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Mas gestos que hechos
Joaquin Morales Solà para La Nacion    

8.2.12.-Aunque todos los relativos anuncios de ayer fueron correctos, es difícil explicar por qué se usó tanto para tan poco. Un país en vilo durante 24 horas. La oposición formalmente convocada por primera vez en ocho años. Una ráfaga de reconciliación con Hugo Moyano, sólo para que la cúpula gremial estuviera presente. Empresarios que nunca faltan. Funcionarios que sirven para cualquier temporada. Los aplaudidores de siempre. Nadie sabía nada de antemano. Los radicales desconocían si iban a asistir a una declaración de guerra o de paz. Moyano creía que era un anuncio sobre el petróleo o, en el mejor de los casos, un puente tendido hacia la reconciliación con él. Todos terminaron escuchando la repetición de anuncios sobre las Malvinas que ya se habían hecho.

En el caso del Informe Rattenbach hubo, además, un paso atrás respecto del último anuncio. Entonces se dijo que se abriría ese informe a la opinión pública, sin condiciones y de inmediato. Ahora se creó una comisión (integrada también por el hijo militar del teniente general Benjamín Rattenbach) que analizará en 30 días si existen pasajes de ese informe cuya divulgación podría afectar la seguridad nacional.

En rigor, ese informe ya mandó presos a militares al final de juicios que se hicieron en tribunales ordinarios y que terminaron a mediados de la década del 90. Mucho antes, en las postrimerías de la dictadura, la entonces revista 7 Días había publicado el Informe completo. Quizás haya, aunque nadie la sabe, anexos que se desconocen. Sería, en tal caso, lo único nuevo para los que han seguido esa historia. No puede desconocerse, con todo, la decisión presidencial de rendirle homenaje a una figura como Rattenbach, un militar que juzgó con coraje y decisión a sus propios camaradas, los responsables de una guerra criminal, inservible y equivocada. Rattenbach pagó con su propio aislamiento del mundo militar aquel implacable rigor.

La Presidenta tiene siempre su propia historia de la historia. Ayer aseguró que no hubo una adhesión social espontánea a la guerra, sino -cómo no- una manipulación de los medios. Una dictadura manipula la información. Esa no es una novedad. Es cierto que manipuló la información sobre la guerra y confundió a todos los argentinos. Pero también es verdad que hubo un amplio apoyo social espontáneo en el primer momento, tal vez como consecuencia de un viejo sentimiento nacional sobre las Malvinas.

La excepción

La descarada manipulación posterior por parte de la dictadura (que tuvo su centro en los medios estatales, como siempre) contó con la solidaridad de casi todos los dirigentes políticos argentinos, con la sola excepción de Raúl Alfonsín. Alfonsín fue el único dirigente civil que se negó a ir a las Malvinas cuando asumió el gobernador militar designado por la dictadura y el único, también, que deslizó algunas objeciones a la aventura militar. La sociedad se vio, a todo esto, en medio de la falsa información militar, que era, al mismo tiempo, secundada por el decisivo apoyo de los políticos civiles. Solidaridad que incluyó a todos los dirigentes, nacionales y provinciales, del Partido Justicialista, el partido de la Presidenta.

La Argentina ha recurrido históricamente a las Naciones Unidas, sobre todo desde que en la década del 60 el entonces canciller Miguel Angel Zavala Ortiz consiguiera la resolución de la Asamblea General que describe a la situación de las Malvinas como colonial. Ese es el eje de la histórica política argentina sobre las islas. Extraña que el kirchnerismo ponga el acento sólo ahora en el Comité de Descolonización de la ONU (con oposición incluida, como anunció Cristina Kirchner) después de ocho años de gobierno. Sorprende también que no se haya acordado mucho antes de los veteranos de la guerra, que siempre fueron menospreciados, olvidados y marginados. Como todos los veteranos de una guerra, sufren, es verdad, las consecuencias físicas y psicológicas de una conflagración. Ellos son víctimas inocentes y claras, porque no decidieron nada y debieron ir a la fuerza a una guerra desigual y chapucera.

Esa historia no le da derechos a ningún veterano a ejercer ahora la violencia. La agresión física que sufrió el diputado kirchnerista José María Díaz Bancalari, a manos de agrupaciones no oficialistas de veteranos, merece un enérgico repudio.

Por otro lado, la militarización del Atlántico Sur existe, pero existe desde la guerra perdida por la dictadura argentina en 1982. Otra cosa es, no obstante, la impolítica exhibición armamentística que está haciendo Londres en los últimos tiempos. Innecesaria, absolutamente.

Tal vez la parte más sustancial del discurso de Cristina Kirchner haya sido la que empleó para tenderle la mano de una negociación, otra vez, al primer ministro británico, David Cameron. Esa es la mejor decisión de la Presidenta desde que estalló la nueva tensión con Londres. Pudo hacer algo más concreto que una bella frase ("Dele una oportunidad a la paz", lo instó) e instruir a la nueva embajadora en Londres, Alicia Castro, a quien tenía a escasos metros, para que pidiera al gobierno británico una inmediata ronda de negociaciones. Ya es tiempo de que alguno de los gobiernos dé un paso concreto hacia el diálogo, más allá de proponerlo ante micrófonos políticos. Que es lo que hacen los dos.

Sorpresas

La oposición salió sorprendida por lo poco que hubo, aunque también distendida porque no había asistido a ningún desatino. La sorprendió, sí, una imagen del canciller Héctor Timerman. El ministro llegó en los momentos previos al discurso presidencial, buscó su nombre en la mesa donde estaría Cristina y no lo encontró. Sí estaba, en cambio, el nombre del ministro de Defensa, Arturo Puricelli. Timerman terminó sentado en una tercera fila de la plata de funcionarios. ¿Qué pasó? Es extraño, pero el ministro de Defensa prevaleció sobre el canciller durante un discurso en el que se proclamó la paz y no la guerra. ¿Fue entonces uno de esos mensajes encriptados del trono sobre el favor o el disfavor de sus cortesanos, que nada tienen que ver con el hecho convocante? No hubo respuestas.

¿Por qué semejante expectativa para tan poco? El conflicto con el sindicalismo se moderó durante algunas horas. El tenso y crucial silencio del molesto Brasil, por las medidas contra las importaciones de Guillermo Moreno, pasó a un segundo plano. La necesidad de dólares de la administración y las nuevas restricciones a la compra del billete norteamericano por parte del argentino común se esfumaron, fugazmente. De la agenda pública salieron la inflación, la quita de subsidios al consumo de servicios públicos y los primeros síntomas de una economía que comienza a ser tocada por la crisis internacional.

David Cameron tiene sus problemas internos y quizá, como corean los funcionarios argentinos, echó mano a las Malvinas para distraer a su opinión pública. Si aquello fuera cierto, Cristina Kirchner debería cuidarse de no seguir los mismos pasos. Las Malvinas ya han sido usadas y nunca, ni aquí ni allá, el resultado fue bueno
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Cuando la economia se encoge crecen los enemigos
Por Joaquin Morales Solá para LA NACION
 

1.2.12.-Hugo Moyano y la familia Eskenazi se han visto, seguramente, pocas veces en la vida. El dirigente gremial y esos empresarios son ahora, sin embargo, víctimas de la misma mutación: están siendo odiados por quienes antes los amaban. ¿Cambiaron ellos? ¿Hicieron algo nuevo y sorpresivo? No, al menos a simple vista. Cambiaron, en contraste, los objetivos del Gobierno y los protagonistas centrales y decisivos de la administración. Lo que antes era necesario ya no lo es ahora. Las prioridades son otras, además, cuando la economía parece entumecerse, extenuada por la larga juerga de los últimos años.

Moyano fue imprescindible para el kirchnerismo. El jefe de uno de los sindicatos más poderosos le dio el apoyo popular (y de poder) que las urnas le retacearon al mandato inicial de Néstor Kirchner. Luego, se convirtió en un aliado indispensable para el primer mandato de Cristina Kirchner, que incluyó la corrosiva contienda con el campo. Moyano formó parte de las soluciones a esos conflictos políticos, pero ahora parece formar parte del problema.

Escasean las buenas noticias económicas. Los atriles presidenciales de otrora, llenos de regalos como árboles navideños, se transformaron en escuetos comunicados de ajustes sobre ajustes. Tarifas, precios, impuestos. Todo sube o subirá. La inflación, alta de antemano, acecha entre tantos aumentos actuales. Merma la demanda de empleo, sobre todo en la industria. Según un estudio del economista José Luis Espert, la desocupación actual ronda el 11 por ciento, muy lejos del 6,7 por ciento anunciado por la Presidenta.

La única solución que encontraron los gobernantes para frenar una escalada inflacionaria es la de moderar los aumentos salariales de este año. Proyectan un porcentaje promedio de subas de salarios por debajo de la inflación por primera vez en los años kirchneristas. Moyano es parte de ese problema, porque el jefe cegetista ya comunicó que no aceptará esa política. Inflación de supermercado. Ese es el medidor de Moyano. Es, también, la diagonal que encontró para decir que no le cree al Indec ni a las propuestas salariales del Gobierno.

La pérdida de influencia de Julio De Vido significó también para Moyano la desaparición del último interlocutor confiable que tenía en la administración desde la muerte de Néstor Kirchner. Ya no tiene a nadie a quien quejarse o con quien acordar. Para peor, el influyente Máximo Kirchner lo combate al líder de los camioneros desde los tiempos en que su padre era presidente. Cristina Kirchner cree, a su vez, que la victoria electoral es suficiente para llevar adelante un gobierno personal. El día a día de una administración, cohabitando con los sectores sociales, le es absolutamente ajeno a su cosmovisión política. Encima, Moyano nunca fue un aliado fácil, ni siquiera cuando entraba al despacho presidencial sin golpear la puerta. La colisión estaba anunciada entre tantas contradicciones. Faltaba que sucediera. Sucedió.

Cambios

La familia Eskenazi pasó a integrar, en el nuevo campo de batalla, el bando de los adversarios junto con los españoles de Repsol. La incorporación de los Eskenazi a la propiedad de YPF fue una solución acordada con Néstor Kirchner, cuando el gobierno kirchnerista se preocupaba por la oferta de energía. La energía ya no es una prioridad, aunque su escasez es creciente. Los dólares tienen ahora la primacía. No podría ser casual que el disparo de largada del conflicto haya sido, precisamente, la decisión de los Eskenazi de votar junto con los españoles para que se repartieran las ganancias de YPF entre sus dueños. El representante del Estado votó en contra, sorpresivamente. Los Eskenazi no tenían alternativa: su compromiso, avalado en su momento por el gobierno del ex presidente muerto, consiste en pagarle a Repsol con sus dividendos la compra de acciones de YPF.
El conflicto existía desde antes. Ya en los últimos meses del año pasado Cristina Kirchner había hecho en Olivos una evidente diferencia en el trato con Sebastián Eskenazi, el CEO de YPF, en favor entonces del banquero Jorge Brito. Fría con Eskenazi, cálida con Brito. Después, cuando comprar dólares se convirtió en otro delito de traición a la patria, Brito cayó también en desgracia por hacer lo que hacen todos los banqueros. Repartir ganancias en dólares (gran parte de las cuales, las de Repsol, fueron giradas al exterior) también es ahora una deserción a la patria.

Inversiones

Es cierto que hay un problema de inversión en el sector energético, pero no es menos cierto que es una consecuencia de las políticas populistas del oficialismo. Las petroleras con pozos gasíferos en la Argentina perciben sólo una quinta parte del precio que el Estado paga por el gas importado. Varias empresas productoras de gas se han ido del país en los últimos años. Repsol y los Eskenazi deben cumplir ahora el papel de culpables, que el Gobierno no asumirá nunca, por la decadencia energética argentina.
Cristina Kirchner oye una sola campana, las de sus funcionarios, y con ese repiqueteo ordena sus discursos. Ha llegado muy lejos en los últimos tiempos, cuando se refirió a los españoles recordándoles las épocas del virreinato. En tales párrafos se pareció más a Evo Morales que a su marido. Esos perdigones verbales llegaron a Madrid. "Estamos dispuestos a discutir los problemas de ahora y del futuro, pero no la historia de hace 500 años", dijeron en la capital española. Las escaramuzas con los empresarios españoles (y, por lo tanto, con el gobierno español y con su monarquía) explican también por qué Carlos Bettini, el embajador argentino en Madrid y amigo personal de la Presidenta, no está en el nuevo gobierno de Cristina Kirchner, contra todos los pronósticos. Bettini no suscribiría nunca ni las políticas ni las palabras de su vieja amiga.
Patrullas kirchneristas dormidas de las estatizaciones se han despertado de pronto. El Gobierno calló cuando se conoció la noticia de que estaría estudiando la nacionalización y estatización de YPF. Tal vez se trate del conocido método de presión del kirchnerismo; tal vez, no. Sea como sea, la producción energética no mejorará si la controla el Estado argentino, como no mejoró ninguna empresa estatizada durante el kirchnerismo. Una sola cosa sería distinta para el gobierno. YPF es la principal empresa del país y, por lo tanto, la que más factura, ya sea en pesos o en dólares. El círculo se vuelve a cerrar: lo que importa ahora son los dólares que faltan en una economía que se encoge

Entre el adios al cáncer y la bienvenida al ajuste

Por Fernando Laborda para La Nación
8-1-12-El  gobierno nacional ha dado muchas muestras de estar más preocupado por el relato de los acontecimientos que por los propios acontecimientos. Una de las especialidades del kirchnerismo es la generación de climas de hondo dramatismo, no exentos de salidas epopéyicas. La internación de Cristina Fernández de Kirchner como consecuencia de un supuesto cáncer de tiroides echó a volar la imaginación de militantes y expertos en comunicación del oficialismo. La imagen de una mujer capaz de superar la muerte de su esposo y mentor político y de vencer la peor enfermedad del mundo en poco más de un año era seductora para cualquier biógrafo o jefe de campaña. El adiós al cáncer que no fue, más allá del final feliz para la salud de la Presidenta y para todos los argentinos, le ha restado condimentos a la historia oficial.
Finalmente, el estudio histopatológico definitivo de la Presidenta modificó el diagnóstico inicial surgido de la punción, que daba cuenta de un carcinoma papilar, y descartó la presencia de células cancerígenas. El óptimo estado de salud de la primera mandataria hará innecesaria la administración de yodo radiactivo y, seguramente, le permitirá reintegrarse a sus funciones antes de lo planificado.
El interinato de Amado Boudou no será mucho más que un hecho anecdótico, que en todo caso sirvió para poner en evidencia los temores de ciertos sectores ultracristinistas sobre un prematuro inicio de la carrera presidencial hacia 2015.
Las buenas noticias vinculadas con la salud presidencial perderán velozmente impacto ante la irrupción de otras relacionadas con esa palabra tan temida y negada por el kirchnerismo: ajuste.
Los problemas de caja serán cada vez más serios. A menos que el ministro de Economía, Hernán Lorenzino, pueda remontar la cuesta del rígido discurso oficial sobre el desendeudamiento externo y lograr el retorno de la Argentina al mercado internacional de crédito.
En los próximos días se cumplirá el plazo que se habían fijado el Gobierno y el Fondo Monetario Internacional para definir un nuevo índice de precios. Hasta ahora, no hay novedades sobre esa cuestión. La relación del país con los organismos financieros del mundo continúa siendo muy fría.
El ajuste, aunque el Gobierno se empeñe en disimularlo, ya está entre nosotros.
Pocos recuerdan que, a poco de asumir por primera vez, en diciembre de 1991, la gobernación de Santa Cruz, Néstor Kirchner aplicó por decreto un ajuste cuyos seguidores hoy calificarían de salvaje. Las cuentas fiscales de la provincia estaban en rojo y, para equilibrarlas, Kirchner ideó una rebaja en los sueldos de los empleados públicos y de los jubilados locales del 15% en los haberes superiores a 500 pesos y del 10% en los inferiores a aquel monto.
Mediante el mismo decreto, el entonces gobernador santacruceño declaró "la imposibilidad del pago de haberes de los funcionarios y empleados públicos activos y pasivos" correspondientes a diciembre de 1991 y a la segunda cuota del aguinaldo de ese año. Un año después, con las cuentas más ordenadas, las deudas salariales comenzaron a ser devueltas en cuotas.
Aquel decreto provincial, que llevó el número 309/92, tenía las firmas del actual titular de la Secretaría Legal y Técnica de la Presidencia, Carlos Zannini, entonces ministro de Gobierno de Santa Cruz; de Alicia Kirchner, ex ministra de Asuntos Sociales del distrito, y de Ricardo Jaime, ex secretario de la gobernación, hoy procesado tras su triste paso por la Secretaría de Transporte de la Nación.
Los problemas fiscales de Santa Cruz vuelven a manifestarse con crudeza en estos días. Pero, esta vez, al gobernador Daniel Peralta, tomar medidas parecidas a las instrumentadas por Kirchner veinte años atrás, le costó la reprimenda de la Casa Rosada y la renuncia de varios ministros provinciales, entre ellos los vinculados a la agrupación La Cámpora.
Tal vez inspirada en la primera decisión de su esposo cuando llegó a la gobernación de Santa Cruz, Cristina Kirchner firmó días atrás un decreto para revisar los sueldos de 300.000 empleados de la administración pública nacional en lo que respecta a bonificaciones y suplementos. Las necesidades fiscales, anunciadas con la eliminación de los subsidios a las tarifas de agua, luz y gas, son ya innegables.
Las inconsistencias del modelo kirchnerista son agravadas por un nuevo enemigo: la sequía. En los últimos días, mientras la militancia recitaba plegarias por la salud de la Presidenta frente al Hospital Austral, otros funcionarios miraban al cielo esperando la lluvia.
Si las condiciones climáticas no mejoran, hay quienes aventuran que las pérdidas para los productores y para el Estado nacional por las menores cosechas de soja y maíz podrían acercarse a las de la campaña 2008/2009, cuando se perdieron 30 millones de toneladas.
Los cálculos más optimistas señalan que, al día de hoy, la cosecha de maíz, estimada en 30 millones de toneladas, no superaría los 20 millones, en tanto que la de soja, proyectada en 52 millones de toneladas, se ubicaría en 44 millones. Estos números, a los precios actuales, implicarían una reducción de las exportaciones de unos 5800 millones de dólares y una caída de los ingresos por retenciones para el Estado de casi 1700 millones de dólares. Pero podría ser peor.
La sequía abre también interrogantes sobre una probable merma de la oferta de dólares y un nuevo aumento en su cotización. Más doloares de cabeza: el dólar marginal, que hacia fines de 2011 parecía haber sido domado a los gritos por Guillermo Moreno, estabilizándose en 4,50 pesos, ha subido en los últimos días hasta los 4,80 pesos.
La situación fiscal de las provincias tampoco escapa a los temores por la sequía. En Córdoba, el gobernador José Manuel de la Sota anunció un plan de austeridad que contempla cesantías en el sector público y anticipó que no podrá negociar incrementos salariales hasta que la Nación no cancele deudas que mantendría con la provincia.
Quien tampoco dudó a la hora del ajuste fue Mauricio Macri. No demoró un segundo en disponer un aumento del 127% en la tarifa del subte desde que se anunció formalmente su traspaso de la Nación a la Ciudad. Siguió la máxima según la cual las malas noticias deben darse todas de una vez y rechazó el gradualismo que se le recomendó desde el kirchnerismo. El "esfuercito" que le pidió la Presidenta a Macri lo pagarán los usuarios porteños, aunque no debe descartarse que, más adelante, el gobierno local cree un sistema de tarifas diferenciadas para favorecer a las personas en situación vulnerable. Entretanto, el Ejecutivo porteño deberá enfrentar una avalancha de amparos judiciales para frenar el tarifazo.
Cuando la Presidenta se reintegre a sus tareas, no sólo será recibida por la sequía y las derivaciones de los ajustes. También encontrará otro regalito de Reyes, como la potencial alianza, hasta hace poco impensable, entre Hugo Moyano, la CTA de Pablo Micheli y grupos piqueteros, quienes podrían evaluar una medida de fuerza conjunta contra el ajuste nacional.
Con no menos intriga se habrá enterado la jefa del Estado del partido amistoso de fútbol que enfrentó a los equipos de Macri y Daniel Scioli y de las declaraciones de éste en favor de una agenda de trabajo conjunta con el gobierno porteño. Resulta prematuro avalar hipótesis sobre un futuro político juntos, como insinuó Luis D'Elía. Pero sí se puede decir que a Macri y Scioli los une un presente en el que ambos saben que pueden ser víctimas de un gobierno que quiere verlos de rodillas
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¿Serán los Kirchner, finalmente, nuestros Borbones?
Por Mariano Grondona | LA NACION
31.12.11 .-Cuando se supo que la Presidenta será operada de cáncer en la tiroides dentro de cuatro días, diversas emociones cruzaron la mente de los argentinos. Por lo pronto una de asombro por lo inesperado de la noticia y otra de preocupación por el inevitable impacto que produce la palabra "cáncer" aun en estos tiempos en que esta temida enfermedad es derrotada con frecuencia. Por eso a la preocupación siguió el alivio casi inmediato cuando se advirtió que el cáncer en la tiroides que padece la Presidenta es curable, sobre todo porque su erradicación estará a cargo de un equipo médico de excelencia.
Cuando se supo que la Presidenta será operada de cáncer en la tiroides dentro de cuatro días, diversas emociones cruzaron la mente de los argentinos
Lo notable es que estas emociones casi simultáneas de asombro, preocupación y alivio no afectaron solamente a los círculos que apoyan a Cristina, sino también a la población en general. Es que una pregunta fugaz relampagueó tanto en la conciencia de los que aman a la Presidenta como en la conciencia de los que se le oponen: ¿qué haríamos sin Cristina? ¿Qué haríamos todos los argentinos, sea cual fuere la posición de alabanza o de crítica que nos haya tocado ocupar frente a su inmenso poder? Si un poder tan inmenso como el de ella permitiera imaginar la posibilidad de su ausencia aunque fuera por segundos, cundiría como una corriente eléctrica una sensación de vacío porque, a esta altura de las circunstancias, cuesta pensar en un país que no gire en torno de Cristina.
El alivio casi instantáneo por la disipación de la imagen de un país sin Cristina se reforzó, por otra parte, porque su vicepresidente ya no es Julio Cobos, sino Amado Boudou. Si una cosa es indudable es que, mientras dure la licencia de la Presidenta, su actual vicepresidente no moverá ni un dedo para hacer saber que, efectivamente, existe.
Una pregunta fugaz relampagueó tanto en la conciencia de los que aman a la Presidenta como en la conciencia de los que se le oponen: ¿qué haríamos sin Cristina? ¿Qué haríamos todos los argentinos, sea cual fuere la posición de alabanza o de crítica que nos haya tocado ocupar frente a su inmenso poder?
Por eso en un artículo para El País,de Madrid, titulado "El peronismo hoy se llama cristinismo", que reprodujo La Nación de anteayer, el columnista Miguel Angel Bastenier, al advertir que entre nosotros todo gira en torno de Cristina, se pregunta si los argentinos no estaremos viviendo una suerte de hipnocracia, un "estado hipnótico" en virtud del cual un gobernante omnímodo atrae de modo irresistible, para bien o para mal, a sus gobernados. Pero Bastenier formula, además, otra pregunta: ¿cómo evitará ese poder omnímodo a partir de una concentración que no admite antecedentes la tentación de buscar la perennidad? "Cristina eterna", esta frase que pronunció en su momento la diputada Diana Conti, ¿es entonces sólo el anhelo solitario de una "ultracristinista" o es, más allá, un proyecto de poder presidencial que apunta ya no sólo a su ilimitación en el espacio, sino también a su ilimitación en el tiempo?
 
La "hipnocracia"
Debe decirse a favor del modo como Cristina anunció su cáncer en la tiroides que, a la inversa de Hugo Chávez en relación con su propio cáncer, no lo negó empecinadamente, sino que lo hizo público, con prontitud y sobriedad. Pero hay otro rasgo que la acerca a Chávez: la hipnocracia . Esta resulta de proyectar sobre el pueblo, con la ayuda de la cadena oficial, un flujo cotidiano de discursos presidenciales. Este es el método de comunicación que, inaugurado por Fidel Castro para los cubanos, tiende a desatar una corriente incesante de mensajes unipersonales y unidireccionales cuyo objeto es envolver a la audiencia en un clima casi obsesivo del cual, al fin, nadie se escapa. Una suerte de "lavado de cerebro colectivo" que tiende a convertirse en monopólico cuando sus reiterados mensajes son acompañados por la persecución sistemática de aquellas otras voces que tienden, por su parte, a preservar el pluralismo que resulta de la libertad de expresión.
Debe decirse a favor del modo como Cristina anunció su cáncer en la tiroides que, a la inversa de Hugo Chávez en relación con su propio cáncer, no lo negó empecinadamente, sino que lo hizo público, con prontitud y sobriedad
Nada más representativo del sistema republicano, en este sentido, que la pluralidad de las opiniones. Pero la inusual concentración del poder de comunicación en manos de un Estado con vocación hegemónica, que ha tenido en Castro a su precursor y en presidentes autoritarios como Chávez y Rafael Correa a sus continuadores, también está siendo ensayada por la Presidenta.
Esta modalidad sería inviable, sin duda, si el mensaje dominante de un sistema hegemónico no incluyera un contenido, un argumento, destinado a sus oyentes. En Cristina, a este argumento se lo llama el relato . El relato consiste en un argumento que procura competir con la realidad desde una posición dominante. Cuando aun en las circunstancias que rodearon al sobrio relato de su enfermedad la Presidenta procuró victimizarse como una heroína dispuesta al sacrificio, apeló al "relato". Si Néstor Kirchner murió por ofrendar su vida en aras del pueblo, Cristina Kirchner se presenta hoy como una gobernante que le está entregando su salud a ese mismo pueblo. Algunos críticos subrayan por su parte la vasta corrupción que la beneficia y la rodea. Pero estas voces disidentes ¿qué llegada tendrán en medio de la "hipnocracia"?
¿Qué sentido tendría este grado superlativo de concentración del poder y de las comunicaciones si no fuera, además, ilimitado en el tiempo? ¿Es posible advertir que Cristina concentra al máximo su poder en el espacio sin suponer que buscará dotarlo, además, de "perennidad"?
 
¿"Monarquía" o "dinastía"?
Los emperadores romanos, si bien disponían de un poder absoluto, no eran hereditarios sino electivos y vitalicios -lo mismo ocurre hoy con los papas-; para encontrar monarquías hereditarias, habría que remitirse a las monarquías europeas, aun en su menguada actualidad, hasta Juan Carlos I de España inclusive. Cuando una monarquía es hereditaria, cambia la naturaleza del poder porque aparece el concepto de dinastía , que el diccionario define como "una familia en cuyos individuos se perpetúa el poder". El concepto de "monarquía" puede aplicarse a Cristina no bien se comprueba el intenso grado de concentración del poder que la exalta. Pero esta concentración carecería de intensidad si se limitara en el tiempo, por ejemplo a los cuatro años de gobierno que le permite nuestra Constitución. Y aun si Cristina consiguiera el reeleccionismo indefinido, aun así carecería de "perennidad". La única manera de conseguir la "Cristina eterna" a la que aspira Diana Conti sería que ella pudiera transmitir el poder dentro de la misma familia en cuyo seno lo recibió.
¿Qué sentido tendría este grado superlativo de concentración del poder y de las comunicaciones si no fuera, además, ilimitado en el tiempo?
Entre nosotros, hubo sin duda intentos de monarquías vitalicias, por ejemplo en torno de Rosas y en torno de Perón. Pero nadie pudo imaginar a la dulce Manuelita como reina, quizá porque la idea de una reina estaba prohibida en la cultura de entonces. Perón, a su vez, no tuvo hijos. ¿Qué habría pasado si los hubiera tenido? ¿Se habría detenido la saga de Perón con su muerte, en 1974? El poder que ya ha alcanzado Cristina tiende a mostrarse cada día más como monárquico y no como republicano. Cuando Cristina se hizo coronar el pasado 10 de diciembre, no por el vicepresidente Cobos sino por su propia hija, Florencia, ¿no pasó por su mente que el poder residía en su familia? ¿Qué otra sino ella ha sido la heredera de Néstor Kirchner? ¿Es demasiado atrevido pensar que Cristina, al ocupar el trono, es el emblema de una nueva dinastía? ¿No es notable el control creciente que ejercen al lado de ella su hijo, Máximo, y sus amigos de la Cámpora? Que Cristina ya es monárquica basta confirmarlo cuando se advierte que sus ministros y colaboradores conforman en torno de ella una sumisa "corte". Culturalmente, los argentinos hemos sido tentados de preferir la tiranía antes que la anarquía y el poder concentrado antes que el "desorden" republicano. En España, todavía reinan los Borbones. Entre nosotros, ¿no reinan, ya, los Kirchner?
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La Presidenta, entre la gloria y la enfermedad
Por Joaquín Morales Solá | LA NACION.
31.12.11.-Las profundas ondulaciones de la vida. Esa es la única presencia constante en la existencia de Cristina Kirchner. Todo y nada. El poder y la muerte. La gloria y la enfermedad. La renuncia o la fundación de una historia. Las dos veces que Cristina accedió a la presidencia, en 2007 y hace 20 días, tropezó en el acto con la desgracia. Nunca su situación política fue mejor que en los últimos meses. Por primera vez ganó ampliamente una elección sin la ayuda de su marido muerto; se convirtió, así, en la presidenta más votada de la democracia argentina. Un puñado de días después la sorprendió una de las peores noticias que puede recibir una persona: padece de cáncer, aunque se trate de un cáncer curable. Ni siquiera Santa Cruz, la base política y familiar del kirchnerismo, la dejó recomponerse del infortunio personal. Otra vez los santacruceños se sublevaron contra el poder de los Kirchner.
En 2007, tres días después de jurar la presidencia, se ventilaron en los Estados Unidos declaraciones de Antonini Wilson, que vincularon su valija venezolana repleta de dólares con la financiación de la campaña de Cristina. Su primer mandato estuvo más tiempo en la planicie que en la cumbre. Fue un período estremecido por la guerra con los productores agropecuarios, que la Presidenta perdió y que motivó su intento de renuncia, y por la recesión de 2009. Cuando comenzaban a repuntar ella y la economía, a principios de 2010, Néstor Kirchner sintió los primeros síntomas de una grave enfermedad coronaria; no se recuperó y murió en octubre de ese año.
La presidenta viuda conoció luego el tiempo más amable de su vida pública, mientras encerraba la privada en la soledad y la desconfianza. El cáncer es ya una enfermedad curable, pero su nombre no dejó de pertenecer a las cosas que el temor no nombra. Cristina Kirchner no es un ente, sino una persona. Aunque haya actuado una alegre normalidad, percibió la conmoción y el miedo de la misma manera que esas turbaciones se apoderarían de cualquier ser humano. La Presidenta ha hecho de sus apariciones públicas un despliegue permanente de actuación. Llora cuando debe llorar y ríe cuando debe reír.
Los dos Kirchner han empujado la vida política hasta sus últimos límites. Esa impronta pudo provocar -cómo no- que sus vidas fueran acosadas por la muerte o la enfermedad. La salud de esos líderes pareció arrastrada por torrentes de pasiones o por rencores nunca saldados del todo. La concentración del poder del Estado en un par de manos no es sólo una mala receta política; es también un veneno para el cuerpo. Cristina Kirchner solía ser crítica de su marido por ese estilo, pero ella terminó copiándolo hasta el extremo de superarlo. Nada se mueve ahora en el Estado sin el beneplácito previo de la Presidenta, escéptica de las lealtades, salvo las de su familia más cercana.
Con esa visión conspirativa y concentradora del poder, Cristina eligió un vicepresidente que carece de antecedentes y de experiencia para el cargo. Con ese mismo criterio construyó un gobierno que fija sus ojos en ella y que es incapaz de actuar por sí solo. ¿Qué es todo eso sino la sensación de que la eternidad está de su lado? Nada podía suceder fuera de su control, pero sucedió.
El método funciona en tiempos de bondad política o cuando la salud de la jefa está en plenitud. El problema surge cuando el líder toma nota de que el decurso de la política no es controlable o que la vida es siempre enigmática y sorpresiva, más allá del poder y la gloria de las personas.
Los especialistas aseguran que las personas que han pasado por severas crisis de su salud suelen cambiar. El impacto psicológico deja más secuelas que la enfermedad física. La Presidenta podría revisar su forma de gobernar en los días de reposo que la aguardan. El caso de Santa Cruz es un ejemplo de que hay algo en el método kirchnerista que no funciona o funciona mal. Santa Cruz es una provincia enorme, con poca población, con petróleo y con turismo. Tenía reservas propias en el exterior por cerca de US$ 1000 millones hace apenas 10 años. Ya no queda nada de eso. En algún momento de los últimos años, el entonces matrimonio Kirchner hasta debió abandonar Río Gallegos por las agresivas revueltas de los santacruceños.
Ahora, el gobernador de Santa Cruz, Daniel Peralta, anunció un ajuste del sistema de jubilaciones muy parecido al que están implementando los países europeos arruinados por la deuda y la recesión. Esos mismos planes que la Presidenta suele criticar desde los atriles internacionales, sobre todo en el G-20. Obviamente, el gobernador Peralta es sólo un vicario del poder de la familia Kirchner.
La Presidenta se manifestó también, ya conocida su enfermedad, cansada de la monserga de los "institucionalistas". El poder cambia a las personas; jamás se hubiera esperado esa definición de parte de la entonces senadora Kirchner. ¿Es un exceso de institucionalismo sorprenderse porque un juez consideró "irrelevante" una resolución de la Corte Suprema de Justicia? Es lo que hizo el juez Carlos Folco cuando ratificó la inhibición de bienes del diario La Nacion por un viejo pleito con la AFIP.
La Corte había ordenado no innovar en ese caso hasta que se decidiera el fondo de la cuestión. La AFIP arguyó que no estaba reclamando el pago de una deuda, sino pidiendo que se protegieran bienes para el caso de que la empresa periodística debiera pagar algún día. El juez Folco hizo suyo el criterio de la AFIP, tildó de "irrelevante" la decisión de los máximos jueces del país y derrumbó el principio de inocencia hasta que no se pruebe lo contrario. A todo esto, hace más de un mes que el magistrado se declaró "incompetente" para seguir tratando el conflicto. Sigue decidiendo, no obstante, suelto de cuerpo.
¿Es ése el país institucional que Cristina Kirchner quiere dejar como legado? Hay que sacar del medio el artificial conflicto con la prensa (que agrava las decisiones de la Justicia) para percibir la peligrosidad de una estirpe gobernante que resolvió desoír a su Corte Suprema. Estábamos acostumbrados a que esa práctica fuera común entre los funcionarios; la novedad es que ahora también la promueven los propios jueces.
Hay que sacar también a Cablevisión del medio para advertir la gravedad de un allanamiento efectuado sin orden judicial, según consignó el martes pasado La Nacion y lo confirmó públicamente el gerente general de esa empresa de comunicaciones, Carlos Moltini. Sólo la orden explícita de un juez, en un país que vive protegido por el Estado de Derecho, puede permitir que fuerzas policiales ingresen a sitios privados.
En Cablevisión, efectivos de la Gendarmería fuertemente armados ingresaron a esa empresa privada de comunicaciones, revisaron carteras y mochilas, y abrieron computadoras y notebooks del personal. El juez Walter Bento había tomado varias decisiones arbitrarias, pero no ordenó por escrito el allanamiento. ¿Lo hizo verbalmente? Esas cosas no se dicen; se escriben.
En una Nación más sensible ante los atropellos a los derechos y las garantías de las personas, el caso hubiera significado la renuncia de ministros y el relevo de los jefes de las fuerzas de seguridad que participaron del allanamiento ilegal. En tal caso, que no es el argentino, el gobierno hubiera recurrido a eso para no verse envuelto en un interminable escándalo político y judicial.
¿Todo esto es monserga de "institucionalistas"? ¿No es la democracia, acaso, una lenta y permanente construcción institucional? ¿O el kirchnerismo ha decidido también, arropado por sus ínfulas fundacionales, abolir los principios de la democracia? La política tiene sus límites, que no son distintos de los límites de la propia vida


En la victoria, ¿magnanimidad o ajuste de cuentas?
Por Mariano Grondona | LA NACION
2412-11-Winston Churchill encabezó sus Memorias de la Segunda Guerra Mundial con un prólogo en el que resumió "las enseñanzas morales de esta obra". Ellas son cuatro: "En la guerra, determinación ; en la derrota, desafío ; en la victoria, magnanimidad ; en la paz, buena voluntad" . Estos cuatro principios le vinieron a Churchill de la experiencia que había recogido en las dos guerras mundiales del siglo XX. El tercero de estos principios, la "magnanimidad" o "grandeza de alma" -magna anima -, expresa a su vez el aprendizaje que habían adquirido los vencedores de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), las potencias anglosajonas de ambos lados del Atlántico, gracias al error garrafal que cometieron ellas mismas a fines de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) cuando, en lugar de acoger generosamente a la vencida Alemania en el seno de las naciones libres, la "apretaron" con indemnizaciones imposibles de pagar. El resultado de esta insoportable humillación fue la emergencia de Adolf Hitler, que retribuiría la insensatez de la primera posguerra de los aliados anglosajones con su propia insensatez, que desencadenó la Segunda Guerra Mundial.
Es que a partir de 1919 los aliados no ejercieron la "magnanimidad", sino el revanchismo de un ajuste de cuentas, lo que empujó a Alemania a la hiperinflación de 1923, de la cual surgiría Adolf Hitler. Por eso, en 1945, los aliados, aplicando la lección duramente aprendida de la magnanimidad, levantaron a Alemania con el Plan Marshall en vez de hundirla y la convirtieron en uno de los pilares de Occidente. Al encabezar sus Memorias... con la lección de la magnanimidad que implicaba el abandono del revanchismo, lo que hizo entonces Churchill fue poner en blanco y negro lo que él y sus aliados habían aprendido a costa de millones de muertos.
Después de su victoria, los vencedores tienen por lo visto dos opciones: una, el ajuste de cuentas con los perdedores, la revancha que traerá con el tiempo otras revanchas, y la otra, la magnanimidad, que es la semilla de la reconciliación. El 23 de octubre, Cristina Kirchner derrotó ampliamente a sus competidores en las elecciones presidenciales. ¿Cuál es el camino que elegirá a partir de hoy? ¿La magnanimidad o el ajuste de cuentas?
 
Los primeros indicios
Los primeros indicios que ha suministrado la Presidenta a este respecto son inquietantes. ¿Cuáles podrán ser para ella sus principales adversarios después del 23 de octubre? No por cierto los partidos de la oposición, que "se marcaron solos". Sí, en cambio, algunos referentes que hasta ayer fueron sus aliados, como el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, y el secretario general de la CGT, Hugo Moyano, además de aquellos medios independientes de comunicación que no se curvan ante sus imposiciones y hasta aquellos sectores de la clase media que, ya sin los subsidios que atrajeron sus votos, podrían escapar hacia el dólar porque le temen a la inflación.
Contra todos ellos embistió Cristina esta semana en una ofensiva multidireccional. Con la ayuda del vicegobernador Gabriel Mariotto, arremetió contra la trinchera de Scioli en Buenos Aires que ocupa su ministro de Seguridad, Ricardo Casal. Mariotto se ha convertido, más que en un vicegobernador leal, en un ariete contra las menguantes defensas de su gobernador. En cuanto a Moyano, que respondió a Cristina en su discurso de hace diez días con más vigor que Scioli, sus fuerzas se despliegan en torno del espinoso conflicto salarial aún no resuelto. Contra él, la Presidenta ya empezó a operar mediante el intento de desguazar la Uatre, el vasto sindicato rural a cargo de Gerónimo "Momo" Venegas. Pero quizá por ser el sindicalismo de la CGT y el propio Scioli antiguos aliados, la energía cristinista se concentró aún más en los medios independientes de comunicación al conseguir de un Congreso que sólo sabe decir que sí, sin debate a sus iniciativas, leyes que comprometen seriamente la provisión de papel para los medios escritos y, también, mediante la acción de un "juez amigo" ante iniciativas propuestas por el tándem de la comunicación oficialista de Daniel Vila y José Luis Manzano, que operan desde Mendoza, para debilitar y eventualmente desguazar Cablevisión.
En cuanto a los ahorristas alarmados por la inflación, el Congreso concretó la idea del diputado Carlos Kunkel de acusar de terrorismo a los ahorristas "indisciplinados" -"éstos y no los que ponen bombas", dijo Kunkel, "son los verdaderos terroristas"-, a la que se sumó la idea de Ricardo Echegaray, titular de la AFIP, de desplegar una legión de perros amaestrados para atemorizar a los viajeros.
¿Quiénes acompañan con fervor a la Presidenta en esta múltiple ofensiva? El puñado de sus aplaudidores incondicionales: los militantes de La Cámpora, los funcionarios que la rodean y, a la cabeza de todos ellos, Guillermo Moreno, ascendido a polifuncionario.
 
Idas y venidas
La revancha es la tentación de los vencedores. Al ver abatidos a sus vencidos, ¿no es natural que salgan a aplastarlos antes de que levanten cabeza? En el campo militar, a estas acciones se las llama "operaciones de limpieza". Pero lo que es lógico en una batalla puede no serlo en el marco más complejo de una relación "política" entre los conciudadanos. Decía Maquiavelo: "Al enemigo, hay que matarlo o asociarlo; nunca hay que dejarlo herido". Es que la victoria, cuando es categórica y reciente, comunica a los vencedores una engañosa sensación de omnipotencia. Pero si al vencido no se lo "mata", si él pese a todo perdura, lo único que queda por hacer es reconciliarse con él, "bajando" desde la posición predominante que ha creado la victoria.
Esta es la lección que los aliados ignoraron en 1919 para aprenderla, al fin, en 1945. Llevado por la euforia de su reciente triunfo, ¿no podría cometer el cristinismo un error semejante al de 1919? Es verdad que hoy la Presidenta tiene sensaciones que alimentan el espejismo de la omnipotencia. Aparte de los incondicionales de La Cámpora y los aplaudidores que la rodean, Cristina puede contar también con la debilidad de los gobernadores e intendentes que dependen de su "caja", así como con el oportunismo de tantos otros pescadores de río revuelto. Pero también debería atender, como aconsejaba Maquiavelo, a la reacción tardía, pero inevitable de los "heridos" que quedarán esperando su hora. Esta "hora" no se manifestará en el corto plazo, pero los gobernantes prudentes miran más lejos.
La idea de un "ajuste de cuentas" inmediato es atractiva pero peligrosa porque toda venganza esconde una trampa diabólica. El que se venga, en efecto, golpea al vencido con una cifra que él mismo mide, digamos, en "10". Pero ocurre que el que recibe la venganza la siente con una intensidad de "20". Cuando el "vengado" se convierte a su turno en un nuevo "vengador", mide su revancha en "20", pero aquel de quien se venga la siente en "30", y así sucesivamente. El camino del ajuste sucesivo de las cuentas, multiplicándose con cada ida y venida de la agresión, puede extenderse al infinito. Para cortarlo hay sólo un remedio: la magnanimidad del vencedor. ¿Por qué se cree, si no, que un estadista como Urquiza dijo: "Ni vencedores ni vencidos" después de Caseros? Porque miraba al largo plazo.
Si Cristina atiende al largo plazo, construirá algo mejor que el placer fugaz del ajuste de cuentas. Se elevará a la singular condición de "estadista". ¿Qué le interesará, en definitiva, más? ¿El puño del poder inmediato, quizás efímero, o el pedestal de la historia? Esta pregunta sólo ella puede contestarla
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Un país que oscila entre Chávez y Putin
24.12,11,.Por Joaquín Morales Solá | LA NACION
Nadie había dicho que la Constitución sería sólo de cumplimiento optativo. Nadie anticipó nunca que las resoluciones de la Corte Suprema de Justicia (un nido de burócratas, según los gobernantes) pueden convertirse fácilmente en papeles inservibles. Los caminos autoritarios que eligió el gobierno de Cristina Kirchner están colocando a la Argentina en el lote de países latinoamericanosque han decidido dejar de lado la democracia plena en nombre de una revolución imprecisa.
La primera víctima de tales procesos es siempre la libertad de prensa, porque ésta es el principal obstáculo para avanzar sobre las otras libertades. Sobresale el engaño electoral: nunca se anticipó, antes del 23 de octubre, que había una lista de enemigos por batir y una guerra pendiente. Ahora sí existen la lista, el plan y la guerra.
Es probable que el Gobierno se haga cargo de Papel Prensa antes de confiscar sus acciones. La ley aprobada por el Congreso se lo permite. Más allá de la polémica entre funcionarios por la ley antiterrorista, que describe por sí sola la confusión de su texto, el Gobierno podrá aferrarse a su letra amplia y vaga para acusar al periodismo ante la Justicia. La amenaza está en la ley. Los funcionarios pueden hacer mañana lo que desmienten hoy. Ya lo han hecho. La persecución a LA NACION por parte de la agencia impositiva y la incautación parcial de Cablevisión están explicitando un plan, no el error casual de un funcionario o de un juez.
Surgen, inevitables, algunas preguntas esenciales: ¿por qué muchos gobiernos de América latina desnaturalizan en el ejercicio la legitimidad democrática de origen que ciertamente tienen? ¿Por qué la Argentina de Cristina Kirchner prefirió reflejarse en los espejos más desacreditados de la región latinoamericana? ¿Qué ofrecen las experiencias de Hugo Chávez, en Venezuela, de Rafael Correa, en Ecuador, y de Daniel Ortega, en Nicaragua, si no la parodia de un territorio excéntrico e imprevisible?
El Gobierno no esperará estar en desacuerdo con un plan de inversiones para tomar el control de Papel Prensa, la única fábrica argentina de papel para diarios. Mucho antes, seguramente, se respaldará en la declaración de "interés público", que el Congreso le dio al insumo básico de los diarios, para erigirse al menos en coadministrador de esa empresa. Un oficialismo cerrado como un bloque de cemento fue impenetrable a alternativas más civilizadas que la simple colonización de una empresa privada. Ni siquiera tenía necesidad de convertirse por ley en árbitro de las importaciones de papel, porque de hecho tiene las facultades para abrir, cerrar o condicionar todas las importaciones. No se conformó con la facultad implícita; la hizo también explícita y manifiesta.
A veces es necesario repetir lo obvio: los diarios no tienen destino si no disponen del papel para ser impresos. ¿Qué garantías de contar con ese bien imprescindible tendrá el periodismo gráfico luego de que la administración kirchnerista tome el control de la producción nacional y de la importación de papel? ¿Será Guillermo Moreno, el funcionario que dirigirá la producción y la importación, ecuánime y comprensivo con todos los diarios? No, desde ya; no son ésos los atributos de su personalidad. El kirchnerismo les ha permitido hasta la ilegalidad a sus amigos y la ha negado hasta la justicia a sus presuntos enemigos.
La Constitución protege a la libertad de prensa en varios de sus artículos, pero además le prohíbe al Congreso legislar contra esa libertad. Decenas de legisladores oficialistas y sus aliados han votado contra la letra y el espíritu de la Constitución en una de las mayores deserciones masivas de los compromisos institucionales que se recuerden. La historia los recordará cuando describa un tiempo en que se usaron los nobles mecanismos de la democracia para ahogar a la democracia.
El fuero judicial en el que se resolverá el necesario conflicto por Papel Prensa (el contencioso administrativo) ya fue también colonizado por los amigos del kirchnerismo. Sólo le quedará al periodismo independiente el reaseguro de la Corte Suprema de Justicia, pero la cuestión llegará a esa instancia luego de varios meses. La jurisprudencia de la Corte indica que nunca trata medidas cautelares de tribunales inferiores; mucho menos recurrirá al per saltum , una vía rápida que tiene para cuando están en riesgo asuntos de gravedad institucional. De esa manera, Moreno ya habrá armado y desarmado la única fábrica de papel para diarios cuando el caso llegue a la Corte.
Otro problema surgirá cuando el Gobierno deba cumplir con una eventual resolución del máximo tribunal de Justicia. ¿Lo hará? Ya es una costumbre, mala por cierto, que el Gobierno no cumpla, o cumpla sólo parcialmente, las decisiones de la Corte. El diario LA NACION fue inhibido de disponer de sus bienes, en un viejo pleito con la AFIP, por una resolución de un juez, Carlos Falco, que no tuvo en cuenta que la Corte había decidido que no se innovara en la cuestión hasta que se decidiera la cuestión de fondo. Para peor, la cuestión de fondo, o parte de ella, está esperando una resolución de la propia Corte.
La AFIP no notificó al juez de que existía la medida cautelar de la Corte ni el juez se preocupó en recabar la información. Peor todavía: el magistrado decidió darle vista a la AFIP durante tres días después que leyó, sorprendido, la medida cautelar de la Corte. ¿Por qué simples funcionarios deberían convertir en opinable una decisión del tribunal más importante del país? ¿Por qué un juez les abre las puertas de la opinión a los funcionarios cuando se trata de una resolución de los máximos jueces de la Nación?
Hace pocas semanas, la AFIP embargó cuentas corrientes de muchos argentinos, que ni siquiera habían sido notificados de que tenían causas abiertas en la Justicia por parte de la agencia impositiva. La AFIP lo hizo respaldada en una arbitraria resolución de hace más de diez años, que autorizaba los embargos sin sentencia judicial. Incumplió otra vez una orden de la Corte: ésta declaró inconstitucional, hace mucho tiempo, aquella resolución. No importa. El Gobierno necesitaba con urgencia esos recursos.
Pero ¿acaso no pasa lo mismo con los jubilados, cuyos salarios deberían ser actualizados de acuerdo con una resolución de la Corte? Deberían ser, pero no lo son. La administración no tomó nunca ninguna resolución del tribunal como una doctrina. La editorial Perfil está esperando todavía que el Gobierno cumpla con una orden de la Corte para que le entregue publicidad oficial. La Corte ordenó, pero el Gobierno no obedeció. Perfil fue excluida siempre, sistemáticamente, del reparto de la publicidad del Estado.
Las instancias inferiores de la Justicia son, la mayoría de las veces, funcionales a los intereses de los gobernantes. El caso de Cablevisión es otro escándalo que se respalda, según la confesión de los propios funcionarios, en la guerra contra el Grupo Clarín. El juez mendocino Walter Bento decidió que Cablevisión tiene una posición dominante en el mercado. Esa empresa de televisión por cable controla el 47 por ciento del mercado nacional y el 59 por ciento de la Capital.
Los manuales indican que existe posición dominante sólo cuando se controla alrededor del 80 por ciento de un mercado. No hay peor imagen para una democracia, además, que la que muestra a militares o policías fuertemente armados ingresando en medios de comunicación. Es lo que hemos visto.
El hiperkirchnerista José Sbatella chocó con kirchneristas más moderados como Florencio Randazzo y Miguel Pichetto por la aplicación de la ley antiterrorista. Los medios caerán bajo ella, dijo Sbatella. Randazzo y Pichetto lo desmintieron. Es probable, desgraciadamente, que Sbatella tenga razón y que cualquier información u opinión indeseable para el oficialismo se convierta en el futuro en un acto de terrorismo. Un periodista que cuenta una mala noticia o que tiene una opinión crítica sobre cuestiones sensibles podría merecer una dura acusación. Cristina Kirchner comenzó a esbozar esa teoría en Montevideo, cuando dijo que los medios quieren que a ella, y a los gobernantes que piensan como ella, les vaya mal. Eso podría ser terrorismo en la letra de la nueva ley.
La Argentina actual vacila entre la Venezuela de Chávez y la Rusia de Putin. En Rusia puede haber diarios y hasta capitalistas multimillonarios. Siempre, claro está, que diarios y millonarios sea indignamente sumisos frente a los que mandan
Lo que está en juego es la libertad
 Por Joaquín Morales Solá | LA NACION
Gendarmería y Canal 7 no tienen nada que ver, salvo que ninguno tomaría ninguna decisión sin previa autorización del gobierno nacional. Un juez de Mendoza y el grupo Vila-Manzano no tienen aparente relación, salvo que los dos están siendo ostensiblemente funcionales a los que gobiernan. Papel Prensa y Cablevisión carecen de relación, pero justo ayer el Gobierno pidió ante la Justicia la declaración indagatoria (con la amenaza del procesamiento, por lo tanto) de los directores de LA NACION y de Clarín por la compra, hace 35 años, de la fábrica de papel para diarios.
El poder ya ni siquiera se toma el trabajo de disimular que la famosa profundización del modelo consistía en perpetrar todas las venganzas pendientes y que ese proceso comenzaría el día después de inaugurado el nuevo mandato de Cristina Kirchner.
 Es difícil recordar el anuncio de una medida de gobierno necesaria para la sociedad desde el 10 de diciembre hasta aquí, pero todos los días hay una novedad que da cuenta de una revancha o de una mayor acumulación del poder represivo del Estado. Las direcciones del rencor son explicativas por sí solas: los diarios independientes, mediante la eventual confiscación de Papel Prensa; el Grupo Clarín, por el allanamiento y virtual intervención de Cablevisión; el gremio de peones rurales por un proyecto de ley que cambió radicalmente sus condiciones, y los compradores de dólares o dueños de depósitos bancarios que quedaron a merced de una ley que podría calificarlos de terroristas.
 El juez mendocino Walter Bento, que ordenó allanar e intervenir en los hechos a Cablevisión, dispuso que esa empresa fuera separada en todo el país de Multicanal en 60 días. Las órdenes se cumplieron con ayuda de la Gendarmería, custodiada desde el primer instante por las cámaras de Canal 7. Ni Cablevisión ni Fibertel operan en Mendoza; por eso, es más sospechosa la actuación de un juez que aceptó un recurso de un grupo periodístico supuestamente independiente. El grupo Vila-Manzano tiene canales y radios en todo el país, incluida la Capital, donde son dueños de América TV, de un canal de noticias y de radios, en sociedad con Francisco de Narváez.
 Ese grupo, de origen mendocino, está habilitado incluso para no acatar la nueva ley de medios, que está plenamente vigente, con excepción del artículo 161, que ordena la inmediata desinversión de los actuales dueños de canales y radios. La novedad, entonces, es que el Gobierno cuenta ya abiertamente con la complicidad de otro grupo de medios, beneficiario también de una generosa pauta publicitaria. 
Multicanal fue absorbido por Cablevisión hace cuatro años, luego de que Néstor Kirchner diera la autorización política para su fusión. La autorización formal fue firmada por Guillermo Moreno, ya secretario de Comercio Interior, el mismo funcionario que ahora lidera la ofensiva contra Papel Prensa, contra Cablevisión y contra el Grupo Clarín en particular. La separación ordenada ahora por el juez Bento es imposible o sólo posible a cambio de dejar sin servicio a la mitad de los abonados a Cablevisión.
 "El Gobierno está quitando lo que él mismo dio sólo porque se encontró con nuevos enemigos. Tales arbitrariedades deberán ser resueltas por la Justicia, que debería ocuparse de otras cosas", reflexionó uno de los jueces de la Corte Suprema. Desde la segura ley que podría terminar con la confiscación de Papel Prensa hasta el manotazo a Cablevisión, todo caerá, tarde o temprano, en manos de los jueces del máximo tribunal del país.
 Carlos Kunkel acuñó ayer una definición antológica: alguien que pone una bomba es sólo "un técnico en explosivos", pero quien cambia dólares, retira sus depósitos del banco o ejerce una protesta contra el Gobierno puede ser un terrorista. La ley que sancionará el Congreso no reconoce las tipificaciones de terrorismo diseñadas por las Naciones Unidas ni explicitadas en los tratados internacionales suscriptos por la Argentina. Va mucho más allá de lo que pidió el GAFI, el ente internacional que combate el lavado de dinero. La ley no fue hecha para conformar al GAFI, sino para darle al Gobierno instrumentos de represión para disciplinar a la sociedad. Es una ley que terminará, en manos del Gobierno o de sus jueces amigos, dañando seriamente las libertades personales y públicas.
 
Venganzas
 "Es una ley propia de una dictadura", disparó el diputado radical y reconocido jurista Ricardo Gil Lavedra. Gerónimo Venegas, el viejo caudillo del sindicato de peones rurales, fue más allá cuando habló de la ley sobre sus afiliados: "Por vengarse de mí están cometiendo una traición a la patria". Venegas es un histórico adversario del Gobierno y participó activamente en favor de los productores rurales cuando éstos enfrentaron al gobierno de Cristina Kirchner, en 2008.
 Es la libertad, en última instancia, lo que está en riesgo con esa ley sobre el terrorismo y con las reiteradas medidas sobre los medios. Sin ese agravio, el Estado no podría aplicar jamás la revancha ni acallar a sus críticos. El jefe del bloque de senadores radicales, Luis Naidenoff, contó que buscó una explicación entre los senadores peronistas por la urgencia que le imponían a la inconstitucional ley contra Papel Prensa. "No busques más. Hay cuentas pendientes", le contestó uno de los peronistas, según el senador radical. Esto es: entre los derechos que da la victoria está el de la venganza.
 Hubo otras noticias más indirectas, pero sospechosamente vinculadas con el mismo propósito. Hace un año, Cristina Kirchner acusó públicamente a los dueños privados de Papel Prensa de delitos de lesa humanidad en el proceso de compra de esa empresa a la familia Graiver. No aportó más que el testimonio interesado de quienes no eran ni son herederos de David Graiver ni de sus padres. El Gobierno hizo luego una denuncia ante la justicia federal de La Plata y envió al Congreso el proyecto de ley confiscatorio que se está tratando en estos días. La causa judicial cambió de manos y está ahora en los tribunales federales de la Capital, en el juzgado del magistrado Julián Ercolini.
 Ante este juez, el Gobierno insistió ayer en su denuncia de hace un año y pidió la declaración indagatoria de los directores de LA NACION, Bartolomé Mitre, y de Clarín, Ernestina Herrera de Noble. El Congreso está sancionando la ley pedida por Cristina hace un año. Nada se olvida en el kirchnerismo.
 ¿Sólo eso? No. La jueza Sandra Arroyo Salgado se constituyó en el despacho de la diputada Elisa Carrió, anteayer, para preguntarle si sabía quiénes eran los padres biológicos de los jóvenes Noble Herrera. La magistrada se respaldó en una vieja declaración pública de Carrió, en la que señaló que esos jóvenes eran víctimas de la persecución del Gobierno. Arroyo Salgado demoró inexplicablemente el proceso de entrecruzamiento de datos genéticos desde que se comprobó que los hijos de la directora de Clarín no tienen vínculos de sangre con los datos que pertenecen al período de su nacimiento. Todo se hizo luego lento y farragoso. No hay voluntad de cerrar el caso, aunque se siga exponiendo a esos jóvenes a una cruel y vejatoria exposición pública.
 Carrió le anticipó a la jueza que está investigando la gestión de la propia magistrada y la de la fiscal, porque la diputada está convencida de que el calvario de los Noble Herrera fue siempre (también en tiempos de Menem) una operación de los servicios de inteligencia. No puede desconocérsele a Carrió la coherencia de pensamiento. Incluso ahora que parecen escasear esos atributos entre quienes la sucedieron al frente de la Coalición Cívica.
 La libertad está siendo reemplazada por la persecución y la represalia. Con pocas excepciones (Patricia Bullrich y Eduardo Amadeo, entre otros), la oposición se limita a contemplar y lamentar; a veces, no hace ni eso. Ninguna acción conjunta ni reacción llamativa. Como sucedió en la Venezuela de Hugo Chávez, los opositores lanzarán la resistencia cuando sea demasiado tarde.
 Cuesta imaginar que semejante ofensiva sea liderada por la misma persona que creó una Corte con figuras independientes y prestigiosas y que limitó el número de miembros del tribunal. "El Gobierno no tiene por qué nombrar más jueces ni necesita tener jueces amigos", nos dijo la entonces senadora Kirchner a un grupo de columnistas cuando presentó el proyecto que reducía de nueve a cinco los jueces de la Corte. ¿Qué pasó desde aquel entonces para que hasta la libertad haya cambiado su nombre y su sentido?


La alarmante devaluación de la democracia
Por Joaquín Morales Solá | LA NACION
18.12.11.-Hay vencedores y vencidos. El texto del proyecto que dispone la eventual confiscación de Papel Prensa y la algarabía de los diputados oficialistas en la noche de la votación tuvieron los trazos de una victoria de barrabravas. El problema de la democracia argentina es que los vencidos no son sólo LA NACION y Clarín, como coreó el kirchnerismo, sino también, fundamentalmente, la libertad de prensa. Un gobierno que controlará la producción nacional de papel para diarios y también las cuotas de importación, según el texto aprobado, se quedará con el dominio absoluto del insumo imprescindible de toda la prensa gráfica y, por lo tanto, de su libertad. No hay otra conclusión más clara y más certera que ésa.
La devaluación democrática ha tenido en los últimos días otros síntomas alarmantes. El diálogo fue abolido por los representantes del Gobierno. Quienes iban a ser condenados a la guillotina, los diarios, no pudieron ejercer su derecho a la defensa. La propia oposición se vio seriamente condicionada en su posibilidad de expresarse.Otros temas, como el presupuesto (la principal ley para el funcionamiento del Estado), los límites a la propiedad extranjera de la tierra o la brutal modificación de la ley que reglamenta el trabajo de los peones rurales, fueron despachados mediante un arrogante trámite exprés.
Una de las principales obligaciones que impone la democracia es el respeto a las minorías. Pero ese dogma es de imposible comprensión por un gobierno que se ha refugiado entre los duros. El ministro de Economía real, en los hechos, es Guillermo Moreno. Un hombre, Juan Manuel Abal Medina, dispuesto a seguir la moderación o la intolerancia con igual convicción, se ha hecho cargo de la Jefatura de Gabinete. Carlos Kunkel, Carlos "Cuto" Moreno, Diana Conti o Marcelo Fuentes son las personas que manejan en realidad el Congreso.
Un dejo de resentimiento, un reflejo siempre vengativo y mucho rencor acumulado guían los pasos de esos legisladores. Cristina Kirchner ha depositado gran parte del poder fáctico del Estado en manos del ala más fanática del kirchnerismo. La Presidenta se encontrará algún día con un conflicto: la historia registra que el fanatismo y los ultras han sido siempre minoritarios en las sociedades democráticas. Han sido, más bien, la causa infalible del fracaso de la política y de las naciones.
Un amplio y riguroso reglamento dictado por dos poderes del Estado para una sola empresa, cuyo producto, el papel para diarios, no falta en el mercado. ¿Qué es eso si no una persecución? El Estado (o el Gobierno, más precisamente) metido en la producción y comercialización de la producción nacional de papel y con amplias facultades para decidir sobre su importación, actualmente sin restricciones y sin aranceles. ¿Qué es esa obsesión sino el presagio de un control sobre lo que se escribirá más que sobre el mercado del papel?
Una increíble condena a un plan de inversión para pagar, según dice el proyecto, falsas acusaciones de delitos de lesa humanidad, que ningún juez probó nunca. ¿Qué es ese barroquismo sino el uso de la noble causa de los derechos humanos para saldar pobres pleitos actuales? Un Congreso que ignora que un artículo explícito y diáfano de la Constitución, el 32, le prohíbe dictar medidas contra la libertad de prensa. ¿Qué es eso sino la victoria de una decisión autoritaria sobre la letra y el espíritu de las instituciones?
Una nube de versiones falsas está tapando el centro de la cuestión. Diarios del interior apoyaban el proyecto oficial, decían los oficialistas. La asociación que agrupa a esos diarios, ADIRA, se pronunció rotundamente en contra del manotazo a un bien imprescindible de la prensa libre. No podía ser de otro modo. Sólo los diarios militantemente oficialistas apoyan el proyecto oficialista.
La Presidenta dijo el viernes que "el Estado generó la primera fábrica de papel para diarios". El Estado promovió, pero no generó nada. Los diarios que tienen actualmente la propiedad mayoritaria de la empresa debieron invertir 200 millones de dólares de la época (casi 700 millones de dólares actuales) para poner en funcionamiento la fábrica de Papel Prensa.
 
Inesperados aliados
El primer fondo para la construcción de esa planta, antes de que se hicieran cargo sus actuales dueños, fue aportado por todos los diarios del país, no sólo por LA NACION y Clarín. El Estado nunca invirtió nada en Papel Prensa. Estamos hablando de los años 70. Cristina Kirchner le reconoció a la dictadura méritos que nunca tuvo. El rencor puede encontrar inesperados aliados.
Sectores de la oposición aprovecharon también el momento para liquidar antiguos resentimientos con la prensa. La política y el periodismo estarán siempre, y forzosamente, encerrados en un clima de tensión. El discurso de Ricardo Alfonsín provocó más nostalgias de su padre, que sabía distinguir con claridad entre la anécdota y las condiciones sustanciales de la democracia. Felipe Solá traspapeló sus recientes discursos republicanos. Mauricio Macri y Hermes Binner (a quienes la mitología política considera los únicos que quedaron con vida después del 23 de octubre) aportaron el silencio, que es el peor aporte cuando los valores más esenciales están irremediablemente heridos. La vida pública exige responsabilidades que van más allá de las comodidades personales o políticas.
La venganza kirchnerista con el periodismo fue ya explícita cuando una comisión del Senado aprobó el proyecto la misma noche que éste había sido sancionado por Diputados. No había ningún apuro más que el de ofrecerle a la Presidenta el regalo de la extrema disciplina. ¿Fue malo? No. La evidencia irrefutable es mejor que el disimulo. ¿De qué serviría el maquillaje de la amabilidad y la cortesía si, en última instancia, el proyecto se aprobará tal como lo quiso la jefa del kirchnerismo? Ya que el agravio a la libertad es un desastre, que lo sea hasta el fondo.
 
Moyano, el único límite
Hugo Moyano es víctima también del diálogo proscripto. El jefe cegetista se ha convertido, con todo, en el único límite real y práctico con el que tropezó Cristina Kirchner desde su victoria. El propio Moyano no sabe por qué lo desterraron después de que el kirchnerismo lo tuviera como el aliado más importante durante ocho años. Moyano fue un engranaje fundamental en la construcción de poder del kirchnerismo.
Sin embargo, en ese caso también la Presidenta tropezará con un enorme conflicto: el peronismo tradicional, joven o viejo, se quedará con Moyano si le dan a elegir entre el jefe de los camioneros o La Cámpora. La corriente camporista está asumiendo formas violentas (incluso contra el inexplicable Daniel Scioli) que sólo son posibles bajo la protección del poder.
La decisión de Moyano de desafiar al cristinismo, de enfrentar a La Cámpora y de renunciar al Partido Justicialista por considerarlo una estructura vacía, ha conmocionado al peronismo. El peronismo siente que desde la CGT están tocando su melodía. Es el mismo combate ideológico de siempre entre la ortodoxia y la izquierda, que el peronismo no superó nunca, aunque esta vez sea sólo una caricatura. Néstor Kirchner solía juntar en un mismo acto a La Cámpora y a la juventud sindical que responde a Moyano. Cristina Kirchner no hará eso; ella cree que tiene por delante la culminación de una revolución inconclusa. ¿Revolución de quién? Parece que la iniciada por su esposo, aunque su marido fue una mezcla de reformador y de pragmático, muy alejado de las revoluciones.
Es probable que el Gobierno esté muy preocupado por el nivel de los aumentos salariales del próximo año, después del tarifazo, de los impuestazos de Scioli y de Macri y del consecuente reacomodamiento de los precios. La solución, en tal caso, consistía en dialogar con Moyano, que comprendió esos problemas muchas veces en los últimos años. Pero ¿cómo llegar a esa instancia cuando se ha impuesto el mesianismo sobre la reflexión o cuando se prefiere mandar antes que convencer?
Hace pocos días se conocieron fotografías de presos políticos torturados y asesinados por la dictadura. Eran crímenes que se sabían por la letra escrita, pero que cobran una dimensión sobrecogedora en las imágenes de esas fotos. Al mismo tiempo, en Tucumán se hallaron los restos de Guillermo Vargas Aignasse, un senador joven y talentoso, que practicó la política y no la violencia, asesinado cruelmente en los primeros días de la última dictadura.
Esos recuerdos amargos del pasado deberían revalorar los casi 30 años de democracia argentina. La política ha preferido, en cambio, llevar la calidad de la democracia a su peor nivel desde 1983. La decadencia democrática acusa a la dirigencia política y social, pero también interpela a una sociedad peligrosamente distraída
 
"Todo en el Estado, todo por el Estado, nada sin el Estado"
Por Mariano Grondona | LA NACION.
18.12.11.-A partir del golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930, cuando la Argentina perdió la virginidad institucional que había conservado desde la Constitución de 1853, todos los gobiernos que la condujeron, ya fueran civiles o militares, conservadores, radicales o peronistas, siguieron los mismos ciclos en su vano empeño por restablecer la estabilidad política que el país había perdido. Más allá de sus variaciones, todos estos ciclos atravesaron tres fases: la primera, la euforia proveniente del triunfo, que llevó a los gobernantes a pretender un poder excluyente a costa de una alicaída oposición; la segunda, el desgaste del gobierno a resultas del consiguiente aislamiento, que fue creciendo a medida que la oposición vencida recobraba el aliento; la tercera, el fracaso que daba lugar a la irrupción de un nuevo vencedor y de una nueva euforia, y así sucesivamente?
La pregunta que tendríamos que hacernos ahora, cuando Cristina Kirchner ha entrado en su propia fase de "euforia", es si repetirá los ciclos de sus antecesores o si, iluminada por una experiencia que ya lleva 80 años de soberbia y frustraciones, tendrá la sabiduría de reinstalar entre los argentinos la bendición de la estabilidad institucional.
La raíz de nuestros reiterados ciclos de soberbia y frustración reside en un vicio que los griegos llamaron hybris . Podríamos traducir hybris por "desmesura", esto es, por la pretensión de aquellos que se sienten poderosos de superar la condición humana. La hybris sobreviene cada vez que algún protagonista, pese a ser mortal, aspira a ser inmortal. Paradójicamente, sólo han conseguido la inmortalidad aquellos sistemas cuyos fundadores asumieron su propia mortalidad, reemplazando la hybris de la inmortalidad que pretenden los embriagados del poder por una larga sucesión de gobiernos "cortos" a los que sucederían otros gobiernos tan "cortos" como ellos en busca de un equilibrio capaz de prolongar la vigencia de la república a través del tiempo. Fundada en la Gloriosa Revolución de 1688, la monarquía parlamentaria inglesa ya lleva 323 años de vida. Fundada con la Declaración de la Independencia de 1776, la república norteamericana ha cumplido 235 años. Contra estos ejemplos señeros de duración, ¿cuántos años de vida pueden pretender los regímenes personalistas? Hugo Chávez lleva 12 años en el poder. En términos de una vida humana, es mucho. En términos de la historia, es casi nada. El dilema de Cristina en ésta su fase inicial de euforia es estirar al máximo un ciclo humanamente largo, pero históricamente corto, aunque sea a través de sus familiares, o reiniciar un ciclo humanamente corto, pero históricamente largo en adhesión al sistema republicano, como lo hicieron nuestros padres fundadores a partir de 1853.
 
Mussolini
La larga duración de la república fundada en 1853 se basó en que ninguno de sus presidentes pretendió rebasar los seis años consecutivos de mandato que les imponía la Constitución. Desde Urquiza, nuestros grandes presidentes, por ser "cortos", anudaron una "larga" estabilidad institucional. En 1949, sin embargo, el "primer Perón" reformó la Constitución para imponer su reelección indefinida. Aquí estamos hablando del "primer Perón" porque hubo dos en una misma persona, el primero habitado por la hybris de la euforia y el último iluminado por la experiencia que lo llevó a abrazarse con Balbín en 1973. Pero el "primer Perón" no sólo quiso prolongar su poder sin término, sino que aspiró además a controlar los medios de comunicación al cerrar en 1951 el principal diario de la época, La Prensa, y al estrangular desde el Estado la provisión de papel, dándoles un mínimo de papel a los medios independientes y muchísimo papel a los diarios oficialistas, aparte de intervenir todas las radios que por entonces compartían con la prensa gráfica la difusión de las ideas porque recién empezaba la televisión.
El propio Perón, ya en camino a la sabiduría de la experiencia, reconoció que "cuando teníamos todos los diarios en contra, ganamos, y cuando teníamos casi todos a favor, perdimos". Esta comprobación, aunque bienvenida, no anulaba el hecho de que la iniciativa anterior del caudillo para controlar los medios de comunicación hiciera pasar a su régimen de la condición de autoritario a la condición de totalitario . En tanto que un régimen es "autoritario" debido a su excesiva concentración del poder, es "totalitario" si, además de concentrar el poder, quiere que éste sea total por penetrar en la conciencia de los ciudadanos. Más allá del gobernante "autoritario", que quiere acumular poder, el gobernante "totalitario" pretende que sus gobernados "piensen" como él. El totalitarismo aspira a encerrar las conciencias en el corral del Estado. Mussolini, el creador del fascismo, definió certeramente al totalitarismo cuando sostuvo que, en él, "todo es para el Estado, todo está en el Estado y nada fuera de él o contra él".
Al pretender ahora, con la nueva ley que envió al Congreso, que la provisión del papel pase al control del Estado, ¿no podría estar franqueando Cristina el paso del "autoritarismo" al "totalitarismo"? Esta es la inquietante pregunta que hoy se plantea en la fase de la "euforia", que tienta a Cristina desde el día de su contundente victoria electoral.
 
Señales
Quienes temen que, impulsada por una euforia triunfalista, Cristina aspire ahora a un poder sobre la conciencia de los ciudadanos utilizan como un argumento nada deleznable que la intromisión del Gobierno en la distribución del papel de diario podría formar parte de un concepto más amplio, el de la batalla cultural que el oficialismo ha emprendido contra aquellos que no piensen como él. ¿Qué es la "batalla cultural" sino el intento de doblegar a los que no se resignan al predominio de un "pensamiento único"? ¿Y a qué se parece el proyecto de manejar desde el Estado la provisión de papel de diarios sino a un nuevo episodio de la "batalla cultural"?
Dentro del "cristinismo" hay "maximalistas" y "minimalistas" de la batalla cultural. Habrá, a partir de ahora, una pugna interna entre los maximalistas y los minimalistas del cristinismo. En el seno del Gobierno conviven a duras penas, como se sabe, los Mariotto maximalistas y los Scioli minimalistas. Unos y otros están aprendiendo ahora una vieja lección: que, cuando la oposición se diluye, brotan casi simultáneamente las tensiones "dentro" del grupo vencedor. ¿Cómo no ubicar dentro de esta ley de la vida política el explosivo discurso que acaba de pronunciar Hugo Moyano en el estadio de Huracán? Si el cristinismo se reduce al núcleo duro de La Cámpora que rodea a Cristina, el desgaste que siempre sigue a la euforia podría empezar a manifestarse con el súbito refuerzo que ha recibido Moyano de antiguos adversarios como Luis Barrionuevo, nada más que porque, al diferenciarse del "pensamiento único" que pretende La Cámpora, Moyano podría convertirse en un referente inesperado de los que hasta ayer lo censuraban.
Uno de los grandes tratadistas de la ciencia política del siglo pasado, Georg Jellinek, sostuvo que la clave para ejercer sabiamente el poder del Estado es practicar la virtud de la autolimitación. Según su consejo, el Estado, aun cuando es poderoso, debe saber autolimitarse para evitar las consecuencias de la hybris . Si un Estado poderoso no asume sus propios límites, inicia el curso del desgaste. Nuestro deseo es que Cristina sepa autolimitarse antes de que se acentúe el desgaste que acaba de anunciarse a través de Moyano


Una ley con gusto a revancha
Por Joaquín Morales Solá | LA NACION
No había necesidad ni gravedad ni urgencia. Ni siquiera había una privación pendiente o un clamor popular desatendido. La operación relámpago desatada por el oficialismo contra Papel Prensa en el Congreso carece de una explicación, salvo que la revancha sea la explicación. El amplio ejército de legisladores kirchneristas se propone dictar una grave decisión sobre la prensa independiente en apenas una semana. El papel es un insumo básico, obviamente imprescindible, de los diarios, y Papel Prensa es, en la composición mayoritaria de su paquete accionario, propiedad de los dos principales diarios argentinos, LA NACION y Clarín. El objetivo, en esta nueva fase de la guerra, está definido.
"Es una orden de la Presidenta", fue la única explicación que surgió de los pocos legisladores oficialistas que intentaron explicar algo. Una orden de la Presidenta no puede ignorar que la Constitución prohíbe el dictado de leyes que atenten contra la libertad de prensa, y que esa libertad, sin la cual se marchitarían todas las demás libertades, está también protegida por los tratados internacionales de derechos humanos suscriptos por el país. Tampoco pueden desconocer esos preceptos los propios legisladores, que fueron elegidos para representar al pueblo y para hacer cumplir su Constitución. Un líder político puede tener una idea equivocada (ninguno es divino), pero nada justificaría que el error sea compartido por decenas de seguidores suyos.
 
Serpentea en este conflicto innecesario una colisión conceptual e ideológica. El kirchnerismo (sobre todo Cristina Kirchner) cree que el periodismo no es necesario ni inocente. Al revés, está convencido de que sólo existe para defender intereses espurios y para disciplinar a los gobernantes legítimamente elegidos. Esas tergiversaciones del periodismo figuran hasta en los considerandos del proyecto enviado por el Poder Ejecutivo al Congreso. Son convicciones, pero también es un pretexto.
 
En el fondo, el interés político que prevalece es el de que exista una sola narración de la historia y que esa gesta (épica, cómo no) debe estar a cargo de un Estado supuestamente bondadoso e imparcial. Tal relato choca de manera concluyente con la constatación: sólo el periodismo independiente (aun con sus errores y sus aciertos) ha hecho mejores y más dinámicas a las democracias más avanzadas del mundo. En ningún otro caso como el relacionado con la prensa, el gobierno de Cristina Kirchner se parece más al de Hugo Chávez o al de Rafael Correa. Para todos ellos, la prensa sólo es buena y "democrática" cuando es tutelada por la fracción gobernante.
Los prejuicios, reales o artificiales, sobre Papel Prensa y sus dueños privados han sido escritos en un formal documento enviado por el Gobierno al Congreso. Se mezclan historias fantasiosas con denuncias sobre actuales e inverosímiles manejos actuales de la empresas. Figuran desde la adquisición de la fábrica de papel, cuyos inexactos pormenores se respaldan en otro documento, "Papel Prensa. La verdad", confeccionado hace más de un año por Guillermo Moreno, el nuevo hombre fuerte del Gobierno. Está también en ese documento un increíble detalle de las actuales e irreales arbitrariedades de la empresa papelera. No se sabe, al fin y al cabo, si el manotazo de estos días contra Papel Prensa es por una historia inexistente, por un presente imaginario o, más seguramente, por su indirecta influencia en la construcción de la opinión pública.
La nueva ofensiva contra el periodismo a secas se advirtió claramente con algunas designaciones decididas por la Presidenta en el Gobierno y en el Congreso. Moreno y su mano derecha, Beatriz Paglieri, que controlarán la economía más que ningún otro ministro del área, son enemigos declarados de Papel Prensa. Moreno no es sólo autor de aquel documento panfletario sobre la compra de la empresa por parte de sus actuales dueños privados, sino también el funcionario que llevó a su directorio formas tan violentas que la Justicia le ordenó no ir nunca más a Papel Prensa. Lo mismo hizo con Paglieri. La decisión judicial está ahora apelada.
 
Incondicionales
La misma intención existió cuando Cristina Kirchner impuso a Diana Conti como presidenta de la Comisión de Asuntos Constitucionales de Diputados, y a Marcelo Fuentes, en la misma comisión del Senado. Las comisiones de Asuntos Constitucionales son las más importantes en ambas cámaras. Conti se convirtió de aliada de Raúl Alfonsín en una ultrakirchnerista que promovió la fórmula "Cristina eterna" cuando se debatió sobre una eventual reforma constitucional. Fuentes es un senador neuquino, que nació en La Plata y perteneció al ala más dura de la juventud peronista en los 70. La leyenda urbana dice que fue jefe político de Néstor Kirchner en aquellos tiempos. Los años no moderaron ni el discurso ni los modos de Fuentes.
La represalia contra los dos más grandes diarios argentinos es fácilmente perceptible si se estudia el mercado del papel. El monopolio es inexistente porque la importación tiene arancel cero y carece de cualquier restricción; el precio del papel fabricado en el exterior es, incluso, más barato que el que produce Papel Prensa. El papel para diarios es un producto sobreofertado en el mundo porque el progreso de las plataformas digitales ha reducido considerablemente la demanda de diarios. Existe otra empresa en el país, Papelera Tucumán, que recibió los mismos incentivos que Papel Prensa para fabricar papel para diarios, pero prefirió elaborar otra clase de papel porque le es más redituable. Nada se dice ni se dijo sobre esa violación a los contratos iniciales por parte de la otra papelera.
Un proyecto del bloque del radicalismo en Diputados promueve incentivos para construir nuevas empresas para la producción de papel nacional y preserva por ley la absoluta libertad de importación. Esta sería una decisión encaminada a mejorar la oferta de papel para diarios sin el ostensible trazo de la venganza. No es lo que el kirchnerismo quiere en su cruzada contra el periodismo.
Hace poco, cuando asumió el poder, la presidenta brasileña Dilma Rousseff rechazó de plano una ley para "democratizar" la prensa que había nacido en su propio partido. "Quiero una irrestricta libertad de prensa", dijo. Su actual popularidad, a pesar de las denuncias de corrupción de la prensa libre de Brasil, superó ya a la de Lula. Hace 60 años, Perón echó mano aquí al control del papel para domesticar a la prensa independiente. Algunos diarios, como LA NACION, se vieron obligados a salir apenas con un puñado de páginas.
 
Cristina Kirchner tiene todavía la oportunidad de optar entre el ejemplo moderno de su admirada Dilma Rousseff, que combatió a la dictadura de su país hasta en la cárcel, o encerrarse en los rancios paradigmas de un peronismo que irremediablemente ha sido
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La Frase: La tv es el primer medio de comunicación verdaderamente democrático.
 Es accesible a todo el mundo y gobernado por lo que quiere el pueblo.
 Lo más aterrador de todo, es lo que quiere el pueblo. (James B. Twitchell)
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Mensaje para tiempos difíciles
Por Joaquín Morales Solá | LA NACION 11.12,11
Si algo hay que agradecerle a Cristina Kirchner es su sinceridad. Ante el pleno del Congreso explayó sus fobias más que sus simpatías. Sus adversarios de los próximos tiempos serán los gremios y el sistema financiero. Tal vez también una parte del empresariado, al que llamó el "club devaluador". Los tiempos difíciles por venir, que ella explicitó por primera vez (aunque los atribuyó sólo a la crisis internacional), necesitarán de la disciplina de esos dos sectores de la vida económica del país.
Acordonó, también por primera vez, el derecho de huelga (no debe significar chantaje ni extorsión, disparó) y les recordó a los peronistas que la Constitución de Perón de 1949 no establecía el derecho de huelga. Nunca fue menos peronista que en ese instante de su discurso de ayer, cuando sermoneó la memoria del creador del peronismo. Los ritos no se detienen en los detalles y los peronistas cantaron la marcha peronista al final del acto. Marcha modificada por la juventud peronista, que mezcló en cuatro nuevos versos improbables resistencias en los 90, retorno con los Kirchner de no se sabe dónde y una invocación a la PJ setentista. Todo en la misma ensalada. Nunca antes, de todos modos, un rito pareció tan vacío después de la reprimenda de la Presidenta a la memoria de Perón.
Si la historia de Perón merece una reescritura, ¿qué puede esperar Hugo Moyano? Si los hasta ahora intocables gremios docentes cayeron bajo la amonestación presidencial, ¿qué podrían aguardar los camioneros, por ejemplo? El mensaje presidencial fue para todos los sindicatos (los calificó peyorativamente de "corporación"), pero en especial para Moyano. Chantaje y extorsión son calificativos que la Presidenta sólo se los dedica en los últimos tiempos al moyanismo y a su amplio círculo de influencia gremial, sobre todo a los sindicatos del transporte.
Cristina Kirchner tiene una vieja cuenta con los docentes santacruceños (factura que ayer les pasó, inevitable), pero ese era un gremio de amigos en el escenario nacional. Les recordó los salarios que cobran y los mandó a actualizarse. Sólo les faltó ordenarles que no le hicieran huelgas a Mauricio Macri, que es el último gobernante con el que los docentes se enfrentaron.
Aclaró de paso que la "sintonía fina" que ella promovió en la Unión Industrial comprende a los empresarios y también a los trabajadores. Un futuro conflicto estuvo en el subtexto del mensaje: el nivel de los aumentos salariales del próximo año. No habló de eso, pero eso estaba bajo el barniz de su diatriba.
Se sabía que su otra obsesión eran los bancos. La corporación financiera es, según ella, la culpable de cinco corridas bancarias. Los bancos son los responsables de sus padecimientos y también de los del mundo. El largo párrafo que le dedicó a la crisis internacional (motivo, deslizó, de sus próximos problemas) concluyó con el señalamiento sin condicionamiento a los bancos como autores del desastre. En fin, una indignada más.
No aclaró, eso sí, por qué el control de cambios se abatió sobre todo los argentinos si los culpables de la salida de capitales se encerraban sólo en un puñado de bancos. Crucificó a los bancos y habló muy poco del resto de los empresarios. En un discurso donde describió a sus adversarios, no haber estado en tales recordaciones es ya una señal de amistad.
Cristina es Cristina. Al final, no fueron Julio Cobos ni Amado Boudou ni Beatriz Rokjés de Alperovich. Fue su hija, Florencia, la encargada de colocarle la banda, uno de los dos símbolos del mando presidencial, sobre su vestido aún negro. El otro símbolo es el bastón, pero para aferrarse a él no necesita que la ayuden. Si el bastón representa el mando, Cristina Kirchner sabe cómo usarlo sin asistencia de nadie. El poder está definitivamente encerrado en su familia. No porque la Presidenta haya confiado siempre en las bondades de una dinastía gobernante, sino porque las deslealtades de la política (y su propia concepción conspirativa del poder) la han recluido sólo entre los afectos más cercanos y más confiables.
Cierto aire de soledad, en medio de eufóricas multitudes, de alegrías de legisladores kirchneristas y de ministros aplaudidores, parecía envolverla cuando no estaba con sus hijos. Una expresión fugaz en su rostro separaba su cabeza del lugar físico en que se encontraba su cuerpo, éste entre algarabías que a veces eran muy ajenas.
Los jóvenes, como Juan Manuel Abal Medina o Hernán Lorenzino, están para la vidriera de la renovación o para el relato de la innovación. El único ministro en serio, aunque de facto, que Cristina Kirchner nombró se llama Guillermo Moreno. No es joven y no ha innovado en nada; más bien les ha pasado el plumero a los manuales del peronismo de los años 40 y 50. La propia Presidenta es consciente del enorme poder que depositó en Moreno, porque su supersecretaría se convirtió en casi el único anuncio administrativo que hizo ante la Asamblea Legislativa durante un discurso de más de una hora. Moreno es leal -cómo negarlo- y comparte con Cristina el deslumbramiento para descubrir las conjuras reales, probables o inexistentes.
Pero hay algo más en esa relación inverosímil (Moreno no cumple con ninguno de los requisitos estéticos de la Presidenta): ella le cree al poderoso secretario de Comercio. Mientras el resto del gabinete desconfía por lo general de las aseveraciones de Moreno o de sus denuncias de intrigas antikirchneristas, Cristina Kirchner confía ciegamente en él. Moreno maltrata a los empresarios. Los empresarios se lo merecen, deduce la Presidenta. Moreno está a punto de enfadar a todo el mundo que le exporta a la Argentina. El mundo está lleno de avaricia y de egoísmo, concluye Cristina. La Presidenta inauguró su segundo mandato fortaleciendo el ala más dura y populista de su administración.
Existe un atenuante para el secretario de Comercio. Sus métodos son violentos y sus recetas son arcaicas, pero no resbala en la frivolidad que frecuenta el flamante vicepresidente, Amado Boudou, supuesto cerebro de la economía kirchnerista hasta ayer. En la ceremonia más solemne de una democracia (la asunción de un presidente ante los representantes del pueblo), Boudou parecía estar en una fiesta de fin de curso. Julián tiene hambre , se desubicó cuando el presidente de la Cámara de Diputados activó involuntariamente la campana de llamada o de orden del cuerpo. Esa campana no se usa nunca para dar por cerrada una sesión, si es eso lo que interpretó Boudou. ¡La famosa campanita existe! , exclamó también, no bien hurgó entre los enseres que están en el estrado de la Cámara.
Una vieja leyenda dice que, al fin y al cabo, al vicepresidente sólo le cabe tocar la campanita de orden del Senado. Será la exclusiva compañera de Boudou, tal como vienen las cosas. Ni siquiera es importante ya la designación de su delfín en el Ministerio de Economía, Lorenzino, aunque éste tiene desde hace rato un vínculo directo con la Presidenta. Rodeado por Moreno como supersecretario y por el camporista Axel Kicillof como viceministro, los espacios propios de acción de Lorenzino serán muy escasos. En resumidas cuentas, se dedicará a hacer lo que hacía antes (el relacionamiento con el mundo financiero internacional) con un cargo más ampuloso.
La jefa de la conducción económica soy yo , notificó al Parlamento la Presidenta, aunque usó una frase más indirecta. Por una razón o por otra, una novedad de ayer es que Boudou abandonó cualquier influencia en la futura administración de la economía. Dentro del estilo presidencial, la notificación vino también con el gesto: no le dio un beso a Boudou cuando éste la recibió en el Congreso. El esquivo beso presidencial fue para pocos y precisos destinatarios.
No se guíen por la letra de molde , se despachó con otra de sus clásicas fobias: los medios periodísticos. Si bien guardó cierta moderación cuando se refirió a este asunto, varias veces dio vuelta sobre el debate abierto con el periodismo a secas. Su guerra continuará, aunque la haya disimulado ayer. Esa actitud forma parte de una decisión política (reiniciar la ofensiva contra la prensa), pero también de la necesidad presidencial de exhibir el poder como una carga amarga y heroica. Ese trazo de su discurso fue el único que careció de sinceridad: Cristina Kirchner es una mujer de poder, segura y sólida entre tanta victoria
 
Ministros rigurosamente vigilados
Por Mariano Grondona | LA NACION- 11.12.11
De toda la pompa y circunstancia que ayer rodeó tanto la reasunción del mando de la Presidenta para el período 2011-2015 como la jura de su gabinete, hubo un episodio ligeramente anterior al que podría considerarse "menor" si no fuera por su enorme carga significativa; si no fuera porque es una señal que apunta a desnudar los resortes más íntimos del poder. Hace diez días, en Berazategui, la señora de Kirchner trató públicamente de "concheto de Puerto Madero" a Amado Boudou. Pudo pensarse en ese momento que la intención de la Presidenta era descalificar a su flamante vicepresidente, confirmando de este modo las versiones de que éste habría perdido su favor, pero el ascenso casi inmediato del delfín de Boudou, Hernán Lorenzino, para sucederlo al frente del Ministerio de Economía, desvirtuó, en principio, esta conjetura.
En vista de esta confirmación indirecta de Boudou por parte de Cristina, algunos piensan que el adjetivo que la Presidenta le dirigió al vicepresidente pocos días antes de que ambos asumieran como número uno y número dos en la jerarquía del Estado, sólo pudo tratarse de una broma, a lo más, inoportuna. Pero hay otra interpretación favorecida en algunos círculos del "ultracristinismo" según la cual la Presidenta habría escogido lanzar su "broma" a Boudou para poner en evidencia que, lo mismo que los de sus más encumbrados colaboradores, los dichos del vicepresidente están siendo vigilados a través de un sistema de escuchas telefónicas del cual ninguno puede escapar. Si en una conversación íntima Boudou habría desconsiderado a Cristina, en la alusión simétrica de la Presidenta hacia él habría un mensaje implícito al resto de sus colaboradores: que, probablemente a través de la ex SIDE, todos ellos son sistemáticamente escuchados.
 
Puede deducirse por ello que los ministros y los secretarios recientemente confirmados o ascendidos acaban de ser notificados de este modo que, como aquellos trenes a los que se refería una famosa película checoslovaca premiada en los años sesenta, Trenes riguorosamente vigilados , también ellos están "rigurosamente vigilados" desde la Casa Rosada. Pero ésta ya no es una mera conjetura sino una notificación sutil que ha sido propalada, desde su sitial mediático, por la propia Presidenta.
Se ha dicho con razón que el poder que acaba de asumir Cristina con vistas a su segundo mandato es "absoluto". En su significación etimológica, absoluto quiere decir "absuelto". ¿Absuelto de qué? De todo límite, de todo control. En el siglo XVI, el famoso tratadista Jean Bodin definió al poder de los reyes absolutos de su tiempo diciendo que estaban exentos, "absueltos", "de toda limitación legal". La definición de Bodin iba en camino hacia la proclamación del poder absoluto que formuló el rey Luis XIV (1643-1715), cuando dijo: "El Estado soy yo".
Después de su reelección del 23 de octubre, con el 54 por ciento de los votos, la presidenta Kirchner se ha acercado a esta definición. Domina sin sombras la designación de sus colaboradores de primera y de segunda línea; también dominará el próximo Congreso con mayoría absoluta, así como a las provincias a través de la "caja" que sólo ella controla. Es débil la resistencia que podrá ofrecerle el supuesto "poder judicial", ya que sus miembros, si bien son "jueces", han quedado lejos de configurar un verdadero poder como el que define la Constitución cuando habla de "tres" poderes y no de "uno", capaces de contenerla a la Presidenta cuando quiera desplegar su propia preeminencia.
Hasta podría agregarse que Cristina ya no cuenta, aunque lo quisiera, con el acompañamiento vital del propio Néstor Kirchner y que, para todos los efectos prácticos, no sólo se ha quedado sola en la cima del poder sino que, ya sin el compañero de toda su vida, acentúa su soledad al no compartirla con nadie.
Sola , ¿por cuánto tiempo? La Presidenta ha sugerido más de un vez que, en lo personal, no aspira a gobernar más allá de 2015. Contradiciendo esta intención, sin embargo, la diputada Diana Conti, aquella que habló de una "Cristina eterna", será alojada en la Comisión de Asuntos Constitucionales, que es justamente la comisión que debería tratar una posible reforma constitucional para "eternizar" a Cristina más allá de 2015.
Supongamos que la Presidenta no quisiera, verdaderamente, prolongar su poder. En este caso hipotético, ¿quién la reemplazaría? Desde el mando vertical que ahora emana de ella, ¿en quién confiaría Cristina? ¿En el alicaído Boudou? ¿En sus vigilados ministros? ¿En el joven Máximo? ¿En algún delfín que, por ahora, es inimaginable? ¿O, dadas las dificultades económicas que se avecinan, el próximo presidente podría provenir de una oposición por ahora más devaluada aún que los colaboradores de la Presidenta?
Hasta ahora hemos hablado, para tipificar el mando de Cristina, del concepto clásico de "absolutismo", entendido como el sistema en el cual una persona no admite controles "fuera" de ella, ya sea en el Congreso, entre los jueces, o en la opinión pública. Pero también habría que hablar de otro absolutismo, el absolutismo interior , mediante el cual el gobernante absoluto confina a sus propios colaboradores al rol de meros ejecutores de sus órdenes, sin que ellos se atrevan ni siquiera a aconsejarlo o, menos aún, a disentir en la intimidad con sus decisiones. Por supuesto, no conocemos los debates que podrían rodear a Cristina en la intimidad porque otra de las características del absolutismo es el hermetismo. Valga como presunción, empero, lo que acaba de revelar el "episodio Boudou". ¿Qué libertad de opinión podrían conservar los ministros y los secretarios de Estado si se sienten vigilados?
La técnica del poder total se expresa, además, en el hecho de que a veces Cristina pone, por debajo de sus colaboradores formales, otros colaboradores aún más confiables aunque en una posición supuestamente inferior, para "puentearlos". Este es el caso evidente del vicegobernador de Buenos Aires, Gabriel Mariotto, que actúa como "comisario político" del gobernador Scioli, una situación a la que podría asimilarse, de ser confirmada, la designación del "camporista" Axel Kicillof inmediatamente por debajo del nuevo ministro de Economía. Con segundos que no les responden y con teléfonos violados, ¿qué margen de acción les quedará a los ministros de Cristina, aun suponiendo que aspiren a un mínimo de autonomía?
Hay, por lo visto, un absolutismo más agudo todavía que el absolutismo clásico, que contempla la suma del poder de un gobernante sobre su sociedad: el absolutismo interior de ese mismo gobernante al albergar sospechas sobre sus principales subordinados, que los lleva a espiarlos de un lado y a poner del otro a verdaderos comisarios políticos que los presionan desde adentro para impedir que piensen por ellos mismos.
Esta observación desemboca en una incómoda pregunta: ¿quién de sus colaboradores se animará a llamar la atención de la Presidenta cuando algo ande mal? ¿De qué le servirían al gobernante empero esos colaboradores que, por temor, no se animan ni siquiera a expresarle sus propios puntos de vista? Cuando ha acallado una y otra vez las voces de la crítica exterior a la que ha despreciado y las voces del consejo interior de los que no se animan a ofrecerlo, ¿no es vulnerable la situación del gobernante absoluto? En su absolutismo, ¿no reside acaso su verdadera limitación? Quizás no haya nada más peligroso, en este sentido, que el aplauso de los incondicionales


Un poder absoluto y sin fusibles
 Por Joaquín Morales Solá | LA NACION
. Podría ser otro ejemplo histórico de que el éxito no se discute nunca. ¿Qué razones políticas podría tener Cristina Kirchner para cambiar a los ministros que la acompañaron hasta alcanzar más del 54 por ciento de los votos? Sin embargo, esa lectura del nuevo gabinete (no tiene nada de nuevo) sería exigua. La Presidenta es una persona que prefiere ver en su conducción personal los exclusivos méritos del éxito. Más vale interpretar que ella prefirió dibujar un cuadro con personajes hipercristinistas, una corriente que se está consolidando crecientemente en la administración.
 Todos los ministros confirmados y los que han ascendido han aprendido también que entre Cristina y Néstor Kirchner había tantas coincidencias fundamentales como diferencias instrumentales. Cristina es ahora la jefa y no necesita que le interpreten el pensamiento de su marido muerto. No puede negársele que en eso tiene razón. Los ministros saben, del mismo modo, que el peronismo es sólo una herramienta que sirve para un domingo de elecciones. No merece ninguna representación cuando se trata de gobernar.
 Ya no queda ningún ministro con una carrera hecha en el peronismo. Julio De Vido se autodefine peronista, pero él no sería nada sin los Kirchner. Ha sido el ministro más importante de las últimas semanas y seguramente lo seguirá siendo durante algún tiempo. ¿Quién en el nuevo gabinete podría arrebatarle al ministro de Planificación la influencia que consiguió frente a la Presidenta? No podrían desplazarlo de ese lugar, seguramente, Juan Manuel Abal Medina ni Hernán Lorenzino.
 ¿Por qué no tuvo un ascenso, entonces? De Vido arrastra leyendas de eficacia y también de manejos poco transparentes de los recursos públicos. Era mejor dejarlo en el lugar en el que lo puso Néstor Kirchner. La Presidenta usará los amplios contactos de De Vido y su capacidad para criticar hoy lo que él mismo hacía ayer. Pero decidió no hacerse cargo del ascenso de un hombre largamente expuesto a la crítica y al desgaste de la administración pública.
 El otro peronista que se quedó es Carlos Tomada, pero él era sólo un abogado de sindicatos hasta que lo descubrió el kirchnerismo. La continuidad de Tomada en el Ministerio de Trabajo es, sobre todo, la admisión por parte de Cristina Kirchner de que vienen tiempos arduos y difíciles con los gremios. Es un general para la guerra con Hugo Moyano. Tomada nunca estuvo de acuerdo cuando Néstor Kirchner le delegaba mucho poder a Moyano. En rigor, su diálogo con el jefe cegetista fue siempre tenso y forzado. El propio Moyano lo trató a Tomada sólo cuando lo necesitó. Prefería, en cambio, hablar directamente con Néstor Kirchner. Desde la muerte del ex presidente, el líder de los camioneros sólo tiene a Tomada y a De Vido, si es que los tiene.
 Las novedades del gabinete son Abal Medina y Lorenzino. Ellos ocuparán cargos que dejarán ministros que se irán al Congreso, uno descendido y el otro ascendido, Aníbal Fernández y Amado Boudou. Aníbal Fernández no dejó a nadie en el gabinete ni consiguió mucho en el Senado. Los síntomas de la ruptura de la Presidenta con él son ya reiterativos. "En los difíciles tiempos que vienen, será mejor para Aníbal estar en el Senado y no en el Gobierno", subrayó un amigo del saliente jefe de Gabinete. Hasta el disfavor puede ser, a veces, oportuno.
 Abal Medina es Cristina Kirchner en estado puro. Aunque el próximo jefe de Gabinete tiene una cabeza bien arbolada por las universidades en la disciplina de las ciencias políticas, ha escalado en el Gobierno por la escalera de la obediencia. Está en condiciones intelectuales de debatir y de hablar con propios y con extraños, pero nunca ejerció esa gimnasia. El jefe de Gabinete está obligado a exponer ante el Congreso una vez por mes, aunque esa regla no se cumple casi nunca. ¿El intelectual que abrevó en las fuentes del neoinstitucionalismo será capaz, cuando tendrá la oportunidad de demostrarlo, de valorar a las devaluadas instituciones argentinas? No lo ha hecho hasta ahora.
 Estuvo al lado de Carlos "Chacho" Alvarez (de quién fue ayudante de cátedra), de Rafael Bielsa (fue su jefe de campaña como candidato a diputado en 2005) y de Alberto y de Aníbal Fernández (fue subjefe de Gabinete de los dos). Con ninguno terminó en buenos términos y ninguno tiene recuerdos agradables para el designado jefe de Gabinete. No obstante, Abal Medina ingresó definitivamente a la confianza de la familia Kirchner cuando Néstor lo llevó con él cuando fue elegido diputado nacional en la perdidosa elección de 2009.
 
Disciplina
 El rígido ejercicio de la disciplina política es el arte de Abal Medina. Como secretario de Medios se ufanó públicamente de "no recibir a los medios". Abal Medina instrumentó la arbitraria política del kirchnerismo para distribuir la pauta oficial según la lealtad de los medios al kirchnerismo. Todo para los amigos, nada para los supuestos enemigos. En su descargo, debe decirse que esa política, que confunde los recursos del Estado con la propiedad privada, es de los Kirchner y no de Abal Medina. Cualquiera que hubiera estado en su lugar (y cualquiera que estuviere en el futuro) hará lo mismo que hizo él.
 Lorenzino era la designación más racional si las alternativas de la Presidenta se reducían a los que ya están dentro del Gobierno. Cristina Kirchner nunca pensó, a todo esto, en abrirles las puertas de la administración a los que están fuera de ella. La independencia de criterio de los recién llegados hubiera significado la presencia de un ministro que habría vetado la continuidad de Guillermo Moreno en el Gobierno o que objetaría el control de cambios y el déficit fiscal. Cristina Kirchner no ha ganado las elecciones para recibir esa clase de sermones.
 Lorenzino sabe hacer la reducida tarea que le queda al ministro de Economía: mantener la relación con los ministros del G-20, dialogar con el Club de París y preservar los contactos con el Fondo Monetario. Se ha ocupado de esos menesteres como secretario de Finanzas en los últimos dos años. El resto de la economía (Industria, Agricultura, Comercio Interior, Infraestructura o Hacienda, entre varias áreas más) es responsabilidad de otros ministros o de secretarios de Estado que reportan directamente a la Presidenta.
 Lorenzino es ahijado político de Boudou, aunque llegó antes que éste al Palacio de Hacienda. ¿Su designación como ministro es un mensaje de que Boudou no ha caído definitivamente en desgracia? Es un mensaje de que el vicepresidente electo no está lo suficientemente mal con la Presidenta como para arrastrar la suerte de su delfín. Punto. Lorenzino hizo en los últimos tiempos su propia relación con Cristina Kirchner y ya no necesita del puente que antes le tendía Boudou. De hecho, en la última reunión del G-20, en Cannes, fue Lorenzino y no Boudou quien acompañó a Cristina Kirchner en sus reuniones con los líderes más poderosos del mundo.
 El hipercristinismo tiene para la Presidenta la ventaja de que ella seguirá siendo el centro exclusivo y excluyente del sistema solar del poder. Es un método ideal para gobernar en tiempos generosos, cuando el líder se convierte en una figura única para recoger los frutos de la bonanza. Es, al revés, un sistema riesgoso si el eterno péndulo de la suerte política comenzara a cambiar de posición. La Presidenta se encontraría de pronto con la sorpresa de que carece de fusibles o de cortafuegos entre ella y los conflictos. En adelante, más que nunca antes, Cristina Kirchner se hará cargo personalmente ante la sociedad de la fortuna o la desdicha, de la victoria o la derrota de sus políticas


 La "batalla cultural", ¿ha llegado hasta la historia argentina?
 Por Mariano Grondona | LA NACION
4.12.11.-La Presidenta acaba de crear por decreto el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego, poniéndolo a cargo de una Comisión Directiva presidida por Mario "Pacho" O'Donnell. En sus considerandos, el decreto anticipa la intención presidencial de difundir no sólo la personalidad de Manuel Dorrego sino también las de aquellos protagonistas de nuestra historia "que defendieron el ideario nacional y popular ante el embate liberal y extranjerizante de quienes han sido, desde el principio de nuestra historia, sus adversarios, y que, en pro de sus intereses, han pretendido oscurecerlos y relegarlos de la memoria colectiva del pueblo argentino ".
 Para ilustrar esta intención, el decreto presidencial enumera las siguientes figuras que el Instituto deberá reivindicar: "José de San Martín, Martín Güemes, José Gervasio Artigas, Estanislao López, Francisco Ramírez, Angel Vicente "Chacho" Peñaloza, Felipe Varela, Facundo Quiroga, Juan Manuel de Rosas, Juan Bautista Bustos, Hipólito Yrigoyen, Juan Domingo Perón y Eva Duarte de Perón". A esta lista "nacional" se agrega una segunda lista de "próceres iberoamericanos" que incluye, entre otros, a Simón Bolívar, Bernardo O'Higgins, José Martí, Augusto Sandino, Luis Alberto Herrera y Víctor Raúl Haya de la Torre.
 Quien tuviera alguna preocupación por el sesgo ideológico que podría haber inspirado la confección de estas dos listas, ¿podría calmarse al no ver mencionadas en ellas a figuras notorias de la extrema izquierda como Fidel Castro y Hugo Chávez? A quien albergara a su vez la sospecha de que nos hallaríamos ante una maniobra destinada a exaltar al fundador del kirchnerismo, ¿podría tranquilizarlo el hecho de que Néstor Kirchner no es mencionado? ¿Bastarán estas omisiones para liberar al decreto presidencial de la presunción de que la Presidenta ha intentado, al firmarlo, abrir oficialmente un nuevo teatro de operaciones en la que su gobierno denomina la batalla cultural?
 
Revisionistas y liberales
 Es de todos conocido el hecho de que los argentinos interesados en descifrar nuestro pasado no contamos hoy con una sino con dos y hasta con tres historias para consultar. A la primera en aparecer, que podríamos llamar "clásica" aunque sus adversarios la llaman liberal, corresponden, para tomar un solo ejemplo, las grandes biografías de Bartolomé Mitre sobre José de San Martín y Manuel Belgrano. Pero con el paso del tiempo se difundieron las obras de otros autores como José María Rosa a quienes, porque su empeño fue revisar críticamente la historia clásica o liberal, se los llamó revisionistas . Tampoco podría ignorarse la obra historiográfica de un tercer grupo de autores que, con la ayuda de los modernos elementos de la investigación, han pretendido llegar a una visión en cierto modo "abarcadora" de nuestro pasado, con la intención de desarrollar, más allá de las pasiones que han dividido tantas veces a los argentinos, una visión pluralista donde pudieran refugiarse todos aquellos que procuran que el pasado, lejos de enconarnos unos contra otros, vaya difundiendo entre nosotros un espíritu de seriedad científica y tolerancia ideológica. Como avanzados de esta tercera intención pacificadora mencionaríamos a historiadores del fuste de Tulio Halperín Donghi y Luis Alberto Romero.
La figura en torno de la cual han arreciado los debates sobre nuestro pasado es, sin duda, Juan Manuel de Rosas. Del lado de la resistencia contra su dictadura salieron esos famosos versos que escribió José Mármol cuando le anunció a Rosas, mientras éste aún estaba en su apogeo, que "ni el polvo de tus huesos la América tendrá", una profecía que se cumplió hasta 1989, cuando Carlos Menem dispuso repatriar los restos de Rosas de su destierro inglés. Esta decisión respondía quizás a la idea de que hasta el propio Rosas podría ser salvado del encono si se observara que, en medio de la lucha feroz entre unitarios y federales, encarnó algo así como un mal necesario, como un Leviathan al estilo de Hobbes o un "príncipe nuevo" al estilo de Maquiavelo, cuya crueldad vino a pacificar brutalmente a esa Argentina que sólo una vez pacificada pudo sostener la construcción institucional de un prócer tolerante como Justo José de Urquiza, aquél que dijo "ni vencedores ni vencidos" y a quien pudieron continuar los grandes presidentes fundadores que, a partir de 1853, nos dieron un largo e impar período de prosperidad.
 
El decreto de Cristina
 ¿En cuál de las tres corrientes historiográficas mencionadas podríamos ubicar el Instituto que ha creado la Presidenta? Sería imposible alojarlo, por supuesto, en la corriente clásica o liberal. Nos hubiera gustado en cambio ubicarlo dentro de la tercera corriente "pacificadora" de nuestra historia. Desgraciadamente, no lo podemos hacer por varias razones.
 La primera de ellas es que el Instituto, de entrada, recibió el nombre de revisionista. Entre las tres corrientes historiográficas argentinas, por lo tanto, el Gobierno ha escogido expresamente a sólo una de ellas. Como el decreto de creación del Instituto prevé que se volcarán en su favor "partidas del Presupuesto Nacional" que no serán menores por las amplias funciones que se le asignan, lo que viene a decirnos el decreto presidencial es que importantes recursos del Gobierno, es decir, de los contribuyentes, se volcarán en favor de sus preferidos intelectuales. Sólo cabe consignar aquí que, con buen criterio, también se ha previsto que los directivos del Instituto se desempeñen en forma honoraria.
De acuerdo con la interpretación maniquea de la historia, según la cual sus protagonistas se dividen en "absolutamente buenos" y "absolutamente malos", vale subrayar otra vez el pasaje del decreto presidencial que apunta a reivindicar "a aquellos que defendieron el ideario nacional ante el embate de quienes, en pro de sus intereses, han pretendido oscurecerlos y relegarlos de la memoria colectiva del pueblo argentino". Es imposible no concluir de este modo que, según la interpretación del Gobierno, en nuestro pasado sólo ha habido héroes y villanos en lugar de suponer que en todos los actores hubo al menos algo de patriotismo.
 Algunos nombres incluidos en las listas del decreto llaman la atención. San Martín había sido hasta ahora exaltado desde los más diversos ángulos ideológicos para ponerlo al abrigo del fanatismo. Al alinearlo con los protagonistas a quienes exalta en desmedro de otros, ¿no intenta el Gobierno monopolizar su elevada memoria? Cuando defendió el decreto, O'Donnell confesó que es peronista. ¿Pero valía que este peronismo historiográfico avanzara hasta apoderarse del propio Hipólito Yrigoyen, el gran líder radical? ¿Y es justo que, en su intento de acumular nombres latinoamericanos a su lista de elegidos, el Gobierno haya invadido el territorio histórico de chilenos, colombianos, cubanos, nicaragüenses, uruguayos y peruanos, cuyos próceres menciona como si su memoria nos perteneciera?
 Ha habido, como hicimos notar, cierta moderación en el lenguaje del decreto que crea el Instituto, que pudo ser peor si hubiera exaltado a las figuras más irritantes. Lo que no sabemos aún es si las figuras más controvertidas se omitieron en el decreto con vistas a una futura convergencia entre los que no pensamos igual, o si estas omisiones respondieron solamente a la táctica de rodear con un sigilo inicial lo que en verdad se intenta: extender la "batalla cultural" al delicado terreno de la historia
 
 
Politica: DEL  Portal TRIBUNA DE PERIODISTAS 
La Argentina de los Kirchner, récord en la tabla de corrupción vernácula
 TRANSPARENCIA INTERNACIONAL NOS SIGUE BOCHANDO
 No sólo por estos días se cumplen diez años de la peor crisis económica argentina sino que el calendario también marcó una década de frustraciones para los proyectos de libre acceso a la información pública en el Congreso nacional.
 Esa iniciativa es tomada desde hace años como pilar para la transparencia de un Estado y su mayor o menor aplicación es considerado un reflejo del nivel de corrupción dentro de un país.
 Por eso están claramente asociadas dos informaciones surgidas en las últimas horas: la posibilidad de que otro proyecto de acceso a la información pierda estado parlamentario en el Congreso y la permanencia argentina dentro de las naciones aplazadas en el índice de Percepción de la Corrupción que elabora anualmente la organización Transparencia Internacional.
 La difusión del índice encontró a la presidenta Cristina Kirchner en Venezuela. Justamente, ese es el otro país de Sudamérica donde no rige la ley conocida internacionalmente como FOIA (por sus siglas en inglés), ni sus ampliaciones o actualizaciones denominadas Gobierno Abierto.
 El primer intento por aprobar una Ley de Acceso a la Información Pública fue en 2001, cuando la Oficina Anticorrupción (OA) elaboró un proyecto, que se trabó dos años después y perdió estado parlamentario.
 Actualmente hay otro proyecto en Diputados que tiene sanción del Senado y que puede seguir el camino de su antecesor, aunque esta circunstancia depende de la interpretación de la ley. Comenzó a tratarse en 2009 en la Cámara alta y tiene dos dictámenes de comisión en Diputados pero está trabada en la de Presupuesto, conducida por el kirchnerista Gustavo Marconato. 
Más allá de lo que ocurra con esa iniciativa, luego del 54 por ciento obtenido en las elecciones, la Presidenta tiene una extraordinaria oportunidad de sacar la ley que se le ocurra para garantizar los principios básicos del acceso a la información.
 Los datos públicos, salvo en excepciones como cuestiones de seguridad nacional o de derecho a la intimidad, son un bien público al que todos los ciudadanos deberían tener acceso. Además, alienta la participación de los ciudadanos y fomenta la rendición de cuentas de los servidores públicos.
  
Kirchner
En 2003, cuando Néstor Kirchner tomó iniciativas aperturistas y con amplio consenso popular como la renovación de la Corte Suprema de Justicia, también dictó el decreto 1172 de Acceso a la Información Pública, que permite solicitar información al Poder Ejecutivo y a las instituciones que dependen de él.
 Este decreto es en sí mismo un límite, porque sólo concierne al Poder Ejecutivo y no rige en el Legislativo o el Judicial. Pero lo más grave es que se aplica de manera parcial. Para suplir esa falencia la Corte Suprema acaba de anunciar su adopción de política de Gobierno Abierto justamente encaminada a profundizar el acceso a la información judicial de la población.
 En aquel momento Kirchner había puesto como autoridad de incumbencia sobre ese decreto a Marta Oyhanarte, cuya labor fue rescatada por las organizaciones que velan por la transparencia.
 Pero a medida que su administración avanzó, el entonces Presidente fue optando por la opacidad. Desde inicios de 2010 la Subsecretaría de Reforma Institucional para el Fortalecimiento de la Democracia es conducida por el secretario general de La Cámpora, Andrés "Cuervo" Larroque.
 "Larroque no ha hecho nada para aumentar el cumplimiento de la ley y fomentar el decreto. Tampoco me dio un listado de sus empleados pese a que son públicos. Por ese motivo lo denuncié ante la Oficina Anticorrupción", detalló Laura Alonso, diputada del PRO y ex directora ejecutiva de la Fundación Poder Ciudadano.
 La legisladora, además, entabló un litigio con el subsecretario de Desarrollo Urbano y Vivienda, Luis Bontempo, por no responder un pedido de información sobre las partidas que el Estado destinó a la Fundación Sueños Compartidos de las Madres de Plaza de Mayo para la construcción de viviendas populares, pese a que esa información está alcanzada por el decreto de Kirchner.
 Alonso presentó la solicitud de información a mitad de año y el decreto de 2003 establece que el funcionario tiene un plazo de diez días hábiles prorrogables por otro lapso igual para responder.
 
 Percepción
 El índice de Transparencia Internacional se elabora sobre la base de encuestas en los distintos países que integran el relevamiento, por lo que no puede ser tomado como un barómetro de la corrupción, pero sí es un indicador importante.
En el último registro, que este año relevó a 183 países, la Argentina ocupó el puesto 100 con una puntuación de 3,0 en una escala que va de 0 para los países más corruptos a 10 para los más transparentes.
 Si bien avanzó cinco casilleros y una décima respecto del año pasado (de 2,9 a 3), su posición estuvo en la media de la última década. Desde 2003, cuando se ubicó en la posición 92 con un puntaje de 2,5 la progresión fue la siguiente: 2004, 108 - 2,5; 2005, 97-2,8; 2006, 93 - 2,9; 2007, 105 - 2,9; 2008, 199 - 2,9; 2009, 106 - 2,9; 2010, 105 - 2,9.  
"El prolongado estancamiento de la Argentina demuestra que necesitamos un acuerdo entre gobierno y oposición, tanto a nivel nacional como en cada una de las provincias y municipios, para que las herramientas básicas de prevención y persecución de la corrupción sean efectivas. Acceso a la información, independencia del poder judicial y organismos superiores de control fuertes son condiciones para que la reducción de la corrupción sea un objetivo alcanzable. Sin embargo, mientras esto no se vuelva una demanda de los ciudadanos, es difícil que ocurra", sintetizó Hernán Charosky, director ejecutivo de Poder Ciudadano.
 Gabriel Profiti
 NA http://www.periodicotribuna.com.ar/10202-la-argentina-de-los-kirchner-record-en-la-tabla-de-corrupcion-vernacula.html

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¿REFORMA DE LA SEGURIDAD O PRESERVACION DE ESTRUCTURAS CRIMINALES?
    El Protector   
Mientras Scioli anuncia el control civil de la seguridad y consulta con la Comisión por la Memoria la creación de una nueva Policía Judicial, el alcaide mayor Ricardo Casal preserva las estructuras y las prácticas criminales enquistadas en la Policía y el Servicio Penitenciario: asciende a oficiales complicados por graves crímenes y encomienda el presunto control a uno de los responsables del encubrimiento de las monstruosas condiciones de alojamiento en las cárceles provinciales.
Por Horacio Verbitsky . PAGINA 12
La semana pasada, ante los patrones de la industria, la presidente CFK contó su admiración por el cuadro de Ernesto De la Cárcova Sin pan y sin trabajo, como parte de su mensaje a favor de la creación de empleo y la transferencia progresiva de ingresos. Por un sarcasmo de la historia, doce décadas después el nombre del pintor identifica a una calle del partido de San Martín, en cuya prolongación de tierra se levantó uno de los barrios del Gran Buenos Aires donde con mayor crudeza se repite el angustioso tema de su obra, que terminó de pintar en 1893. Allí, el 3 de febrero de este año, personal de la Jefatura Departamental San Martín y de sus comisarías 2ª,4ª, 8ª, 9ª y de la subcomisaría de José León Suárez mataron con disparos de escopeta a los adolescentes Franco Almirón y Mauricio Arce e hirieron en forma grave a Joaquín Romero, pretextando una agresión armada que nunca se produjo, para impedir el saqueo de un tren descarrilado, que había concluido noventa minutos antes. Los pibes tenían disparos por la espalda.
 
Los antecedentes
El viernes, el CELS solicitó a la Justicia que el juicio oral no se limitara a los dos policías que dispararon con munición de guerra, sino también a sus superiores que programaron y coordinaron la agresión y luego falsearon los hechos para encubrir lo sucedido como si se hubiera tratado de un enfrentamiento. Entre ellos están los comisarios Mario Briceño, quien era jefe de la Dirección Departamental de Investigación de San Martín, y José Antonio Cortez, jefe de la denominada Policía 2 de San Martín. Casal confirmó a Cortez en ese cargo y el 1º de julio ascendió a Briceño a Jefe Departamental de Seguridad de San Martín, una vez “analizados los antecedentes del funcionario policial”, de los que “no surgen impedimentos”, como informa la Resolución ministerial 2658/11. No es verdad: el 13 de mayo, el subinspector Gustavo Ezequiel Vega, procesado y con prisión preventiva como autor material de los disparos, declaró ante el juez de garantías Nicolás Schiavo y los fiscales Marcelo Sendot y Ana Armetta que Cortez lo tomó de los carrillos como si fuera un bebé y le dijo: “Quedate tranquilo, ángel de Dios, está todo arreglado. Tenés que hacer lo que se te dice”. El que se lo dijo fue Briceño, quien lo amenazó con represalias contra él y su familia si no asumía la exclusiva responsabilidad y avalaba la versión oficial que le suministró, ya que “esto había tomado una dirección mediática” y necesitaba “un cadáver para arrojárselo a los cuervos de los medios”. ¿Qué antecedentes habrá analizado Casal para firmar el ascenso de Briceño, a quien en estos días incluso pensó en promover a la jefatura provincial de la policía? La presentación del CELS reconstruye los hechos de aquel día de acuerdo con las constancias del expediente y concluye que las declaraciones policiales fueron concertadas para presentar una agresión armada y su represión en defensa propia, por parte de policías que dijeron haberse parapetado detrás de los vagones descarrilados. La realidad es que los hombres de Briceño y Cortéz forzaron con una pistola lanzagases la salida de un grupo de jóvenes que se cubrían detrás de un montículo de chapas oxidadas. Una vez al descubierto, la policía avanzó en forma concertada sobre ellos disparando con munición de plomo.
 
Los dos pilares
Los habitantes de ese asentamiento precario de José León Suárez, cuya escuela se llama “Sin pan y sin trabajo”, se refieren a su barrio como La Carcova, con acento en la O. El artículo femenino sugiere en forma implícita que se trata de una villa miseria. Ellos conocen mejor que nadie los dos pilares en los que se asienta la gestión del ministro Casal, a quien Scioli ratificó para su segundo mandato, porque es el idéologo y organizador de su proyecto de diferenciación del kirchnerismo, hoy aletargado a la espera de un momento más propicio. Formado en el temible Servicio Penitenciario Bonaerense durante los peores años de la dictadura militar, Casal delega el gobierno de la seguridad en la propia agencia policial y demoniza a los jóvenes, quienes son presentados con lenguaje bélico y tono de urgencia como un enemigo a destruir. Todos los días esos chicos, con sus madres, sus abuelos y sus hermanitos menores, cruzan las vías del ferrocarril y el camino del Buen Ayre para peregrinar hacia el basural del Ceamse. Es lo que hacían el 3 de febrero Franco Almirón y Mauricio Arce Ramos, cuando se detuvieron a ver qué pasaba alrededor del tren descarrilado. Cada día, entre las 5 y las 6 de la tarde, se abren las puertas del basural y policías de las comisarías 4ª de José León Suárez y 5ª de Billin-ghurst regulan el ingreso a la carrera de mil personas que escarban entre las montañas de basura en busca de alimentos y desechos con valor de reventa, que es la principal actividad económica de la zona. De esa carrera vergonzosa, lejos de la vista del resto de la sociedad, participan mujeres, niños y ancianos, que muchas veces tropiezan con bicicletas o carros que se los llevan por delante. También son habituales las disputas por lo más valioso de los residuos. En 2004, un chico de 15 años, Diego Duarte, fue asesinado cuando desde una topadora le arrojaron encima desperdicios hasta enterrarlo vivo en el basural. Su cuerpo nunca apareció. Estos episodios son apenas la parte más escandalosa de los históricos y recurrentes enfrentamientos de la policía con los jóvenes de estos barrios, como estrategia de control territorial y hostigamiento, prácticas que se repiten en el resto de los barrios del conurbano bonaerense. Esta forma coactiva de gestionar la seguridad en espacios sociales conflictivos incluye el cacheo, la detención por averiguación de identidad y las amenazas a los varones jóvenes de los asentamientos. A menudo también encubre la regulación de, al menos, parte de las actividades delictivas del barrio. Los vecinos conocen muy bien las relaciones entre la policía local y las diferentes redes de ilegalidad que operan en ese territorio, como la venta de drogas, los desarmaderos de autos robados, los prostíbulos y la comercialización de estupefacientes de consumo prohibido por las autoridades sanitarias. En el lugar donde descarriló el tren, que llevaba autopartes, funciona un desarmadero al amparo de la policía local. No es sorprendente que se acercaran a ver qué se podía rescatar y vender. La policía, con el aval de las autoridades provinciales, montó el operativo de represión y lo encubrió.
 
Después de las urnas
Como esta política provincial de seguridad contradice los lineamientos generales de la del gobierno nacional, Scioli ha emprendido una serie de operaciones de maquillaje y de ampliación de su base política de apoyo. Luego de las elecciones de octubre, en las que obtuvo 538.467 votos menos que Cristina (o el 6,17 por ciento sobre el total de los votos emitidos), Scioli convocó a una multitudinaria reunión al vicegobernador electo Gabriel Mariotto y a los dirigentes provinciales de la juventud, donde predominan aquellos encuadrados en La Cámpora. Cuando le transmitieron sus objeciones a la política de Casal, Scioli respondió que era su mejor ministro y les propuso que se reunieran con él. El posterior encuentro con Casal terminó a los gritos. Scioli le pidió a Mariotto que le propusiera nombres ministeriables. Luego de consultarlo con Cristina, Mariotto le respondió que el gabinete era exclusiva responsabilidad del Poder Ejecutivo y que él se concentraría en la Legislatura, donde cree tener mayoría en las dos cámaras. Como vicegobernador, es el presidente nato del Senado. En la Cámara de Diputados fue confirmado como presidente Horacio González pero su vice será el dirigente de La Cámpora José Ottavis, sin cuya firma no puede autorizarse ningún gasto. Como presidente del bloque de diputados, Mariotto sostiene a Juan de Jesús, ex intendente del Partido de la Costa, donde su Secretario de Hacienda fue Amado Boudou. Consultado sobre este desembarco de la juventud kirchnerista, un legislador con muchos años en la cámara se limitó a contestar: “Todo bien”, mientras hacía el gesto de anudarse una servilleta al cuello y empuñar un tenedor y un cuchillo. Los preparativos para ese hipotético almuerzo son atizados por el actual presidente del bloque, Raúl Pérez, quien alega contar con el respaldo del ministro del Interior Florencio Randazzo. El miércoles, cuando se elijan las autoridades se verá si esta resistencia al diseño aprobado por Cristina tiene alguna viabilidad.
 
El contrafuego
Entretanto, Scioli ha intentado oponer un contrafuego a esta llameante avanzada sobre su territorio. Su intención es encabezar con mayor entusiasmo que nadie el cristinismo provincial, cediendo todo lo que sea necesario para retener el poder real. En ese sentido se apuró a obtener aprobación legislativa para financiar con endeudamiento el déficit milmillonario del presupuesto, de modo de atenuar su dependencia del gobierno nacional. Esto es, de todos modos, relativo, en una provincia cuyos recursos propios no cubren ni la mitad de sus gastos. Además, dispuso el retiro del jefe de policía, Juan Carlos Paggi y lo reemplazó por un técnico de las comunicaciones, Hugo Matzkin; anunció la creación de policías municipales con acuerdo de los intendentes del conurbano y de una Policía Judicial, según los lineamientos de la “Convergencia para la Democratización de la Justicia”, y la designación de funcionarios civiles por encima de la jefatura a cargo de Matzkin. Estos gestos se contradicen con el acto de despedida a Paggi, encabezado por el propio Scioli. Según Casal, esto se explicaría por la calidad humana del gobernador. En realidad continúa la línea de pleitesía al poder policial que cultivaron los ex gobernadores Eduardo Duhalde y Carlos Rückauf. Su mejor ejemplo se encuentra en el episodio de La Carcova. Casal informó aquella tarde que una banda de delincuentes colocaron obstáculos en las vías al paso de una formación de carga y que, luego de su descarrilamiento, se lanzaron a saquearla. Explicó que “los delincuentes pretenden esconderse bajo la apariencia de opresión social y tratan de enmascarar un robo como un descarrilamiento”. Diez meses después esa versión no se sostiene. “La policía fue a buscar venganza”, porque horas antes, muy cerca de allí, había sido asesinado el subteniente Marcelo Luis Houriet, del Destacamento Buen Ayre de la Policía de Seguridad Vial, dijeron vecinos del barrio y la militancia política del Movimiento Evita. Las víctimas tenían impactos de bala en la espalda y no hubo ni siquiera un herido entre las fuerzas policiales. La Fiscalía 5 de San Martín tuvo el buen tino de encomendar los peritajes a la Gendarmería y no a la Bonaerense, lo cual dejó en ridículo la versión policial asumida por Casal como verdad revelada.
 
Presunciones y falsedades
 Desde el gobierno provincial y los medios que se le subordinan se afirmó que la designación de Matzkin complace al gobierno nacional, porque trabajó con el ex ministro Carlos Arslanián, quien es asesor de la ministra Nilda Garré. Esta versión fue construida en base a presunciones basadas en hechos falsos. Arslanian no es asesor de Garré, sino cofundador con el CELS y la Comisión Provincial por la Memoria del Acuerdo para una Seguridad Democrática, del que también participan dirigentes de distintos partidos políticos, centenares de especialistas, centros de Estudios y universidades de todo el país, lo cual es muy distinto. En noviembre de 2003, el entonces Procurador General provincial, Eduardo Matías de la Cruz, dio a la prensa un informe elaborado por Matzkin en el que se afirmaba que desde teléfonos de la Casa Rosada y de la Jefatura de Estado Mayor del Ejército se habían hecho 26 comunicaciones con personas investigadas por los asesinatos del médico Felipe Glasman y de los adolescentes Victoria Chiaradía y Horacio Iglesia Braun, en Bahía Blanca. Las investigaciones posteriores no lo confirmaron, pero la repercusión mediática fue grande y desde el gobierno se atribuyó a una jugada de sectores duhaldistas. Al año siguiente, cuando fue secuestrada la empresaria Patricia Nine, todas las fuerzas compartieron la información hasta que los bonaerenses identificaron el lugar de cautiverio en una casa de Merlo. Entonces cortaron la comunicación y rescataron a tiros a la mujer, y mataron a dos de los secuestradores. En diciembre de 2006, desapareció el activista Luis Gerez y volvió a formarse una mesa de coordinación interfuerzas. Pero Matzkin se negó a compartir sus datos con la Policía Federal y con la Secretaría de Informaciones de la Presidencia.
 
El control civil
 Tampoco es lo que parece la afirmación de que se sigue el mismo esquema nacional al designarse a funcionarios civiles por encima del nuevo jefe. El Subsecretario de Política Criminal e Investigaciones Criminales a cargo de esa tarea es César Albarracín, uno de los colaboradores más próximos de Casal y, como él, protector de las redes de ilegalidad incrustadas en las fuerzas que deberían conducir. En marzo de este año tres personas privadas de su libertad en el complejo penitenciario de José León Suárez, tres unidades construidas sobre parte del basural, denunciaron por separado y ante distintos funcionarios judiciales, que las autoridades de la U48 los obligaban a robar para las autoridades y que funcionaba un desarmadero en una de las unidades. Como prueba presentaron a la Justicia fotos tomadas con un celular que les entregó un penitenciario, en las que los detenidos visten camperas de camuflaje, gorras y chalecos antibalas y escudos protectores del SPB. También se denunciaron torturas a 25 detenidos y niveles inimaginables de hacinamiento y violencia en el pabellón de castigo, fiestas con alcohol y prostitutas en la cárcel y tiroteos sobre detenidos por parte de funcionarios borrachos. Albarracín negó todo lo que se publicó aquí, pero luego de una visita conjunta de la Comisión Provincial por la Memoria y del CELS, que documentaron en entrevistas y fotografías lesiones gravísimas a 25 reclusos, no tuvo otro remedio que reconocerlo, clausurar el pabellón de castigo y separar a la cúpula penitenciaria. En las celdas los visitantes vieron un teléfono celular y varias facas y recibieron confirmación por parte de varios detenidos, de que algunos de ellos eran obligados por las autoridades a salir del penal para robar. En las fotos mostraban “marcas de palos, patadas, ojos morados y heridas”. Este no puede ser el hombre que dé un giro copernicano respecto de la política desarrollada por El Protector


El temor de la Presidenta a la traición
 Por Joaquín Morales Solá | LA NACION
4.12.11.-La disciplina le ganó a la ideología. Una presidenta preocupada por la coherencia del progresismo peronista terminó colocando en su propia sucesión a un ex liberal y a una ex radical. ¿Estamos ante un giro hacia la derecha? Cristina Kirchner amagó en los últimos días con un cambio hacia esa dirección, pero probablemente no se trate más que de cierto realismo o de decisiones espoleadas por el temor a la traición.
 Sin embargo, esos mensajes señalan también que la Presidenta no reconoce ninguna deuda con el peronismo. La vieja distancia entre ellos es cada vez más evidente. Conoce, en cambio, la histórica deslealtad de los dirigentes peronistas. Se agolpan en el momento de la victoria y nunca están para la travesía del infortunio. El blindaje que se ha hecho de supuestos leales señala que la jefa del Estado prevé tiempos políticamente difíciles. Tiene razón.
 El relato sirve para no desalentar a la militancia, pero nunca podría confundir a una política perspicaz. Un ajuste es un ajuste, y sus consecuencias sociales son previsibles. La economía estima una fuerte desaceleración del crecimiento para el próximo año por obra de la crisis internacional y del sinceramiento de las variables locales. El relato durará hasta que las nuevas facturas de los servicios públicos desvalijen los bolsillos de los argentinos subsidiados. No habrá forma de explicar entonces que el dolor no duele.
 Esos presagios, que están entre los propios funcionarios, hicieron prevalecer la disciplina por encima de la coherencia. El vicepresidente electo Amado Boudou tiene antecedentes más herejes que vivir en Puerto Madero; también militó en la Ucedé y estudió en la universidad más conocida del liberalismo, el CEMA. Beatriz Rojkés de Alperovich, presidenta provisional del Senado y segunda en la línea de sucesión, es una mujer simpática y amable, pero con escasa experiencia política. Pasó la mayor parte de su vida como afiliada al radicalismo hasta que su esposo, el gobernador de Tucumán, descubrió las bondades del kirchnerismo. Los dos Alperovich son ciegamente fieles a Cristina Kirchner.
 El problema que tienen Boudou y la senadora Alperovich consiste en que es difícil encontrarles el valor político que privilegió la Presidenta. La elección de un vicepresidente significa siempre un mensaje hacia algún sector político, social o económico. ¿Qué mensaje lanzó la Presidenta con Boudou? La intención de seducir a Puerto Madero fue sólo una broma, si es que fue una broma. La unanimidad de los funcionarios señala que el Boudou políticamente acorazado de otrora ya no existe, y que no volverá a existir.
 Boudou era imbatible mientras duró el tiempo en que ninguna versión contra él accedía al despacho presidencial. En el rito del cristinismo, no se habla mal de los funcionarios que ella protege. Fue así hasta que entró a ese despacho un hombre que carece del sentido de los límites, Guillermo Moreno, y desplegó ante la Presidenta una serie de informaciones sobre la poca solidaridad del ministro de Economía con las recientes medidas cambiarias. Cristina Kirchner es muy permeable a las conspiraciones, ciertas o inciertas.
 Cuando ella abrió las compuertas de las críticas a Boudou, entonces un torrente de versiones y de críticas cayó sobre el futuro vicepresidente. Un ejército de funcionarios estaba esperando ese momento para desquitarse del reciente y ostentoso pavoneo de Boudou. Desde su conocida vinculación con sectores financieros hasta su vocación por la frivolidad personal llegaron de inmediato al conocimiento presidencial. Boudou tendría que cambiar de ideas y de amigos, y descubrir la austeridad para recobrar el favor perdido.
 Esa es una cara de la moneda. La otra cara indica que Boudou es el vicepresidente electo y que, como tal y más allá de sus actitudes, no merecía el trato público que la Presidenta le dio. Es cierto que lo eligió para eso. Resulta imposible imaginar que al gobernador José Luis Gioja, que fue candidato frustrado a vicepresidente, Cristina lo tratara con tanto desdén como a Boudou. Cuando le recordó su ungimiento con un fulminante "yo te puse como vicepresidente", ella estaba reconociendo que el vicepresidente no tiene ningún otro mérito que el que puede derivar del dedazo presidencial.
 El problema es que Boudou le contestó con formas respetuosas, pero le contestó. Eso no se hace. Daniel Scioli aguantó retos antológicos de Cristina Kirchner en sus tiempos de vicepresidente y nunca le replicó. La Presidenta detesta que otro intente siquiera quedarse con la última palabra. Boudou entró con el pie izquierdo a la vicepresidencia.
 El conflicto definitivo de los Kirchner con los vicepresidentes es que éstos desnaturalizan la esencia del poder personal y absoluto. Julio Cobos, por ejemplo, se replegará y no le tomará juramento a Cristina. Hubo una coincidencia entre ambos, tal vez la única desde que están al frente de la República. Ni ella quiere verle la cara a su vicepresidente, ni éste soportaría pasar por otro acto kirchnerista con cánticos e insultos contra él, como seguramente sucedería en el Congreso. Cobos es ahora un hombre con el espíritu abatido por el gris final de su experiencia al lado de los Kirchner. 
El caso de la senadora Alperovich tiene que ver con su lealtad y con los incesantes gestos de autoridad de la Presidenta, pero también con la decisión de Cristina de desplazar a Aníbal Fernández de los cargos relevantes del Senado. De hecho, fue elegido presidente de la tercera comisión en orden jerárquico, la de Presupuesto, que figura luego de las de Asuntos Constitucionales y la de Acuerdos. Nunca se sabrá, tal vez, qué es lo que agrietó la relación entre la Presidenta y su todavía jefe de Gabinete. Fernández hizo profesión de fe pública de su devoción kirchnerista, aun suscribiendo posiciones que nunca había tenido antes. Cierta injusticia se abatió sobre él. Quizás ahora vuelva a ser en el Senado el político clásico y tolerante que fue durante gran parte de su carrera política.
 La corte de fieles, que se terminará de integrar con el nuevo gabinete, le serviría para cruzar el difícil año que viene. Hay que ver si le servirá. El fin de los subsidios significará sacarle al consumo entre 25.000 y 30.000 millones de pesos, según la estimación de los especialistas. Es un ajuste con todas las letras. Boudou y su interventor de facto, Julio De Vido, culparon a los principales diarios porque informaron que los subsidios sólo sobrevivirán para pocos argentinos. Ellos hacen el ajuste y la culpa es del periodismo. También el rito del cristinismo obliga a negar la necesidad del periodismo, sobre todo por parte de quienes necesitan, en medio del disfavor, sobreactuar las fobias presidenciales.
 El peronismo acecha. Los gobernadores peronistas se convierten en una liga autoconvocada cada vez que un presidente ingresa en una zona de turbulencias. Ya hay conversaciones entre algunos mandatarios. Los sindicalistas ya se han levantado contra el ajuste y contra la decisión oficial de ajustar también los salarios. El Gobierno habla de aumentos de salarios para el año próximo de entre el 16 y el 18 por ciento; algunos empresarios bajan aún más esa expectativa. Pero Hugo Moyano les aseguró a sus íntimos que el piso de los aumentos que él promoverá estará en el 25 por ciento, porque algunos economistas le anticiparon que la inflación del próximo año podría rozar el 30 por ciento anual como consecuencia del aumento de las tarifas. Sus adversarios en el sindicalismo lo combaten por sus ambiciones de poder, pero no por sus reclamos salariales. En esa cuestión no hay fisuras.
Los leales recién estrenados nunca fueron una garantía contra la traición. Podrían, además, ser inservibles para la mala hora si la única condición que tienen es la de recitar el discurso de la lealtad
 
Denuncia que lo echaron de Aerolíneas por no darle a La Cámpora el 10% de su sueldo
lanacion.com – jue, 1 dic 2011.. .
 Víctor Maiola trabajó en Aerolíneas Argentinas hasta hace cuatro meses, cuando, según denuncia, lo echaron por no entregar el 10 por ciento de su sueldo a la agrupación La Cámpora, de influencia creciente en el empresa estatal.
En un reportaje con radio Mitre, el joven, que milita en La Cámpora desde hace un año, dio detalles de la denuncia que, afirmó, prevé presentar en la Justicia. Contó que decidió incorporarse a Aerolíneas después de renunciar a su trabajo en un estudio contable, en el que se había desempeñado durante tres años, porque le ofrecían mejor sueldo y que los problemas empezaron dos meses después de haber ingresado a la compañía aérea.
Dijo que Hernán Pascua, a quien identificó como superior suyo aunque no pudo precisar en qué sector de Aerolíneas trabaja, le aviso que tenía que "dejar el 10 por ciento del salario para solventar los gastos de la agrupación que él coordinaba" en La Cámpora.
Hernán Pascua está al frente del sector Diversia, que integra la agrupación que lidera Máximo Kirchner y se dedica a la defensa de la diversidad sexual.
"Pedí no hacer [el aporte], primero porque me pareció fuera de lugar y después porque en ese momento tenía muchas deudas. Pedí aportarlo después o aportar algo voluntario. Me parecía que la exigencia del 10 por ciento era demasiado, no por la cantidad de dinero, sino por el hecho de estar obligándome", continuó Maiola.
Siempre según el relato del joven, la respuesta a ese pedido de "prórroga" fue el despido. "Antes de que cumpliera dos meses [en Aerolíneas] me llegó el telegrama de despido sin causa. Nadie nunca me explicó nada", aseguró.
Maiola aclaró que no cree que el comportamiento que le adjudicó a Pascua "esté generalizado" en Aerolíneas, aunque sí que esté extendido en el sector en el que él trabajaba, el de despacho de equipaje.
"Esto más bien parece una avivada de esta persona que utilizó sus influencias para hacer un negocio personal", planteó. Sin embargo, enseguida añadió: "Sé que hay compañeros que están en la misma situación, pero apoyan esas medidas. En ese sector, [el aporte forzozo] por lo menos, es sistemático".
Pascua es un militante K muy activo en las redes sociales. El día que se lanzó La Cámpora Diversia, hace un año, agradeció vía Twitter al presidente de Aerolíneas y líder de La Cámpora, Mariano Recalde, y a Juan Cabandié diputado nacional electo e integrante de la conducción de la agrupación (La Nacion 1.12.11)
 
Moyano pelea para que la inflación no licue su poder
Por Joaquín Morales Solá | LA NACION
Cristina Kirchner cree que Hugo Moyano le quiere recortar su poder de decisión, pero Moyano está luchando, en realidad, por su supervivencia como líder sindical. El problema que los enfrenta es más complejo que una disputa por la relación de fuerzas. El sinceramiento de la economía lanzado por la Presidenta tendrá consecuencias sociales y laborales más vastas que el relato oficialista sobre la "equidad". En medio de ese paisaje nuevo, la dirigencia sindical se abroqueló para fijarle al poder una dura frontera: no negociará aumentos salariales prematuros o respaldados más en el voluntarismo de los funcionarios que en el costo de las cosas.
Ningún gobierno carece de oposición, aunque ésta surge a veces de las propias entrañas del oficialismo. En un sistema personalista y monopartidario de poder, como es el actual, la consecuencia más previsible consiste en que oficialismo y oposición terminen siempre bajo el mismo techo del partido gobernante. El sindicalismo, históricamente peronista, es ahora el único factor de poder que se ha levantado en implícita rebeldía contra la líder política que arrasó en las últimas elecciones. El juego de palabras para ser oficialistas y opositores al mismo tiempo, que despliegan los jefes sindicales, forma parte del manual litúrgico del peronismo. Pueden convencer a la platea, pero no a Cristina Kirchner.
La Presidenta confía más en su percepción, que le dice que los sindicalistas se proponen debilitar su poder. "Si alguno quiere el poder, sea gremialista o empresario, que forme un partido político y se presente a elecciones", les ha deslizado a recientes interlocutores empresarios. El mensaje iba dirigido también a los dueños de los gremios. Cristina Kirchner se aferró al enorme poder que la sociedad le dio el 23 de octubre y no piensa cederle una porción a nadie. De hecho, la propia sociedad que la votó no sabe con qué equipo gobernará la Presidenta, apenas diez días antes de su reasunción y de la asunción del nuevo gabinete. Nada. Todo el poder está en dos manos. Parece suponer que los argentinos necesitan saber sólo que ella estará al frente de la administración. El resto (la formación de un gobierno y los mensajes políticos que esa noticia implicaría) pertenece a sus derechos y no a sus obligaciones.
Sin embargo, el sindicalismo está, hoy por hoy, menos entusiasmado en disputar poder que en preservarse. Moyano es lo suficientemente perspicaz como para reconocer que no está en condiciones de recortar los márgenes de acción presidenciales. Perseguido por los jueces, cuestionado por la política y en franca competencia con las franjas de izquierda del sindicalismo (que controlan buena parte de las comisiones internas), la única obsesión de Moyano es no quedar ahora como un ingrato con los trabajadores. "Sería el fin de nosotros", dijeron a su lado.
¿Por qué quedaría como un ingrato? Objetivamente, las condiciones económicas de la sociedad han cambiado en los últimos días. Comenzó con el anuncio del fin de los subsidios para el consumo de servicios públicos y ya registró considerables aumentos en los precios de casi todos los productos de primera necesidad, sobre todo de los alimentos. A esa hemorragia en los bolsillos deben sumarse los aumentos de los impuestos de Mauricio Macri y de Daniel Scioli, de los peajes, de las prepagas y de los colegios, entre varios más. Es como si Cristina Kirchner hubiera bajado la bandera de los aumentos; luego, todos los que fijan precios o gravámenes se sintieron autorizados a desplumar a los argentinos.
Paralelamente, el Gobierno tiene un viejo compromiso con los empresarios para desalentar importantes aumentos salariales para el próximo año. La propia Cristina Kirchner está convencida de que las subas salariales excesivas podrían echarle leña al fuego de la inflación. Es cierto, pero ese compromiso es anterior a la tormenta de aumentos en los precios de los cosas que consume la sociedad. Ni la Presidenta ni su equipo vincularon nunca lo que está obviamente vinculado: los precios y los salarios. La jefa del Estado decidió sola que era mejor pagar una sola vez el precio político de sacar de golpe todos los subsidios de los servicios públicos; eliminó, así, la opción gradual que también tenía.
El sector empresario (la UIA, fundamentalmente) planteó un acuerdo económico con el sindicalismo. "¿Los empresarios congelarán los precios?", preguntaron los moyanistas. "Si ellos no controlan los precios, nosotros no controlaremos los salarios", se respondieron. Un rígido acuerdo de control de precios y salarios ya tiene, a su vez, un pésimo precedente en el país. Fue el que promovió Perón en los años 70 y que terminó con una inmanejable explosión de la variables económicas, que se llamó el "rodrigazo", por el nombre del ministro de Economía, Celestino Rodrigo, que lo ejecutó.
Moyano es cuestionado por los funcionarios, por sus colegas en la nomenclatura sindical y por gran parte de la política, pero cuenta con la simpatía de los camioneros, a los que les consiguió niveles salariales que nunca antes habían tenido. Esa es su ancla más preciada en la vida pública. Es, también, la misma prioridad de casi todos los viejos líderes sindicales. Podrán ser autoritarios, supuestamente corruptos y escasamente transparentes, pero ninguno cortó nunca su vínculo con los afiliados de sus sindicatos.
La mala novedad que recibió la Presidenta en las últimas horas es que ya no se trata sólo de Moyano. El inconmovible lucifuercista Oscar Lescano, que viene profetizando el fin de Moyano, no dudó en acomodarse al lado de él en el reclamo de aumentos salariales sin piso ni techo. El eterno Luis Barrionuevo, que fundó otra CGT para no verle la cara a Moyano, suscribió la misma posición de Moyano y de Lescano. Pocos podrían expresar mejor a la mayoría del sindicalismo argentino que ese tácito triunvirato de líderes sindicales. Sus métodos y sus ideas son cuestionables, pero no su representatividad.
El conflicto de fondo consiste en que la Presidenta cree que los gremialistas le están hablando de política y de poder, pero ellos están más interesados en el resbaladizo porvenir de la economía. La economía (la buena, la mala o la peor) es para los sindicalistas el dispositivo crucial de la política

Wikileaks cierra de forma temporal por problemas financieros
La organización, que ha publicado miles de documentos comprometedores para los gobiernos de todo el mundo, dejará de divulgar secretos oficiales por falta de financiación.
El fundador de Wikileaks, Julian Assange, en la rueda de prentsa ofrecida hoy. Foto: EFE
WikiLeaks divulga 779 documentos secretos sobre GuantánamoWikiLeaks, dispuesta a publicar las fotos del cadáver de Bin LadenWikileaks filtra 251.287 cables pese a la presiónWikileaks revela los teléfonos de Zapatero, el rey y Moratinos
La organización Wikileaks, que ha publicado miles de documentos comprometedores para los gobiernos de todo el mundo, ha anunciado este lunes que dejará a divulgar secretos oficiales a causa de sus problemas de financiación.
El anuncio ha sido realizado en una rueda de prensa en Londres por el fundador de Wikileaks, Julian Assange, quien se encuentra en el Reino Unido a la espera de que concluya un juicio de extradición a Suecia bajo la acusación de supuestos abusos sexuales.
Wikileaks ha señalado que suspende la divulgación de secretos oficiales ante "el bloqueo arbitrario e ilegal" por parte de entidades estadounidenses como el Bank of America, Visa, Mastercard, PayPal y Western Union, y que le han dejado sin acceso a financiación.
Wikileaks se centrará ahora en recaudar fondos, tras denunciar que el bloqueo ha destruido el 95% de los ingresos del portal y le ha costado miles de millones de euros por la pérdida de donaciones durante un periodo de once meses.
"Nuestros escasos recursos deben concentrarse ahora en luchar contra el bloqueo bancario ilegal", ha afirmado Assange.
"Si no se hace frente a este ataque financiero, entonces habrá un precedente peligroso, opresivo y no democrático, con consecuencias que van más allá de WikiLeaks y su trabajo", ha agregado.  Fuente: http://www.eitb.com/es/
WikiLeaks: a un año del escándalo que cambió la diplomacia
Ocurrió hace exactamente un año: el huracán WikiLeaks, que hasta ese momento había afectado exclusivamente a los Estados Unidos por las guerras en Irak y Afganistán, azotó con sus revelaciones a la Argentina.
 El 29 de noviembre de 2010 se conocieron los primeros cables con información sobre el país y, en particular, sobre Néstor y Cristina Kirchner. "El estado de "salud mental", la "intolerancia a las críticas", la supuesta "paranoia" y la "ineptitud para las relaciones exteriores y la economía" del matrimonio presidencial se revelaban como motivos de preocupación del Departamento de Estado norteamericano en los últimos años.
El impacto de aquel "primer capítulo" estuvo centrado en las consultas de Washington sobre la salud de la Presidenta. La información, que según el cable secreto, sería usada en la preparación de un "perfil" de la mandataria argentina, llevaba la escueta firma "Clinton", en referencia a la jefa de ese departamento, la secretaria de Estado de la administración Obama, Hillary Clinton. Detalles en http://ar.noticias.yahoo.com/wikileaks-a%C3%B1o-esc%C3%A1ndalo-cambi%C3%B3-diplomacia-005200634.html
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Asi,  el portal de filtraciones WikiLeaks ha anunciado que desde el 24 de octubre de 2011, que deja de publicar información por tiempo indefinido, debido a la falta de recursos aunada a un bloqueo masivo de donaciones. Según como lo anunció Julian Assange, fundador de WikiLeaks, el portal podría cerrar a finales de este año ¿el motivo? ‘asfixia financiera’…. ¿Ocasionada por qué?... por contar algunas verdades que a los poderosos no le gustan, con lo cual se retiran ‘sponsors’ e informantes seudo- comprometidos, otrora desinteresados de lo material y defensores de las comunidades,  que hoy optan por la lógica facilista de  estar en buenas migas con el poder-. Pasa en todos lados…. Para algunos sectores 'el silencio es salud'               ALD'A

 
Los amigos y los enemigos de la Presidenta
Por Joaquín Morales Solá | LA NACION
La decisión política es sólo mía. No se equivoquen. Cristina Kirchner le aclaró así a un grupo de empresarios ese punto nodal de la Argentina política. Quién manda. Esa es su preocupación. Puede oscilar (y, de hecho, oscila) entre los contradictorios discursos de José Ignacio de Mendiguren y de Guillermo Moreno, pero la inquietan los hechos y las imágenes más que las palabras. Moreno y Mendiguren son ahora las personas tal vez más escuchadas por la Presidenta. Uno le habla de conspiraciones y le ofrece soluciones castrenses para resolver la economía; el otro le dibuja un país como un paraíso probable, pero carece de voluntarios para la tarea de construirlo.
Los adversarios presidenciales son, en cambio, los sindicatos y algunos financistas. Hugo Moyano no es una presunción. Su discurso casi diario desafía el poder presidencial. Ella tiene el 54 por ciento de los votos y vos sos una de las figuras más impopulares del país. Encima, vos le querés interpretar a ella el pensamiento de Néstor Kirchner, le advirtió a Moyano un funcionario kirchnerista. No hay caso. No voy a abandonar a los trabajadores ni voy a firmar aumentos salariales cuando no sé de cuánto será la inflación del año que viene, le respondió el líder cegetista.
Diga lo que diga, Cristina Kirchner se asustó cuando advirtió el nivel de salida de capitales de este año y, sobre todo, de los últimos meses. La culpa era de la potencial conjura de un sector de los financistas. Esa percepción presidencial era un secreto de la elite política y económica hasta que la propia Presidenta la convirtió en una noticia. El método de contado con liqui, que ella divulgó ante la Unión Industrial, le llegó de la boca de Moreno y de Mercedes Marcó del Pont. Se trata de un negocio que se hace comprando bonos con pesos en Buenos Aires y liquidándolos en dólares en Nueva York con una sustancial ganancia. Una lista de banqueros y de conocidos empresarios, algunos cercanos a ella, está en la mesa de trabajo de Cristina. El banquero Jorge Brito sigue encabezando la nómina de los sospechados.
Amado Boudou no podría ser ajeno a esas suspicacias presidenciales. Es un viejo amigo de Brito desde sus tiempos como titular de la Anses. La propia Cristina Kirchner le propinó una fuerte reprimenda a su vicepresidente electo cuando lo entrevió al lado de los banqueros supuestamente confabulados. Boudou no volvió a criticar en la intimidad, como solía hacerlo, las equivocadas medidas que se tomaron para frenar la compra de dólares. Boudou es un político evanescente, que tiene la virtud (o la imprudencia) de ignorar alegremente los avatares de la política.
Moreno no es ingenuo; les pegó a Boudou y a sus ambiciones cuando convenció a la Presidenta de ese complot en puerta. El relato morenista es también simplista. Nadie conoce, por ejemplo, quiénes son los dos empresarios que aprovecharon un crédito del Bicentenario, con tasas subsidiadas, para comprar dólares. Cristina los denunció sin dar nombres. Fue una maniobra financiera moralmente reprochable. Pero ¿esos dos créditos explicarían la salida de más de 20.000 millones de dólares del sistema financiero en lo que va del año? Moreno es así. Con un dato pequeño y conspirativo puede explicar los grandes movimientos de la economía. Cristina le cree.
Cuando cruza a la otra vereda, la Presidenta parece tomar conceptos de Mendiguren. Con el titular de la Unión Industrial venía hablando sobre el proyecto de reparto de las ganancias empresariales con los trabajadores. Ese proyecto, que está en el Congreso, es de Moyano. Mendiguren le advirtió, en algunas de sus conversaciones reservadas, que los balances empresarios deberían ser aprobados por los sindicatos si esa idea se convirtiera en ley. Habrá que olvidarse de la inversión en este país, le deslizó Mendiguren
Al principio, Cristina no le creyó, pero sus abogados le confirmaron que no habría otra alternativa para poner en práctica la eventual ley que la aprobación sindical de los balances de las compañías. Sucedió hace más de un mes, pero la definitiva decisión de enterrar la vieja idea de Moyano fue explayada por Cristina ante los principales empresarios del país. Ella elige el momento y el lugar para decir sus cosas; ni momento ni lugar son casuales.
Mendiguren suele entusiasmarla con planes de modernidad, de innovación y de confianza para atraer inversiones. Nunca prohibiré el giro de utilidades al exterior, dijo Cristina para conformar a un auditorio de hombres de negocios. En esas horas, Moreno llamaba a directivos de empresas multinacionales para hacer lo contrario: Ni se les ocurra girar dividendos al exterior hasta que yo no los autorice. Es cierto: nunca hay una resolución formal, escrita y firmada con tales arbitrariedades. La palabra amenazante es la que triunfa. No se entra a la modernidad en las carretas de Moreno.
¿Qué confianza podría haber ante funcionarios que cambian las reglas con el rigor del látigo? El conflicto entre los discursos de Moreno y de Mendiguren es que el primero tiene el poder para ejecutar sus ideas; el segundo no cuenta con otra cosa que con él mismo. Ni siquiera con el resto de los empresarios.
¿Quién podría ejecutar el reciente discurso presidencial ante la cresta empresarial, interpretado por muchos como el anuncio de una alianza de gobierno? Boudou no está en su mejor momento y sus amigos están en otro lado. Débora Giorgi es una ministra para seguir el humor del que manda. ¿Acaso el propio Mendiguren podría saltar al Gobierno? No. Nunca volveré a un cargo público, contestó.
¿Y entonces? Empresarios y sindicalistas rescatan a Julio De Vido, aunque nadie sabe dónde estará. Es el único nexo del poder con ellos y con el peronismo. Es el único también que, dicen, masculla ante Cristina algún discurso distinto del que ella quiere oír. Es el ministro que acompañó a Néstor Kirchner cuando éste rechazó los planes de Roberto Lavagna y de Martín Lousteau para empezar a quitarle los subsidios al consumo de servicios públicos. De Vido estuvo ahora al lado de Cristina para sacar los subsidios como una "sintonía fina" de la economía. No le tiene miedo a la contradicción, en fin, si la contradicción va en la dirección de sus planes.
Moyano está asustado. Teme que la disputa con Cristina termine con él en la cárcel. El nivel del aumento salarial está en el discurso subyacente de su disputa con la Presidenta. Un grupo de empresarios le propuso establecer un primer aumento a la baja (18 por ciento), pero sujeto a una revisión en seis meses si la inflación se desmadrara. Moyano balbuceó un tal vez. Su estilo no es abandonar la pelea cuando se siente acorralado, sino doblar la apuesta. Es lo que está haciendo.
De Moyano se encarga personalmente Cristina. Moreno y su alumna Marcó del Pont disparan contra algunos bancos y banqueros. Marcó del Pont llegó a reclamarle a un banco por haber permitido a una empresa la compra de dos millones de dólares autorizada por la AFIP. También ordenó deshacer una operación inmobiliaria de 450.000 dólares porque no le gustó el nombre del comprador.
Demasiadas conspiraciones. Muchas internas sin saldar. En el otro lado, ni Daniel Scioli ni Mauricio Macri están haciendo nada para calmar los reclamos sociales ante aumentos generalizados de tarifas. Ellos aplicarán enormes subas de impuestos. Una sociedad que está endeudada por la seducción del consumo se asoma ahora a un horizonte de penurias, presionada por más impuestos, por mayores tarifas y por la pertinaz inflación. La política va hacia ahí, con sus amigos y sus enemigos
Cristina y Mauricio: ¿hacia un nuevo bipartidismo?
Por Mariano Grondona | LA NACION
27.11.11- El bipartidismo es la forma superior del desarrollo político porque, gracias a él, dos partidos predominantes se alternan periódicamente en el poder según los humores del electorado. En los países políticamente desarrollados, el bipartidismo regula los latidos de la democracia. Cuando el partido en el poder sufre el desgaste que trae consigo la función de gobernar y el electorado se "enfría" respecto de él, el partido de oposición crece simétricamente porque le ha llegado su hora. Al sucederse uno al otro en virtud de la alternancia que los tiene a veces en el gobierno y a veces en el llano, los protagonistas del sistema bipartidario terminan por anudar las grandes "políticas de Estado" que van dibujando el destino de la nación; impiden así a la vez que algún presidente de ambición desmedida pretenda convertirse en "vitalicio" y hiera a la democracia.
A partir del Reino Unido y los Estados Unidos, las dos naciones anglosajonas que lo fundaron, el sistema bipartidario ha llegado a ser la marca inconfundible de las democracias de vanguardia. ¿Qué acaba de ocurrir, por ejemplo, en España? Que uno de sus dos grandes protagonistas, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que comandaba José Luis Rodríguez Zapatero, acaba de rodar por la barranca del desgaste, mientras que el otro gran protagonista, el Partido Popular (PP), accede al poder detrás de Mariano Rajoy.
Otro rasgo común de los sistemas bipartidarios es que, en tanto que uno de los dos partidos se inclina hacia la centroizquierda, el otro oscila hacia la centroderecha. Mientras la centroizquierda se caracteriza por enfatizar el papel del Estado en la economía y por obedecer a una estrategia distribucionista, la centroderecha apela al mercado y piensa en la inversión. Para tomar un solo ejemplo: los demócratas norteamericanos se ubican en la centroizquierda y los republicanos norteamericanos en la centroderecha. Ambas inclinaciones son, en definitiva, complementarias, porque los países requieren una dosis de Estado y otra dosis de mercado, un tiempo de distribución y otro de inversión.
Cabe anotar que a veces un "viejo bipartidismo" admite la aparición de un tercer partido como un paso intermedio en dirección de un "nuevo bipartidismo". Así pasa, por ejemplo, en Uruguay, donde el Frente Amplio ha venido a terciar con los tradicionales partidos colorado y blanco, a la espera de que alguno de éstos ceda su lugar a un bipartidismo frenteamplista-colorado o frenteamplista-blanco, en una evolución similar a la que está completando el Reino Unido, que pasó del tradicional bipartidismo conservador-liberal al nuevo bipartidismo conservador-laborista, pero aún retiene un residuo liberal, que es la porción minoritaria de la coalición conservadora-liberal que hoy lo gobierna.
Con sutiles variaciones, éste es el formato de las democracias avanzadas de nuestro tiempo. Un formato que la democracia adolescente de los argentinos todavía no ha alcanzado.
¿Por qué nuestro país soporta aún un grado de desarrollo político menor no sólo que los principales países europeos, sino también que naciones vecinas como Uruguay, Brasil, Chile o Colombia? Porque nuestros dos partidos históricos, el peronista y el radical, no consiguieron implantar el bipartidismo al que estaban llamados. El peronismo, porque sus ansias de dominación fueron excesivas. El radicalismo, porque no logró ubicarse como "el otro gran partido" de los argentinos.
En el peronismo, las ansias de dominar sin límites la vida política se manifestaron en el vicio del reeleccionismo. Cuando la República Argentina vivió su hora más esplendorosa, entre 1853 y 1930, ninguno de sus grandes presidentes fundadores, desde Urquiza hasta Roca, pretendió la reelección consecutiva. Esta costumbre fundacional se interrumpió en 1949, cuando Perón impuso una reforma constitucional que contemplaba su reelección indefinida. Después de él, el reeleccionismo peronista volvió primero con Carlos Menem y después con los esposos Kirchner. Estos, en lugar de retornar abiertamente al reeleccionismo de Perón, instalaron una fórmula original del poder sin fin, que dio en llamarse la "alternancia conyugal", en función de la cual Néstor y Cristina Kirchner pretendieron sucederse uno al otro mediante una rotación incesante. La muerte de Néstor Kirchner cuando pretendía suceder a Cristina en la Presidencia en 2011 como ella lo había sucedido en 2007 interrumpió este proyecto dinástico de poder y reabrió el horizonte republicano.
Sin abandonar el espíritu republicano como lo habían hecho los peronistas, los radicales cometieron su propio error cuando, a partir de la victoria inaugural de Perón en 1946 en nombre de una nueva "centroizquierda", en vez de mantenerse en la centroderecha de un Alvear pretendieron vencer al peronismo con su propia centroizquierda en nombre de Yrigoyen; colocaron así al país en la situación insólita de no tener una centroizquierda y una centroderecha como el resto de los países bipartidistas, sino dos centroizquierdas en competencia entre sí. Prueba de que esta pretensión "progresista" del radicalismo aún persiste es que, cuando Cristina autorizó el extravío de Guillermo Moreno al intervenir autoritariamente en el mercado de cambios, Ricardo Alfonsín salió a apoyarla de inmediato.
Dos acontecimientos recientes han reabierto las posibilidades del bipartidismo en la Argentina. El primero de ellos es que, al margen de la excepción insostenible de la furia cambiaria de Moreno, Cristina parece girar desde el agresivo populismo de izquierda del cual venía hacia una centroizquierda moderada. Lo prueban su embestida contra los gremialistas de Aerolíneas Argentinas -una embestida de la cual exime, todavía, a Mariano Recalde y La Cámpora, que son los responsables de la quiebra virtual de la compañía-, su intento de racionalizar la "fiesta" preelectoral de los subsidios y el freno que quiere ponerle al alza incontenible de los salarios. Todas estas medidas, que ella ha defendido en sus últimos discursos urgida por nuestra novedosa estrechez económica, indican cierto desplazamiento de la Presidenta de la izquierda populista a una centroizquierda más racional, más próxima al "centro". Lo cual es lógico no sólo desde el punto de vista económico sino también desde el punto de vista político ya que, habiendo venido el amplio respaldo electoral que ella obtuvo el 23 de octubre de la clase media que antes no la seguía, para conservar este nuevo apoyo necesita moderarse. ¿En competencia con quién? Precisamente con la centroderecha de Mauricio Macri, el único opositor que ha quedado en pie.
Que tanto Cristina como Mauricio compitan por seducir a los argentinos situados en el "centro" abre una perspectiva promisoria para el bipartidismo. El hecho de que Cristina gradúe el populismo mientras Mauricio ocupa la centroderecha como no supo hacerlo el radicalismo apunta hacia un horizonte del que habíamos carecido: la de dos partidos que viajan desde la izquierda y desde la derecha hacia ese "centro" que les promete la victoria. Si este diagnóstico se confirmara, nuestro país se acercaría a la configuración bipartidista de los países políticamente desarrollados, una configuración de la que hasta ahora no habíamos disfrutado, sin que importara a partir de este cambio fundamental quién ganara en 2015, ya que el bipartidismo no es un episodio, sino un sistema destinado, como tal, a perdurar a lo largo del tiempo
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¿Ley pareja para todos?
Castells insiste con asumir su banca, pese al rechazo mayoritario
24.11.11.- Infobae – Hace 4 horasShare0Correo electrónicoImprimirCuando el próximo 6 de diciembre los diputados electos el pasado 23 de octubre presten juramentos en sus cargos, podría desatarse el primer conflicto el nuevo Congreso: es que Raúl Castells tiene decidido asumir una banca, en lugar de su compañera de fuerza, Ramona Pucheta, pese al rechazo mayoritario por una supuesta violación al cupo femenino.
La polémica se desató inmediatamente después de terminada las elecciones. Con los resultados en la mano, el Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados logró una banca en Diputados, en la lista de Compromiso Federal, que llevaba a Alberto Rodríguez Saá como candidato a Presidente.
Ese lugar correspondía a Ramona Pucheta, que para cumplir con la ley de cupo femenino, aparecía en la lista por encima de Castells. Pero el acuerdo era que, en caso de lograr el escaño, el líder piquetero sería el que asumiera.
La maniobra es rechazada por buena parte de la Cámara. La diputada oficialista Diana Conti ya diseñó un pedido de impugnación, junto a sus colegas María Luisa Storani, de la UCR, y Laura Alonso, de Pro.
Como respuesta, el piquetero asegura que recibió el apoyo en una consulta popular que finalizó el pasado domingo. Según relató Castells a un matutino porteño, el 59 por ciento de sus miembros votó a favor de que él asuma la banca de diputado nacional. "Se expresaron 10.440 personas en 17 provincias del país. Esa es la voluntad de nuestra agrupación, por lo que no vamos a aceptar que el Gobierno ni ciertos grupos reaccionarios nos proscriban", advirtió.
Por lo pronto, Pucheta ratificó que renunciará a su banca. "Todos los compañeros queremos que Castells nos represente en el Congreso. Eso es lo que expresaron en la elección interna y hay que respetarlo", sostuvo.
Para reafirmar su postura, Castells pone ejemplos de situaciones similares en las que, según afirma, no se toma en cuenta el cupo femenino. "En el Concejo Deliberante de Rosario el bloque Pro quiere que renuncie una de las concejalas electas para que asuma un hombre la banca. En Buenos Aires, Cristina Álvarez Rodríguez iría al gabinete de Daniel Scioli y asumirá otro hombre como diputado nacional. Se nota que a nosotros buscan proscribirnos porque ocuparemos la única banca de la izquierda en el Congreso", señaló.
 
El precio del sinceramiento
Por Joaquín Morales Solá | LA NACION
Decidió pagar todo el precio político ahora, cuando ningún peligro la asedia. Es una apuesta que alejará a la Presidenta de la clase media y, en última instancia, también de los sindicatos. Cristina Kirchner acaba de tomar la decisión más importante, desde que quedó viuda, de una manera distinta de la que hubiera elegido su esposo. A partir de enero, si no existen cambios en el medio, todos los argentinos deberán pagar los servicios públicos sin subsidios. Eso significa que se duplicarán o se triplicarán las actuales tarifas; las subas podrían ser más grandes en algunos casos. Sólo serán beneficiados por los subsidios los consumidores que los pidan expresamente, luego de la autorización del Gobierno y según un sistema que nadie conoce de antemano.
Néstor Kirchner era, en cambio, un enamorado del gradualismo para aplicar medidas impopulares. De hecho, cuando era presidente hizo confeccionar varios proyectos de sinceramiento de las tarifas de servicios públicos. Todos debían prever aumentos graduales. Ninguno funcionó porque los dos Kirchner le temían, sobre todo, a la tapa de los diarios del día posterior. Detestaban la sola idea de que se hablara de "tarifazo", porque esa palabra maldita los asimilaba a los gobiernos anteriores. Esto los unía; el mecanismo que terminó usando Cristina los diferencia.
El kirchnerismo creó así, entre tantas aprensiones políticas y mediáticas, una sociedad enviciada con los subsidios. ¿Por qué los barrios elegantes de la Capital y del norte bonaerense estaban subsidiados en sus consumos de gas, electricidad y agua? ¿Por qué el interior, muchas veces más pobre, debía pagar tarifas mucho más caras por esos mismos servicios? Nunca hubo otra respuesta que la que explica una alianza tácita: el Gobierno les huía a las decisiones impopulares y la sociedad vivía hipnotizada en una burbuja de inexplicables subsidios. Ese sistema, que llegó a estimar los subsidios al consumo para el año próximo en más de 110.000 millones de pesos, debía terminar en algún momento. Lo que podía ser comprensible en 2003 era un absurdo en 2011, después de varios años de alto crecimiento económico.
Llámese "equidad" o "aumento de tarifas". Importa poco. El bolsillo es uno solo. El kirchnerismo se enamora más de la narración de las cosas que de las cosas. De todos modos, el caso de las tarifas no es el del dólar. La salida de capitales (que en octubre superó los 4000 millones de dólares) no podía esperar más. La Argentina no puede emitir dólares y éstos se estaban yendo demasiado deprisa. El control de cambios que se implementó de hecho fue la peor solución, pero fue también una decisión desesperada. El Gobierno cree ahora que está frente a un éxito, aunque, en rigor, sólo paralizó el mercado cambiario. Pequeñas y medianas empresas no pueden ya conseguir dólares para comprar insumos importados. La economía comienza a resentirse.
Es difícil encontrarle una razón al control de cambios en un país con una economía en crecimiento, con importantes reservas en el Banco Central, con materias primas que conservan precios elevados y con tasas de interés internacionales que tocan el 0 por ciento. Controles de cambios hubo en el país, pero en condiciones adversas, muy distintas de las actuales. El presente es, según todas las evidencias, un problema de inflación irresuelta y también de confianza. El Gobierno insiste en que debió sofocar una conspiración de dudosa existencia.
Está pensando en otro complot para enfrentar el problema de las tasas de interés, que para las grandes empresas se duplicaron en las últimas semanas (pasaron de entre el 13 y el 14 por ciento al 28 o el 29 por ciento actual). No hay crédito, entonces. Guillermo Moreno les ordenó a los bancos que de ahora en adelante las tasas no podrán superar el 20 por ciento. Reglas para el mercado cambiario y nuevas reglas para los intereses que cobran los bancos. Viejas políticas para nuevos problemas.
Las tarifas de servicios públicos, en cambio, debían sincerarse en algún momento. Las cosas cuestan lo que cuestan. La voluntad no pudo nunca contra las leyes de la economía. La única pregunta consiste en saber por qué Cristina Kirchner no les reclamó a sus funcionarios un sistema claro, previsible y gradual para morigerar sus efectos sociales. Había margen para eso. Parte de las tarifas se subsidian con pesos y el Gobierno está en condiciones de hacerse de pesos.
Las respuestas son dos. Por un lado, el Gobierno sinceró, en realidad, que viene arrastrando un déficit fiscal disimulado durante los últimos dos años, y que los maquillajes no le servirían de mucho si la situación económica internacional se agravara aún más, como todo lo presagia. Brasil, el principal socio comercial de la Argentina, anunció el jueves que su último trimestre económico fue directamente recesivo. Un 70 por ciento del comercio bilateral con Brasil es de bienes industriales, sobre todo de automóviles. Brasil le contagia a la Argentina sus ráfagas de felicidad tanto como sus rachas de adversidades.
La otra respuesta se reduce a una decisión política: Cristina Kirchner decidió pagar todo ya mismo, cuando no tiene a nadie enfrente, con la razonable esperanza de reconquistar después lo que perderá ahora. La aguardan tiempos de menor popularidad. La simpatía social que la arropó en los días de su reelección no la acompañará, seguramente, durante los próximos meses. Es el mismo efecto que padeció durante la crisis económica local e internacional de 2009, cuando su popularidad cayó significativamente. Cristina se reconcilió con las encuestas cuando volvió la bonanza económica
La clase media ya estaba molesta en las últimas semanas por las trabas a la compra de dólares cuando se enteró de que desde enero deberá resignar el consumo para solventar los servicios. Gran parte de esos sectores sociales votaron el 23 de octubre por la reelección de la Presidenta porque querían seguir subsidiados y comprando dólares baratos.
Analistas de opinión pública sostienen que entre un 25 y un 30 por ciento de los votantes de Cristina Kirchner pertenecen a un grupo social apolítico y apartidario. Toma sus decisiones electorales sólo por lo que considera conveniente en el momento de la elección. La Presidenta cuenta también con un voto afectivo, pero no tiene la magnitud como para decidir una elección ni para dotar a un líder de fortaleza política.
La mayor ventaja de Cristina Kirchner es, sí, la absoluta carencia de referentes opositores. Aun cuando pierda parte de los votantes de octubre, éstos se irían a un limbo sin dirigentes. Diezmada la dirigencia política clásica, sólo Mauricio Macri pareció conservar la vida política después de las elecciones. Pero Macri eligió el camino de no confrontar; no quiere que nadie lo acuse a él de las desventuras del Gobierno. Su estrategia es arriesgada, sobre todo si careciera de las necesarias diferenciaciones.
El único adversario en serio que le surgió al Gobierno es el sindicalismo. Hugo Moyano no dejó ninguna duda al respecto cuando lanzó un conflicto gremial en la empresa de catering para vuelos internacionales justo en los días en que Aerolíneas Argentinas estaba atravesando su propio conflicto sindical. Fue un tiro por la espalda , dijo un funcionario. El problema más grave con el gremialismo todavía está oculto: se refiere al nivel de los aumentos salariales para el próximo año. El Gobierno los quiere clavar en un techo del 18 por ciento, pero los sindicatos ya están rechazando esa cifra después del nuevo sistema de tarifas públicas, que también tendrá su incidencia en la inflación.
Las propias empresas de servicios públicos, que no recibirán nada de los cambios tarifarios anunciados, están más preocupadas que antes. ¿Cuándo podrán aplicar un aumento de las tarifas si la sociedad se enfrenta a una inminente y enorme suba real de las tarifas? El control de cambios y la falta de previsiones sobre la economía de las empresas están dañando la inversión. La economía podría bloquearse en el próximo atajo.
Clase media y sindicatos fueron los aliados fundamentales de Cristina Kirchner en octubre. Son ahora, también, las primeras víctimas de un brusco cambio en las reglas del juego. Las promesas ya no son lo que eran
Para el que no sabe adónde va, no hay vientos favorables
Por Mariano Grondona | LA NACION
De un lado, con las elecciones del 23 de octubre, la Presidenta ha obtenido un poder incontrastable, sólo comparable en la Argentina moderna al que tuvo Juan Domingo Perón. Del otro lado, Cristina no ha dado hasta ahora ninguna señal definida acerca de lo que piensa hacer con su inmenso capital político. Esta es la paradoja entre el poder y el saber que revolotea sobre todos los argentinos. ¿Podría ser que, abrumada por el impacto de su espectacular victoria, a Cristina aún le cueste asimilarla? Si el contraste entre el poder y el saber qué hacer con él se prolongara ad infinítum , a la Presidenta se le podría aplicar esta célebre frase del filósofo estoico Lucio Séneca (4 a.C. - 65 d.C.): "Para el navegante que no sabe adónde va, nunca hay vientos favorables". Pero esto no tiene por qué ser así, porque la Presidenta, al acumular más de la mitad de los votos, ha demostrado una gran habilidad política, mayor aún que la de Néstor Kirchner, cuyo caudal electoral nunca sobrepasó el 30 por ciento. A la vista de las medidas contradictorias que ella ha auspiciado hasta ahora, ¿no podría afirmarse entonces que sólo estamos asistiendo a las "dudas transitorias" de Cristina sobre el destino que le dará a su preeminencia, dudas que, con el tiempo, se irán aclarando?
Pero estas "dudas" que podrían adjudicarse a Cristina, ¿son "de ella" o sólo son "de nosotros", los que la estamos observando? Esta pregunta es válida porque, como acaba de observarlo Beatriz Sarlo en La Nacion de anteayer en un artículo titulado "El secreto del poder" , la Presidenta ha hecho del secreto un arma que vino a reforzar aún más el poder adquirido en las elecciones. Aun cuando Cristina ya sepa lo que va a hacer con su inmenso poder, ¿quiénes lo saben fuera de ella? ¿Quiénes son, si los hay, los receptores de sus confidencias?
Contradicciones
Desde hace un mes, cuando ganó las elecciones, la Presidenta ha amparado tres grandes decisiones. Una, el intento de controlar coactivamente el mercado de cambios. Otra, el sostén de la conducción actual de Aerolíneas Argentinas. La tercera, la revisión "hacia abajo" de los subsidios estatales. Lo que dificulta aún más las conjeturas que se tejen en torno de estas decisiones es que son contradictorias entre sí. Cada decisión del Estado puede ser, en este sentido, racional o irracional y, también, popular o impopular . La decisión de llevar el intervencionismo oficial hasta el extremo en el mercado de cambios es, a la vez, irracional e impopular. Si entendemos por "racional" aquella conducta que concilia los medios que se utilizan con el fin buscado, pretender "vencer" la inclinación por el dólar como moneda de reserva que sigue reinando sobre el comportamiento ancestral de los argentinos mediante una sucesión de medidas aparatosas que tarde o temprano probarán ser inviables, aquí nos hallaríamos ante una contundente demostración de irracionalidad. Si tenemos en cuenta además que esta política es capaz de perturbar los hábitos adquiridos de miles y miles de ahorristas, este despliegue casi ingenuo de voluntarismo terminaría por ser impopular.
La decisión de sostener a todo trance la desastrosa conducción actual de Aerolíneas Argentinas nada más que porque sobre ella se han posado Mariano Recalde y los jóvenes de La Cámpora también resultaría, de mantenerse, irracional e impopular. Sería irracional porque, como lo demostró la gestión impecable de Juan Carlos Pellegrini de 1973 a 1983, cuando Aerolíneas Argentinas andaba como un reloj, sólo un acendrado espíritu profesional puede estar a la altura de lo que hoy requiere una línea aérea internacional. Y sería asimismo impopular si prolongara los múltiples inconvenientes que ya está causando al sufrido público que se congrega en nuestros aeropuertos.
En cuanto a la decisión de rectificar la política de subsidios, que también está en camino, ella parece al contrario racional y, hasta ahora, popular. Es racional porque el Estado ya no está en condiciones de subsidiarlo todo sin discriminar severamente entre aquellos subsidios que necesitan sostenerse por razones sociales y aquellos otros que respondían a un voluntarismo insostenible. Y decimos que esta línea de acción es "hasta ahora" popular por cuanto, al concentrarse al principio sólo en los grandes contribuyentes, resulta aceptable para la sociedad pero, si se llegara a prolongar y profundizar mucho más hasta afectar a la clase media de la cual dependió la victoria del 23 de octubre, podría perturbar su apoyo al Gobierno. Si al contrario, por mantener la popularidad, la reducción de los subsidios se concentrara sólo en los grandes contribuyentes, esta concentración de los recortes ya no sería racional por cuanto es falsa la impresión de que éstos pueden sostener sólo sobre sus hombros el inmenso gasto público de la era kirchnerista, que es uno de nuestros problemas de fondo.
¿Boudou o Moreno?
Si la intención de Cristina era ganar las elecciones del 23 de octubre, esta intención demostró ser políticamente racional porque ella logró lo que buscaba, pero la decisión de prolongarla hacia el futuro se convertiría en económicamente irracional porque los recursos del Estado ya no podrían sostenerla. Dicho de otro modo: si tirar la casa por la ventana como se lo hizo hasta el 23 de octubre tuvo un sentido al menos en el corto plazo, de ahora en adelante el Estado necesitará ajustar su política económica para volverla sustentable en el largo plazo. Ni el "apriete" a los ahorristas en dólares ni la agonía de Aerolíneas Argentinas responden a esta nueva lógica "poselectoral". Sí podrían hacerlo, en cambio, el ajuste de los subsidios y otras medidas concordantes. Si la Presidenta apuntara en este sentido, lo que podría aconsejarle un asesor razonable sería que buscara una diagonal entre la racionalidad y la popularidad. En esta búsqueda tendría que aceptar algún costo electoral, pero éste sería tolerable si se piensa que Cristina tiene por delante nada menos que un mandato de cuatro años.
¿Hay entonces para ella una opción entre la irracionalidad militante de un Guillermo Moreno y la incipiente racionalidad que se atribuye a Amado Boudou? ¿Hay tensión entre un equipo "fanático" de gobierno, que encarnarían Moreno, Ricardo Echegaray y Mercedes Marcó del Pont, y otro equipo "razonable", que encarnarían Boudou y Julio De Vido?
La dificultad para responder a esta pregunta reside en esta otra: ¿alguien se anima hoy a aconsejar a Cristina, o a todo lo que aspiran quienes la rodean es a complacerla, ya que ella y solamente ella es quien tiene el poder? ¿En quién puede confiar, por otra parte, la Presidenta? ¿Sólo en sus hijos y, en particular, en Máximo? ¿O puede alguien, ya se llame Boudou, Moreno o un tercero, penetrar el círculo de su presunta desconfianza? Una presunta desconfianza que es explicable, además, porque ella, al haber ganado sola, también se ha quedado sola en la cima del poder, sin consejeros ni ministros que merezcan el nombre de tales.
Por sus frutos, en definitiva, la conoceremos. Su problema será pasar de la "racionalidad política" que ya demostró a la "racionalidad económica" que necesitará para recorrer la etapa que se avecina. Quizá la mejor decisión sería, para ella y para nosotros, que el 10 de diciembre designara a un verdadero ministro de Economía, como lo fue Roberto Lavagna en los primeros años de Néstor Kirchner, que podría ayudarla a atravesar con un mínimo costo político la fase de transición que ahora se inicia. ¿Lo encontrará la Presidenta? Es más: ¿querrá encontrarlo?.
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El laboratorio del fracaso
Por Joaquín Morales Solá | LA NACION
16-11-11-El caso podría ser la decepción más grande de Cristina Kirchner como presidenta. Tres años después de haberla estatizado de hecho (todavía no la expropió), Aerolíneas Argentinas se convirtió en el laboratorio donde fracasaron muchas políticas del oficialismo. Fracasó, sobre todo, la mezcla de arbitrariedad y de voluntarismo, de dispendio y de favoritismo en la administración de los bienes del Estado.
Una de las fallas más notables es la decisión de encumbrar a una generación nueva, sin experiencia pero con ambición, a los niveles más altos de la administración. La Cámpora no puede mostrar ningún resultado bueno en su hegemónica administración de Aerolíneas Argentinas, el único lugar donde no comparte el poder con nadie.
Mostró también las pésimas consecuencias de apoyarse en los sindicatos para destruir enemigos reales o potenciales. Los sindicalistas son ahora la única estirpe política que desafía el poder presidencial.El dominio gremial sobre sectores sensibles del Estado obligó también al Gobierno a volver sobre sus pasos y devolverle a la Fuerza Aérea un poder cuestionado sobre el tráfico aéreo. Fue la aceptación implícita de una derrota.
El gobierno más cercano a los sindicatos de las últimas décadas se vio obligado al recurso más severo que se haya tomado contra un gremio desde 1983: pidió a la Justicia la suspensión de la personería gremial del sindicato de los mecánicos aeronáuticos. El caso de Aerolíneas Argentinas ya había provocado en su momento que el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, amenazara al sindicato de los pilotos con intervenir el gremio. "Siempre detesté la idea de intervenir un gremio, pero en el caso de ustedes tendré el gusto de hacerlo personalmente", llegó a advertirles en una de las habituales crisis de los pilotos con los entonces dueños privados de la compañía aérea. La decisión se demoró, pero finalmente parece concretarse con el sindicato de los mecánicos, aunque se eligió el camino de la Justicia.
Es difícil para el Gobierno explicar que una compañía que recibe casi 2 millones de dólares diarios de recursos del Estados no haya conformado a nadie: ni a los sindicatos ni a los pasajeros. Para peor, tiene casi la mitad de la flota en tierra, ya sea por problemas de mantenimiento o porque hay aviones que no tienen pilotos. Sin embargo, la conducción estatal de la compañía sumó 230 pilotos en el último año de su administración. Semejante situación no podría ser otra cosa que la consecuencia de la impericia en el manejo de la empresa.
Dramático
El resultado podría ser irónico si no fuera dramático para el Estado: se trata de una empresa que obtiene 700 millones de dólares anuales para financiar su déficit, pero que sólo sirve para trasladar a un porcentaje muy pequeño de argentinos. Los argentinos son contradictorios: una mayoría dice en las encuestas estar de acuerdo con la conducción estatal de Aerolíneas Argentinas, mientras que sólo un 7% de los viajeros de Ezeiza elige a la compañía nacional. El resto prefiere viajar en compañías extranjeras mucho más previsibles.
¿Están equivocados los que se inclinan por otras empresas? La conducción de La Cámpora descabezó Aerolíneas Argentinas, barrió a todos sus funcionarios de carrera y colocó en su lugar a militantes que hacen política. De alguna manera, ése es el reclamo fundamental que están realizando los gremios. Por primera vez, a todo esto, el jefe del sindicato de mecánicos, Ricardo Cirielli, está denunciando que podría haber problemas en la seguridad de los aviones, cosa que nunca antes se había puesto en discusión. Aerolíneas Argentinas conserva un lugar entre las diez compañías aéreas más seguras del mundo.
Cirielli sólo expone las deficiencias de la administración de la compañía. Espera el vencimiento de los plazos de revisión de los aviones para dejarlos en tierra. Sólo entonces los funcionarios de la empresa se enteran de los problemas. Fue el gobierno de los Kirchner el que les dio a los sindicatos (tanto al de Cirielli como al de los pilotos, conducido por Jorge Pérez Tamayo) un poder que no habían tenido antes. En el caso de Aerolíneas Argentinas los usaron para echar a sus dueños privados, jaqueados por innumerables huelgas salvajes. Los españoles no eran buenos, pero debieron conducir una empresa sin subsidios, con tarifas congeladas y en medio del asedio de siete gremios espoleados por el Gobierno.
¿Cómo decirles ahora a los sindicatos que ya no tienen el poder que tenían? ¿Por qué resignarían el viejo poder? Hugo Moyano le soltó la mano ayer a su viejo abogado y aliado Héctor Recalde para apoyar a un adversario en la interna gremial, Cirielli. Recalde es padre del joven camporista Mariano Recalde, presidente de Aerolíneas y responsable del desembarco masivo de La Cámpora en la compañía. Para Moyano está primero el deber corporativo y Cirielli tiene ahora el gremio amenazado por una suspensión judicial.
También influye la vieja pelea del peronismo entre los cuadros históricos de ese partido, como lo es Moyano, y la juventud reformadora, que expresa La Cámpora. Salvo por su relación familiar con Recalde, ¿qué motivos tendría Moyano ahora para estar de parte del Gobierno, como sí lo estuvo en los tiempos de los enfrentamientos entre Néstor Kirchner y los propietarios privados de la empresa?
El papel de De Vido
No es extraño en ese mundo de viejas y nuevas trifulcas que el ministro Julio De Vido haya sido sorprendido al lado de Moyano. De Vido es el más peronista entre los auténticos kirchneristas y tiene cierta aversión instintiva por las desmedidas pretensiones de La Cámpora. Influye en él, además, un reflejo puramente kirchnerista: si hay impericias, que no se noten. Pero ¿cómo disimularlas en un conflicto en el que los aviones no vuelan y los pasajeros duermen en los pasillos de los aeropuertos?
¿Cómo, cuando el Gobierno debió devolverle a la Fuerza Aérea el control del tráfico aéreo, contra la experiencia del mundo, que pone en manos de civiles esa cuestión? La autoridad civil argentina (ANAC) terminó colonizada por los gremios. Está llena de gente de Pérez Tamayo y parte de los controladores aéreos están bajo el control de Cirielli. Por eso, Cristina Kirchner les restituyó el problema a los militares. Resulta que la Fuerza Aérea también está cuestionada. ¿O, acaso, no salió de un aeropuerto de la base militar de Morón el avión con 944 kilos de cocaína que los hermanos Juliá depositaron en Barcelona en enero pasado?
Si la Presidenta no aprovechara su reasunción para promover un cambio drástico en la empresa, el caso Aerolíneas Argentinas es uno de esos conflictos en el que todo puede ser aún peor
Cristina oscila entre dar la mano y retener el puñal
Por Mariano Grondona | LA NACION
13.11.11.El gobierno de Cristina Kirchner acaba de dar dos señales contradictorias. Sus navegantes en el pantano del dólar , Mercedes Marcó del Pont y Ricardo Echegaray, han venido insistiendo con medidas intervencionistas que, lejos de aplacar la sed del mercado por la divisa norteamericana, sólo han conseguido exacerbarla. Este empecinamiento vino acompañado por nuevos ataques del "periodismo militante" que, apoyado en el "núcleo duro" kirchnerista, acusó de "terrorismo económico" al periodismo profesional por seguir atento, como es su deber, al drenaje de divisas que estamos sufriendo. A esta tendencia que parece prolongar bajo Cristina Kirchner la agresividad que había caracterizado a Néstor Kirchner, parece moderarla, empero, un síntoma opuesto que se manifestó en el acuerdo entre la Presidenta y Mauricio Macri en el Consejo de la Magistratura, a resultas del cual se nombrarán cuatro nuevos jueces federales en la Capital ya no mediante el criterio "hegemónico" habitual del kirchnerismo sino mediante un criterio "equilibrado".
Cristina vacila, por lo visto, entre retener el clásico puñal de Néstor y ofrecer, al contrario, su propia mano. ¿Por cuál de estas dos opciones se inclinará finalmente? Ambas actitudes tienen sus raíces en la historia. Cuando en Roma nació la costumbre de dar la mano al antiguo rival, quien la inauguró asumió un serio riesgo porque la mano abierta traía consigo la señal de que su portador ya no blandía la espada creando, así, el peligro de que su rival le diera muerte de inmediato. Sólo en caso contrario, si a la mano abierta la acompañaba la otra mano, sobrevendría la amistad.
Sobre este gesto bilateral, tantas veces repetido en la historia, se fundó entre nosotros una tendencia orientada al acuerdismo a partir, sobre todo, del Acuerdo de San Nicolás de 1852 entre unitarios y federales, que nos dio ochenta años de concordia política, orden institucional e incomparable progreso económico hasta el fatídico golpe de 1930.
Los discípulos de Mani
La tendencia contraria a todo acuerdo también ha sido llamada maniqueísmo porque el pensador que la fundó fue el monje Mani, en el siglo III de nuestra era. Continuador del dualismo persa y de su fundador Zoroastro, Mani imaginó la historia como la lucha incesante entre el Bien y el Mal, cometiendo la herejía de sugerir que no hay uno sino dos dioses, uno al que llamamos Dios y otro al que llamamos Demonio. De aquél provenían todas las bondades de este mundo, en tanto que éste instigaba todas sus maldades. Mani fue quemado en la hoguera pero su escuela ha llegado hasta nosotros, anidando en la mente de todos aquellos que, frente al enemigo, sienten el deber moral de aniquilarlo.
Desde las luchas sangrientas entre unitarios y federales, nuestro país ha ofrecido un campo fértil al maniqueísmo. Una y otra vez, no sólo los unitarios y los federales quemaron incienso ante la imagen de Mani. También lo hicieron en sus tiempos de intolerancia los conservadores y los radicales así como los peronistas y los antiperonistas y, en la peor confrontación de todas, los Montoneros y los militares. Para los maniqueos de todas las confesiones, la lucha política es una guerra sin cuartel entre los buenos -"nosotros"- y los malos -"ellos"-. Hasta el sabio abrazo de los viejos Perón y Balbín resultó impotente para disuadirlos.
Hay que reconocerle a Néstor Kirchner que no apeló a la lucha sangrienta, pero aun así es imposible no ligarlo a la tradición de Mani. A ella sirven todavía aquellos que acusan hoy al periodismo profesional de "terrorismo económico". A ella pertenecía también la propia Cristina Kirchner cuando interpretaba la historia argentina como una lucha crucial entre el Bien, encarnado únicamente por su gobierno en nuestros doscientos años de vida, y el Mal, que recibió sucesivos nombres: el "neoliberalismo", los "grupos concentrados", los "piquetes de la abundancia" del campo y, en general, toda oposición a la patria justa y soberana que ella decía andar buscando.
Pero si Néstor Kirchner encarnó la versión más reciente de nuestros maniqueos, ¿ha empezado a encarnar su sucesora, a partir del entendimiento con Mauricio Macri, el espíritu del acuerdo? Si la respuesta a esta pregunta fuera positiva, de Néstor a Cristina estaríamos asistiendo nada menos que a la inauguración de un nuevo ciclo político destinado a superar el ciclo maniqueo de 2003 a 2011.
¿Vuelve la concordia?
A la inversa de Cristina, que proviene del maniqueísmo, Macri, el único rival de fuste que le queda, se vinculó de entrada con la tradición acuerdista, como lo prueban ahora no sólo su convergencia con Cristina sobre los nuevos jueces federales de la Capital, inspirada por Federico Pinedo, sino también su apuesta de que habrá, al fin, otra coincidencia con la Presidenta en el delicado asunto sobre cómo se repartirán los costos económicos y políticos de la supresión de los subsidios a los subterráneos. Si trasladáramos esta aproximación más allá de estos casos puntuales, ¿estaría prohibido pensar que Cristina y Mauricio podrían representar, de cara al futuro, la creación de un bipartidismo benevolente?
Macri ya ha aceptado esta nueva configuración política que podría alinear a la otrora confrontativa política argentina con los ejemplos egregios de los países que nos rodean. Quedan, sin embargo, dos obstáculos para esta manera esperanzada de pensar. Uno de ellos es la impresión que aún pueden ejercer sobre Cristina sus propias huestes radicalizadas, a comenzar por La Cámpora y a seguir por la influencia que quiere mantener en su entorno el ideólogo Ernesto Laclau.
El segundo obstáculo quizá resida entre las huestes del propio no kirchnerismo. Mientras Kirchner encabezaba la ofensiva más reciente del maniqueísmo, a la oposición le fue fácil, casi inevitable, moverse en dirección de un antikirchnerismo tan absoluto como él. La muerte del ex presidente la dejó, sin embargo, sin enemigo. De ahí su tentación de oponer al kirchnerismo, simplemente, un maniqueísmo de signo contrario. La posibilidad de que Cristina empiece a encarnar a partir de ahora no ya una lucha a muerte sino una contraposición moderada con los que no piensan como ella, que ya abrazó el macrismo, ¿podría extenderse también a las demás expresiones de la oposición como, por ejemplo, el radicalismo, o todavía subsistiría entre nosotros, pese a la "deserción" de Macri y de Pinedo, un maniqueísmo ya no sólo "antikirchnerista" sino además "anticristinista"?
La convergencia eventual entre cristinistas y no cristinistas en dirección de una Argentina tolerante depende de dos factores. Uno, que Cristina complete el cambio de espíritu que por ahora sólo ha insinuado, un cambio que sería lógico para el caso de una candidata que acaba de triunfar casi sin oposición. El otro, que el anterior antikirchnerismo ceda su lugar a un "no cristinismo". De un lado y del otro, se nos dirá, no será fácil esta doble conversión que, si bien prometería liberarnos de un pasado de enconos, tendría que superar, para lograrlo, a la poderosa inercia maniquea. El hecho de que Cristina haya ganado como ganó el 23 de octubre, ¿no podría computarse como un factor favorable a una Argentina acuerdista? ¿Les queda algún argumento a los menguantes voceros del maniqueísmo? Para un pensamiento racional, no. Esto, ya lo sabemos. Pero también sabemos que la intolerancia, que ya ha envenenado largas porciones de nuestra historia, tiene, como las malezas, la inquietante capacidad de sobrevivir contra viento y marea
La conspiración que encubre los problemas
Por Joaquín Morales Solá | LA NACION
13.11.11.- ¿Quien le hace a Cristina un relato distinto al de Guillermo Moreno? La pregunta estalló entre kirchneristas preocupados por el brusco giro de los asuntos financieros y cambiarios. Silencio. Sin respuestas. En realidad, hay una respuesta para esa pregunta: nadie. Los otros funcionarios están preocupados por permanecer o por escalar. Tampoco se sabe si alguno de ellos tiene una receta diferente. Moreno, en cambio, anda con sus dogmas bajo el brazo, dice que se va del cargo (mientras todos aseguran que estará en el Gobierno después de diciembre) e instala ideas de complot contra la Presidenta. Cristina le cree.
Moreno tiene un solo aliado, pero incondicional: es Ricardo Echegaray , jefe de la AFIP. Los dos son célebres como especialistas en diseñar soluciones de corto plazo. ¿Hay problemas con las masivas compras de dólares? No se venden más dólares, aunque los ahorristas en dólares se llevan sus depósitos. ¿Las importaciones requieren de dólares que no abundan? Cierran las importaciones, aunque hasta la industria argentina se quede sin insumos indispensables. ¿Se necesitan liquidaciones de dólares por las exportaciones? Hay que exportar con urgencia, aunque se violen expresas resoluciones del Gobierno. Ellos son así.
Un equipo técnico de empresarios estaba en los últimos días negociando en el ministerio de Julio De Vido la implementación de la quita de subsidios cuando apareció un mensaje de Moreno sobre esa cuestión. Los funcionarios de De Vido se apartaron en el acto. ¿Moreno también decidirá sobre los subsidios al consumo de servicios públicos? Sí, según todo lo indica. Vamos a terminar con un sistema en el que el jubilado del séptimo piso tiene subsidio y el empleado del octavo no lo tiene , se cansó uno de los negociadores.
Los empresarios que creyeron en la posibilidad de un cristinismo acuerdista han sido conquistados por la decepción. El kirchnerismo es una creación política (exitosa hasta ahora) de la confrontación. Cristina Kirchner fue una candidata cordial, que alimentó aquellas expectativas consensuales, cuando su presente y su futuro se mecían en un mar calmo y las brisas iban en la dirección de sus velas. La primera adversidad la devolvió raudamente a los viejos reflejos: es abriendo fuego en el campo de batalla como piensa ganarle al dólar, al déficit fiscal y a la inflación.
Tenemos, por lo pronto, una conjura detrás de la inestabilidad cambiaria. Moreno y el ala más dura de la administración aseguran que esa intriga viene del "club de la deuda". Cristina está convencida de que ese relato es cierto. El "club" estaría formado por banqueros que promoverían una nueva ola de endeudamiento de la Argentina para pagar viejas deudas.
Es extraño, pero al banquero que más se nombra dentro de la conspiración presunta es a Jorge Brito, un viejo amigo del Gobierno que avaló muchas, no todas, las medidas recientes de la administración. Un interrogante se abre, entonces: ¿acusan a Brito o al ministro de Economía, Amado Boudou, y a su delfín, Hernán Lorenzino, secretario de Finanzas? Estos funcionarios son muy amigos de Brito, pero son, a la vez, los que más bregan por una reinserción del país en el mercado internacional de créditos. ¿Brito? No hay mejor amigo de ustedes que él entre los banqueros , le contestó un empresario a un funcionario que divulgaba la conjetural confabulación. Inútil. La conspiración debe existir para explicar la desdicha.
Brito es un banquero importante, pero no está en condiciones de controlar lo que sucedió en los últimos tres meses. ¿Qué pasó en agosto, septiembre y octubre? Se fueron del sistema financiero unos 11.500 millones de dólares. El reparto fue así: poco más de 3700 millones se fueron mensualmente en agosto y en septiembre. Según cálculos recientes, que llegan sólo hasta el 28 de octubre, en este último mes huyeron del sistema unos 4100 millones de dólares.
Esto ocurrió en octubre, el mes en el que nadie dudó del éxito de la Presidenta y en el que finalmente se consumó su victoria. La votaron masivamente, y masivamente se llevaron los dólares de los bancos. Esto no lo puede decidir una sola persona y ni siquiera un solo sector de la economía. Un dólar llamativamente barato frente al fenómeno inflacionario, falta de referentes económicos en la administración y los confusos mensajes también económicos del oficialismo espolearon la voracidad social por la moneda norteamericana.
Moreno y Echegaray hicieron el diagnóstico de la conspiración y le llevaron a Cristina la receta para conjurarla. Limitaron hasta extremos insostenibles la compra de dólares y crearon, como era previsible, más desconfianza y un dólar paralelo. Hace 30 años también se hablaba del dólar paralelo. La historia es endemoniadamente circular en la Argentina. Pero ¿cómo reconocer que el pensamiento ha evolucionado cuando el médico es Moreno, que cultiva las ideas del peronismo de los años 50? De todos modos, debe reconocerse que no hay otro funcionario en la administración como él, capaz de crear una narración de las cuestiones económicas, rústica y convincente, primitiva y sólida. Todo al mismo tiempo.
¿Qué hacen los otros funcionarios económicos? Boudou es incapaz de insinuar un gesto en contra de la voluntad presidencial. Débora Giorgi espera ser confirmada como ministra o ascendida a la jefatura del Palacio de Hacienda. Julián Domínguez urde su continuidad como ministro o su elección como presidente de la Cámara de Diputados. Ninguno sabe nada de su porvenir. ¿Sabés algo? Esa es la pregunta habitual entre los más envarados ministros. La respuesta, también habitual, es que todos ignoran todo. La Presidenta se encerró, sola, en sus cavilaciones sobre su futuro equipo de gobierno. Moreno, siempre desmedido y convencido de sí mismo, es el único que actúa, insensible frente a su destino.
Uno que desliza, a veces, cierta línea moderada es De Vido. Se limita a recordarle a la Presidenta que Néstor Kirchner lo había instruido a él para construir acuerdos políticos y para tender puentes con el peronismo, con los sindicatos y con los empresarios. No avanza más allá de esa recordación, ni siquiera para señalar que las crispaciones del kirchnerismo corrían por cuenta de otros.
De Vido se aparta, eso sí, cuando Moreno aparece con sus relatos de conjuras y con sus recetas para solucionar el problema de mañana. Pasado mañana, el problema será seguramente más grave. ¿Ejemplo? La inflación. Con el dólar pasó lo mismo. Moreno y Echegaray tomaron decisiones que le correspondían a Marcó del Pont, aunque ésta debió suscribirlas. Marcó del Pont no tiene tanta capacidad de daño como para hacer semejante estropicio , dijeron los que conocen a los protagonistas del melodrama. Sea como sea, el dólar no se quedó quieto ni los argentinos se fueron a dormir tranquilos.
El presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti, fue testigo casual de la psicosis social sobre el dólar y de la desconfianza en los que mandan. En un almuerzo con importantes empresarios, éstos le preguntaron si el Gobierno podría acceder a las cajas de seguridad de los bancos. Lorenzetti respondió rápido: La jurisprudencia histórica de la Corte protegió la inviolabilidad de las cajas de seguridad . Es decir, sólo las pueden tocar sus dueños. Lo que el juez no dijo, o no quiso recordar, es que la propia Corte ya le había advertido a Echegaray, en medio de la crisis local e internacional de 2009, que el tribunal no permitiría que nadie se metiera en las cajas de seguridad de los bancos.
¿Dónde había un problema sin solución posible, tan grande que justificara la conversión del Estado en gendarme del dólar? En ninguna parte. Sin embargo, así son las soluciones de Moreno, la única pieza que gira y funciona, infatigable, en medio de un desierto de funcionarios

 
 Al Gobierno le quedan sólo dos vallas: los ahorristas y Macri
 
Por Mariano Grondona | LA NACION 6 Nov
 El número 54 debería tener un valor simbólico tanto para el sofisticado practicante de la misteriosa cábala como para el modesto apostador de quiniela, puesto que ha significado mucho, casi todo, para la propia Cristina Kirchner. Al lograr el 54 por ciento de los votos en apoyo a su reelección el 23 de octubre, en efecto, la Presidenta no sólo quedó a un paso del poder total en el interior de nuestra democracia, incluido el Congreso; anteayer obtuvo, además, un amplio triunfo "externo" a través del expreso reconocimiento que le brindó el presidente Barack Obama cuando ambos se reunieron. Es que ninguno de los jefes de Estado que se encontraron con ella en Cannes podía exhibir un triunfo electoral tan reciente y contundente; al contrario, primeras figuras como el propio Obama y el presidente francés Nicolas Sarkozy ni siquiera saben si serán reelectos.
 Si imaginamos la lucha por el poder en la Argentina como una carrera de obstáculos, a Cristina sólo le quedan dos vallas por sortear. La primera, inmediata, es la posible reacción de los ahorristas frente al corralito cambiario que el Gobierno les quiere imponer. La segunda, a mediano plazo, es la apuesta que madura Mauricio Macri con vistas a las elecciones presidenciales de 2015, cuando la propia Presidenta aspire a la re-reelección o, en su defecto, cuando nombre a un delfín para continuarla.
 De estos dos desafíos, el más grave es el primero porque no sólo la emblemática Susana Giménez sino también millones de ahorristas podrían sentir que las recientes medidas del Gobierno afectan su libertad personal . Si a través del titular de la AFIP, Ricardo Echegaray, el Gobierno hubiera prohibido simplemente a los ahorristas acudir al mercado de cambios oficial sin ocuparse de lo que podría ocurrir fuera de él, lo suyo habría equivalido a homologar el mercado negro al que ahora se denomina blue , pero al exigirle a cada ahorrista que se someta al minucioso examen de la AFIP para que ésta le conceda o le niegue el derecho de comprar y vender dólares, ¿no pretende el Estado invadir sus conciencias? Esta inquisición del libre arbitrio de todos aquellos ciudadanos que quieran operar con dólares es claramente inconstitucional; tiene, es más, un fuerte sabor totalitario . ¿Es que a partir de ahora el Gobierno podrá intervenir sin límites en las decisiones económicas de cada uno de los ciudadanos? Esta perspectiva, de por sí totalitaria, es además impracticable . ¿O se cree que el Estado podría revisar minuciosamente las intenciones y las posibilidades de cada uno de los argentinos? ¿Cuántos funcionarios serían necesarios para consumar esta gigantesca intromisión? La tercera parte de los argentinos pasa por el mercado blue . ¿No haría falta otros tantos para examinar exhaustivamente sus intenciones? En 2008, cientos de miles de productores agropecuarios resistieron la intención del Gobierno de arrebatarles su renta. ¿Es posible que el Gobierno, que se siente todopoderoso a partir del 54 por ciento, intente ahora una aventura similar?
 
Los rostros de Jano
 Jano, el dios romano de las puertas, tenía dos caras: una, adusta; sonriente, la otra. En su faz adusta, el Jano del Gobierno acaba de acudir al "corralito cambiario". Pero hay una segunda faz, esta vez sonriente, con la cual el Gobierno miró en dirección de otro objetivo que muchos aplauden: la reducción de los subsidios que, habiendo llegado a la inmensa suma de setenta mil millones de pesos por año, son manifiestamente insostenibles. Todos aceptan, además, que esta reducción no debiera afectar a los más pobres, sino, en todo caso, a los más ricos.
 Si el Gobierno apuntara realmente en esta dirección, reaparecería la cara afable de Jano. También reaparecería si, después de haber vedado a los ahorristas la obtención de un dólar oficial barato, algo en verdad impracticable, el Gobierno decidiera soltarle la mano al dólar blue cuya cotización, naturalmente, subiría. Así se le podría ofrecer un escape razonable a la cultura bimonetaria de los argentinos. Esta versión moderada de la nueva conducción del Estado, ¿es acaso ilusoria o algunos gestos del Gobierno podrían indicar su regreso al realismo y a la libertad, su renuncia a las fantasías del Indec?
 El poder, cuando aumenta de golpe como acaba de ocurrir en la Argentina, puede dar lugar a dos actitudes de parte de los vencedores. Una de ellas, que examinamos en la sección anterior, la aspiración a la omnipotencia. La otra, el aterrizaje, aunque sea suave, en la realidad. En un sentido, el nuevo poder del Estado podría conducirlo a la soberbia . En el otro sentido, les daría la bienvenida a las virtudes gemelas de la prudencia y la responsabilidad , sin dejar de combatir, por ello, la evasión tributaria.
 
Macri a la vista
 Después de su categórica victoria electoral, Cristina pronunció palabras juiciosas al recordar sin mencionarla aquella sentencia en la que Winston Churchill aconsejó a los vencedores el ejercicio de la magnanimidad . En medio del nuevo clima que creó su victoria, Cristina miró en dirección de una posible reconciliación con Mauricio Macri, el único rival que le ha quedado de cara a 2015, en un gesto que éste aplaudió con entusiasmo. El Gobierno anunció después que, para reducir los subsidios, tenía en vista los subterráneos de la ciudad de Buenos Aires. En este punto lo espera una prueba decisiva para conocer sus verdaderas intenciones. Fuertemente subsidiados, los subterráneos de Buenos Aires cuestan hoy tres veces menos a los pasajeros de lo que les costarían sin subsidios.
 Un razonamiento maquiavélico aconsejaría al Gobierno hacer caer el peso de la nueva ausencia de los subsidios sobre los usuarios porteños y, en última instancia, sobre el propio Macri. Una manera efectiva de desprestigiar a éste frente a sus votantes sería obligar al gobierno de la ciudad a multiplicar por tres el boleto del subterráneo. El gobierno nacional obtendría, de este modo, una doble ventaja "maquiavélica": de un lado, transferir a la Ciudad la carga de los subsidios; del otro, hacer que tanto los costos económicos como los costos políticos de esta medida recayeran sobre su principal rival. Pero así se destruiría también la buena voluntad que habría generado otra política, aquella que, aligerando el costo económico y político de la eliminación de los subsidios, decidiera que el gobierno nacional y el gobierno municipal compartieran de mutuo acuerdo el peso de esta saludable transformación.
 ¿Qué aconsejar al Gobierno acerca de las nuevas medidas? Es cierto que Macri es el único rival que le queda a Cristina después del 23 de octubre. Basta advertir, para comprobarlo, que en tanto que los votos por Cristina subieron sólo del 50 al 54 por ciento del 14 de agosto al 23 de octubre, los votos de Macri subieron del 47 por ciento al 63 por ciento entre la primera y la segunda vuelta en la Capital, un ascenso cuatro veces mayor que el obtenido por la Presidenta.
 Este es el dilema que enfrenta, por consiguiente, el Gobierno: "apretar" a Macri a partir de los subterráneos, con la intención de borrarlo de la escena al igual que a los demás candidatos presidenciales de la oposición , o admitir al contrario que la competencia final de 2015 podría darse entre Cristina o sus continuadores y el candidato de Pro, con lo cual se devolvería de paso a los argentinos un bipartidismo equilibrado como el que hoy beneficia no sólo a Brasil, Uruguay y Chile, sino también a México, Colombia y Perú. Todos ellos son nuestros modelos en el camino que lleva al desarrollo político latinoamericano.
 
 
La política dual de Cristina
 
Por Joaquín Morales Solá | LA NACION 6 Nov 
Olvidar el pasado. Esa es la política elegida por Barack Obama , después de dar vueltas durante tres años para reconstruir la relación con Cristina Kirchner . Quizá nunca antes le fue mejor a la Presidenta en un viaje al extranjero que como el que la llevó a Cannes, en la Riviera francesa. Nicolas Sarkozy había diseñado antes la misma política de Obama con la Argentina. A la Presidenta se la vio hasta gestualmente contenta en medio del minué del G-20 , la organización internacional más influyente en los tiempos que corren. Ese club, impregnado por el perfume del poder mundial, es el que Cristina Kirchner frecuenta con más deleite. Puede prescindir de sus pares latinoamericanos, como lo hizo en la reciente cumbre de Paraguay, pero jamás cancelaría una cita con la cima más elevada del poder y la fama.
 El pasado no debería repetirse para poder ser olvidado, según se desprende de lo que desliza la diplomacia internacional. Cristina Kirchner tiene un problema, entonces: deberá acomodar las políticas de su gobierno a un mundo dispuesto a darle otra oportunidad. Deberá definirse, en síntesis, en la oscilación permanente entre el pragmatismo de Amado Boudou y el peronismo cincuentista de Guillermo Moreno, entre la prepotencia de Héctor Timerman y la propia vocación internacional de la jefa del Estado.
 El alicate del canciller, con el que abrió sensibles valijas militares norteamericanas en Ezeiza, es ya un anacronismo. ¿Podría Timerman conducir las relaciones exteriores en un período de reconciliación con Washington después de haber hecho lo que hizo? Cannes fue la consagración de Cristina y el final de Timerman , dijo un funcionario, punzante y directo.
 A veces no es la ideología lo que prevalece, sino la improvisación. El Gobierno notificó implícitamente de la casi prohibición de comprar dólares cuando Susana Giménez no pudo hacerlo. Cualquier otro ejemplo hubiera pasado inadvertido, pero el de la popular conductora llegó directo al conocimiento social. Una cosa son las regulaciones y otra cosa es la arbitrariedad. Las arbitrariedades del poder no son homologables por el mundo. Había maneras más sofisticadas de desalentar la compra de dólares, que significaba, es cierto, un serio problema para el Gobierno. Sistema financiero y dólares están, además, en la memoria corta de los argentinos. La improvisación ni siquiera se detuvo en eso.
 La conclusión es que se fueron del sistema financiero unos 100 millones de dólares diarios en la semana que pasó. Eran depósitos en moneda norteamericana que estaban en cajas de ahorro o en plazos fijos. Hay -o había- unos 15.000 millones de dólares depositados en esas cuentas. Por el sistema de encaje, esa salida de dólares del sistema financiero también termina mermando las reservas del Banco Central. Es lo que pasó. Los dueños de los dólares se llevaron el dinero directamente a las cajas de seguridad. En dependencias oficiales se estudiaban el viernes algunas medidas para acotar el acceso a esos dólares.
 La única interpretación del Gobierno es que la salida de capitales fue una reacción de sectores empresarios y mediáticos ofuscados por el arrasador triunfo electoral de la Presidenta. Habría sido una hipótesis posible de analizarse si la opción por el dólar hubiera surgido, abrupta y sorpresiva, el lunes 24 de octubre. Resulta, sin embargo, que hasta el domingo 23 de octubre ya se habían ido en 2011 más de 20.000 millones de dólares del sistema financiero. Durante los últimos años, unos 75.000 millones de dólares eligieron la puerta de salida. Lo que sucedió después de las elecciones es que la Presidenta se notificó del problema, aunque lo hizo a su manera. No es la inflación, sino una conspiración la que se lleva los dólares. 
El jueves pasado, la agencia Bloomberg (que es la que miran los inversionistas de todo el mundo) difundió la noticia de que el Estado argentino había votado en el directorio de YPF en contra del reparto de dividendos. El Estado no tiene un voto predominante ahí; los accionistas privados votaron a favor y la empresa decidió pagar los dividendos. El caso prenuncia una nueva línea oficial para frenar la salida de dólares: presionará a las empresas para que no les paguen las ganancias a sus dueños. Están faltando dólares, digan lo que digan , señaló el directivo de un banco importante. La liquidación de dividendos de empresas extranjeras significa unos 10.000 millones de dólares anuales. 
En Cannes, la Presidenta abogó por un "capitalismo en serio". Hace falta, en verdad, en un mundo donde los zafarranchos financieros están afectando seriamente la vida económica de las sociedades. Pero el capitalismo en serio necesita de la inversión. Y no habrá inversión si los dueños de las empresas no pueden hacer uso de sus ganancias o si el acceso al dólar está prohibido o muy limitado. Menos incentivo a la inversión puede haber cuando el propio Boudou, el funcionario más influyente hoy por hoy, hizo trascender (y se lo comentó a varios empresarios) que él no fue autor de las medidas que afectaron el mercado cambiario. Deslizó que nunca estuvo de acuerdo con esas resoluciones. 
¿Quién manda? ¿Quién elige la política que regirá? La única que manda es la Presidenta, que toma cada día (o cada hora) una idea distinta de funcionarios diversos. Precavida, no quiere otro viernes como el 31 de octubre de 2008, cuando se enteró por dimes y diretes que Martín Redrado, entonces presidente del Banco Central, había intervenido en el mercado cambiario con 525 millones de dólares para frenar una escalada del dólar. Fue una semana después de la estatización de las antiguas AFJP. Los dos Kirchner lo llamaron a Redrado a Olivos y le recriminaron duramente su decisión. Fue la única vez que Redrado ofreció su renuncia. Ya no queda nada de aquella independencia del Banco Central. 
A veces, la Presidenta también oye a Boudou. El principio del fin para la era de los subsidios al consumo de servicios públicos fue una idea del vicepresidente electo, que compartió con Julio De Vido. Es una idea elogiable, pero lo sería más si no estuviera inmersa en el natural caos del kirchnerismo. Nadie sabe nada. Hasta las empresas de servicios públicos ignoran cómo confeccionarán las próximas facturas. Si se trata de ahorrar recursos fiscales, es más que probable que las clases media y media alta se quedarán sin los actuales subsidios. Es el razonable final para una política inexplicable. Pero habrá aumentos reales en los precios de los servicios, aunque el relato kirchnerista sólo hable de "equidad" y no de "aumento". El bolsillo no entiende de semántica.
 
Boudou también le aconsejó resolver la deuda en default con el Club de París, donde Washington cambió su posición en los últimos tiempos. Ahora aceptará un plazo de refinanciación de cuatro años sin la intervención del Fondo Monetario. Dicho esto, la diplomacia norteamericana aclara siempre que en ese núcleo de países acreedores son más importantes Alemania, Japón y Holanda que los Estados Unidos. El problema es, entonces, de otros.
 Obama no vendrá a la Argentina después de la cumbre americana de Colombia, en marzo próximo. Es una decisión tomada, dijeron fuentes confiables. Washington no quiere crear más expectativas con la Argentina que las razonables. Para Obama es importante que la Argentina pague los juicios ganados por empresas norteamericanas en el tribunal internacional del Ciadi. Si la presidenta argentina fuera realmente amiga de Obama, haría algo por él en ese asunto en un año electoral norteamericano , dijeron fuentes de Washington. El intenso lobby de las empresas penetra profundo entre los adversarios republicanos del jefe de la Casa Blanca.
 ¿Y qué quedó del avión decomisado por Timerman? Los norteamericanos llegaron a la conclusión de que fue una atolondrada decisión electoral del gobierno argentino. Prefieren creerlo así para poder empezar de nuevo y enterrar el pasado. Una presidenta reelegida con el 54 por ciento de los votos tiene su atractivo para cualquier líder democrático del mundo. Ni acá ni allá se sabía, a todo esto, que el decreto que disponía la felicidad colectiva de los argentinos caducaría el día en que Cristina Kirchner renovara su poder. Ese día ya pasó

Alertan sobre la parálisis de las operaciones inmobiliarias

9:05 | La primera luz amarilla de un sector de la actividad económica sobre las nuevas medidas cambiarias partió del titular del Colegio de Martilleros, para quien el esquema “está trayendo muchos inconvenientes”.

El presidente del Colegio de Martilleros Miguel Angel Donsini dijo que hay “mucha preocupación” en las inmobiliarias.

El presidente del Colegio de Martilleros y Corredores Públicos, Miguel Angel Donsini, dijo que “las operaciones inmobiliarias están paralizadas” en Mar del Plata desde el lunes, día en que entró a regir el nuevo sistema que controla la compra de dólares. Además, pronosticó que si el Gobierno decide extender en el tiempo los controles en los bancos y casas de cambio, “el mercado inmobiliario va a tener que trasladarse
obligatoriamente a pesos”.

En una entrevista con LA CAPITAL, Donsini cuestionó la medida del oficialismo que mantuvo paralizada durante los últimos dos días la venta de dólares por fallas en el nuevo sistema de control implementado por la AFIP.
“El que quiere comprar dólares para hacer una operación no puede, lo cual está trayendo muchos inconvenientes”, sostuvo. Desde el lunes, todos los que quieran comprar divisas deberán obtener antes una autorización de la Administración Federal de Ingresos Públicos.

- ¿Cómo afectó la decisión del Gobierno al mercado inmobiliario?

-Hasta el lunes las operaciones venían excelentes, dentro de un mercado ascendente. Pero las nuevas medidas del Gobierno están trayendo una serie de complicaciones. Generalmente el mercado inmobiliario se mueve en dólares. La gente recibe el dinero de los créditos hipotecarios en pesos y cuando los tiene que ir a cambiar por dólares no puede hacerlo. Todo eso ha traído una serie de inconvenientes de todo tipo en el mercado. Pero creo que esto va a pasar.

- Si los nuevos controles para comprar dólares se mantienen el tiempo, ¿qué panorama vislumbra?

-El mercado inmobiliario obligatoriamente va a tener que trasladarse a pesos. Va a ser la solución si esto sigue así. Todo ese período de transición trae generalmente paralización. La misma paralización que está trayendo en el sector financiero lo va a traer en el mercado inmobiliario. Algunos que tienen dólares en este momento quieren sacárselos de encima porque ya no saben dónde guardarlos. Cuando se rompen las reglas de juego y el Estado entra en los mercados, siempre trae dificultades.

- ¿Las operaciones inmobiliarias están paralizadas?

-Sí, están stand by. Estamos intentando conciliar entre las partes para que el vendedor de una propiedad acepte que la operación se haga en pesos tomando como referencia la cotización del dólar. Pero son todas dificultades las que encontramos en el camino. Una dificultad que nadie esperaba.

- ¿Quienes venden propiedades aceptan que la operación se haga en pesos?

-La mayoría no lo acepta. Si le dan un porcentaje mayor, quizá llegan a un acuerdo entre las partes. El cambio de reglas de juego alteró totalmente el mercado. Creo que el mercado por ahí se aprestaba a una devaluación y después intentar regular el tipo de cambio. Con esa medida se hubiera solucionado mucho más fácil este tema.

- ¿Cuánto considera que tendría que valer el dólar?

-No soy economista, pero el valor verdadero del dólar es el que estaba en el mercado paralelo. Cuando se rompen las reglas, acarrean dificultades todos los sectores: el financiero, inmobiliario y bancario. Hoy en cierta forma hay un “corralito” sobre el dólar. Habrá que ver cuánto dura y cuáles serán las consecuencias.

- ¿Qué inquietudes recibió el Colegio de Martilleros por parte de las inmobiliarias?

-Recién van dos días, pero hay mucha preocupación. Cuando la situación se rearme de vuelta, la gente va a seguir volcándose más al sector inmobiliario que a las divisas porque va a tener un poco más de seguridad. -.- Fuente La Capital 2.11.11

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