com Lunes 7 de junio de 2010.
No hay agenda de grandes definiciones políticas para esta semana, por lo menos en lo formal. Será una semana marcada por el tema que ayer destapó la interna radical y que hasta ahora, por pudor y tabú, la clase política no se animaba a debatir abiertamente: la pelea por las candidaturas.
La victoria de Ricardo Alfonsín puso sobre la mesa la discusión de las candidaturas presidenciales sin tapujos. El propio diputado de la UCR se negaba hasta anoche en el Hotel Castelar a hablar abiertamente de sus aspiraciones presidenciales ante la insistencia de sus correligionarios. Pero la oleada de votos en contra de un aparato político histórico como es el de Leopoldo Moreau y Federico Storani harán inevitable la redefinición de ideas y candidaturas en el radicalismo. La misma postulación de Julio Cobos, que apoyó a la dupla bonaerense de la UCR, quedó atrapada por los comicios de anoche.
En el peronismo también se disponen a discutir las candidaturas desde esta semana. Bajo la excusa de hablar de los comicios del radicalismo bonaerense en el Gobierno anoche ya daban por descartado que habrá duras críticas para Cobos. Era una de las cosas que más esperaba la Casa Rosada de este resultado de internas en la UCR. De hecho, un secretario de Estado comentó anoche a LA NACION que "a partir de ahora Cobos empezará a morder el llano y no podrá discutir como único heredero del radicalismo". Es el momento más esperado del Gobierno para vengarse del vicepresidente.
Hoy por la tarde, Néstor Kirchner encabezará la presentación del Instituto de Estudios y Formación Política del Consejo Nacional del Partido Justicialista en el teatro porteño El Nacional. El acto contará con la presencia de gobernadores, intendentes y dirigentes justicialistas de todo el país. El tema de la interna de la UCR sobrevolará el ambiente y Kirchner quiere aprovechar ese escenario para ratificar el rumbo de elecciones internas partidarias que convocó como una forma para desafiar a sus contrincantes del PJ y legitimar su candidatura presidencial de 2011. Es muy probable que el ejemplo de la pulseada en la UCR bonaerense le sirva como excusa perfecta para llamar a sus oponentes del PJ como Felipe Solá y Eduardo Duhalde, que ya dieron señales de dar la pelea presidencial por afuera del aparato del PJ. Es que estos siempre pusieron como excusa que con el manejo del poder de parte de Kirchner no tenían garantías para enfrentar una interna limpia en el aparato peronista. El resultado radical de ayer les derriba ese argumento a los candidatos del PJ disidente.
En la Coalición Cívica anoche también se desató un fuerte debate. Elisa Carrió que apostó desde un primer momento a la lista de Alfonsín también empezará a pasarle facturas a sus aliados que iban con Julio Cobos.
La presidenta no tiene una agenda cargada en esta semana. Por lo menos, oficialmente no estaba pautado hasta ayer ningún acto relevante en la Casa Rosada. Por ahora, el tema tabú estará destapado por obra del radicalismo. Se hablará de candidaturas hasta el desgaste en las próximas horas. No será por mucho tiempo. Apenas por cinco días. Luego comenzará el Mundial y el tema pasará a ser los goles y no goles en Sudáfrica.

 Historia de cinismos y persecuciones
Por Joaquín Morales Solá LA NACION Domingo 30 de mayo de 2010
Néstor Kirchner suele mostrar a sus oyentes privados encuestas que le dan a él un 31 por ciento de intención de votos para presidente. Son mediciones de dos agencias que han hecho tantos trabajos para el Gobierno como la cantidad de errores que han cometido. Ninguna empresa seria de mediciones de opinión pública llegó a semejantes cálculos. Kirchner suele juntar esas cifras y la monumental repercusión popular del Bicentenario para asegurar que está en condiciones de retener el poder. Exultante, describió un ministro el estado de ánimo en Olivos por las fiestas de Mayo.
Los Kirchner tienen, sin embargo, dos problemas. Uno consiste en que ni la historia ni la política son estáticas, sino dinámicas y cambiantes. El otro problema es insalvable porque reside en la comprobación simple de que la Argentina no está en Marte, sino en medio de un mundo acosado por crisis económicas y financieras implacables. Cualquier crisis de esas características se convierte en una pandemia con amplias secuelas en todos los recovecos del mundo. La Argentina está incluida.
La inestabilidad financiera que asedia esta vez a Europa ya ha hecho estragos en la economía y la política de muchos de sus países, cuando no en todos. La propia recuperación norteamericana es la convalecencia de un enfermo muy débil; el mismo Barack Obama influyó personalmente para que se concretaran los ajustes fiscales del español Rodríguez Zapatero. Una deducción es inevitable: la poderosa economía norteamericana podría trastabillar otra vez ante una crisis mayor de la economía de España. Así de interconectado está el mundo de hoy. Los Estados Unidos y Europa son receptores importantes de las exportaciones argentinas.
Rezagada por los estertores de una crisis inacabada, es probable que la economía mundial tenga el año próximo un crecimiento económico menor al previsto. Las exportaciones argentinas tendrán, por lo tanto, mercados más restringidos y los precios de las materias primas bajarán, aunque nada indica que se derrumbarán. Los mercados financieros están muy cautelosos; la Argentina no recibirá ningún crédito. En tiempos de oscilaciones, el dinero se vuelve conservador y sólo se detiene en la calidad de los deudores, que el país de los Kirchner no puede ofrecer. Ya tuvo una primera prueba: desaparecieron los 1000 millones de dólares frescos prometidos junto con el canje de la deuda en default, que tuvo un resultado magro.
La conclusión de todo eso es que la Argentina crecerá en 2011 a un ritmo menor al de este año, según el análisis de economistas privados y de organismos internacionales. Deben incluirse los propios desmadres locales. La impronta de los sindicatos está atizando el fuego de la inflación, pero también la desesperación del Gobierno por usar fondos del Estado, las reservas nacionales entre ellos.
Menor crecimiento, mayor inflación y la inseguridad jurídica que pulverizó las inversiones nacionales y extranjeras no construirán nunca una buena oferta electoral para ningún gobierno. ¿Creen los gobernantes que los argentinos votarán dentro de un año y medio influidos por la resaca del Bicentenario y no por los problemas cotidianos de entonces? Si esa fuera la ilusión del oficialismo, entonces no ha hecho ningún esfuerzo para comprender las históricas reacciones sociales.
Aquellos problemas podrían agravarse por dos razones. Nadie descarta, por un lado, un giro más dramático aún de la crisis internacional. Y, por el otro, la Argentina no ha resuelto, más que con palabras cargadas de hipocresía, su último diferendo comercial con el mundo. Las señales que llegan de Europa por las trabas argentinas a las importaciones de alimentos son alarmantes: Quieren sangre, exageró un funcionario argentino que escuchó esos mensajes. Brasil podría empezar por cerrarles las puertas a las exportaciones argentinas de aceitunas en conserva, que van casi totalmente al país vecino y que benefician a gran parte de la economía del norte argentino. Los europeos prometieron enfurecerse aún más si hubiera sólo una solución para Brasil y no para el resto de los países.
Lo que ofende es el cinismo. La frase corresponde a un importante funcionario de Brasilia. Se refería al discurso de la Presidenta que ratificó que no existen ni existieron trabas para la importación de alimentos. Las compras argentinas de alimentos se redujeron a cero en las últimas semanas. Esa es la realidad, aunque no exista ningún papel firmado por nadie en Buenos Aires, argumentaron en Brasil. Los europeos padecen los mismos efectos de la clandestinidad del Estado argentino: no pueden hacer denuncias ante la Organización Mundial del Comercio porque no cuentan con la prueba de ningún papel oficial argentino.
La hipocresía tuvo anécdotas memorables. El gobierno argentino está frenando un envío de duraznos en almíbar de Grecia. Las exportaciones argentinas de alimentos a Grecia duplican las importaciones de ese país, castigado por una durísima crisis económica y social. La Presidenta viene de una cumbre en Madrid donde lloró por la crisis griega y culpó al capitalismo de esos estragos en la tierra de Aristóteles. Ya en Buenos Aires, despachó con increíble frialdad a los griegos y a su comercio.
Los frenos colocados clandestinamente por Guillermo Moreno deberían comenzar a funcionar pasado mañana. Fueron aprietes verbales a los supermercados y órdenes, también verbales, a los organismos sanitarios que deben autorizar las importaciones. Ningún decreto, ninguna resolución, ningún informe al Congreso sobre los cambios producidos de hecho en la política de comercio exterior del país. ¿Acaso el otrora prestigioso Indec no cayó también abatido por esas formas nuevas de la vieja clandestinidad?
Dicen que el Gobierno podría devolver a Moreno a su casa para reconciliarse con la clase media después de la algarabía del Bicentenario. Difícil. Moreno no es una reciente decisión errónea de la administración. Lleva siete años con los Kirchner y sólo ejecuta, ciego y sordo, las instrucciones del matrimonio presidencial. Cuando se vaya Moreno, ¿se quedará Kirchner?, preguntó irónico un legislador oficialista. Dicho de otro modo: ¿qué sentido tendría sacar a Moreno si Kirchner, jefe e inspirador de aquel, continuara como jefe político del Gobierno?
Amado Boudou podría ser reemplazado por Débora Giorgi cuando el actual ministro de Economía haya demostrado lo que ya es evidente: su absoluto fracaso. Giorgi, sumisa y disciplinada ante los humores de Cristina Kirchner, viene trabajando desde hace rato en una reunificación de toda el área económica de la administración. Cristina nunca se empalaga ante esas pruebas de lealtad incondicional de la ministra y le devuelve los gestos a Giorgi con referencias a ella hasta cuando no necesita hablar de ella.
Los Kirchner no hablan del futuro. No existió el porvenir en ninguna expresión del Bicentenario. Su pelea permanente es con la historia en un incesante combate cultural. Luchan por instalar una visión ideológica de las luchas armadas de los años 70, por el predominio de políticas económicas de los años 50 y, ahora, por ganarle la batalla al Centenario de 1910.
En ese contexto de un pasado omnipresente debe incluirse el proceso judicial de ultraje y vejación que sufrieron los jóvenes Herrera Noble, hijos de la directora de Clarín. Aun cuando fueran víctimas de las violaciones de los derechos humanos en los 70 (lo que no está probado), ¿por qué los sometieron a un proceso de acoso y persecución propio de victimarios? ¿Por qué la humillación humana a personas que no hicieron nada?
El derecho a la verdad del pasado, que existe, no es más importante que el derecho a la intimidad de las personas en el presente, que también existe. La Justicia no está habilitada, además, para ordenar la cacería y el maltrato de ningún argentino inocente.


 La amenaza de un virtual cierre del Congreso
Por Joaquín Morales Solá Domingo 28 de febrero de
La deserción de un solo senador opositor le permite ahora al oficialismo guillotinar al Senado. La deslealtad de dos o tres diputados de la oposición le habilitaría al oficialismo la posibilidad de inmovilizar la Cámara de Diputados. La Argentina podría convertirse, así las cosas, en una República sin Congreso. El poder no está ya en poder de los Kirchner, pero tampoco está en manos de sus opositores. El poder está vacante , describió con dureza uno de los principales líderes parlamentarios.
Tan vacante está el poder, que el oficialismo comenzó a negociar en las últimas horas con la oposición (sobre todo, con el jefe de los diputados radicales, Oscar Aguad) la redacción de un proyecto de ley que reemplazaría al decreto de necesidad y urgencia de Cristina Kirchner sobre las reservas nacionales. El interlocutor enviado fue el líder del bloque oficialista, Agustín Rossi. El proyecto debe ser del Ejecutivo y no debe disponer de plata contante y sonante , le replicó el radical.
Barajaron distintas formas. Una de ellas fue la creación de una especie de fondo fiduciario que garantizaría el pago de la deuda, pero sin sacar los recursos del Banco Central. Otra forma sería la autorización al Gobierno para que pueda negociar la garantía de otros países sobre el pago de la deuda argentina. Hablaron de Brasil.
Otros bloques opositores creen que, antes que nada, el Gobierno debe derogar el decreto de necesidad y urgencia o éste debe ser rechazado por el Congreso. El camino se bifurca en la oposición, entonces. O nos convertimos en un partido único en el Congreso o moriremos . La frase la lanzó Felipe Solá, no sin cierta desesperación, ante los otros jefes opositores de la Cámara de Diputados. Solá y Elisa Carrió son los que mejor se llevan entre esos caudillos opositores. En cambio, Carrió desconfía de sus viejos correligionarios, los radicales.
Ambos, Carrió y Solá, le temen también al constante zigzagueo de la centroizquierda y, sobre todo, al bloque que conduce el ex arista Eduardo Macaluse. Sin la centroizquierda, la oposición puede contar sólo con 130 diputados, uno más de los necesarios para el imprescindible quórum del miércoles próximo, cuando se reúna la Cámara baja en su primera sesión con la nueva composición. Debería aprobar o rechazar el decreto de necesidad y urgencia que ordenó la transferencia de parte de las reservas nacionales a las cuentas del Ejecutivo. Es posible, no obstante, que Cristina Kirchner anuncie mañana, en el discurso ante el Congreso, su intención de buscar un proyecto de ley.
El presidente de Diputados, el kirchnerista Eduardo Fellner, fue más leal que el senador Miguel Pichetto: ya les anticipó de manera indirecta a los opositores que el quórum es responsabilidad de ellos. Es decir, el oficialismo no bajará al recinto si la oposición no logra sentar en las bancas a los 129 diputados propios. Solá hace gala de un escéptico optimismo y Carrió cree, puesta a elegir, más en las deserciones de última hora que en las lealtades irreversibles. No estoy segura de nada , reconoció. Aguad sostiene que sólo la adhesión de la centroizquierda podría darles seguridad. Sin ella, tengo muchas dudas , se resignó.
Hay líderes de la izquierda entrelazados con sindicatos que, a su vez, responden a los Kirchner. Hay gobernadores (como el cordobés Juan Schiaretti) que a veces está con los opositores y otras veces no está. Hay un choque cultural en la discusión entre los opositores. Así como Carrió y Solá tienen una misma manera de entender la política y el poder (y, por lo tanto, de predecir al kirchnerismo), los radicales prefieren no gastar el prestigio institucionalista de su partido para ganar pequeños combates. ¡No son pequeños! , estalla Carrió. La embrionaria negociación entre Rossi y Aguad podría abrir otra fisura en los opositores.
¿Ha ganado el kirchnerismo? El Gobierno perdería cualquier votación tanto en el Senado como en Diputados, pero tiene el recurso del quórum. De hecho, la reunión abortada en el Senado hubiera significado, aun sin Carlos Menem, la derrota del kirchnerismo por 36 a 35, pero no estaba en la oposición el senador número 37, indispensable para que el cuerpo pueda votar. Lo mismo sucedería en la otra Cámara si la oposición no sentara al diputado opositor número 129. El caso de Menem podría repetirse con otros senadores: el francotirador necesita abatir sólo a un senador opositor.
La pregunta que debe hacerse es qué solución habría para conflictos importantes si el Congreso fuera virtualmente cerrado. La Corte Suprema de Justicia debió rechazar varias presiones de los últimos días (la hicieron el procurador Joaquín Da Rocha y el secretario legal y técnico de la presidencia, Carlos Zannini) para que el tribunal suspendiera los fallos que inmovilizaron las reservas. La Cámara en lo Contencioso Administrativo, que dejó firme esas sentencias, deslizó en su resolución que sólo el máximo tribunal de justicia podía acceder a la suspensión reclamada por el Gobierno.
El Gobierno cayó en el acto sobre la Corte como una cuadrilla de desesperados para que suspendiera temporalmente los fallos que preservaron las reservas. Ninguna de las siete puertas de la Corte se les abrió a los enviados oficiales. La Corte les dijo que no.
La oposición tiene número en el Congreso como para modificar la coparticipación del impuesto al cheque, para reformar el Indec y para cambiar la composición del Consejo de la Magistratura. Varios senadores oficialistas están, incluso, con un pie fuera del kirchnerismo; son cuatro. El cambio del impuesto al cheque sería la primera experiencia de una importante deserción de oficialistas, que no podrán oponerse a un mayor envío de recursos a sus provincias.
Los cambios en el Indec derrumbarían el paraíso artificial en el que se mueven los Kirchner y un nuevo Consejo de la Magistratura debilitaría al Gobierno ante los jueces, que son los que más temores producen entre los que mandan. El quórum es el último y más eficiente recurso que les queda para paralizar a la crucial institución que ya han perdido.
Rastros de la debilidad oficial pueden encontrarse hasta en el discurso. ¿Hubiera criticado Cristina Kirchner a Barack Obama si supiera que es una jefa de Estado considerada por Washington? No. Sabe, consciente o no, que su gobierno importa poco en el mundo. Recientemente, los gobernantes argentinos armaron un escándalo de proporciones porque un subsecretario norteamericano, Arturo Valenzuela, dijo que había escuchado quejas de algunos empresarios sobre la seguridad jurídica en la Argentina. Resulta que ahora una presidenta de la Nación destrató en público al presidente de los Estados Unidos como si esas cosas no tuvieran consecuencias. Las tendrán. Fue el propio Valenzuela el encargado de replicarle a Cristina con el suficiente énfasis como para que aquí se sepa que Washington tomó nota de sus dichos.
La Presidenta habla de un presidente al que alabó y, sin embargo, no dijo nada de la muerte de un prisionero de conciencia en Cuba, Orlando Zapata Tamayo, que perdió la vida en las cárceles del castrismo, entre denunciados tormentos y luego de una larga huelga de hambre. Cuba ni los Castro serán los mismos después de la muerte de Zapata Tamayo; los Kirchner no se notificaron de esa crucial novedad.
Los renovadores Kirchner se aferran como ningún otro al pasado. Al final de siete años de proclamados cambios, la política del peronismo la terminan definiendo Menem, Adolfo Rodríguez Saá y Eduardo Duhalde. Con la bandera de los derechos humanos, ellos consienten indirectamente que dos ancianos sigan gobernando Cuba con los métodos de una insoportable tiranía. ¿No son ellos también, al fin y al cabo, los que plantean en su propio país la inviable y vieja posibilidad de una República sin Congreso?
          El día en que todos        
  nombraron al "Innombrable"
Por Mariano Grondona Domingo 28 de febrero de 2010
El miércoles último parecía destinado a ser el día en el cual la oposición tomaría el control del Senado del mismo modo como el 3 de diciembre de 2009 había tomado el control de la Cámara de Diputados. Pero no resultó así. El miércoles último fue, al contrario, el día de Carlos Menem. Mientras el ex presidente jugaba al golf en La Rioja, en efecto, por su inesperada ausencia la oposición quedó en el Senado a un voto de la mágica cifra de los 37 votos que necesita para asegurar su mayoría contra los 35 votos que aún responden a Kirchner. No bien se supo que la oposición sólo vencía al oficialismo por 36 votos contra 35 y no por 37 a 35 como se había presumido, el jefe del bloque de senadores kirchneristas, Miguel Angel Pichetto, quebrando al parecer una promesa que había ofrecido a cambio de la reelección del senador José Pampuro como presidente provisional del Senado (y segundo después del vicepresidente Julio Cobos en la línea de la sucesión presidencial), ordenó a los suyos retirarse de la sesión y dejó a los perplejos antikirchneristas sin quórum propio.
Se tejieron de inmediato diversas conjeturas sobre el "faltazo" de Menem. Algunos, los más suspicaces, imaginaron que había "arreglado" su imprevisto ausentismo contra la promesa de Kirchner de remover las causas judiciales que aún pesan sobre él. Otros, quizá demasiado ingenuos, suponían que sólo algún inconveniente logístico, que será fácil de corregir el próximo miércoles, había impedido transitoriamente el viaje de Menem a Buenos Aires. Finalmente, una tercera hipótesis comenzó a tomar cuerpo: que Menem estaba ofendido, pero no ya con Kirchner, a quien considera irrecuperable, sino con sus compañeros de bancada del "peronismo federal", mientras el ex presidente se encerraba en un enigmático mutismo que en las últimas horas parecía inclinarse hacia un voto contra el Gobierno.
La hipótesis sobre el supuesto "arreglo" con Kirchner y la consiguiente "traición" de Menem poseen poco asidero si se tiene en cuenta que el desempate de Cobos en la madrugada del 17 de julio de 2008, cuando cayó en el Senado la famosa resolución 125 mediante la cual el kirchnerismo pretendió en vano el despojo al campo, no habría sido posible sin el voto de Menem, que, para concretarlo, había desafiado la neumonía que en ese tiempo lo aquejaba. Tampoco la hipótesis del "arreglo" se sostiene ante un Poder Judicial que está recobrando gradualmente su independencia, aunque en un postrer intento el kirchnerismo apostaría a lograr el inmediato arresto de Menem para que no pueda votar en el senado el próximo miércoles. Si dejamos de lado la explicación pueril de un supuesto inconveniente técnico debido a la lluvia, todavía nos queda por analizar, como causa posible del enredo, el enojo de Menem con sus compañeros de bancada.
 
  La autoestima de Menem
Durante diez años, de 1989 a 1999, Menem fue presidente elegido y reelegido por los argentinos. Parece ecuánime recoger en tal sentido muchas de las críticas que recibió por su polémica gestión, pero no parece razonable tenerlo en cambio por un mero oportunista sin desconocer los rasgos más salientes de su carácter, entre los cuales cuenta su altísima autoestima. Ya en la famosa madrugada de julio de 2008 que venimos de recordar, al votar contra Kirchner pese a una seria enfermedad, Menem demostró ante propios y extraños su acendrado antikirchnerismo. Pero ¿qué pasó después de la presidencia de Menem? Que los que venían del menemismo se dividieron entre dos actitudes: en el lugar más bajo de la escala de valores, están aquellos, como el propio Pichetto, que se pasaron sin más del menemismo al kirchnerismo por razones que, para ser benévolos, llamaríamos "pragmáticas", y, en un lugar más discreto, están aquellos que, sin abandonar del todo su pasado menemista, abrieron las puertas a una suerte de "menemismo vergonzante". Desde este momento, la bancada del peronismo federal siguió aceptando el apoyo "externo" del ex presidente, pero sin concederle la participación relevante a la que éste creía tener derecho.
Su razonamiento parecía ser, en tal sentido, que Menem, en virtud de su oposición frontal al kirchnerismo, siempre apoyaría a sus compañeros de bancada, aunque no recibiera de ellos más que un discretísimo acompañamiento. Esta es la hipótesis que el miércoles último se quebró. El "golf político" de Menem vino a recordarles a sus aliados presuntamente "vergonzantes" que, para repetir el famoso verso atribuido a Zorrilla, aquel a quien todos daban por muerto "goza de buena salud". El mensaje que Menem acaba de enviarles a sus compañeros de bancada es que, para seguir acompañándolos, necesita pruebas fehacientes, si no de su fervorosa adhesión, al menos de su invariable respeto. Del miércoles pasado al próximo miércoles podremos apreciar en qué medida este mensaje ha sido aceptado.
 
Angeles y demonios
Como acaba de mostrarlo anteayer Santiago Kovadloff en LA NACION, el maniqueísmo -esto es, la división del mundo entre los "buenos", es decir "nosotros", y los malos", es decir, "ellos"- ha sido una constante argentina. Esta hendidura entre los "buenos" y los "malos" cavó el abismo entre unitarios y federales, radicales y conservadores, peronistas y antiperonistas, y montoneros y militares, que una y otra vez frustró la reconciliación de los argentinos. Según Kovadloff, Kirchner, a quien no considera auténtico sino oportunista, se montó hábilmente sobre este antiguo vicio argentino para apoderarse del noble ideal de los derechos humanos y para alentar también la demonización de la década menemista. Pero la demonización del menemismo no fue exclusiva del kirchnerismo, ya que fue acompañada por casi todo el espectro político hasta afectar al fin a los propios aliados de Menem en el Senado.
Habría que preguntarse de dónde proviene esta antigua vocación por la enemistad política que hoy caracteriza al kirchnerismo y que sus opositores buscan exorcizar ahora después de las decisivas elecciones del 28 de junio, en las que el pueblo ha dado un fuerte indicio, producto de un largo aprendizaje, en dirección del espíritu de una auténtica república. ¿Será necesario subrayar, en este sentido, que en nuestra historia no ha habido ángeles y demonios, sino simplemente hombres y mujeres plagados de errores pero también habitados por el idealismo? ¿Cómo haremos en todo caso para derrotar, a partir del 28 de junio, este vicio ancestral del encono entre los argentinos, que aún demora el advenimiento de nuestra grandeza?
Reconociendo, por lo pronto, que también es posible reconstruir nuestra memoria colectiva para darle a cada etapa sus méritos al lado de sus defectos, y asumiendo a partir de aquí que cada etapa dejó, aparte de sus errores, las bases de su superación. Por tomar un solo caso: admitiendo, por ejemplo, que el propio Rosas, que fue sin duda un dictador, aseguró pese a ello la unidad territorial que les permitiría a Alberdi y Urquiza organizarnos como esa república progresista y estable que fuimos desde 1853 hasta 1930. Los mismos juicios matizados podrían emitirse en torno de figuras tan controvertidas como Yrigoyen, Justo y Perón, y asimismo en torno de la incipiente república que supimos establecer a partir de 1983 y que hoy se mantiene en pie, abierta a la posibilidad del consenso al que tantas veces nos hemos negado. Tampoco podríamos excluir a Menem de este salvador recuento. Nos guste o no, incluso él es parte de nuestra historia, y la grandeza que aún se nos demora consistirá en alojarlo, junto con aquellos otros nombres, en la atribulada lista de la argentinidad.

 Las huellas del rencor
Santiago Kovadloff
LA NACION Viernes 26 de febrero de 2010
Tras la asunción de Raúl Alfonsín como presidente de la Nación, en diciembre de 1983, buena parte de los intelectuales argentinos se entregó a una disputa enconada: determinar quiénes, entre ellos, habían contribuido realmente al derrumbe del proceso militar. Es decir, si aquellos que, por distintas razones, se habían ido del país durante los años de plomo, o aquellos que habían permanecido en él.
La feroz intransigencia con que esos hombres y mujeres, lúcidos en tantos aspectos, necesitaron agredirse unos a otros, dio forma a dos bandos irreconciliables, empeñados en demostrar que la única conducta adecuada había sido la propia. Esa confrontación implacable dañó profundamente la cultura del país, pero no sorprendió sino a los distraídos. Probó, una vez más, que en nuestra turbulenta historia nacional el maniqueísmo preservaba, intacto, su lugar protagónico.
Casi treinta años después, aquella dicotomía encarnizada vuelve a ganar la plaza. El propósito de instrumentar políticamente la tendencia a las contraposiciones tajantes y al enfrentamiento sin mengua doblega, de nuevo, nuestro discernimiento. Pero ya no se trata sólo de los intelectuales. Los Kirchner advirtieron mejor que nadie lo alta que podía llegar a ser la rentabilidad de esa disposición a la intolerancia, a la subestimación franca del derecho y el parecer ajenos. Y supieron capitalizarla. En ella fundaron su concepto del poder. A ella sometieron la práctica de la ley y la democracia, la caracterización del adversario y el destino de la República.
Hoy, las huellas del rencor se multiplican. Rebasan los muros del cenáculo intelectual y se proyectan sobre la vida cotidiana. El rencor está en la calle. Se alimenta, al igual que Asterión, de carne humana.
Alentado por el oficialismo mediante un discurso reduccionista, cuyos acentos sobresalientes son el desprecio y la jactancia, ese rencor se asienta en disyuntivas tajantes por las que aún se muestran atraídos muchos argentinos. No hay matices. No hay término medio. El Bien y el Mal lo absorben todo. No hay lugar para nadie que no esté adscripto a uno de estos polos. Se trata de optar entre la mentira y la verdad.
 
Las huellas del rencor ya se advierten en las relaciones interpersonales. Se plasman más allá de la disidencia entre intereses económicos o sectoriales. Más allá de las tensiones razonables entre el Estado, los gremios y las corporaciones. El rencor ha irrumpido en la intimidad. Amistades de muchos años ven quebrantada su fortaleza por la imposibilidad de disentir sin violencia cuando se habla de política.
La crispación brutal con que el matrimonio gobernante suele tomar la palabra ejerce su efecto deletéreo sobre quienes, conversando, se deslizan de pronto hacia la actualidad y terminan enfrentados con la misma saña con que pudieron haberlo hecho, hace cinco siglos, católicos y protestantes o, hace siete décadas, quienes se mostraban a favor o en contra del Eje. No hay transigencia.
La irreductibilidad de las posiciones campea sin freno y obstruye el intercambio de ideas cada vez con más frecuencia y en las circunstancias más inesperadas: en la casa de un amigo, en un almuerzo entre compañeros de trabajo, en un encuentro nocturno de parejas cercanas.
Es indudable que, en la Argentina, ha renacido cierto interés por la política. Pero con más energía aún se ha diseminado el odio al disenso, la necesidad de ahogar en la uniformidad de criterio toda discrepancia.
Siguiendo el patético ejemplo brindado por el Gobierno, un pronunciado sectarismo empieza a advertirse en la vida privada.
La desconfianza generada por las disidencias políticas desbarata la espontaneidad e impone cautelas y suspicacias que envenenan los vínculos. Poco a poco se ha ido extendiendo la convicción de que no hay convivencia posible con quienes sostengan una opinión distinta de la propia.
La tesis paranoide desplegada por un oficialismo que se considera emplazado por enemigos y detractores que no dejan de conspirar influye en el mundo de los afectos y fragmenta aún más a una sociedad ya escindida. Es sobre todo en la clase media donde los desacuerdos políticos operan con furia inaudita; es allí donde la radicalización en los juicios se deja ver con más evidencia y donde alcanza su poder de ruptura más hondo.
 
Sé de muchos que, en ambientes ideológicos con los que están identificados, ya no se atreven a pronunciar los nombres de aquellas personas a las que estiman, pero que no comparten con ellos un mismo diagnóstico sobre la realidad. Temen el repudio de los suyos. Temen despertar la ira e, incluso, la duda sobre su fidelidad al credo común. Una autocensura creciente desplaza a la libertad de juicio y va ampliando la lista de indeseables que ya no deben formar parte del círculo de allegados.
La incidencia de lo político puede más que lo afectivo y la necesidad de consensos sin fisura empieza a preponderar donde anteriormente reinaba el placer de conversar en un clima sin restricciones. Y así como la pareja presidencial no se cansa de repetir que o se está con el país (es decir, con ella) o se está contra el país (es decir, contra ella), así proceden también quienes, no tolerando la menor discrepancia con su comprensión de los hechos, prefieren poner fin a relaciones hasta ayer entrañables antes que rever sus rígidos principios.
Por supuesto, sería abusivo pretender que la responsabilidad fundacional de todo esto la tienen los Kirchner. Ellos no son sino los instigadores de una sensibilidad cuyas raíces se nutren en lo más sustantivo de nuestra identidad. Los Kirchner son oportunistas. Hábiles aprovechadores. Han sabido cebar a una bestia nunca del todo enjaulada y de probada veteranía en el arte de colonizar el corazón de los argentinos.
Mediante un discurso de acentos invariablemente destemplados y agresivos, el matrimonio presidencial ha logrado manipular esa arraigada propensión nacional a la confrontación y la intolerancia. Ha sabido hacerse portavoz de un reduccionismo burdo y violento que doscientos años de historia no parecen haber atenuado.
Nos guste o no, los Kirchner, al pronunciarse, no muestran únicamente lo que son. Muestran también lo que, como Nación, todavía no hemos dejado de ser: subestimadores infatigables de todos aquellos que no coinciden con nosotros, depredadores constantes de oportunidades y recursos, republicanamente irresponsables, desdeñosos de la ley.
Expresión, en suma, de una incultura cívica que no conoce distinciones de clases, ni de propósitos o de partidos. Somos idólatras de nuestras propias creencias y enemigos incansables de las ajenas.
Mucho se ha dicho acerca de lo saturada que está la mayoría de la sociedad a raíz del hostigamiento a que la somete el proceder de la pareja gobernante. Para probar el espesor de ese hartazgo, suele hacerse referencia al pasado 28 de junio.
Entonces ?se nos recuerda? la gente votó contra ese modo prepotente y demagógico de practicar la política.
Pero no debe olvidarse que ello no excluye la disconformidad popular con la conducta de los líderes opositores. Es innegable que se les brindó un voto de confianza. Sin embargo, simultáneamente, se les hizo un reclamo de mayor madurez. Conviene, por eso, ser cautos.
No menos errática en su modo de ejercer la política, no menos fastuosa en el autoelogio, oportunista, presuntuosa y contradictoria, además de esquemática y conceptualmente anémica, se muestra la mayoría de los candidatos que hoy disputa a zarpazos el liderazgo de la oposición.
Por eso la atención de la gente no se concentra ante todo en ella sino, cada vez más, en la acción parlamentaria. No deja de ser un signo de salud cívica encomiable el hecho de que, en un escenario como el actual, el interés público se oriente hacia las tareas del Congreso.
Allí está, antes que en las promesas grandilocuentes de los candidatos prematuros, la clave del porvenir programático del país. De un país que necesita recuperar no sólo calidad institucional y justicia social auténtica. Necesita, igualmente, volver a depurar la vida privada. Desbaratar el miedo y el prejuicio. Confiar otra vez en el diálogo y alentar la tolerancia.
 
© La Nacion
Santiago Kovadloff es profesor de Filosofía y escritor. Sus últimos libros de ensayos son Una biografía de la lluvia y El enigma del sufrimiento.
 
 Una compañía que describe la decadencia
Joaquín Morales Solá
LA NACION Jueves 25 de febrero de 2010
Carlos Menem es la figura política más impopular del país, según una encuesta hecha a fines de enero último por la consultora de Hugo Haime. Lo sigue de cerca en esa carrera por el disfavor social el ex también ex presidente Néstor Kirchner. Los dos demostraron ayer, paralizando al principal cuerpo parlamentario del país, que merecen la aversión popular que supieron conseguir. Encerrados entre resentimientos y caprichos, ambos se destacaron en la víspera por las acciones que menos valora (o que más desprecia) la sociedad argentina.
Kirchner sólo alargó su agonía parlamentaria en medio de pésimas novedades judiciales, que lo obligarán a luchas más desiguales por los recursos fiscales, y de la más grandes manifestación piquetera de los últimos años, que enfureció la vida de los porteños. La Argentina nunca cierra ningún capítulo de su historia: el país actual no es muy diferente del que Kirchner recibió hace casi siete años.
Quitarle el quórum a una sesión parlamentaria es el recurso de los que van a perder. ¿Para qué le huirían a la votación si tuvieran la mínima esperanza de ganarla? Menem nunca votará con el kirchnerismo; puede deducirse, por lo tanto, que el oficialismo perderá el control del Senado en los próximos días. Pero el ex presidente de la década del 90 sentó un precedente demasiado peligroso: los Kirchner comprobaron ayer que pueden inmovilizar al Senado con sólo provocar la ausencia de uno de los senadores opositores. Elisa Carrió y Gerardo Morales negociaban anoche para que la oposición condicionara su asistencia a la Asamblea Legislativa del lunes, donde hablará Cristina Kirchner, a un compromiso firmado del oficialismo de que no cerraría de hecho el Congreso con el mecanismo del quórum.
Aquella tarea de cooptación disimulada no será fácil para el gobierno, pero tampoco imposible. Después de todo, la oposición está integrada por dos bloques grandes (el Acuerdo Cívico y Social y el peronismo disidente) y por una serie de pequeños bloques de uno o dos senadores. Es cierto también que cualquier senador que cruza la frontera hacia el oficialismo, de manera directa o indirecta, es ahora el centro de serias sospechas públicas. La pregunta reiterada de ayer era si existieron acuerdos entre Menem y el gobierno y, si los hubo, en qué consistían.
Para responder a esos interrogantes hay que remitirse a las cosas probadas. Una de ellas es que Menem fue sospechosamente esquivo en los últimos días y en las últimas horas. Su propio hermano, Eduardo Menem, no pudo hablar con él desde el sábado. Su ex ministro del Interior Carlos Corach, que intentó ayer una gestión desesperada para que se presentara en el Senado, no pudo hablar por teléfono con el ex presidente. Sus colegas del bloque de senadores tampoco pudieron llegar a él.
Otro hecho comprobable es que Menem estaba quejoso con sus compañeros del peronismo disidente en el Senado. "Me ningunean", lo oyeron desahogarse en días recientes. Algunos senadores opositores suponían que su ausencia de ayer respondía a su perdurable vocación por sobresalir; también habría buscado de esa manera recobrar cierto protagonismo senatorial en el futuro inmediato.
Sin embargo, también es cierto que el gobierno estaba enterado de la deserción de Menem. Los senadores oficialistas dicen que no incumplieron ningún acuerdo porque en la comisión de labor parlamentaria, Miguel Pichetto anticipó que su bloque daría quórum si la oposición tenía los 37 senadores. La oposición estaba segura de que alcanzaría ese número y, por eso, aceptó que se votara por unanimidad al peronista José Pampuro como presidente provisional del cuerpo. Es decir: no ató esa votación (que ya contaba con el consenso de todos los bloques) a la votación por las comisiones.
Una orden fulminante llegó luego de Olivos: los senadores oficialistas debían abandonar el recinto cuando se comprobara que a la oposición le faltaba un senador. En resumen, Kirchner sabía que Menem no regresaría de La Rioja, mientras sus colegas de la oposición todavía lo esperaban. Varios senadores oficialistas se enteraron en el recinto de que debían salir de la reunión cuanto antes. Una batahola entre ellos se armó luego, fuera ya del recinto, porque muchos no entendían por qué los sometía Kirchner a semejante desgaste social. El ex presidente y hombre fuerte del gobierno los obligaba, otra vez, a cambiar las reglas del juego en medio de un partido.
 
Menem y Kirchner tienen muchas cosas en común, pero sobresale una: los dos sólo miran el corto plazo y desdeñan el futuro más inmediato. Los dos son hoy más impopulares que ayer, aunque ayer se hayan dado el gusto de privarla a la República de una de sus instituciones fundamentales, ya sea por venganza, por conveniencia mutua o por simple capricho. Los dos volvieron ayer (Kirchner lo hizo en pública, además), sin cambios.
 
Menem vendrá a votar con la oposición en los próximos días. Sus compañeros de bloque podrán ningunearlo, como él dice, pero Kirchner lo agravió y lo ofendió con una pertinacia propia de los conversos. "Jamás votará con el kirchnerismo; su límite es hacer picardías como las de ayer", dijeron quienes los escuchan con frecuencia.
El destino quiso que el mismo día que Kirchner se notificaba de la irremediable pérdida del Senado (y eso significa, después de todo, la ausencia del oficialismo en el recinto), la Justicia le hiciera saber que no podrá evitar el Congreso para resolver el conflicto por las reservas nacionales. La Sala IV de los Contencioso Administrativo se respaldó en la posición de la Corte Suprema de Justicia (dejar que interactúen los poderes elegidos de la Constitución) antes que aceptar la insoportable presión del oficialismo. Así, las instancias inferiores de la Justicia comenzaron de hecho un vuelco notable en sus posiciones prooficialistas de los últimos tiempos. Ganó la independencia de la Corte Suprema.
Con pérdidas en el Congreso y en los Tribunales, los Kirchner tropezaron, ayer también, con otro abandono irreparable para ellos: perdieron el control de la calle. El piqueterismo antikirchnerista juntó ayer más gente que cualquier agrupación oficialista. Los piqueteros anti K tiene algo de razón: ¿por qué los planes social deberían tener como beneficiarios sólo a los amigos del poder? Eso no justifica, desde ya, el método que trastorna a los argentinos inocentes de cualquier culpa.
 
Kirchner eligió en su momento piqueteros amigos como fuerzas de choque y como centros de distribución de la clientela política. Nunca imaginó un plan integral para sacarlos de la pobreza estructural, de la dependencia económica y de la inopia educativa. El resultado de su gestión en esos sectores castigados por mil crisis es muy pobre. La mayoría de ellos se le sublevó ayer y al más notorio de los líderes piqueteros amigos del kirchnerismo, Luís D´Elía, se pasea en estos días por Irán, invitado por un gobierno de antisemitas que convirtieron a ese país en la nación más fanática y peligrosa del mundo actual. Tal vez Menem y D´Elía sean los últimos aliados, virtuales o prácticos, de Kirchner. Las compañías describen también la decadencia.

 
  Una tormenta perfecta 
Joaquín Morales Solá LA NACION Domingo 21 de febrero de 2010 |
Escándalo o derrota. Esas son las alternativas que aguardan a los Kirchner sobre su polémica decisión de manipular las reservas nacionales con un simple decreto de necesidad y urgencia. El escándalo podría producirse en la Justicia; la derrota podría sobrevenir en el Congreso. La desdicha política nunca es una experiencia solitaria. Los sindicatos y la inflación amenazan ya hasta con barrer el mito de que sólo el peronismo puede gobernar la indócil Argentina. El Gobierno no tiene equipo económico y, según parece, Néstor Kirchner decidió despedir a Amado Boudou, el sexto ministro de Economía de la era kirchnerista. En la línea del horizonte asoma vagamente, así, el boceto de una tormenta perfecta.
En su discurso de hace cinco días, el presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, pidió que todos los protagonistas políticos respetaran las reglas básicas del sistema. La Corte prefiere jugar un papel arbitral y obligarlos a los antagonistas al diálogo que no conocen. Somos jueces de familia resolviendo permanentemente un divorcio , ironizan en el máximo tribunal de justicia. Es la estrategia que la Corte aspira a seguir en el caso de las reservas: que hablen y negocien los otros poderes.
Ninguno de los jueces del máximo tribunal quiere caer en una tentación que todos ellos tienen al alcance de la mano: la Corte podría gobernar la política y la economía si se volcara rápidamente sobre todo los casos que cayeron en sus oficinas.
Sin embargo, la sala IV en lo Contencioso Administrativo, integrada por dos jueces muy cercanos al Gobierno, podría provocar un enorme escándalo político y judicial. Ese tribunal deberá resolver (el martes, probablemente) la apelación del Gobierno ante la Corte por los dos fallos anteriores que le impidieron a la administración hacerse de las reservas. La Cámara tiene tres alternativas: rechazar la apelación (la Corte no trata casi nunca apelaciones sobre medidas cautelares), aceptarla con carácter devolutivo (dejaría firme las sentencias anteriores hasta que se pronuncie el máximo tribunal) o aceptarla con carácter suspensivo (que significaría la suspensión de todos los fallos anteriores). Esto último le permitiría al Gobierno manotear las reservas antes de que se pronuncie el Congreso, dentro de unos diez días.
Un escándalo judicial mayor se produciría si el Gobierno desconociera que aún está vigente otra medida cautelar de la jueza María José Sarmiento sobre las reservas. Lo resolvió sobre la base de una presentación inspirada por la diputada Graciela Camaño, que adivinó las trampas de la política y evitó a la Cámara cuestionada; esa causa también objetó el DNU de Cristina Kirchner y la firmaron, entre otros, Felipe Solá y Alfredo Atanasof. La apelación oficial está en la sala I de la Cámara en lo Contencioso Administrativo, la misma que siempre le dio la razón a Sarmiento.
El Gobierno se olvidó de esa causa y nunca pidió unificarla con las otras; el tribunal estuvo moviendo el expediente relegado en los últimos días. No lo abandonó. Si la sala IV habilitara de hecho el uso de las reservas, ¿cómo se explicaría que el Gobierno ignorara otro fallo que también le prohíbe darle un manotazo al Banco Central? ¿Qué haría el Gobierno ante dos fallos vigentes y contradictorios de la Justicia? La mancha del escándalo se ampliaría aún más si forzara la interpretación de una sola resolución judicial.
Mañana, a primera hora, el radicalismo recusará a todos los jueces de la sala IV, pero sobre todo a Sergio Fernández y a Luis Márquez. Lo hará porque Sergio es hermano de Javier Fernández, célebre por su capacidad para influir y presionar sobre los jueces en nombre del kirchnerismo. Versiones confiables indican que esos jueces habrían coincidido en que están demasiado expuestos como para decidir una medida escandalosa, pero otras informaciones señalan que la presión oficial sobre ellos es insoportable en las últimas horas.
Ellos tienen claro que los favores recibidos se pagan en los malos momentos, como es éste , deslizó, enigmático, un alto funcionario del Gobierno. Los jueces debieron tomar nota de otra novedad: el Gobierno acaba de perder una votación crucial en el Consejo de la Magistratura en el caso del increíble juez Faggionatto Márquez, defendido por el oficialismo.
Más allá del escándalo, si lograran sortearlo, estará la derrota. Un grupo importante de senadores peronistas está proponiendo que directamente el Gobierno derogue el decreto de necesidad y urgencia y envíe un proyecto de ley al Congreso. La derrota del DNU podría ser estrepitosa. Hasta ahora, los números están 37 a 35 a favor del rechazo del decreto, pero el resultado podría ser todavía peor.
Tres o cuatro senadores que están entre los que votarían por el Gobierno comenzaron a dudar. Resulta que Verna es ahora un héroe y nosotros tenemos que levantar la mano detrás de Pichetto , se quejó uno de los oficialistas. Muchos de ellos concluirán su mandato en 2011 y aspiran a renovar como senadores, a ser candidatos a gobernador de sus provincias o, simplemente, a ser bien recibidos entre sus vecinos cuando regresen a casa.
Néstor Kirchner no se acordó bien del senador Carlos Verna en una reunión reciente con dirigentes gremiales. Recordó todo su pasado con una furia sin disimulos. Verna firmó el acta con otros 36 senadores (que significó la mayoría de 37) para dejarlo en minoría al oficialismo en todas las comisiones de la Cámara alta. El Gobierno no tendrá el senador número 8 en ninguna comisión (necesario para habilitar el tratamiento de los proyectos en la sesión plenaria del cuerpo) y ha perdido la mayoría en todas las comisiones (habrá 7 senadores oficialistas y 8 opositores en cada una de ellas). El Senado dejó de ser kirchnerista , se ufanó el radical Ernesto Sanz.
Hasta el viernes, el Gobierno se negaba a enviar un proyecto de ley sobre las reservas. La oposición lo modificaría en el Congreso, sospechaba, hasta sacarle cualquier utilidad. No se equivocaba. El proyecto que imaginan los opositores (peronistas disidentes incluidos) contemplaría la cesión de un porcentaje significativo de esas reservas a las provincias, que debería ser repartido según el régimen de coparticipación federal. Kirchner necesita con urgencia todo lo que pueda arrebatarle al Banco Central y no sólo una módica parte. El déficit crece y el gasto público es el mayor de la historia medido según su relación con el PBI.
El Gobierno dice otra cosa y ése es su error político. ¿Cómo convencer de la necesidad económica si la economía vive, según la Presidenta, las vísperas de otro esplendor? La inflación golpea. Los maestros acaban de conseguir un aumento nacional del 22 por ciento, que deberán pagar las provincias. Cristina Kirchner se autoelogió, cómo no, por el aumento a los docentes, pero no dijo que los mandó a cobrar en cajas ajenas y exhaustas. Las provincias no tienen plata y el gobierno nacional les escamotea recursos. La Corte Suprema de Justicia se apresta a sentar en un diálogo urgente a la provincia de Santa Fe y al gobierno nacional.
El aumento de los docentes suele ser un piso. ¿Cuánto pedirá Moyano para los camioneros? ¿El 30 por ciento? Dirigentes cercanos al jefe cegetista adelantaron que, por ahora, pedirán paritarias cada seis meses. Ningún acuerdo salarial superará los seis meses porque no sabemos cuál será el ritmo de la inflación , dijeron. Las negociaciones serán, entonces, constantes. Néstor Kirchner fue notificado de esa decisión por gremialistas supuestamente amigos.
Kirchner está cocinando esas ensaladas típicamente kirchneristas, indigestas para cualquier ministro de Economía. Se reúne con ex ministros de Economía suyos y hasta con Guillermo Moreno para pedirles consejos sobre la inflación; Boudou no participa nunca. Busca que Boudou se vaya por su cuenta, pero nadie sabe si tienen un reemplazo. El problema, desde que se fue Roberto Lavagna, es que el verdadero y eterno ministro de Economía es el propio Kirchner. La lista de candidatos homologables se achica entonces hasta convertirse en nada.
¿Recortar las cosas innecesarias del gasto público? Eso es liberalismo, dicen. ¿Reducir la oferta monetaria? Eso es monetarismo, replican. El discurso como remedio para la crisis más importante desde 2003. Así, el laberinto no tiene salida para los Kirchner, porque la economía no es una cuestión lírica, sino contable.
 
            Los presidenciables,        
  ¿con el carro delante del caballo?
Por Mariano Grondona Domingo 21 de febrero de 2010
La campaña presidencial para cubrir el período 2011-2015 ya ha comenzado. De un lado, con un potencial electoral que gira en torno del 20 por ciento de los votos, se inscribe como único candidato el ex presidente Néstor Kirchner. Del otro lado, con un potencial electoral que suma alrededor del 80 por ciento de los votos, hay varios precandidatos entre los cuales se destacan, aunque no sean los únicos, Carlos Reutemann, Eduardo Duhalde, Mauricio Macri, Francisco de Narváez, Elisa Carrió y Julio Cobos. De un lado compite una minoría concentrada . Del otro lado, la desafía una mayoría fragmentada . El politólogo italiano Gaetano Mosca hizo notar que una minoría organizada ha vencido muchas veces a una mayoría desorganizada. ¿Será éste el caso argentino en la campaña presidencial que ahora comienza? No necesariamente, porque tanto el oficialismo como la oposición muestran al comenzar la campaña fallas tan graves que sólo quienes las superen podrán aspirar a la victoria. Podría decirse, entonces, que, habiendo partido todos los bandos en pugna de un origen defectuoso, únicamente el que consiga superarlo ocupará finalmente la Casa Rosada.
La sombra que se proyecta sobre la candidatura de Kirchner es en este sentido la misma que frustró la candidatura de Menem en 2003. Como se sabe, nuestro sistema electoral sólo otorga la presidencia al candidato que obtenga la mayoría de los sufragios en la segunda vuelta. Menem logró un triunfo parcial en la primera vuelta, pero el aluvión de los votantes que no querían escogerlo en la segunda vuelta era tan poderoso que cualquiera fuera su rival en esta decisiva instancia lo vencería ampliamente. Ese rival resultó ser el propio Kirchner. Con una decisión controvertida, quien había sido presidente de 1989 a 1999 se retiró anticipadamente entonces de la contienda de 2003, pero su error decisivo no fue no ir a la segunda vuelta, sino ir a la primera, ya que las encuestas le venían diciendo que la mayoría de los argentinos, que lo había acompañado en las ocasiones anteriores, ya no lo haría.
En 2011, a Kirchner podría ocurrirle lo mismo. Si sus adversarios siguieran fragmentados como hasta ahora, quizás hasta podría llegar a la segunda vuelta. En esta instancia decisiva, empero, cuaquiera que quedara para desafiarlo podría derrotarlo fácilmente, con sólo recibir el aluvión de los votos antikirchneristas. Podría pensarse que el ex presidente de 2003-2007 modificaría para entonces su estilo para seducir al enorme residuo de los votantes no kirchneristas de la primera vuelta. Pero basta observar que Kirchner, con su tendencia hasta ahora inalterable a "doblar la apuesta" ante cada dificultad en vez de rectificarse, difícilmente abandonaría en tal caso el empecinamiento que lo ha caracterizado.
¿Con paraguas o sin él?
Si el empecinamiento es el rasgo de carácter que Kirchner no ha podido superar, sus rivales corren, por su parte, el riesgo de anticipar sus propias candidaturas individuales antes de intentar, como paso previo, una convergencia que por ahora no florece. Afuera llueve, pero ninguno de los precandidatos no kirchneristas ha salido a competir, hasta ahora, con el paraguas de esta coincidencia. ¿En qué consistiría este "paraguas"? En la elaboración conjunta de un programa mínimo de gobierno, al estilo de los Pactos de la Moncloa, que asegurase a los argentinos que, cualquiera que fuera el vencedor final en la contienda, contaría al comenzar su gobierno con el consenso de una vasta mayoría. El defecto común de los anteriores gobiernos, de 1930 hasta nuestros días, ha sido la decisión del vencedor de "cortarse solo" detrás de la utópica pretensión de dominar sin ayuda al resto de las fuerzas políticas, cuya previsible conjunción opositora terminaría tarde o temprano por anularlos, con la ayuda de un componente militar que hoy, afortunadamente, brilla por su ausencia, o sin ella.
 
En eso de "cortarse solo", Kirchner ha dado el más extremo de los ejemplos, pero la lógica del aislamiento a la que ha llegado no ha hecho más que repetir la torpe soberbia de sus antecesores. Si se recuerda, en cambio, que la Argentina gozó durante décadas de la estabilidad política y del consecuente desarrollo económico a partir del Acuerdo de San Nicolás de 1852, remoto antecedente, a su vez de la Moncloa contemporánea, se ve claramente que nuestro país sólo avanzó cuando sus fuerzas políticas, rechazando la tentación del solipsismo, se pusieron al abrigo de la división nacional que, de 1930 en adelante, fue la desdichada marca de nuestra declinación durante nada menos que ochenta años.
Desde el momento en que hoy consideramos el empecinamiento kirchnerista como prácticamente insalvable, sólo nos queda preguntar, entonces, si sus rivales están en condiciones de exorcizar, en esta instancia crucial de nuestra historia, el demonio recurrente del egoísmo político. ¿Saldrán finalmente a recorrer la distancia que aún les falta, protegidos bajo el ancho paraguas del diálogo político y la concordancia institucional?
 
De Duhalde a Carrió
En conjunción con el lúcido Rodolfo Terragno, el ex presidente Duhalde ha sido hasta ahora quien adelantó más que ningún otro la idea de que el período 2010-2011 genere, en vez de una típica elección divisoria donde sobresalgan como tantas otras veces los individualismos que nos frustraron, un nuevo tipo de elección entre fuerzas políticas, en definitiva, afines. Pero Duhalde tendrá que sortear en este empeño dos altas vallas. Una, la limitación de su propia estrategia, que lo induce a pelear mano a mano con Kirchner, por el dominio del vasto Partido Justicialista, sobre todo en la provincia de Buenos Aires. La otra, la animadversión que todavía encuentra en otros precandidatos, a la cabeza de los cuales figura Elisa Carrió con su embestida no sólo contra el propio Duhalde sino también contra Julio Cobos, una embestida que amenaza con dividir el Acuerdo Cívico y Social en el que hasta ayer se sumaban la Coalición Cívica y el radicalismo.
La precandidatura de Mauricio Macri cuenta, por otra parte, con buenas mediciones a nivel nacional, pero es difícil que su proyección política, basada hasta ahora únicamente en el distrito metropolitano, pueda extenderse, en el poco tiempo que queda, al resto del territorio nacional. En cuanto a Francisco de Narváez, cuenta en su favor con un comportamiento decididamente profesional que quizá lo impulse a reintentar en la Argentina la hazaña de Sebastián Piñera en Chile, mientras Reutemann, potencialmente un gran candidato, sigue por ahora deshojando la margarita, aunque más que por falta de decisión, porque es un "tiempista" que cree que los meses decisivos no serán los de ahora, sino los de fines de este año o incluso los primeros meses de 2011.
Cuentan que Julio César, cuando marchaba victoriosamente a conquistar Roma, pasó un día por una aldea miserable. Sus compañeros se burlaron entonces de ella, pero César les dijo: "Preferiría ser el primero en esta aldea que el segundo en Roma". Al fin, César prevaleció en su empeño autoritario, pero a costa de la reacción tardíamente republicana que se encarnaría en el puñal de Bruto. ¿Preferirán nuestros referentes opositores ser los primeros en sus aldeas que los segundos en Roma? ¿O sabrán formar parte, al contrario, de un vasto movimiento de convergencia al que en cierto modo anticipan sus coincidencias en el Congreso, resignándose sabiamente a ser, si es necesario, los segundos o los terceros en nuestra Roma a cambio de la fundación de esa república democrática, estable y progresista que todavía nos debemos?
 
IMPERDIBLES
   DECLARACIONES DEL
    RABINO BERGMAN    
"Necesitamos un país de ciudadanos más libres, más preparados, menos manipulables... pero para eso tienen que tener clases todos los días. Se los pido en nombre de esos pibes y esas familias", finiquitó
 
2010-02-"El Bicentenario tiene que ser la oportunidad para crear un país republicano y federal"El rabino Sergio Bergman dijo que los habitantes tienen que convertirse en ciudadanos para después ser funcionarios representativos.
"El Bicentenario es una oportunidad, no en los términos superficiales del merchandising, de un feliz cumpleaños al que nos van a invitar los dueños de la torta para que les soplemos las velitas, sino aprovecharlo con un objetivo fundacional: crear un país republicano y federal en serio".
Así lo expuso, durante una entrevista con LA CAPITAL, el rabino Sergio Bergman, quien vino a Mar del Plata para participar de un diálogo con empresarios, organizado por la Fundación Global. También, presentó su libro "Celebrar la vida. Unidad en la diversidad". Lo acompañaba su referente en la ciudad, la contadora Daniela Aruj.
Quien es también farmacéutico y titular de la Fundación Argentina Ciudadana, expuso que "mi participación desde el sector religioso en estos temas de la agenda cívica argentina tienen una referencia muy clara: el cardenal Bergoglio. Con él y otras personas de distintos cultos venimos realizando un trabajo desde la crisis de 2001. Nos fueron a buscar a los templos y ahora quieren que regresemos. Pero nos dimos cuenta de que no podemos hacerlo, porque lo que decían que estaba pendiente nunca se hizo".
Y seguidamente, cuando se le preguntó si aceptaría una postulación para presidente, respondió que "creo que soy buen candidato, pero también hay muy buenos. Es algo que no me preocupa. Lo que tenemos que hacer es aumentar el stock de recursos espirituales y humanos. Yo me ofrezco, pero no me ofrendo como un mártir".
 
Una persona atípica para problemas atípicos
Al ser consultado sobre las características de su discurso, que alguien tildó de "trabalenguas", con permanentes relaciones entre palabras y conceptos, explicó que "esto viene de mi formación rabínica y del pensamiento talmúdico, porque cada palabra para mí tiene múltiples interpretaciones en función del hipertexto".
Con respecto a su carácter de religioso dedicado a la política, puntualizó que "las problemáticas atípicas necesitan de personas atípicas como lo podría ser yo, desde la óptica de algunas personas".
En el inicio de la conversación sostuvo que "a través de nuestro grupo tenemos la intención de reclutar a personas que quieran pasar de ser habitantes a ciudadanos, lo que representa un trabajo de catequesis cívica, ayudando a la formación para así pasar de la pasividad a la actividad y de la protesta a las propuestas, creando una nueva masa critica que en vez de quejarse y lamentarse, comience a participar".
Después dijo que "entre los funcionarios hay que diferenciar a los que quieren el bien común, de aquellos que hacen propio lo común a todos". Y añadió: "Después de esa primera etapa de pasar de habitante a ciudadano, hay que cumplir la segunda: de ciudadanos a funcionarios, y representantes del pueblo".
Destacó que "como nuestro objetivo es la educación, el tiempo de cocción es más largo que nuestras urgencias existenciales y los calendarios electorales. Es decir no estamos pensando en 2011, sino más allá. Nosotros no queremos apuntar a la coyuntura, sino a la estructura, porque nuestros propósitos tienen más que ver con una escala de valores, la ejemplaridad y participación, que no requiere de una acción reactiva, sino preventiva, porque si no participamos no vamos a llenar de sentido lo público y continuamos refugiados en lo privado".
Sobre la actual política desempeñada por partidos y sus referentes, Bergman puntualizó: "Nosotros la reivindicamos, como también lo hacemos con la sana construcción del poder. Así no hay que confundir a la política con muchos de los políticos que supimos conseguir, pero que son expresión de la cultura de nuestra sociedad".
Subrayó que "a diferencia de lo que creían nuestras generaciones no comprometerse ni participar es peligroso. Hay que superar esta anomia, apatía e indiferencia. Este es un trabajo no de algunos, sino de todos los ciudadanos, pero organizados en sus sectores. Y como la gente está desconcertada, nuestro trabajo es abrir canales de participación".
En cuanto a cuál es el propósito de estos contactos con partidos políticos, funcionarios y representantes sectoriales, reseñó que "consiste en hablar con todos y no ir con nadie. Y no sólo conversar, sino también colaborar. Así es que me reuní aquí con el presidente del Concejo Deliberante, Marcelo Artime, para referenciarnos y ponernos a su disposición, independientemente de cuál es el color de uno u otro".
"Hay que cambiar el paradigma del bipartidismo -enfatizó Bergman-. Ser bueno para este momento no significa descartar todo lo anterior ni perpetuarlo, sino tomar lo positivo, profundizarlo y dejar de lado lo negativo".
 
"No hay nada más de derecha que robar por izquierda"
En otra parte de la charla, el rabino Bergman sostuvo que "hay que comenzar a cumplir lo que dice la Constitución Nacional, ya desde 1983. Pero fundamentalmente desde 1994, cuando se hizo la última reforma. De una vez por todas tenemos que construir un gobierno republicano y federal, donde exista verdaderamente la división de poderes. Al Ejecutivo le pedimos que ejecute aquello aprobado por el Legislativo, contribuya al bien común. Y al Judicial que sea el auditor. Hay que superar las ideas de que algo es de derecha o de izquierda, porque no hay nada más de derecha que robar por izquierda.
También, se refirió a la construcción de una América en la que el régimen político argentino se parezca a los que actualmente son referentes como Brasil, Chile, Perú y Uruguay.
"Somos espasmódicos y no metódicos"
"Los argentinos no somos metódicos, sino espasmódicos; en vez de ser disciplinados somos catárticos; en vez de mesurados, volátiles, pasionales y hormonales. Y esto a veces nos lleva para atrás, pero en otras nos ayuda a ir para adelante. Por eso, si llegamos a hacer esa conexión de tantos nodos en la Argentina. El problema es que los buenos son más, pero trabajan mal y los malos, trabajan mejor. Nuestro trabajo no es crear el bien, sino articular a los buenos y a lo bueno, que está atomizado y disperso, que es la estrategia del mal. Así en vez de crear un país de confrontaciones, hacemos uno de construcciones".
Fuente ; La Capital
 
"Soy uno de los presidenciables"
El diputado Felipe Solá señaló que su eventual plataforma tendría entre otros temas el desarrollo de los trenes y el apoyo a las Pymes. Además, apoyaría una reelección de Pulti como intendente.por Eduardo Juan Bouisson
 
"Soy uno de los presidenciables para 2011. Tengo ganas, experiencia y bastante autocrítica en serio", afirmó el diputado nacional Felipe Solá, al visitar la redacción de LA CAPITAL. Pero hizo la salvedad de que "yo, tanto como los demás que también se postulan, vamos a tener que pasar por las internas del Partido Justicialista". Y al ser preguntado si ello dependía de que Carlos Reutemann acepte o no ser candidato, expuso que "para nada, yo tengo muy buena relación con él, pero uno tiene que intentar ocupar el lugar que cree que le corresponde".
Con respecto a los motivos de su presencia en Mar del Plata, sostuvo que tenía que verme con mucha gente, entre ella, con algunos afectos. Y después los enumeró: "Con Pepe San Martín, que mantengo una relación política muy fuerte; con sindicalistas y posiblemente con Cristina Di Rado, también con Oscar Fortunato, por la situación de la pesca; con el Cholo Ciano que, por suerte, lo encontré muy bien; con Lucas Fiorini, Hugo Bianchi y con mi hermana Magdalena, que vive aquí. Estoy muy unido a Mar del Plata. Mi familia sigue teniendo en Chapadmalal una casa que data de los años '40".
Como se sabe, Solá es referente del Peronismo Federal, y al respecto dijo que este nucleamiento "tiene muchas cabezas como las de Reutemann, Busti, De Narváez, Romero y hasta Schiaretti y Ramón Puerta".
Agregó que "sin embargo, antes de esta instancia, la suma de partidos tendríamos que ir confluyendo, sin ninguna clase de personalismos, y de allí salir una sola fórmula consensuada. Incluso asociarnos con no peronistas...".
Y al ser preguntado si entre estos se podría incluir al "cobismo", fue taxativo al negar tal posibilidad. Y añadió: "El cobismo va a ir con el radicalismo, porque para ellos no hay otro candidato más importante. Por eso, nosotros lo descartamos, pero lo defendemos por las acusaciones falsas que se le hacen".
Y ante la insistencia de con qué sectores buscaría una alianza, respondió que "todavía no lo tengo claro, pero me gustaría que nos acompañara gente que piensa cosas importantes y referentes de partidos provinciales".
"Ya no es posible que un solo partido pueda gobernar, porque contamos con una sociedad que es diversa y heterogénea, además de desconfiar de la política y de los discursos que quieren cumplir con la historia y no con el futuro", puntualizó.
Con respecto al intendente Gustavo Pulti dijo que "tengo una relación cordial con él", y añadió que ante la posibilidad de que se vuelva a candidatear, "apoyaríamos su reelección".
Y puntualizó: "Pulti está haciendo una gestión que está aprobada por la gente. También, habrá que pensar si viene con nosotros o se queda con el 'kirchnerismo'. Lo que sucede con Mar del Plata es que ha crecido más que sus posibilidades presupuestarias y las posibilidades de su obra pública".
También, Solá se refirió a su afinidad con el sindicalismo. Sostuvo que "tengo buena relación con otro marplatense, Hugo Moyano". Y después señaló que, al que consideró su "número dos", Roberto Mouillerón (ex ministro de Trabajo provincial) "me acerca con muchos sindicalistas".
 
"La pesca es un tema político"
"El conflicto de la pesca es un tema político no resuelto de tironeo entre puertos, provincias y tipos de flota", expuso en una parte de la entrevista el diputado Felipe Solá. Y continuó: "De vez en cuando hay una larga pausa, que es productiva y que es una especie de tregua en la que se pueden dividir mejor los recursos".
"Sé que se está haciendo la cuotificación, que ordenaba una ley que data de 1997. Yo la empecé a plantear y me fui en 1998. Por eso, considero que si la cuotificación está bien hecha, puede ser una medida saludable para la conservación de la riqueza ictícola", prosiguió.
Y finalizó diciendo: "Esto mismo pasó en Islandia y Canadá y otras naciones, que tardaron mucho en ordenarse. Pero ya lo hicieron. La Argentina debería aprender de ellos y fijar una política de interés nacional y no sectorial".
 
"Estoy escribiendo el guión de una película documental"
Felipe Solá reveló a LA CAPITAL que "estoy escribiendo el guión de una película documental. Se trata de una mirada de las cosas que pasan en la provincia de Buenos Aires, principalmente con la niñez y la juventud, la ancianidad pero desde los que están arriba y los que están abajo. La dirección va a estar a cargo de un peronista muy bueno en esta tarea".
Además, anunció que "también realizó una nota para una ong, referido a qué hay que hacer para llegar a la Argentina del futuro. También, voy a realizar junto con otros un manifiesto del sector del Peronismo Federal".
Fuente: La Capital

 La verdadera historia de los Kirchner
Por Luis Majul. Especial para lanacion.com -17 de febrero de 2010
¿Por qué a Néstor Kirchner y Cristina Fernández les importa tanto presentarse como víctimas de la dictadura? Porque es la imagen con la que más cómodos se sienten frente a la militancia del Frente para la Victoria y las organizaciones humanitarias a las que a veces utilizan para evitar críticas de la centroizquierda argentina. ¿Por qué los afectó tanto la información que confirmó la compra de dos millones de dólares por parte del ex presidente de la Nación? Porque rompió, de un día para el otro, la imagen romántica de una pareja de militantes comprometidos que vive para la política y no de la política.
¿Fueron Néstor y Cristina una pareja que luchó de manera constante e intensa contra la dictadura militar? En las dos largas conversaciones que mantuvimos para El Dueño , Rafael Flores, una de las personas que más y mejor conoció al ex presidente, aseguró que Kirchner no había sido un héroe. "Más bien fue uno del montón", precisó.
Kirchner y Flores militaron juntos en la facultad de Derecho de La Plata, en la Federación Universitaria de la Revolución Nacional (FURN). Entonces, la FURN peleaba contra la dictadura del general Juan Carlos Onganía y se consideraba el semillero estudiantil de la Juventud Peronista (JP).
Flores confirmó que Kirchner formó parte de la columna que el 17 de noviembre de 1972 acompañó el primer regreso del general Juan Domingo Perón. Corroboró que también estuvo presente el 20 de junio de 1973 en la trágica matanza de Ezeiza. Y afirmó que además concurrió a la Plaza de Mayo el día en que el presidente Perón reprendió a los montoneros con aquel "imberbes, esos estúpidos que gritan". Flores negó que Néstor haya formado parte de la organización Montoneros, ni de su comando político ni de su brazo armado. Y aclaró: "Cuando Montoneros pasó a la clandestinidad, Néstor ya se había ido de la FURN. Sin embargo, contaba historias de enfrentamientos como si él hubiera sido el protagonista".
Presos bien tratados . Flores y Kirchner estuvieron presos juntos, un par de días, en marzo de 1977, y ambos fueron tratados con manos de seda. "Hasta me da vergüenza contarlo, porque no tuvo ni punto de comparación con lo que sufrieron nuestras compañeras y nuestros compañeros", me confesó Flores.
El está indignado con el matrimonio presidencial porque asegura que hacen marketing con su supuesto sufrimiento durante la dictadura. "Mientras muchos abogados nos dedicábamos a defender gratis a los presos políticos, Néstor se dedicaba a defender represores y a perseguir a deudores hipotecarios", explicó.
En 1981, cuando era fiscal de Estado de la provincia de Santa Cruz, Flores pidió veinte años de prisión para González Rouco, segundo jefe de la Policía Federal. González Rouco había abusado y violado a numerosas víctimas. Fue defendido por los doctores Néstor Kirchner, Cristina Fernández y su socio Domingo Ortiz de Zárate. Ellos argumentaron que no podía considerarse violación forzar a una mujer a practicar sexo oral. Al final fue condenado a 18 años.
"Platita". A Flores, el argumento de sus contrincantes no le gustó nada. Pero menos le gustó la demanda que los socios le iniciaron a una humilde mujer para quedarse con su propiedad. Fue durante 1982. Cuando la presentaron, los Kirchner eran apoderados de la consultora Finsud. Su especialidad eran "las cobranzas extrajudiciales". Era la época de la circular 1050 del entonces superministro José Alfredo Martínez de Hoz. Las tasas de interés para créditos hipotecarios se hicieron impagables. En ese contexto de desesperación, Néstor y Cristina se habrían guardado los pagarés de la mujer, en vez de romperlos después de cobrar.
Rafael Flores defendió a la señora. Y los argumentos que utilizó para atacar a los demandantes fueron demoledores. Flores comparó a Kirchner con Shylock, el Mercader de Venecia. El juez le dio la razón, pero lo reprendió por asociar a su adversario con uno de los personajes más avaros y miserables de la historia de la humanidad.
Ese día, al encontrarse a la salida del juzgado con Cristina Fernández, Flores le pidió disculpas por los fundamentos de su presentación, pero después le preguntó:
-¿Por qué hacen esto? ¿Con qué necesidad? Y jura Flores que ella le respondió:
-Queremos hacer política. Para hacer política en serio se necesita "platita".
Esta misma semana, consultado para esta nota, Rafael Flores dijo no saber si Néstor y Cristina estuvieron presos durante 1975, como reveló la Presidenta en la entrevista que concedió al ex ministro Daniel Filmus. "Solo me parece raro que no me lo hayan comentado. Yo defendía a presos políticos y decenas de veces hablamos de las detenciones de otros compañeros".
El límite es la corrupción. En la política en general y en el peronismo en particular, hay una regla no escrita pero aceptada por la mayoría de sus integrantes. Una regla que justifica "la recaudación de la plata para la política". Cuando el dinero va a la organización política, casi nadie pregunta de dónde salió. Esto vale también para la mayoría de las organizaciones sociales. Se trata de financiar "el proyecto". De aceitar la maquinaria para organizar actos o ganar las elecciones. Lo que no se justifica, ni en el peronismo ni en ningún otro partido, es que los fondos de la política vayan a parar el bolsillo del supuesto militante.
Me lo explicó con toda crudeza un ex aliado de Kirchner, Sergio Acevedo, ex jefe de la SIDE, ex gobernador de Santa Cruz, en julio de 2008, en un café de Coronel Díaz y Paraguay:
-Cuando empezó, el kirchnerismo era un proyecto político que necesitaba dinero para concretar su sueño. Ahora se parece más a una excusa política para que algunos kirchneristas tengan como justificar la acumulación personal de dinero.
En estos días tan raros, los intelectuales k, pero también las organizaciones sociales y de derechos humanos que hasta hace poco apoyaban el proyecto sin reservas, discuten puertas adentro cuál es el límite de la adhesión al proyecto. "El límite es la corrupción", sentenció hace más de un año el adelantado Miguel Bonasso, y se fue a buscar otro espacio político.
El último libro del autor es El dueño , una biografía del ex presidente Néstor Kirchner

 
  Un gobierno sin reflejos 
Por Joaquín Morales Solá LA NACION
El presidente de la Corte Suprema debió recordar su última y tensa conversación con Cristina Kirchner cuando ayer dijo, públicamente, que la Justicia también está para decirles que no a los otros poderes. La Presidenta ha reflotado en los últimos días la teoría de los dos partidos, el judicial y el mediático, a los que acusa de urdir su desestabilización entre varios golpistas más. Si se sigue bien la trama de la crisis que comenzó en enero (y que aún no concluyó), cabe preguntarse dónde están los reflejos políticos de un gobierno que no dejó error por cometer y que no se privó de sumar enemigos innecesarios.
Cristina Kirchner le reprochó al juez Ricardo Lorenzetti, en aquella muy fría reunión institucional, que la Justicia estaba preparando un golpe de Estado como el que derrocó en Honduras al ex presidente Manuel Zelaya. Seguramente se refería a las sentencias de primera y segunda instancia que le habían dado la razón a Martín Redrado en el caso de su destitución y en el reclamo de frenar la apresurada transferencia de reservas nacionales a las cuentas del Poder Ejecutivo. La comparación con Zelaya sólo exhibe la convicción kirchnerista de que el poder sólo sirve si es total y absoluto. ¿Qué parecido comprobable existe, por lo demás, entre la presidenta argentina y un mandatario que fue sacado en pijama de su país, en medio de la noche, por soldados del ejército?
Pero el "partido judicial" parece no incluir a los jueces del oficialismo que sí estarían por perpetrar un golpe contra las instituciones. En verdad, si dos jueces de la Cámara en lo Contencioso Administrativo, Sergio Fernández y Luis Márquez, aceptan la apelación del Poder Ejecutivo por una medida cautelar, es probable que el Gobierno se haga de las valiosas reservas con el argumento de que los dos fallos anteriores ya no están firmes.
¿Quién obligará a los Kirchner a devolver luego esas reservas? ¿O las devolverían sólo con bonos pagaderos dentro de muchos años? Al fin y al cabo, si esa situación sucediera, la decisión final de la Corte Suprema o la votación en el Congreso por la validez del DNU se convertirían en virtuales cuestiones abstractas. Los Kirchner ya se habrían hecho definitivamente de una parte importante de las reservas nacionales.
El discurso de ayer del juez Lorenzetti, en la inauguración del año judicial (que será complicado, según todos los pronósticos), sirve para que lo escuchen el Gobierno, la oposición y también los jueces. El Gobierno no debería esperar que la Justicia le saque las papas del fuego que él mismo encendió; la oposición no debería recurrir a la Justicia para que resuelva los problemas que ella no puede resolver, y los jueces no deberían hacerle al Gobierno la tarea sucia y permitirle que esquive de un salto todas las instancias institucionales.
La Sala IV de la Cámara en lo Contencioso Administrativo tiene a Fernández y a Márquez como jueces cercanos al oficialismo. Fernández es hermano de otro Fernández, Javier, un auditor sindicado como el kirchnerista con más influencia entre los jueces. Javier Fernández es autor de muchos ascensos y caídas de jueces en los últimos años; la gloria o la desgracia de los magistrados es ejecutada por el poder de decisión definitiva que el Ejecutivo conservó en el Consejo de la Magistratura. Lo que esos jueces están tratando ahora es un recurso de apelación ante la Corte Suprema por una medida cautelar, que, según la estimación pública del juez Carlos Fayt, fueron rechazados en un 95% de los casos. Esto es: la Corte puede tratar apelaciones sobre decisiones firmes, pero no sobre medidas cautelares.
Todo esto deberá resolverse en la próxima semana, porque en la siguiente ya estará en plenas funciones el Congreso. En los primeros días de las sesiones ordinarias, que comenzarán el lunes 1º de marzo, la oposición prevé tratar el asunto del DNU sobre las reservas. Pero ¿de qué les serviría a los opositores contar voto por voto, como hacen ahora, si el fallo de dos jueces hubiera colocado ya las reservas en manos de los Kirchner?
Cristina Kirchner ha dicho que cuando era joven no creía en las informaciones que publicaban los diarios. El problema es que ahora, ya en la avanzada madurez de la vida y en la conducción política de la Nación, tampoco cree en lo que dicen los diarios. Es un modo extraño de gobernar la opinión pública (y así le va), pero lo que importa no son sus creencias, sino su capacidad para confrontar a diario con el periodismo. Sólo Hugo Chávez ha hecho de la prensa un enemigo constante y tenaz como Cristina.
La última diatriba se la dedicó a LA NACION y a Clarín , que compiten, dijo, por agraviarla. LA NACION publicó el domingo una información sobre un relato que hizo ella de una prisión compartida con su marido en 1976 y consignó que otras fuentes (en muchos casos con nombres y apellidos) habían desmentido su encarcelamiento. ¿Hubo un error? Ningún diario le hubiera negado la posibilidad de una civilizada aclaración sobre esa noticia. No necesitaba hacer de la cuestión una cruzada épica.
Los Kirchner han escrito y reescrito su historia varias veces. Sea como sea, lo cierto es que la Presidenta no fue Rosa de Luxemburgo en los crueles años 70. Ella mismo lo dijo cuando contó públicamente que en tiempos de la dictadura su actual marido le propuso que se fueran a Santa Cruz para hacer plata y para poder luego hacer política. Entonces prevaleció el pragmatismo, como ahora predomina el dogmatismo.
A Clarín lo vapuleó porque denunció que una monumental obra pública en Santa Cruz podría quedar en manos de empresarios amigos. Sobraron los gritos y faltó la puntual aclaración sobre cómo se está tramitando la concesión de la mayor obra pública (casi 4000 millones de dólares) de las últimas décadas. Esa es la cuestión y no la conspiraciones que, de tan reiteradas, son ya inverosímiles.
No existen el partido judicial ni el mediático. Y Cristina Kirchner no es una mártir ni su marido es un héroe. Nadie les pide que sean (o hayan sido) mártires y héroes. Sólo existe el zigzag interminable de una crisis a la que ellos no quieren ponerle fin.
 
  ¿2011 o 2010?  
Por Mariano Grondona
Especial para lanacion.com Martes 16 de febrero de 2010  
El primero de marzo, de aquí a doce días, la oposición cerrará filas para acotar decisivamente el poder de los Kirchner no bien comiencen las sesiones ordinarias del Congreso. Frente a temas tales como los decretos de necesidad y urgencia (DNU), el Consejo de la Magistratura, el apriete financiero a las provincias y el vaciamiento del Banco Central mediante el famoso "Fondo del Bicentenario", el matrimonio presidencial perderá la discrecionalidad que lo acompañó de 2003 a 2010 porque ya no habrá "un" poder, el Ejecutivo, sino "dos", el Ejecutivo y el Congreso, sumándoseles gradualmente un tercero, el Poder Judicial, que tímidamente empieza a renacer. La transición hacia las elecciones presidenciales de 2011 se desarrollará, por primera vez en siete años, bajo el signo de la pluralidad republicana de la Constitución.
Si estuviéramos en un país políticamente "normal", este traspaso de un liderazgo al siguiente se estaría elaborando en medio de un clima de convivencia como el que acaba de caracterizar la transición en Uruguay y en Chile. Pero, como dice el refrán, "hacen falta dos para bailar el tango". A la inversa de Tabaré y Bachelet, los Kirchner han pretendido aferrarse al poder residual que aún les queda, denunciando de paso por "golpistas" a sus competidores.
Esta acusación desconoce un hecho elemental: que ya no quedan golpistas en la Argentina. El agotamiento no sólo del golpismo militar, cuyo canto del cisne ocurrió en 1987 cuando el coronel Rico ya no pretendió derrocar a Alfonsín, sino también del golpismo civil, que tuvo su única expresión en torno de la caída de De la Rúa en 2001, se debe a una larga experiencia colectiva en virtud de la cual ya aprendimos que el golpismo, militar o civil, terminó favoreciendo invariablemente a los "golpeados", convirtiéndolos en mártires y eximiéndolos de pagar la factura final de sus propios desaciertos.
Al negarse a dialogar con sus vencedores del 28 de junio y al extremar las tensiones de nuestra vida política, ¿es este beneficio indirecto el que procuran los Kirchner? Estirando la cuerda de la confrontación hasta volverla insostenible, ¿buscan eludir quizá su culpa por el país que nos dejan? Si los Kirchner ya avizoran el final de su liderazgo, ¿preferirán entonces que sea abrupto en vez de suavizarlo por la vía del diálogo, con el objeto de trasladarles a sus sucesores el alto costo político que tendrá la inevitable rectificación? Al precipitar desde ahora la crisis de su sucesión, ¿piensan anticipar su apuesta ya no en dirección del lejano 2011 sino del inminente 2010? Agravando los temblores que se avecinan, esta política de "tierra arrasada" sería nociva no sólo para ellos sino también para la Nación. Intentarla, no sería racional. Pero los Kirchner, ¿son racionales? Deberá serlo en todo caso la oposición, obligándolos con paciencia y firmeza a que sean ellos y no su sucesor quienes paguen las consecuencias por lo que nos están dejando
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GACETILLA DE OCEBA
Programa Uso Racional de Energía:
“Ahorrá con Energía”
El Organismo de Control de Energía de la Provincia lanzará en los próximos días el Programa de Uso Racional de Energía “Ahorrá con Energía” – Realizarán un trabajo en conjunto con la Secretaría de Juventud Provincial
El presidente del OCEBA, Marcelo Sosa y el Subsecretario de Juventud de la Provincia, Santiago Carrera, se reunieron con el objetivo de darle forma al nuevo Programa de Uso Racional de Energía denominado “Ahorrá con Energía” que lanzará el organismo en los próximos días en los distritos del interior de la provincia.
El Programa “Ahorrá de Energía” tendrá como eje central la concientización ciudadana, pero a su vez constará de dos puntos importantes, el primero, será una campaña de sobre el Uso Racional de la Energía en todos los distritos del Interior de la provincia. Se colocarán puestos en los puntos más transitados de cada una de las ciudades y se le explicará a los ciudadanos cuales son las metodologías que se deben efectuar para bajar el consumo de energía. Mediante catálogos sencillamente narrados se explicará cuales son las medidas más importantes y rápidas que debe tomar un consumidor común para bajar la energía en su domicilio.
El segundo punto importante de este lanzamiento será la ejecución de folletos explicativos, gráficos y detallados que acompañaran la boleta de la prestadora de servicio de energía eléctrica de cada ciudad. A través de este folleto se intentará concientizar a los vecinos de la importancia que tiene la energía en nuestra provincia y el valor agregado que representa en las comunidades más pequeñas.
"Es muy importante concientizar a los vecinos de la importancia que tiene la energía en nuestro país y principalmente en la provincia, todos debemos tomar conciencia que se debe cuidar y mucho", sostuvo el Presidente del OCEBA, Marcelo Sosa finalizada la reunión.

 
              Kirchner y Mujica,          
  ¿vidas paralelas o vidas cruzadas?
Por Mariano Grondona Domingo 14 de febrero de 2010 |
El miércoles último, por iniciativa del presidente de la Cámara de Comercio Argentino Uruguaya, Juan Carlos López Mena, el presidente electo de Uruguay, José Mujica, almorzó en Punta del Este con 1500 empresarios privados en su mayoría uruguayos, argentinos y brasileños, flanqueado por Julio María Sanguinetti, quien fue dos veces presidente "colorado", y por Luis Alberto Lacalle, otro ex presidente, esta vez "blanco", al que Mujica venía de derrotar en las últimas elecciones. Al coincidir en torno de una misma mesa, los referentes de las tres grandes fuerzas políticas de la nación hermana vinieron a anticipar con su presencia que Mujica no anunciaría una simple política de gobierno , exclusiva de él y su partido, sino una política de Estado , común a todos los uruguayos.
Lo que, según los cronistas de este multitudinario encuentro, "encandiló" a la concurrencia, no fue sólo esta notable convergencia política, sino el mensaje del propio Mujica, quien exhortó a los empresarios a apostar sin temor a su país, comprometiéndose a "cuidar el clima de las inversiones, porque no se puede generar riqueza sólo con decisiones legislativas". El nuevo presidente, cuya aguda preocupación social es conocida, no entendió debilitarla sino reforzarla con sus palabras al agregar que, una vez que abunden las inversiones privadas, el Estado podrá financiar holgadamente su ambicioso proyecto social mediante una política impositiva razonable y estable.
En un pasaje decisivo de su tratado sobre el gobierno, el inglés John Locke imaginó que dos príncipes necesitaban grandes sumas para financiar una previsible guerra entre ellos. Uno, el príncipe necio , decidió entonces aumentar cuanto antes los impuestos, pero todo lo que consiguió al fin fue asfixiar a su pueblo y debilitar a su ejército. El otro, el príncipe sabio , decidió, al contrario, permitir y alentar el enriquecimiento del pueblo y, por haberlo hecho, sólo tuvo que aplicar después un impuesto proporcionalmente moderado para llenar sus arcas y ganar la guerra.
Pero lo que más impresionó a la concurrencia en Punta del Este no fue ni la convergencia política de los dirigentes uruguayos ni el discurso de Mujica en sí, sino el hecho de que fuera precisamente él, el más intenso de los tupamaros, quien lo pronunciara. Algunos empresarios, eufóricos, llegaron a decir "estamos ante un nuevo Lula". La racionalidad económica, por lo visto, ya no pertenece solamente a quienes siempre la acogieron, como el nuevo presidente chileno, Sebastián Piñera, sino también a quienes vienen de la izquierda militante como Lula y Mujica. ¿Qué está pasando, entonces, en nuestra América?
 
¿Liberales o socialistas?
Lo que está pasando es que después de muchas idas y venidas los gobernantes latinoamericanos más sensatos, más "sabios" en el lenguaje de Locke, están aprendiendo que la ruta del progreso económico y social al que aspiran nuestros pueblos no consiste en adherir exclusivamente al socialismo ni exclusivamente al liberalismo , sino en lograr una feliz combinación entre ambos. El propio Piñera, pese a sus impecables credenciales en favor de la creatividad de los mercados, que pudo experimentar con éxito notable en su propia actividad empresaria, anuncia ahora que se correrá de la "derecha" al "centro".
Pero ¿qué es, después de todo, el "centro"? Es el reconocimiento de que las dos ideologías más potentes de nuestro tiempo poseen, cada una de ellas, una parte de la verdad. Pero al anuncio de que habría que combinar estas dos "medias verdades" debe sumarse, para que su matrimonio sea fecundo, una fórmula que sepa acordarle a cada una de ellas la función que le corresponde. Si a una sociedad se la priva del inmenso estímulo de la competitividad, se la vuelve económicamente estéril. Esta es la verdad liberal. Pero si en esa sociedad no actúa además un Estado con ese algo de socialismo que le permita asegurar, aparte de la honestidad de sus propios funcionarios, el efectivo imperio de la competencia entre los empresarios y una justa distribución de la riqueza para mejorar la condición de los que están peor sin desalentar por ello las inversiones y la creatividad de los más capaces, lo que resulta al fin es el progreso insoportable de los favoritos.
Este es el difícil, éste es el delicado equilibrio del cual resulta, como lo han probado los países desarrollados de Europa, América del Norte, Asia y Oceanía, la riqueza de las naciones. Y esto es lo que vino a decir Mujica en su discurso: que Uruguay, con la ayuda de este "gato montés ahora vegetariano", también buscará el dorado equilibrio.
 
Tipos de líderes
Hay una cifra que resume el éxito o el fracaso de las naciones latinoamericanas: la cifra de la pobreza. Dígase lo que se quiera del socialismo que viene de gobernar a Chile durante los últimos veinte años: el hecho es que, desde una izquierda realista, moderada, pudo quebrarle el espinazo a ese enemigo de todos que es la pobreza. Ahora Piñera, al inyectarle el dinamismo empresario que le faltaba, podrá brindarle al país hermano la fuerza incomparable de una competitividad acentuada. Desde la izquierda, por su parte, Mujica ahora, como Lula antes que él, aspira naturalmente a abrirles la puerta de la competitividad a las fuerzas empresarias que acaba de convocar. Así es como los países que nos rodean van acercándose al dorado equilibrio.
Pero estos avances no se habrían logrado sin un complemento que ya no es ideológico porque no proviene de los libros, sino de la experiencia, y que se llama aprendizaje . En Perú, hoy una de las economías más brillantes de la región, podría verse retrospectivamente al primer gobierno catastrófico de Alan García como la ocasión dolorosa pero fecunda de un profundo aprendizaje. A lo mejor José Serra, que se esfuerza hasta ahora exitosamente en derrotar al Partido de los Trabajadores de Lula, podrá traer consigo esa cuota de empuje desbordante que coronaría a Brasil como una nueva potencia mundial. Y si Piñera puede sumarle al extraordinario éxito social de la Concertación más dinamismo sin caer por eso en un excesivo ideologismo liberal, Chile se convertirá en el primer país plenamente desarrollado de América latina.
Podríamos clasificar a los líderes latinoamericanos de diversas maneras según provengan de la izquierda o de la derecha. Hasta podría decirse que, así como Menem distorsionó el liberalismo al desnudar de sus necesarias funciones al Estado, Kirchner ha pecado de excesivo estatismo al virar en dirección contraria. Pero aquí no importa en definitiva de dónde vienen nuestros líderes regionales, sino hacia dónde se han encaminado como consecuencia de su aprendizaje. Lo peor de Kirchner, entre nosotros, no es que haya venido de la izquierda o incluso que haya cedido como nadie ante los torpes encantos de la corrupción. Lo peor que puede decirse de él es que no ha aprendido. ¿Estarán aprendiendo los que aspiran a reemplazarlo? Ni el peronismo ni el radicalismo son causas impolutas, pero tampoco son causas perdidas. En la moderación que muestren ellos y el resto de los opositores, en la sabiduría que al fin resulte de la experiencia que están haciendo reside, en última instancia, la esperanza de los argentinos. Y si al fin aprenden a vislumbrar, como Lula y Mujica, el verdadero camino del desarrollo, hasta podrán reconocer, cuando les llegue la hora del balance, que han tenido en Néstor Kirchner al mejor maestro involuntario de lo que no hay que hacer.

 Probable víspera de otra derrota
Por Joaquín Morales Solá Domingo 14 de febrero de 2010 |
Nunca imaginé un final así. El funcionario que lanzó ese lamento acababa de salir de Olivos, tras llevarle a Néstor Kirchner la noticia de que el Senado (la única cámara legislativa en la que el oficialismo confiaba) dio un sonoro gruñido opositor. ¿Cómo es el final? Con la economía mal, con todos en contra, sin Congreso y con funcionarios o ex funcionarios perseguidos por corruptos, respondió aquel kirchnerista. En esos mismos momentos, Cristina Kirchner llamaba "perros" en público a sus opositores, y sus ministros descubrían un golpe de Estado en una inofensiva reunión de radicales que se hacía ante periodistas y fotógrafos. No son maneras de pedir auxilio cuando se avecina un naufragio.
El primer dato devastador para los que mandan es la síntesis de lo que sucedió en el Senado en los últimos días. Los Kirchner dependen ahora ahí de dos personas para la suerte de sus proyectos: el vicepresidente Julio Cobos o el senador Carlos Verna, ambos con una historia de viejas trifulcas con el matrimonio gobernante. El decreto de necesidad y urgencia para hacerse de parte de las reservas nacionales está, según los últimos alineamientos, más cerca de ser rechazado que aprobado por el Senado y, por lo tanto, por el Congreso.
El oficialismo tiene sólo 35 de los 37 votos senatoriales que necesita; los opositores ya tendrían los imprescindibles 37. Para peor, otra mala noticia le llegó al gobierno desde Neuquén: el senador Horacio Lores, a quien el gobierno sumaba entre sus actuales 35, podría cambiar de posición y enrolarse con Verna. La actitud de Verna es la del verdugo que le cede a un colega el acto de matar. En efecto, el senador propuso que el DNU sea convertido en un proyecto de ley para que él pueda votarlo favorablemente. Es lo que corresponde, guste o no, y lo que debió hacerse desde el principio de las cosas.
El problema es que un proyecto de ley debería pasar por las dos cámaras y el Gobierno no tiene la mayoría necesaria en Diputados, donde probablemente sería rechazado. En caso de que deba enfrentar ese tornado, el oficialismo tendrá sólo dos alternativas: consensuar un proyecto con la oposición o renunciar al manejo arbitrario de las reservas nacionales. Lo importante es que exista un proyecto de ley. Después, la oposición podrá cambiarlo , adelantó uno de los principales dirigentes opositores del Senado.
Si el Gobierno lograra sumar un voto más (hace lo imposible por cooptar a la correntina Josefina Meabe), debería caer de rodillas ante Cobos para que desempate a favor del oficialismo. Por ahora, está obligado a rogarle a Verna que cambie su posición. Tal vez, Cristina Kirchner tiene más pasiones contra Verna que contra Cobos. Verna contribuyó en la década del 90 a su expulsión del bloque peronista y Cristina le devolvió el favor, mucho tiempo después, con serias acusaciones sobre las prácticas morales del actual senador en el manejo de los recursos públicos. Puestos a elegir, ambos preferirían no verse nunca más.
El conflicto que expuso la reaparición de Carlos Reutemann no es su condición de candidato presidencial (que no lo es todavía), sino su papel de referencia insoslayable entre los senadores rebeldes. Ningún peronista se siente incómodo si debe fugarse bajo su liderazgo.
 
Así las cosas, la ratonera del Senado no deja de ser una enorme afrenta política para los Kirchner. Ese paisaje de desamparo se agravó aún más cuando 37 senadores (incluido otra vez Verna) le reclamaron desde la oposición al oficialismo la mayoría de las comisiones senatoriales, tanto en su composición como en sus presidencias.
Verna tuvo una discusión de órdago por este tema, que incluyó agravios personales, con el líder de los senadores oficialistas, Miguel Pichetto. El fantasma de la espectacular derrota oficialista en la Cámara de Diputados, el 3 de diciembre último, amenaza con reeditarse el próximo día 24 en el Senado, cuando se realice la sesión preparatoria de la Cámara alta.
Otras puertas se entornan. La Justicia tiene siempre recursos para estirar o acortar los tiempos. Es probable que la Corte Suprema de Justicia estire los plazos para tratar la apelación del Gobierno a la decisión de una jueza y de una cámara de frenar la transferencia de las reservas a las arcas del Poder Ejecutivo, si es que la apelación le llega. Los Kirchner trabajan para que el recurso de apelación sea tratado ahora, que concluyó la feria judicial, por otra sala del fuero Contencioso Administrativo. La sala IV está integrada por dos jueces subrogantes (el Gobierno no hizo todavía las designaciones correspondientes), Sergio Fernández y Luis Márquez, ambos con fluidas vinculaciones con el oficialismo.
Legisladores de la oposición podrían pedir en las próximas horas la recusación del camarista Fernández, hermano de Javier Fernández, un auditor del Gobierno que es el operador oficialista que más trabaja entre los jueces. La misión política de Javier Fernández entre los jueces es demasiada conocida como para que su propio hermano pueda aparecer como un juez independiente en un tema crucial para la administración. En su momento, Fernández y Márquez desplazaron al candidato que había ganado el concurso para integrar esa Cámara. Ahora se explica por qué.
De todos modos, ¿qué haría la Corte si le llegara la apelación del Gobierno? Tomarse tiempo hasta que la política resuelva sus problemas, es decir, hasta que actúe el Congreso. El juez Eugenio Zaffaroni, en público, y el juez Enrique Petracchi, entre sus pares en el máximo tribunal judicial, vienen bregando para que la Justicia no termine arbitrando en los muchos zafarranchos políticos. Dejemos que funcionen los poderes elegidos por la sociedad , suelen decir.
 
Un argumento de la primera cámara judicial que aceptó el planteo de Martín Redrado es muy repetido entre los ministros de la Corte. Es éste: si las reservas se necesitaran realmente y si, como se sabe, los vencimientos más importantes de la deuda pública serán sólo a mediados de año, ¿por qué la Presidenta no convocó a sesiones extraordinarias del Congreso en diciembre para que éste tratara su proyecto en lugar de dictar un decreto de necesidad y urgencia? ¿Por qué la Corte debería resolver ahora ese problema? ¿Por qué deberían ser los jueces los que decidan qué protagonista político tiene la razón?
 
El caso de la relación de Cristina Kirchner con las instituciones es una de las deserciones más significativas de la política. No viajó a China ante el riesgo de que Cobos, durante su interinato, convocara al Congreso. ¿Cuál era el enorme peligro que la acechaba? ¿Acaso sólo la posibilidad de que el Parlamento debatiera las decisiones del Estado? Ahora, la Presidenta está urgida para que la Corte Suprema le evite enfrentarse con el Congreso y libere las reservas que la Justicia dejó en poder del Banco Central. Resulta, sin embargo, que la Corte está más pendiente de su papel institucional que de los caprichos presidenciales. ¿En qué covacha de la historia quedaron olvidadas las promesas de Cristina de una mayor institucionalidad durante su mandato? Cristina decidió parecerse más a Chávez que a Bachelet , desliza alguien que la conoce bien.
Esos dos sectores, el Congreso y la Justicia, están cambiando el ecosistema político que gobernó en los últimos siete años. Una coincidencia básica de la oposición, que nadie divulga aún, consiste en obligar a los Kirchner a tomar las decisiones económicas impopulares, a las que le huyeron en los momentos de gloria. No queremos heredar un país con un déficit inmanejable y con subsidios incomprensibles , subrayan los antikirchneristas. ¿Qué harán los Kirchner si no contaran con las reservas, como parece que sucederá finalmente? Silencio. Nadie pronostica nada.
El tifón de la inflación es, a pesar de todo lo que pasa, el primer problema político de los Kirchner. Significa una sima más profunda aún en su relación con la sociedad. Es probable que Amado Boudou pague los platos rotos de la inflación. Artemio López señaló en uno de sus habituales informes para algunos gremios que el alza de los precios de los alimentos durante enero fue del 30 por ciento. Guillermo Moreno demoró la difusión del parte oficial sobre la inflación de enero hasta que Néstor Kirchner salió del sanatorio. Entonces se reunió con él y ambos volvieron a mentir: el aumento de los precios fue del uno por ciento, informaron. Ni los ujieres de Olivos creen ya en esas cosas.
Moreno es más culpable que Boudou de la inflación, pero Boudou no ha hecho nada para enmendar tantos errores. Su salida puede estar cerca. Nadie lo llorará. ¿Quién llora, al final de cuentas, por un gobierno que ha hecho de la confrontación y la crispación no sólo un estilo, sino también un método?
 
 
 Tres noticias insoportables
    para la cúpula del poder 
Joaquín Morales Solá -LA NACION Miércoles 10 de febrero de 2010
Sólo en la Unión Soviética era posible difundir que el líder estaba más sano y radiante después de una seria crisis de salud. Es, sin embargo, lo que trataron de hacer aquí los voceros del kirchnerismo. Ese esfuerzo por disimular, seguramente vano, indica otra cosa: el oficialismo no puede prescindir en estas horas del hombre que lo gobernó con mano firme durante siete años largos. La indisciplina partidaria, la inminencia de las sesiones ordinarias del Congreso, la crucial necesidad de aprobar el DNU sobre el manejo de parte de las reservas y la aparición sorpresiva de líderes más populares dentro del peronismo hicieron extremadamente peligrosa la imagen de vacío en la conducción del kirchnerismo. Esa es la verdad.
Sin embargo, tres novedades últimas adquirieron la categoría de insoportables para la ya frágil solvencia política de la fracción gobernante. La primera de ellas es la imparable onda expansiva que provocó la revelación sobre la compra de 2 millones de dólares por parte de Néstor Kirchner. Ese hecho erosiona el principal proyecto electoral de Kirchner: convertirse él, en 2011, en el único líder capaz de expresar las opiniones progresistas del país. Ningún progresista serio avaló sus negocios personales.
La otra noticia fue la reaparición de Carlos Reutemann con un mensaje demoledor para la diarquía gobernante. Cualesquiera que hayan sido los destinatarios de su acusación (los Kirchner o sus aliados), lo cierto es que el senador le envió un inconfundible mensaje a la sociedad sobre sus ideas acerca de prácticas corruptas entre los que gobiernan. No hay ningún otro político al que el matrimonio gobernante le tenga más fe electoral que a Reutemann.
No se equivoca. Según todos los dirigentes peronistas, el senador santafecino sería, en las actuales condiciones, el único en condiciones de ordenar el peronismo, de abroquelar a los gobernadores justicialistas en otro proyecto y de vaciar de votantes al kirchnerismo. Esos temores han creado una excepción notable: Reutemann es el único político con el que Kirchner no quiso confrontar nunca. Les replicó a George W. Bush y a Barack Obama (entre infinidad de políticos, empresarios y periodistas a los que sacudió en atriles y tribunas), pero jamás mencionó ni aludió a Reutemann en público.
Reutemann no ha sido un adversario menor de los Kirchner en los últimos años. Fue él, en rigor, quien preparó como un orfebre la derrota de la resolución 125 en el Senado, que terminó ejecutando Julio Cobos. "Reutemann le puso la pelota en los pies y le sacó el arquero para que Cobos pateara el penal", suele ironizar un senador del peronismo. No obstante, nunca Kirchner habló de Reutemann; sólo sus voceros menos calificados (Hugo Moyano, Luís D´Elía o Carlos Kunkel) despotrican contra el senador. "Esas críticas son como elogios para quien quiere ganar la opinión pública", dijeron cerca de Reutemann.
Sería apresurado, con todo, señalar que Reutemann se ha lanzado a la elección presidencial. No lo hará, por ahora. Nunca le gustó el desgaste prematuro de las campañas electorales y sabe de antemano que la próxima compaña será la más dura, tal vez, desde la restauración de la democracia. "Es probable que sea candidato, pero sólo a última hora", aseguran quienes lo escuchan.
La tercera novedad (tan debilitante como la presencia inesperada de un líder popular) es el efecto devastador de la inflación sobre la ya poca credibilidad social que tiene el oficialismo. Desde los taxistas hasta las secretarias, pasando por los ingenieros y los cartoneros, la queja por la suba de los precios es casi el único el tema de conversación. Un gasto público descontrolado y la muy escasa inversión han creado una situación en la que la demanda es mayor que la oferta. Desde que el mundo es mundo, la inflación sucede y se reproduce cuando eso ocurre.
 
Así como Kirchner no habla de Reutemann, la Presidenta no habla de la inflación. En sus repetidas apologías de sí misma, Cristina Kirchner sólo menciona las maravillas de un país excluido del mundo. El problema actual de muchas naciones es que los mercados amenazan con dejarlas afuera, pero a la Argentina no la pueden amenazar con esa sanción: ya está fuera de los mercados desde hace ocho años.
En su discurso de anteayer, en Ezeiza, se olvidó también de que es una jefa de Estado y que tiene la obligación de respetar a los otros países del mundo. Vapuleó a Irlanda por su crisis económica y les comentó a los obreros de los supermercados Coto (seguramente azorados ante reflexiones que nada tienen que ver con sus cosas) que hay un grupo de países al que le llaman PIGS (cerdo en inglés). Aclaró que no es el cerdo afrodisíaco mentado por ella, sino una metáfora de los desperdicios. No se quedó ahí y nombró a los países que integran ese grupo: Portugal, España, Grecia e Irlanda. El apodo de PIGS fue una creación de la prensa inglesa que ningún jefe de Estado mencionó nunca hasta que lo hizo Cristina Kirchner.
¿Qué explicación le dará de semejante mención a Rodríguez Zapatero, a quien llamaba "José Luis" para mostrar su amistad con él? ¿Qué le dirá al propio rey Juan Carlos, que le hizo favores hasta más allá de sus propios límites formales cuando la recibió como candidata presidencial? ¿Por qué no deslizó una frase ni un gesto de solidaridad con la crisis económica que vive España, cuyo gobierno tuvo una compresión, a veces en dosis inexplicables, con los berrinches de los Kirchner? Vale la pena una aclaración: el riesgo país de España era ayer de menos de 100 puntos; el de la Argentina superaba los 800 puntos.
Se equivocaría la Presidenta si creyera que esas alusiones quedaron sólo entre los vecinos de Ezeiza. En el mundo de hoy, la información corre veloz y Madrid ya tiene, con absoluta seguridad, la versión textual de su discurso, al que se puede acceder a través de la propia página de Internet de la Presidencia de la Nación.
Kirchner está mejor que antes, a pesar de que el sincero cirujano que lo operó confesó públicamente que la intervención debió hacerse con urgencia para evitar una grave lesión cerebral. La economía argentina es otro milagro, a pesar de que el Gobierno le pidió a la Corte Suprema de Justicia que lo ayudara a liberar las reservas por razones de extrema urgencia.
Como en los tiempos soviéticos, las cosas hay que leerlas al revés. Kirchner necesita una larga convalecencia, porque la operación que le hicieron fue realmente seria e importante. Y la economía argentina, aun con síntomas de reactivación, está acosada por la inflación y el déficit fiscal. La historia nunca es lo que quieren hacer de ella sus antojadizos relatores.
 
  Cristina, locuaz 
Por Mariano Grondona para lanacion.com Miércoles 10 de febrero de 2010
En los últimos 47 días hábiles, la presidenta Kirchner ha hablado en público 58 veces, más de una vez por día y muchos días por la cadena oficial. Estos datos no hacen más que confirmar la impresión general de que Cristina es, al margen de sus virtudes y defectos, una persona excepcionalmente locuaz.
El diccionario no nos ayuda todo lo que quisiéramos para definir en qué consiste la locuacidad, ya que dice que una persona locuaz es aquella que habla "mucho o demasiado". Si decimos que es locuaz aquél que habla "mucho", le atribuimos una cualidad en el fondo ambigua, ya que se puede hablar mucho y bien o mucho y mal. Decir de una persona que es locuaz porque habla "demasiado", al contrario, equivale en cierto modo a descalificarla.
 
Cristina, ¿habla mucho o demasiado? En defensa de ella podría decirse que habla mucho porque éste es el rol que se le ha asignado en la distribución de tareas del matrimonio presidencial. ¿Sería incorrecto sostener, en este sentido, que en tanto Néstor "decide", Cristina "explica"? En comparación con ella, el ex presidente habla relativamente poco porque su función no es explicar sino decidir. ¿Pero se le puede achacar a la Presidenta que hable mucho, cuando la función que le ha asignado su marido no es decidir sino explicar?
Cristina podría haberse hecho cargo de esta función, empero, como quien sobrelleva un peso quizá necesario aunque, pese a ello, abrumador. Este no es su caso porque es evidente que a ella le gusta explicar. Pero hay sobrados indicios de que este gusto personal no les cae bien a muchos argentinos, como lo prueban las mediciones del rating televisivo que registran una notoria baja cada vez que Cristina toma el micrófono.
Lo que llama la atención entonces es que, pese a estos efectos comprobadamente negativos, Cristina hable en público cada vez más. El coro que siempre la rodea aplaude invariablemente sus apariciones pero, si la Presidenta mirara un poco más allá, ante ella se abriría el fértil campo de la autocrítica. Cuando habló reiteradamente en público durante el conflicto del campo, por ejemplo, ¿no logró acaso lo contrario de lo que pretendía? Lo cierto es que aquellos que analizan la vertical pérdida de popularidad de los Kirchner en los últimos tiempos, atribuyéndola al "estilo" confrontativo del binomio presidencial, incluyen, como una de las causas principales del deterioro, los discursos de Cristina.
¿Cómo es entonces que la pareja del poder no ha indagado seriamente las razones de su creciente desprestigio? Es como si el pueblo que ha dejado de votarlos y los Kirchner se movieran en dos círculos separados, sin conexión entre ellos. Pero, como vivimos en una democracia, será el pueblo y no los Kirchner quien tendrá la última palabra.


 Un sistema riesgoso y desgastante 
Por Joaquín Morales Solá
LA NACION Lunes 8 de febrero de 2010 |

Rafael Bielsa solía contar, cuando era canciller, que una vez encontró a Néstor Kirchner resolviendo el precio del boleto de colectivo, mientras participaba al mismo tiempo, en la mesa de al lado, de una discusión sobre el salario de los maestros. El entonces ministro le dio al ex presidente el buen consejo de que aprendiera a delegar algunas cuestiones del Estado. Kirchner le replicó que el equivocado era Bielsa; el Estado funcionaría, le dijo, sólo si él se lo ponía sobre sus hombros. "Néstor, eso es imposible: o explotará el país o explotará el cuerpo", le respondió Bielsa.
La enfermedad que afectó ayer a Néstor Kirchner le debe mucho a esa obstinación por la concentración absoluta del poder nacional en cuatro manos: las suyas y las de su esposa, la Presidenta. Cuando un sistema político y un gobierno dependen sólo de dos personas, como ahora, aumenta, en primer lugar, el riesgo del error y de la sinrazón. La enfermedad de uno de ellos, además, debilita demasiado a la conducción política de la Nación. El matrimonio Kirchner buscó, hasta que lo logró, un gabinete opaco, integrado por personas pendientes de las órdenes que llegan desde Olivos.
Ultimamente, la llamada "mesa chica" de Olivos sólo admitía al influyente secretario legal y técnico de la presidencia, Carlos Zannini, junto a la pareja presidencial. Sin embargo, ni el propio Zannini (nacido y crecido en la política entre los rigores kirchneristas de Santa Cruz) tenía más atribuciones que darle cierto matiz jurídico a la extravagante creatividad de los Kirchner. Puede insinuar alguna opinión contraria, pero en el acto Zannini se refugia en el silencio cuando entrevé que el huracán de Kirchner lo sacudirá de frente.
En las últimas horas se han hecho muchas comparaciones entre la carótida de Kirchner y la de Carlos Menem, que también fue operado de urgencia en octubre de 1993 por la misma enfermedad. Debe reconocerse que el gobierno de entonces era otra cosa. Menem era criticado, al contrario de Kirchner, por una excesiva delegación de facultades en sus ministros. Tenía un gabinete, además, de personas con ideas propias y con capacidad de decisión. Domingo Cavallo, Guido Di Tella, Eduardo Bauzá, Carlos Corach y Alberto Kohan se repartían, a veces entre peleas de final de ópera, la administración del país. Sus ideas y sus puntos de vista son opinables, pero no se les puede negar potencial político.
Kirchner, en cambio, exhibió siempre a Julio De Vido como su funcionario ideal. "Yo hago lo que Kirchner me dice. Si hay que romper, rompo. Y si hay que acordar, acuerdo", repite De Vido, que, al revés de lo que se cree, es un excelente operador del ex presidente, aunque no tiene mayor influencia en sus decisiones políticas. Eso es lo que le gusta al ex presidente: que sean obedientes y que no pierdan el tiempo discutiendo con él.
Por eso se fueron del gobierno Roberto Lavagna, Alberto Fernández, el propio Bielsa y hasta José Pampuro, que prefirió la riñas parlamentarias a la obediencia ciega que le imponían desde Olivos en sus tiempos de ministro de Defensa. La conclusión es que el mejor gabinete que tuvo Kirchner fue dando paso a los actuales funcionarios sin brillo propio.
Cristina Kirchner
La Presidenta está ahora al lado del lecho de su marido enfermo, como corresponde a cualquier esposa de este mundo. ¿Quién está hoy en condiciones de tomar una decisión sobre política económica, sobre todo después de que el ministro de Economía, Amado Boudou, fue reiteradamente ninguneado y desautorizado en los últimos días?
¿Quién podría resolver sobre una cuestión de política exterior si el canciller, Jorge Taiana, se limita a explicar las decisiones que toman los Kirchner sobre los tratos con el mundo? ¿Quién podría arbitrar una línea sobre política interior si el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, está siempre librando los muy duros combates públicos de los Kirchner?
Kirchner es un hombre que no conoce el descanso ni la paz. Desayuna leyendo los diarios (con más furia que placer), almuerza rodeado de incondicionales a los que adoctrina sobre los pasos por seguir, pasa la tarde entre conversaciones con ministros y secretarios de Estado y comparte la cena con su esposa y con más funcionarios, legisladores y políticos.
Los días de sus supuestas vacaciones en El Calafate se fugan siempre entre maquinaciones políticas y entre disposiciones sobre sus muchos negocios personales. Nunca lo apasionaron los viajes al exterior (pisó Europa por primera vez después de ser presidente) ni le despierta la curiosidad otra cosa que no sea la política en su construcción más básica. El ex presidente no conoce, ni en sueño, otra cosa que la perpetua política.
Kirchner tiene, además, una salud frágil. Con el cuerpo grande, su apariencia es, sin embargo, la de un hombre débil. El color de su piel es de una notoria palidez. Consume aspirinas durante todo el día, junto con café cortado con leche, contra la opinión perseverante de sus médicos. Hasta ahora, el lugar de su físico donde parecía somatizar todos los nervios de la política era el estómago, que ya le provocó el primer gran susto en 2004, con una hemorragia prolongada y abundante.
Kirchner subrayó todas sus características (sobre todo las que no son buenas) desde que es sólo el hombre fuerte del país, despojado ya de los empaques del poder. Cierto aislamiento y la necesidad de compartir las apariencias con su esposa lo llevaron, quizás, a una mayor concentración del poder y a una más grande dosis de arbitrariedad en sus decisiones.
Elecciones legislativas
Todo empeoró, no obstante, desde la perdidosa elección de junio último. Desde entonces se obligó a un ritmo de vértigo para arrancarle al Congreso las decisiones que no podrá conseguir luego, cuando perderá la mayoría automática del Parlamento. Hizo al revés de lo que le aconsejaban el sentido común y el pragmatismo: forzó sus propios límites políticos y los de sus aliados; convirtió la épica en un breviario de cada día; buscó enemigos (y los encontró) donde no los tenía, y cometió más errores que aciertos en la hora de su desventura.
El primer domingo de febrero, bajo un aguacero propio del Caribe que detesta, Kirchner estaba urdiendo los días finales antes de las sesiones ordinarias del esquivo Congreso que le tocará de ahora en más. El cuerpo le puso entonces un límite implacable, el mismo que la política no había podido hasta ahora

 
 Después de todo, lo mejor
  que tenemos es el pueblo 
Por Mariano Grondona Noticias Domingo 7 de febrero de 2010
Juan Domingo Perón solía decir que "lo mejor que tenemos es el pueblo". A treinta y seis años de su muerte, lo que está sucediendo hoy en la Argentina nos invita a recordar, a reexaminar, quizás a revalorizar esta famosa frase. Cuando Perón la pronunció, muchos la rechazaron porque tenía un sabor "populista". Es que la palabra pueblo ha cobijado dos sentidos vecinos, pero diferentes a lo largo de la historia. Nació en los tiempos de la República Romana, cuando se instaló como uno de los componentes esenciales de la sigla SPQR , que significaba Senatus Populus Que Romanus : "El Senado y el Pueblo Romano". Esta famosa sigla figuró a la cabeza de todos los documentos oficiales durante los cinco siglos que duró la República, entre los años 509 y 27 a.C., hasta el advenimiento del Imperio Romano, que, pese a conservarla en lo formal, le quitó su antigua significación republicana, desvirtuándola en dirección del autoritarismo.
 
Pero aun en los tiempos más gloriosos de la República, la palabra populus , "pueblo", podía significar dos cosas: o "todo" el pueblo, el conjunto sin excepciones de los ciudadanos, o la parte más humilde del pueblo, su segmento más numeroso y "popular". Perón, al referirse al "pueblo", aludía a los pobres, a sus "descamisados", por oposición a la "oligarquía", a la que enfrentaba. Del mismo modo, la alusión al Senado romano venía en dos versiones, en un caso cuando se refería a las instituciones que manejaban la República, entre las que sobresalía el Senado, y en el otro cuando apuntaba a la clase patricia, que dominaba el Senado por oposición a la clase plebeya, "populista", que la cuestionaba. Mientras patricios y plebeyos marcharon en armonía, la República Romana conoció su apogeo. Cuando, empero, los patricios y los plebeyos se enfrentaron, lo que siguió fue la lucha fratricida, la guerra civil, y con ella la irrupción de los jefes militares que le pondrían fin mediante el Imperio, aunque, eso sí, a costa de la libertad. No olvidemos que imperator quería decir "general". Estas antiguas distinciones, ¿sólo tienen un valor histórico por alojarse en el pasado, o, por el contrario, traducidas a nuestro tiempo arrojan abundante luz sobre la crisis que hoy atraviesa la República Argentina?
 
Los dos pueblos
Cuando dijo, al comenzar su trayectoria, que "lo mejor que tenemos es el pueblo", Perón se refería a esa parte del pueblo que conformaban los pobres y los olvidados, a quienes convocaba. Pero en los postreros años de su vida, cuando atravesaba el umbral de la sabiduría, ¿era únicamente a este pueblo al que Perón se refería? Cuando se abrazó con Balbín, que era el representante cabal de sus opositores de clase media, ¿sólo era aquel pueblo "parcial" el que el caudillo tenía en cuenta? ¿O pensaba más bien en "todo" el pueblo, en la configuración global de los ciudadanos, que también habían tenido en cuenta los romanos según este otro sentido de la palabra populus ? Y cuando derrotó a los Kirchner en los comicios del 28 de junio, adjudicándole las tres cuartas partes de los votos a la oposición, ¿no fue con este otro pueblo global, con sus sectores populares y sus sectores medios adentro, que la gran mayoría se identificó? A los Kirchner, es el pueblo argentino en su conjunto, entonces, el que les bajó el pulgar, una decisión que las encuestas más recientes no hacen más que confirmar y acentuar.
Si este análisis sobre el incesante progreso del pueblo argentino como conjunto terminara aquí, no quedaría más que regocijarse con la maduración de nuestra democracia. Pero falta analizar, lamentablemente, el otro ingrediente de nuestro sistema, esto es, la actuación de esas minorías "senatoriales" que también hay que tener en cuenta. Estas minorías, ¿se están mostrando a la altura de la maduración democrática de nuestro pueblo? Cabe dudarlo. No se olvide en este sentido que no sólo el Populus sino también el Senatus componían el paisaje de la República Romana. Esta dualidad inevitable de mayorías y minorías también late en la definición griega de la palabra "democracia", compuesta a su vez por dos segmentos: demos , "pueblo", y cratos , que alude a la organización del pueblo en el poder, algo que entre nosotros y en cualquier otra parte supone el desempeño de grupos y partidos, es decir, de "minorías". Pero nuestras minorías, ¿obedecen y se ajustan, hoy, a la soberanía integral del pueblo, tal como ella se expresó no sólo en los años finales de Perón-Balbín, sino también en las elecciones del 28 de junio? ¿O existe todavía una inquietante distancia entre ellas y la bienvenida madurez del pueblo argentino en su conjunto?
 
De Redrado a Cobos
Nuestras minorías "senatoriales" se abren en dos grandes tendencias. A la cabeza del Estado figuran aún los esposos Kirchner, que han abandonado su pretendida identificación con las mayorías populares, ya que en nombre de una democracia a la cual no sienten han desarrollado un "modelo" de autoritarismo con ayuda de la compra desembozada de gobernadores, intendentes y legisladores en un proceso al que se ha denominado, con una severidad no exenta de razón, corrupción serial . ¿Alguien podría sostener todavía que la "corrupción serial" de todos aquellos que se han dejado tentar con el plato de lentejas de la tristemente famosa "caja" está a la altura del voto indignado del pueblo? Pero el rendimiento decreciente de la humillante "caja" en función de los requerimientos financieros de carácter exponencial que ella exige a falta del carisma que nunca tuvieron los Kirchner no ha cesado de quedar corto ante las presiones de sus múltiples ahijados políticos. Y es así como, después de haber despojado al campo y a los jubilados, el matrimonio presidencial quiere avanzar ahora sobre las reservas del Banco Central, tenidas hasta ayer por sagradas.
No hace falta detenerse más sobre el voraz apetito fiscal que aqueja a los Kirchner. Hay que preguntarse en cambio hasta qué punto la oposición se está desplegando en el Congreso para ponerle fin a su intento autoritario. A la cabeza de ella figuró, en un momento memorable de 2008, el vicepresidente Cobos, cuando le puso un límite al despojo contra los productores rurales. El Congreso todavía kirchnerista, empero, declinó este control cuando el ministro Boudou arremetió contra los ahorros de los jubilados en las AFJP. Hasta hace pocos días se tuvo la ilusión de que Cobos, ratificando su arrepentimiento por haber acompañado en 2007 a Cristina Kirchner en la fórmula presidencial, votaría de nuevo contra el Gobierno para salvar al Banco Central. Pero la resistencia casi solitaria de Martín Redrado, aunque fuera otro arrepentido, ante este nuevo atropello institucional, fue desmentida sorprendentemente cuando el propio Cobos apoyó al Gobierno que quería desplazarlo.
Cobos, de este modo, anuló de un trazo su propio voto de 2008, creando la sospecha de que, más que un auténtico arrepentido al que por eso las encuestas apoyaban masivamente, es, en definitiva un político oportunista. Si se le suma a esta gravísima claudicación el hecho de que los demás opositores que pueblan nuestro Congreso en lugar de unirse se dispersan en innumerables rencillas intestinas, se llega a la conclusión de que nuestras minorías "senatoriales" no se han puesto aún a la altura del pueblo que las ha votado. Todavía queda la esperanza de que a partir del 1° de marzo, cuando el Congreso recupere su hasta ahora latente vida institucional, los legisladores puedan alinearse finalmente, sin temor y sin codicia, con ese pueblo que continúa siendo lo mejor que tenemos.
 
  Ocaso con carpetas y descontrol 
Joaquín Morales Solá  LA NACION Domingo 7 de febrero de 2010
Política o dinero. Esa es la opción que tiene frente a sí cualquier persona con vocación de poder. La decisión de los Kirchner de acumular ambas cosas al mismo tiempo los separó dramáticamente de la sociedad, aceleró la fuga que ya existía de peronistas desamparados y dejó sin argumentos a sus adeptos en el confuso progresismo kirchnerista. ¿Cómo justificar una operación de 2 millones de dólares en medio de una crisis económica y cuando la sociedad se desbarrancaba otra vez hacia la penuria, el desempleo y la inflación? La desesperación de los que gobiernan, cuyos primeros síntomas empezaron tras las elecciones perdidas de junio último, alcanzó en los últimos días cimas inexploradas hasta ahora. El gobierno está descontrolado , resumió un diputado que pasó por Olivos. El descontrol está a veces en las inconsultas decisiones de la administración, que está provocando ya una preocupada reacción de los opositores para frenar la arbitrariedad.
Pero también promovió el arribo de una era de carpetazos , que muchas veces refiere sólo a carpetas vacías que algunos funcionarios lanzan contra nuevos y viejos enemigos. Esa política no trata de explicar la inocencia de los que gobiernan (misión ciertamente imposible a estas alturas), sino de establecer ante la cansada opinión pública que el desprejuicio y los negocios impuros son un hábito de todos.
Les guste o no a los kirchneristas, ambas prácticas habían comenzado en la década del 90. También entonces se mezclaba la acumulación de dinero personal con la del poder en el Estado. También en aquella época se eligió una estrategia que no aludía a la defensa propia, sino que denunciaba una epidemia de inmoralidad entre políticos que equiparaba a todos por igual. El menemismo ha sido, así las cosas, un perfecto maestro de kirchneristas.
Debemos suponer que Néstor Kirchner no tuvo información privilegiada del Banco Central sobre los movimientos diarios del dólar. Todos, incluido Kirchner, tienen derecho a la inocencia hasta que no se demuestre lo contrario. Pero hay dos cosas sobre las que sí tenía información en octubre de 2008, cuando decidió comprar dos millones de dólares.
Una de ellas era la intensa presión que el Gobierno ejercía entonces sobre el Banco Central para que el peso acompañara la devaluación del real brasileño. La devaluación del real había provocado una indisimulada angustia en el propio Kirchner. La otra era la decisión de estatizar las AFJP (que se conoció poco después), con las previsibles consecuencias de volatilidad en el mercado cambiario. Ambas cosas pertenecen cronológicamente al momento en que Kirchner se hizo de esos dólares.
Bueno, hay que buscar otro candidato . Con esa frase se desplomó sobre un sillón uno de los principales referentes legislativos del kirchnerismo, un hombre que militó en la izquierda peronista en su juventud. Según él, será imposible ahora hacer campaña entre progresistas por un líder que eligió el oro en lugar del bronce. Para peor, el infaltable Luis D´Elía mentó al "abuelo usurero" de Kirchner, como atenuante, y la diputada Diana Conti explicó que es necesario tener fortuna para enfrentar al imperialismo y al capitalismo. Sobran los enemigos con semejantes amigos.
Kirchner suele usar carpetas ajenas y falsas cuando lo atrapa la adversidad. El vocero es siempre el mismo: Aníbal Fernández. Después de la votación perdidosa en el Senado por la resolución sobre las retenciones a la soja, el ex presidente les ordenó a varios funcionarios que salieran a denunciar que Julio Cobos había cobrado varios millones de dólares de una multinacional cerealera. Muchos se negaron porque sabían que esa información no era cierta.
Cobos puede ser criticado por sus decisiones políticas, pero su honestidad personal está fuera de toda duda. Tengo las pruebas , le aseguró Kirchner a Alberto Fernández, entonces jefe de Gabinete. Entonces, hacé vos la denuncia , le respondió su hoy ex amigo. El otro Fernández, Aníbal, fue el único que aceptó insinuar en público, sin mayores detalles, esa acusación contra Cobos, que se perdió en el huracán político de aquellos días.
Esta vez le tocó el turno a Alberto Fernández. Aníbal Fernández vinculó la intención de compra de tierras en El Calafate (nunca concretada) del esposo de una ex colaboradora de Alberto Fernández con una operación personal del ex jefe de Gabinete. Es curioso, pero la ex funcionaria involucrada, Marcela Losardo, fue viceministra del propio Aníbal cuando éste fue titular del Ministerio de Justicia.
Entre Alberto y Aníbal hay (o había) una vieja relación personal, que incluyó cierto apoyo del ex jefe de Gabinete al actual cuando éste fue designado. Aníbal tiene cabeza política , solía decir Alberto. Aníbal montó ahora una deducción respaldada en una inferencia por orden, otra vez, del propio Kirchner. El descontrol es incalculable cuando la política empieza a perder hasta las más esenciales referencias humanas.
Ahora bien, ¿qué habrían dicho del periodismo si las crónicas hubieran vinculado a Kirchner con las compras de tierras en El Calafate por parte de todos los kirchneristas que lo hicieron, incluidos personajes muy allegados personalmente al ex presidente, como Rudy Ulloa? Las cosas siempre terminaron mal cuando empezaron los carpetazos en la política , reflexionaba un viejo zorro del peronismo.
El descontrol no sólo está en las carpetas. Néstor Kirchner les aseguró en los últimos días a ex gobernadores y actuales legisladores peronistas que él no perdió en la provincia de Buenos Aires en junio. Frené el recuento de votos para no crear la imagen de un fraude , les aseguró muy suelto de cuerpo.
Eso no es cierto. Ningún fraude perjudicó a Kirchner. La explicación de sus exóticas aseveraciones está en la desesperación por mostrarse como un líder que no fue derrotado, porque la derrota es un pecado imperdonable para los peronistas, y en la necesidad de devaluar a Francisco de Narváez, a quien le teme en estos días más que a cualquier otro dirigente político.
Antes había dado otra explicación. En septiembre último, le dijo a Martín Redrado que había perdido el segundo cordón bonaerense por tres razones: la inseguridad, la situación económica y la "ineptitud de Scioli". Anunció entonces que estaba dispuesto a volcar enormes recursos estatales en el segundo cordón para reconquistarlo. Ahí está el origen de la apropiación indebida de las reservas nacionales para desarrollar sólo un proyecto político personal.
La intuición de que ésa era la verdadera intención detrás de la crisis de enero promovió una reciente reunión de radicales y macristas para frenar la aprobación parlamentaria del Fondo del Bicentenario. Les temen a la herencia que recibirán y a la inflación desbocada en igual medida. Lo primero que se han propuesto hacer es cambiar la ley que reglamenta los decretos de necesidad y urgencia, y que coloca a éstos por encima de las leyes. Tal como está la legislación, esos decretos son supraleyes , subrayó el presidente del radicalismo, Ernesto Sanz. En rigor, se convierten en leyes con la aprobación de una sola de las dos cámaras del Congreso.
 
El tema de las reservas está en la Justicia, que hasta ahora le ha dado la razón a Redrado en el manejo de ellas. El Gobierno quiere el protagonismo inmediato de la Corte Suprema de Justicia, pero nadie sabe en qué se justifica la urgencia. No hay vencimientos inminentes de la deuda. Y la Corte no puede rever medidas cautelares sin el riesgo de convertirse en un permanente tribunal de primera instancia.
 
El problema es que la Justicia también está en la sospecha conspirativa del Gobierno. La Justicia está buscando un golpe , le zampó Cristina Kirchner al propio presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, en el último encuentro institucional que tuvieron. Lorenzetti transmitió esa conversación al máximo tribunal. El presidente de la Corte trató de explicarle a Cristina que las instancias de la Justicia son independientes entre sí, pero recibió otro sermón: No, no. La Justicia quiere repetir aquí el golpe de Honduras , asestó la Presidenta.
El descontrol está en las palabras también. ¿Dónde está la similitud entre Honduras y la Argentina? ¿O, acaso, el Gobierno se dispone a imitar el conflicto hondureño? ¿Se trata, en cambio, sólo del desafuero de las palabras, el mismo que llevó a la Presidenta a denunciar censura donde no la hubo? El irremediable ocaso suele provocar melancolía o furia, pero ni lo uno ni lo otro pudo evitarlo nunca.

   Cobos, la inesperada
  ayuda para el modelo
Joaquín Morales Solá  LA NACION 4 de febrero de 2010
¿Es cierto que en la crisis institucional por el Banco Central Julio Cobos jugó más como vicepresidente que como el popular líder de la oposición que también es? Sí. ¿Cobos corre, entonces, el riesgo de perder una porción considerable del crédito social que ganó cuando provocó el rechazó del Congreso a las confiscatorias retenciones a la soja? Sí. ¿Es verdad que el vicepresidente se detuvo en consideraciones sobre la gestión de un funcionario cuando lo que le correspondía evaluar era un claro atropello institucional? Sí. ¿Es cierto que su decisión de acompañar al Gobierno en la expulsión de Martín Redrado le abrió un foso más profundo aún con el radicalismo, su viejo partido? Sí. ¿Es verdad que los Kirchner le quitaron el apoyo a Miguel Angel Pesce como jefe interino del Banco Central por el voto de Cobos, porque sospecharon que la institución monetaria quedaría bajo influencia del vicepresidente? Sí.
Si el vicepresidente se ha hecho esas preguntas y si ha llegado a las mismas respuestas, es posible que ahora esté más arrepentido que satisfecho por lo que hizo en la interminable tarde del martes. ¿Qué lo llevó a Cobos a acompañar al Gobierno cuando ni siquiera necesitaba hacerlo porque ya Redrado se había ido por su cuenta? No hay pruebas de que conserve una relación política con el vicepresidente del Banco Central, Miguel Angel Pesce, un antiguo aliado suyo. Las denuncias en ese sentido carecen de las necesarias constancias.
Quizá todo sea más simple: no soportó la crítica constante del kirchnerismo, que lo acusó impúdicamente de desestabilizador. "Pueden dominarlo con sólo atacarlo. Y el kirchnerismo descubrió esa fragilidad", señaló un dirigente radical que suele hablar con el vicepresidente.
En tal caso, Cobos esquivó la crítica ácida e insolente de los voceros kirchneristas, pero se topó ayer con un creciente malestar social contra él. Los oyentes de las radios llamaban indignados a los distintos programas para preguntarle al vicepresidente en qué lado de la vida y de la política se había colocado.
El caso de Redrado y del uso de las reservas es, incluso, más claro que la resolución sobre la soja para la salud de las instituciones. La crisis del Banco Central no tuvo, es cierto, la monumental repercusión social que provocó el manotazo a la renta agropecuaria ni provocaría la parálisis inmediata de la economía como lo hizo el conflicto con el campo. Pero las retenciones estaban dentro de una resolución que finalmente fue enviada al Congreso.
Aníbal Fernández dijo ayer, con sus habituales metáforas orilleras, que Alfonso Prat-Gay hubiera firmado con las dos manos el despido de Redrado. Sí, es cierto. Prat-Gay era el crítico más tenaz y consistente de la gestión del ahora ex presidente del Banco Central. Es, por lo tanto, doblemente elogiable que, aun en medio de tantas objeciones, el actual diputado haya decidido privilegiar la defensa de las instituciones.
 
Esto es: no se puede echar a un presidente del Banco Central como si fuera una secretaria indolente ni se puede disponer de las reservas nacionales como quien abre la cartera. Cobos, en cambio, se perdió en la maraña de una gestión de casi seis años para terminar respaldando aquellas extravagancias institucionales.
 
Lo cierto es que el vicepresidente debilitó también a Pesce, reemplazado urgentemente por Mercedes Marcó del Pont como titular del Banco Central. Otro amigo de la familia gobernante, Juan Carlos Fabrega, fue aupado al frente del Banco Nación. Fabrega habría sido el interlocutor entre los Kirchner y el juez Norberto Oyarbide cuando éste decidió archivar el caso del enriquecimiento ilícito del matrimonio presidencial.
 
Los caprichos le cuestan cada vez más al kirchnerismo, pero también es cierto que consigue, al fin y al cabo, darse todos los gustos. Redrado no está más en el Banco Central y Cobos se metió solo en la ratonera que le preparó el kirchnerismo. ¿No eran ellos los principales enemigos de los que gobiernan hasta hace apenas una semana?
La opinión de Cobos sobre los zafarranchos institucionales del kirchnerismo era importante no sólo por el caso de Redrado y las reservas. Cobraba mayor significación en un contexto en que la propia Justicia es acosada diariamente por el Gobierno en general y por la propia Presidenta en particular, como lo hizo ayer mismo. Alcanzaba más énfasis en días en que se renovaron las ofensivas verbales y prácticas contra los medios de prensa independientes, como lo demostraron las intensas gestiones recientes del oficialismo para lograr despojar a Papel Prensa de sus verdaderos dueños. Y era particularmente relevante cuando el Gobierno anunció que se propone cambiar la carta orgánica del Banco Central para convertirlo, seguramente, en una sucursal de los humores de Olivos.
Contraste
La actitud de Cobos contrastó con la del presidente provisional del Senado, el peronista José Pampuro, que renovó en los últimos días su condición de viejo constructor de puentes políticos. Funcionario leal al kirchnerismo (nunca votó en contra de los proyectos del gobierno), decidió, sin embargo, no sumarse al griterío oficial contra los jueces ni contra la Corte Suprema de Justicia.
Cobos ha iniciado también otra era en su relación con el radicalismo. Consultó sobre su decisión a tantos argentinos como hay en una guía telefónica, pero en el último minuto le pidió una opinión al presidente del radicalismo, Ernesto Sanz. El senador le mandó decir que debía proponer la aceptación de la renuncia de Redrado. Y punto. No era necesario que se metiera en el berenjenal que le armó el kirchnerismo.
 
Cobos tomó ese punto de vista como uno más entre cientos de otros puntos de vista. Lo descartó. ¿Cómo? ¿Y a qué cosa quedaba reducida la estructura del partido que le dio una gobernación importante, la de Mendoza, y a la que Cobos aspira a regresar para ser candidato presidencial? ¿Cómo cayó en el radicalismo esa fuga en solitario del vicepresidente? "Muy mal", fue la síntesis de un importante dirigente radical. La comparación con Prat-Gay es inevitable: el flamante diputado participó de un intenso debate interno en el partido que lidera Elisa Carrió y cumplió con sus conclusiones.
 
En rigor, a Cobos le costaba el regreso a un partido en el que su militancia no olvida que alguna vez se fue con Kirchner. La actitud del martes reabrió aún más las heridas que nunca se habían cerrado del todo. "El radicalismo tomó una decisión: no será cobosdependiente", se escuchó ayer en la cima radical, donde se anunció que la prioridad actual es la consolidación de la organización partidaria. ¿Será Cobos el candidato a presidente del radicalismo? "Sólo si es el candidato adecuado a último momento", respondieron con una mezcla de decepción y furia.
Dicen que Néstor Kirchner suele explotar con una frase de intimidación en los últimos días. Es ésta: "Puede ser que me tenga que ir, pero me los llevaré puestos a varios". Algunos adversarios están corriendo para ayudarlo a cumplir con esa obsesiva determinación, una desesperada amenaza.
   El patrimonialismo 
Por Mariano Grondona
lanacion.com Noticias Miércoles 3 de febrero de 2010
Cuando Aníbal Fernández debió reconocer que Néstor Kirchner estaba en la lista de aquellos que compraron silenciosamente grandes cantidades de divisas a través del Banco Central -en el caso del ex presidente, dos millones de dólares- también se apresuró a agregar que su conducta fue "legal". El diputado de la Coalición Cívica Juan Carlos Morán no piensa lo mismo, y por eso ha resuelto denunciar penalmente al ex presidente por haber utilizado una información privilegiada, sólo a su alcance, al de algunos funcionarios y al de los amigos del poder, para obtener un suculento rédito cambiario.
Aun si el Gobierno pudiera proteger a Kirchner contra la denuncia de que actuó en forma ilegal, ¿podría liberarlo asimismo del estigma moral que lo ha venido acompañando desde el ocultamiento de los famosos fondos de Santa Cruz y que lo ha perseguido hasta nuestros días, cuando el juez Oyarbide lo eximió apresuradamente de toda responsabilidad penal por el vertiginoso aumento de su patrimonio? Aun cuando los dardos de la Justicia no los hayan alcanzado hasta ahora porque han sabido ocultarse detrás de funcionarios y empresarios amigos, ¿quién se animaría a otorgarles al ex presidente y a su esposa una presunción de integridad? Aunque no pudiera probarse que su conducta ha sido "ilegal", ¿quién no la juzgaría "inmoral"? La mayoría de los argentinos, en suma, ¿tiene a los Kirchner por íntegros o por corruptos?
La corrupción es un árbol cuyo veneno alimentan dos raíces. En el plano de la voluntad, supone que alguien transgrede conscientemente el código ético cuyo cumplimiento lo mostraría como una persona de bien. En el plano de la inteligencia, aparece cuando un gobernante confunde el patrimonio público con su patrimonio privado. El diccionario define el "patrimonialismo", en este sentido, como "la tendencia de un gobernante a considerar los bienes públicos como bienes propios". La difusión de esta tendencia supone a su vez que el gobernante "patrimonialista" goza de un poder tan grande como para eludir el control de los demás órganos del Estado. Por eso se impuso sin discusión en los tiempos del absolutismo, cuando Luis XIV pudo decir, sin que nadie se animara a refutarlo, "el Estado soy yo".
La facilidad con que los Kirchner han podido eludir hasta ahora los controles destinados a acotar su comportamiento, no sólo muestra el largo alcance de su poder sino también el corto alcance del Poder Judicial y el Congreso, es decir de aquellos otros dos poderes cuya misión es contener al Poder Ejecutivo en una república bien ordenada. Sería utópico esperar que el matrimonio presidencial decida emprender, a esta altura de los acontecimientos, el arduo camino de la transformación moral. ¿Pero sería demasiado exigir que un Congreso ahora renovado y que una Justicia que ha empezado a emitir tímidas señales en el mismo sentido, restablezcan finalmente el espíritu republicano?
 
"Los Kirchner, cada vez más ricos",
dijo el diario español El País en una dura nota por la compra de US$ 2 millones
 
El diario español reflejó la polémica por la operación que realizó el ex presidente; afirmó que el matrimonio presidencial está inmerso "en una caída de popularidad que no parece tener fondo"; además, planteó "que empieza a resquebrajarse la férrea unanimidad en su propio partido"
Miércoles 3 de febrero de 2010
La polémica por los dos millones de dólares que Néstor Kirchner compró en octubre de 2008 y que luego aseguró haber usado para completar la adquisición de un hotel en El Calafate llegó a la prensa española.
"Los Kirchner, cada vez más ricos", es el título de la nota en la que el diario El País da cuenta del escándalo que desde principios de semana envuelve al matrimonio presidencial.
Los primeros párrafos del texto son lapidarios: "No pasa un solo día sin que el prestigio adquirido por Néstor Kirchner en sus años de gobierno, tras el descalabro de 2001, vaya reduciéndose paulatinamente, hasta el punto de convertirse en una carga para su esposa, Cristina Fernández, inmersos ambos en una caída de popularidad que no parece tener fondo", comienza el relato que lleva la firma Pedro Cifuentes.
La polémica por los US$ 2 millones en las páginas de El Pais
Enseguida, describe el episodio de los dólares como "un nuevo capítulo" de "los problemas judiciales" que aquejan al matrimonio presidencial "por presunta corrupción, enriquecimiento ilícito y malversación de fondos públicos".
"Auténtica fortuna". Resalta además que aunque la operación cambiaria fue calificada de "legal" por la Casa Rosada, "ha recibido el repudio generalizado de la sociedad y de la clase política en Argentina, donde semejante cantidad de dinero, al cambio, es una auténtica fortuna".
La nota reproduce fragmentos del mail enviado al periodista Víctor Hugo Morales, en el que Kirchner explicó que los US$ 2 millones fueron utilizados para completar la compra del hotel Alto Calafate y destaca que, según el ex presidente, "no existió posibilidad de beneficio al hacer el cambio de divisas" ya que los dólares comprados fueron destinados a la adquisición del hotel.
"Retórica anticapitalista". Por otra parte, tras describir a los Krchner como un matrimonio "de conocida retórica anticapitalista", el diario alude a las investigaciones judiciales por el enriquecimiento que los tuvieron como protagonistas y repasa las cifras de las declaraciones juradas presentadas por la pareja en los últimos años.
El cierre del texto es tan duro como la apertura. "No puede decirse que el año 2010 haya comenzado bien para el matrimonio K. Desgastado por el conflicto con el campo, el acoso a la prensa, la inestabilidad económica, la manipulación de las estadísticas oficiales, el aumento de la inseguridad y la multiplicación de su fortuna personal, ve ahora cómo empieza a resquebrajarse incluso la férrea unanimidad impuesta por Kirchner en su propio partido, el Frente para la Victoria", afirma El País.
Incluso recuerda que la emisión del programa 678 de Canal 7 que tuvo al ex presidente como protagonista tuvo sólo 2,1 puntos de rating, el más bajo de su franja horaria, y concluye: "algo inimaginable hace un par de años".
 
     Lo peor está por venir  
Joaquín Morales Solá LA NACION Martes 2 de febrero de 2010
"Sólo un profundo cambio de gabinete y de métodos podría despejar el camino hasta 2011." La frase, seca y fatalista, pertenece a un kirchnerista descontento, que son los únicos kirchneristas que existen ahora. La tan inútil como grave crisis del verano desenmascaró a un gobierno estéril y a una sociedad maltratada. Ninguna perspectiva es buena cuando esa mezcla es el resumen que prevalece entre tantos culebrones simultáneos.
El conflicto sólo ha empezado: la Justicia funciona a pleno desde esta semana, después de la feria de enero, y el Congreso comienza a desentumecerse por los preparativos del período de sesiones ordinarias que se abrirá el 1º de marzo. La enorme crisis de enero contó, a pesar de todo, con apenas un puñado de jueces y con otra pequeña porción de legisladores. Lo peor está por venir.
Contra todo lo que se prometió, el gobierno de Cristina Kirchner será reconocido en la historia como uno de los períodos de mayor desdén institucional. Su marido no fue mejor que ella, pero él pudo disimular su indiferencia institucional envuelto en una situación política y económica más benévola. De hecho, Néstor Kirchner es corresponsable de los manejos y desmanejos actuales. Aislado del mundo y de la sociedad, de la política y de los partidos, el matrimonio presidencial prefiere gobernar atufado en Olivos, en compañía de una pequeña corte de incondicionales. Mucha información no llega hasta ahí.
¿Es Néstor Kirchner el autor intelectual de tantos estropicios? Lo es, pero eso no exculpa a Cristina Kirchner. Ella es la principal responsable de la conducción del Estado y no carece de experiencia política ni institucional. "Después de todo, es una señora de 57 años que tiene 20 años de experiencia legislativa en la Nación", desliza un antiguo amigo de ella y de él. Quizás su error haya sido llevar al Gobierno los códigos familiares: él es el jefe de la familia y también el líder último de una fracción política, en la que milita la Presidenta. Cristina no supo, en todo caso, separar la familia y la militancia de las cuestiones del Estado.
Pero ¿es la Presidenta distinta de su marido? Definitivamente, no. Ya como senadora era célebre en la Cámara alta por sus gestos autoritarios, por su arrogancia y por su escasa vocación para entender al otro. Hay una concepción común en el matrimonio que salió a luz diáfanamente en los últimos días: los Kirchner confunden la propiedad privada (la de ellos) con la del Estado. La República es sólo una ausencia en el universo de sus ideas.
En medio de esa confusión, los límites suelen desaparecer con frecuencia. Ningún presidente de la democracia empujó y destrató tanto a un vicepresidente como Cristina Kirchner. Ningún presidente echó de manera tan destemplada al jefe del Banco Central porque éste se hubiera negado a convertir las reservas nacionales en una cuenta corriente a nombre del matrimonio gobernante. Ningún otro presidente hizo de la urgencia de un capricho una razón de Estado. ¿Por qué la Presidenta quería ya la transferencia de las reservas?
Los Kirchner dicen que Julio Cobos, vicepresidente y líder opositor, es una situación extraña en la política. Algo de eso es cierto. El centro del problema consiste, sin embargo, en que la pareja gobernante no entendió nunca que Cobos era un aliado y no un soldado; menos comprendió que todas las personas cuentan con el derecho a tener una opinión propia. ¿Hubo algún intento amable de reconciliación con el vicepresidente por parte de los Kirchner? No. ¿Existió algún gesto para atraerlo sin sermones ni empellones? Tampoco.
El peor error político del matrimonio en su mala hora es la obstinación en transformar en mártires del antikirchnerismo a quienes pastaron y progresaron en sus praderas otrora fértiles. Martín Redrado no es un santo de la resistencia; por el contrario, debió tener en su momento más rigor económico que cintura política para administrar el Banco Central. Pero fijó un límite. ¿Cómo negarle ahora que contribuyó en las semanas recientes a instalar una idea de la vital independencia de la autoridad monetaria y a preservar las reservas nacionales de la necesidad política de los que mandan? Esos casos de antiguos aliados devenidos en populares opositores actuales son sólo ejemplos iridiscentes de muchos otros.
Ni aun la probable recuperación económica de 2010 podría traerles buenas noticias políticas a los Kirchner. Toda reactivación comienza por beneficiar a los sectores medios y altos de la sociedad (donde está el más grande y tenaz foco de oposición al kirchnerismo), mientras los sectores bajos seguirán sufriendo, como todos los argentinos pero con más furia, los estragos de la inflación. Inflación, imprevisibilidad sobre las cuestiones más elementales de la vida cotidiana y desorden del espacio público son los condimentos de una sociedad que ha perdido cualquier noción de la calidad de vida. Los enredos de la lejana política le son directamente indescifrables.
 
Oportunidades
El kirchnerismo es la prueba práctica de que algunos países no pierden nunca la oportunidad de perder una oportunidad. No quedó nada del período de mayor bonanza económica desde la década del 40, que cubrió gran parte de los cuatro años de Néstor Kirchner. La Argentina es uno de los países latinoamericanos cuya economía cayó más durante 2009 (mucho más que Brasil y Chile) y los Kirchner sólo dan manotazos a recursos ajenos desde que comenzó la retracción mundial. Estatización de fondos de pensión, confiscatorias retenciones agropecuarias, sustracción de las reservas nacionales, divagaciones para apropiarse de la renta petrolera y de la liquidez de los bancos constituyen ahora la política para restablecer falsamente aquella época de bonanza.
A Cristina Kirchner le quedan casi dos años de mandato. Será un período difícil y demasiado arduo si no cambiaran las personas del gabinete, los modos de gobernar y el sistema de toma de decisiones. Aníbal Fernández no pudo cumplir con ninguna de las promesas que hizo cuando llegó. Se limitó a ser lo que ya era antes de ser jefe de Gabinete: un vocero atrevido e irreverente de las peores políticas oficiales. Amado Boudou comprobó que el sentido común y la férrea disciplina hacia los Kirchner son una contradicción. Se quedó con la disciplina y es ahora un ministro desgastado. Jorge Taiana sólo barnizó de grisura la inexistente política exterior. Ellos son sólo los casos más pintorescos de un gabinete que íntegramente perdió músculos y nervios.
La propia oposición no podrá resignarse por mucho más tiempo a la opción entre lo malo y lo peor en la que la colocó el kirchnerismo: o es desestabilizadora para el Gobierno, si ejerce con plenitud su función, o es impotente ante los ojos de la sociedad, si no lo hace. En ese contexto de inopias y desolaciones, el Gobierno debe apagar aún el inservible fuego de bosque que encendió cuando el verano ya ardía.
 
     Néstor Kirchner,      
  un hombre de negocios 
Por Luis Majul para lanacion.com Lunes 1 de febrero de 2010
Nunca, en toda la historia de la Argentina, un ex presidente apareció en una lista de personas capaces de comprar dos millones dólares de una sola vez. Nunca un jefe de Estado compartió el podio de grandes inversores con poderosos hombres de negocios como Antonio Angel Tabanelli, Juan Carlos Relats o la empresa Emepa.
Tabanelli es uno de los empresarios del juego más poderosos de la provincia de Buenos Aires. Relats es ‘El inquilino’, el hombre que todos los meses le paga al propio Kirchner doscientos mil dólares de alquiler para explotar Los Sauces, el hotel que la pareja presidencial posee en El Calafate. Emepa es una de las empresas de Benjamín Romero, amo y señor de Hidrovías y uno de los tres grandes referentes del negocio del transporte en Argentina, junto con Claudio Cirigliano, de Trenes de Buenos Aires (TBA), y Aldo Roggio, de Metrovías.
Kirchner habría comprado los dólares a principios de octubre de 2008, justo cuando la moneda dio un salto y pasó de 3,23 pesos a 3,40 pesos. No es descabellado deducir que tenía información anticipada o privilegiada, lo que le habría hecho ganar más de cien mil dólares antes de terminar el año.
Ahora habrá una fuerte discusión para resolver si el ex presidente habría actuado de manera ilegal o solo es un oportunista. Lo que nadie puede negar es que Kichner es un hombre de negocios. Y el ingreso de nuevos empresarios K al selecto club de la burguesía nacional no hace más que confirmar esta hipótesis.
En su última declaración jurada, el ex mandatario informó que la mayor diferencia entre lo que tenía entre un año y otro la hizo en lo que se conoce como "la timba financiera".
¿Es ético que Kirchner haya amasado gran parte de su fortuna en base a la colocación de plazos fijos en pesos y en dólares mientras él mismo y ahora su esposa pregonan la necesidad de hacer un país más grande con trabajo genuino y demonizan a los fondos buitres por su tendencia a especular con la desgracia de los demás?
La aparición del ex jefe de Estado en una lista de compradores de hasta 2 millones de dólares pondría en evidencia que Kirchner y su pareja dicen una cosa y hacen lo contrario.
 

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