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El miedo como política del Estado

Por Joaquín Morales Solá | LA NACION

 

19.8.12.-El arte de Guillermo Moreno ha hecho escuela. Su destreza consiste en meter miedo a sus interlocutores de cualquier procedencia o envergadura. Moreno tiene ahora mucho menos influencia que Axel Kicillof, pero su original doctrina se ha impuesto en todos los rincones del Estado. Cristina Kirchner preside un Estado que atemoriza. El método no se estableció como un secreto de logia; por el contrario, es el propio gobierno el que hace saber que puede haber represalias para todos los díscolos, conocidos o desconocidos. Hay amenazas, seguidas de represalias.

El cristinismo actúa con una lógica histórica. Es una construcción política cada vez más dura en la medida en que peor le va. Varias encuestas coincidentes, la mayoría de ellas hechas para el propio gobierno, marcaron en los últimos días una notable caída de la imagen presidencial en la opinión pública del país. El lugar geográfico del derrumbe que más sorprendió a los encuestadores es el conurbano bonaerense. Ahí estaba la fuerza del peronismo y, en especial, del kirchnerismo. La inflación y la inseguridad son los principales motivos de una general decepción social. Y del pesimismo. Otras cuestiones (desde la corrupción a partir del caso Boudou hasta el creciente autoritarismo) influyen también, pero en sectores sociales más específicos.

Sobresalen por momentos los trazos del peronismo de los años 40 y 50, que impuso políticas de adoctrinamiento y persecución. Esto es lo mismo que entonces, dice un viejo intelectual que vivió aquellos años. La historia corrobora su certeza. También aparecen, en otros momentos, los rasgos del peronismo de los años 70, influido por una juventud que descreía de la democracia burguesa. Todo estaba permitido, por lo tanto, en nombre de un sistema político plebiscitario y violento. El cristinismo está recogiendo lo peor del peronismo de los años 50 y 70, zanja, por fin, un peronista que fue funcionario de los Kirchner.

Cristina Kirchner se había prometido superar al peronismo. Peronista era su marido, solía decir. Sin embargo, se abrazó devotamente a Eva Perón, que sólo dejó frases sueltas, duras y arbitrarias. Cristina Kirchner regresó al peronismo inicial del brazo de Eva. La Presidenta pertenece a una generación para la que el último Perón, más sereno y amigable, es un "traidor". Una visión propia e improbable de la historia le permite ahora separar a Perón de Eva, quien, sin embargo, murió fanáticamente fiel a Perón.

La democracia de 1983 nunca había vivido un clima de persecución del Estado como el que sucede ahora. La herramienta más usada es la AFIP y, por supuesto, la descalificación pública de las personas. Hubo un antes y un después para la libertad de expresión con el caso de Rodrigo Saldaña, un ejecutivo de una empresa inmobiliaria cuya situación fiscal fue expuesta por la Presidencia por cadena nacional. Saldaña había contado simplemente los problemas de su empresa luego del cepo cambiario.

Ningún argentino, consultado por el periodismo sobre problemas concretos, quiere ahora dar su nombre. El precedente se agravará en adelante con el caso del director de cine Eliseo Subiela, a quien le negaron la compra de dólares para viajar a un festival en Lima auspiciado por la cancillería argentina. Subiela contó su caso al periodismo y el director de la AFIP, Ricardo Echegaray, le respondió exhibiendo su supuesta situación fiscal con aderezos descalificatorios. El mundo bloguero y twitero le llama la Gestafip, aludiendo a una mezcla de Gestapo y AFIP. Lo cierto es que el secreto fiscal ha dejado de existir en el país.

Jueces y fiscales aceptan en reserva que reciben fuertes presiones del Gobierno para salvar a los amigos y para destruir a los enemigos. A veces son conversaciones amables, pero otras veces son métodos brutales. Algunos de esos funcionarios judiciales han recibido sobres anónimos. Llevaban adentro fotos de esos funcionarios en lugares públicos, compartiendo momentos de distensión con amigos. No hacían nada malo. Pero la percibieron como lo que era: una notificación de que son seguidos por los servicios de inteligencia oficiales. Esos funcionarios llevaban en los tribunales (o llevan) cuestiones sensibles para el Gobierno.

El adoctrinamiento de estudiantes de escuelas por parte de La Cámpora sembró el temor entre los propios docentes. Es probable que muchos de ellos ni siquiera le informen en la Capital al gobierno de Macri de tales incursiones, como les ordenó el ministro Esteban Bullrich. No es adoctrinamiento. Enseñamos la verdad, justificó la Presidenta. La verdad es siempre relativa, pero nunca estará en las manos inapelables de una pequeña y sectaria facción política. Una ex secretaria de un ex funcionario importante de los Kirchner acaba de ser despedida de la YPF estatizada en revancha por las posiciones críticas de su anterior jefe. La empleada no tenía jerarquía ni relevancia en la petrolera.

La Unión Industrial no celebrará el Día de la Industria, justo cuando cumple 125 años. La habitual comida estará organizada por el Gobierno en Tecnópolis, que licuará la presencia de la central industrial con representaciones de la CGE, de CAME y, quizá, de La Salada. No hablará ningún representante de la UIA. Los empresarios están estragados de temor. El último caso fue aleccionador. Un empresario de la industria láctea deslizó algunas críticas a la situación nacional en el reciente coloquio anual de la Unión Industrial de Córdoba. Veinticuatro inspectores de la AFIP le cayeron al día siguiente en las oficinas de su empresa. El cristinismo cree, además, que la Unión Industrial de Córdoba, más independiente y liberal que la central nacional, es un instrumento de José Manuel de la Sota. Los casos de hostigamiento a Daniel Scioli, a Macri y, pronto, a De la Sota servirán también para aumentar el miedo (que preexistía) entre muchos gobernadores, más vulnerables política y financieramente que aquellos.

Sólo la Justicia puede intervenir una empresa, pero el Gobierno tomó esa decisión por sí solo con frecuencia en meses recientes. Son los casos de YPF y de la ex Ciccone. Funcionarios oficiales y la Gendarmería podrían repetir tales acciones en otras compañías privadas. Los empresarios lo saben.

Un líder empresario habló hace pocos días con dirigentes de La Cámpora para decirles que el problema económico del país es la falta de inversión más que la inflación. El empresario trataba de explicarles las razones de la desconfianza, pero un camporista le replicaba con los argumentos de su jefa: la culpa es de los bancos, que serán obligados a dar créditos. Tampoco tomaremos créditos, le respondió el industrial. ¿Por qué?, inquirió el camporista. Respuesta: ¿Para qué voy a endeudarme para agrandar mi empresa? ¿Para que Moreno me diga cuánto cuestan las cosas y a quién tengo que venderle, para que Kicillof me indique cuánto debo ganar y para que Marcó del Pont me ordene qué debo hacer con el dinero que gané? El camporista se enfureció aún más.

En una reciente y dramática exposición en la Academia Nacional de Periodismo, el director del diario Perfil, Jorge Fontevecchia, advirtió que el próximo 7 de diciembre el Gobierno podría intervenir los medios audiovisuales del Grupo Clarín con tropas de la Gendarmería. Si eso ocurriera, esas imágenes de gendarmes metiéndose por la fuerza en medios de comunicación no serán vistas por los argentinos. Un apagón audiovisual sucederá, concluyó Fontevecchia, un viejo crítico de Clarín que carece de intereses en medios audiovisuales. Señalaba, así, que el resto de la televisión está bajo control directo o indirecto del Gobierno. El propio Gobierno bate el parche de que el 7 de diciembre cambiará el ecosistema de los medios en el país, aunque la Corte Suprema nunca dijo eso. Sólo se caería una cautelar, si no hubiera antes una sentencia sobre la constitucionalidad de un artículo, y comenzaría a correr el plazo de un año para desinvertir. Pero el kirchnerismo podría estar instalando la idea de que existe un reloj implacable para dejarle lugar a la posterior arbitrariedad.

Después vendrán, si aquella advertencia se cumpliera, por los pocos diarios independientes que quedan. Para que la política del miedo funcione, el periodismo debe perder la voz, la imagen y las palabras.
 

El proyecto para acabar con Scioli

Por Joaquín Morales Solá | LA NACION

 
Daniel Scioli sólo tiene derecho a imaginar cuándo será la próxima batalla, no la conclusión de la guerra. Una mezcla de desprecio ideológico y de competencia por la simpatía popular es la razón del cristinismo para justificar el objetivo último de voltear al gobernador de Buenos Aires. Alrededor de Scioli ya no hay ingenuos que crean que es posible un cristinismo sin Cristina Kirchner. Es ella la que salió a cazar al gobernador. Scioli calla. Ultimamente se lo ha visto más reflexivo y decepcionado que nunca. Jamás dice por qué. La reciente batalla con el gobierno nacional por el pago del medio aguinaldo le habría dejado la certeza de que el "vamos por todo" kirchnerista incluye su cabeza. Ahora o más adelante.

Mientras Scioli exista liderando las encuestas, el kirchnerismo perderá fuerzas en su proyecto de reformar la Constitución para permitir una re-reelección de Cristina Kirchner. Ese proyecto se debilita no por Scioli, sino porque los desbarajustes económicos y sociales están dejando a la Presidenta sin el necesario oxígeno social. Una encuestadora le preguntó a la gente en julio pasado si votaría por Cristina. Un 26 por ciento contestó que la votaría, pero un 55% respondió que no lo haría nunca. En julio de 2011, hace un año, esa misma pregunta había obtenido un resultado exactamente opuesto: un 50% dijo que la votaría y un 25% aseguró que no lo haría jamás. No es, entonces, culpa de Scioli, que a veces parece estar donde no quiere estar.

De todos modos, la Presidenta reclama culpables y no causas. El peronismo, además, se siente mejor con Scioli que con Cristina. Scioli no es un peronista de catálogo, pero está acostumbrado a contener más que a enfrentar. El sciolismo asegura que sólo un puñado de amigos (Hugo Moyano, el primero de ellos) y la repercusión mediática pudo frenar el reciente avance kirchnerista por el medio aguinaldo antes de que lo tumbara al gobernador definitivamente. Nadie hace cambiar de opinión al kirchnerismo, pero la intervención de aquellos habría producido un vuelco en las encuestas que paró el proceso de apartarlo del cargo. O lo postergó.

Después de intercambiar algún frío beso con él en actos públicos, la Presidenta volvió a zamarrearlo en días recientes. Ya no lo acusaba de mal administrador de los recursos públicos (como lo hizo en la anterior crisis), sino de haberse convertido en un violador serial de los derechos humanos de los presos. En rigor, la sociedad no estaba interpelando a Scioli, sino a Cristina. El Vatayón Militante, el murguero director del Servicio Penitenciario Nacional y los presos viviendo a su aire son responsabilidad del gobierno nacional. El conflicto tiene repercusiones sociales y jurídicas.

Desde que la humanidad decidió abolir la justicia por mano propia, el delito requiere de una pena que el Estado administra. Pero el diablo se esconde en los detalles. Los jueces no conviven con los presos todos los días y, por lo tanto, deben resolver sobre sus libertades o salidas de acuerdo a los informes del Servicio Penitenciario.

El director del Servicio Penitenciario, Víctor Hortel, compañero de alborotos de los presos y militante fanático del kirchnerismo, les habló de "nosotros" a los diputados opositores. Uno de ellos le preguntó: ¿Quiénes son ustedes? ¿El Servicio Penitenciario o el Vatayón Militante? La respuesta evasiva de Hortel: Según. El diputado lo espoleó: Muy bien. En el caso de Vázquez (el ex baterista de Callejeros condenado hace un mes a 18 años de prisión por matar a su mujer), ¿quién pidió su salida? Respuesta: Nosotros, el Vatayón. ¿Entonces usted la pidió como dirigente del Vatayón y usted la recomendó como director del Servicio Penitenciario?, inquirió el legislador. Sí, claro, se confesó el responsable de las cárceles.

Ese es el núcleo del problema: el que controla a los presos es el mismo que se divierte con ellos. Más allá de la responsabilidad de los jueces (las salidas de Vázquez no debieron ser autorizadas nunca), lo cierto es que el caso enfrenta a la Presidenta con todos los segmentos de la sociedad, asediada por una inseguridad creciente y cada vez más violenta.

Sea como fuere, Cristina Kirchner no se hizo cargo de dar una explicación a la sociedad ofuscada ni de resolver el problema. Acusó a Scioli. ¿De qué? De que en sus cárceles los presos viven en condiciones infrahumanas. Los presos tienen, desde ya, derechos humanos que deben ser respetados. Pero el problema no eran los de la provincia de Buenos Aires, sino la ensalada de militancia, clientelismo y peligrosos tráficos de favores en las cárceles bajo jurisdicción del gobierno nacional. El verbo suelto de la Presidenta anunció, así, que la guerra no cesó. El kirchnerismo se propuso una meta y no la alcanzó todavía. Scioli debe dejar La Plata.

El último consejo que recibió Scioli es recurrir cuanto antes a la Corte Suprema. ¿Por qué? En la Corte estará protegido; no podrán intervenirlo si hubiera un proceso abierto en esa instancia de la Justicia, dijo un sciolista que consultó a varios jueces de instancias inferiores. El conflicto se maneja en esos términos entre los políticos del peronismo y del kirchnerismo. Intervención o juicio político. La intervención debería ser aprobada por el Congreso (el kirchnerismo tiene mayoría suficiente) y podría estar fundada en muchas razones. Ya sea por una eventual decisión de Scioli de crear una cuasimoneda, que podría ser interpretada como una ruptura del pacto entre la Nación y las provincias, o por un desborde de la inseguridad o de las propias cárceles.

En un trámite de juicio político, Scioli dependería de la oposición; el kirchnerismo, en sus distintas variantes, es mayoría en los bloques parlamentarios de La Plata. Funcionarios kirchneristas diseñan una tercera alternativa: imponerle a Scioli la primera candidatura a diputado nacional en las elecciones del próximo año con la obligación de renunciar a la gobernación. Las candidaturas testimoniales de 2009 no cayeron bien, explican con ironía o con cinismo.

Scioli tiene dos razones para recurrir ante la Corte Suprema. Una es la coparticipación. Cuando el menemismo privatizó los fondos jubilatorios decidió que un 15% de la coparticipación fuera a la Anses para que ésta, ya sin recaudación propia, pudiera pagarles a los viejos jubilados. Cristina Kirchner volvió a estatizar esos recursos de los jubilados y retomó la recaudación, pero nunca les devolvió a las provincias el 15% de coparticipación que les habían sacado por un motivo ya inexistente. Otra razón es el Fondo del Conurbano. Durante la convertibilidad, la provincia de Buenos Aires recibía 600 millones de pesos/dólares anualmente. Luego, el dramático decurso de la vida pesificó esos recursos, pero nunca fueron actualizados.

Scioli tiene las encuestas a su favor, pero nada más y a casi nadie más. Un eventual aliado suyo para una rebeldía electoral, el intendente de Tigre, Sergio Massa, tomó distancia no bien advirtió que la aparente paz actual es una simple tregua. Hizo saber cerca de Scioli que esa distancia le era necesaria para poder criticar al gobierno nacional. Es probable que al gobierno nacional le haya dicho lo mismo, pero al revés. Massa puede terminar con Scioli, con Cristina o con Macri, dijo un peronista que lo conoce bien.

El cerco en el que el mismo Scioli se metió está hecho por las encuestas. La mayoría de la gente prefiere un gobernador pacífico y conciliador. Es también el rol que a él más le gusta. Espera, por lo tanto, que la ruptura sea una decisión del cristinismo, no suya. Su conflicto personal es que no sabe si esa ruptura dejará la tierra arrasada, al final de una guerra sin lástimas ni medidas

 

Revanchas de la política y la economía

Por Joaquín Morales Solá | LA NACION.29.7.12.-
Más allá de las victorias y derrotas de la vieja resolución 125, el espíritu de ella ha triunfado. Impuestos nacionales, provinciales y municipales han terminado por reducir de manera significativa la renta agropecuaria. Ese fue el eje del duro discurso de ayer del presidente de la Sociedad Rural, Hugo Luis Biolcati. A pesar de todo, ningún problema se resolvió. El país ingresó en el segundo semestre del año en recesión, con el crecimiento del PBI bajo cero. El promedio del primer semestre fue directamente cero. Sólo una fuerte desconfianza puede explicar que haya caído notablemente la venta de maquinarias agrícolas en un clima mundial todavía generoso con la producción de alimentos.

La caída de la construcción ha sido muy importante, pero más importante fue el derrumbe de las importaciones de bienes de capital (cayó casi un 40 por ciento en el segundo trimestre). Esta es la mejor prueba de que la inversión huye de la Argentina de los Kirchner. Desde la estatización de YPF, la inversión se desplomó. No fueron actos de solidaridad con Repsol (esas cosas no suceden casi nunca en el mundo de los negocios), sino el común temor a la guillotina. El caso Repsol marcó un camino para el kirchnerismo: prohibición para repatriar utilidades, primero, y luego confiscación de la principal empresa del país. La proscripción del dólar y la reciente y directa intervención estatal en la industria petrolera están desalentando cualquier proyecto de inversión. Así, los Kirchner dejarán un país con una fuerte desinversión y dependiente durante muchos años de las importaciones de combustibles.

La Presidenta habla dos o tres veces por semana, pero nunca nombra la inflación. Nunca informa, siquiera, de que está enterada de la existencia de ese cruel fenómeno. La inflación ronda ahora el 25 por ciento anual, según la estimación coincidente de economistas privados. La inversión, el cerco al dólar y el cerrojo a las importaciones afectan a Cristina en los sectores sociales medios y medios altos. Pero la inflación, que destruye todas las economías, perjudica sobre todo a los sectores de menores recursos.

El manejo tan arbitrario como torpe de la economía tiene consecuencias políticas: según las últimas mediciones nacionales, son casi similares las imágenes positiva y negativa de la Presidenta. La tendencia es peor aún: la imagen positiva está en caída libre, mientras la negativa está en ascenso.

El peronismo se mueve. Una presidenta más amable y consensual con su partido habría demorado las cosas. No fue así. La señal de largada la dio el gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, cuando notificó que recurrirá mañana a la Corte Suprema de Justicia para que el Gobierno cumpla con el viejo acuerdo por los fondos de los jubilados. Cristina dejó de girar esos recursos luego de una fuerte reacción del ex gobernador Juan Schiaretti. Después de ser sometido a la silbatina y el insulto de jóvenes kirchneristas en un acto en Córdoba, Schiaretti le recriminó personalmente a Cristina el manejo de esa juventud por parte del kirchnerismo. Fue duro y directo , recuerda un testigo de aquella conversación. La Presidenta rompió desde ese momento un acuerdo avalado por la Corte Suprema. Nunca envió más dinero para jubilaciones.

Ahora, el propio Daniel Scioli está analizando una presentación propia ante la Corte por los recursos del Fondo del Conurbano, que fue pesificado y nunca actualizado en los últimos años. De la Sota ya tomó la decisión de que irá con candidatos propios a diputados nacionales en las elecciones del año próximo. Cristina tendrá que sumarse o deberá ir con sus candidatos con el Frente para la Victoria , dijeron cerca del gobernador. El primer candidato a diputado nacional de De la Sota es Schiaretti, si éste quisiera ser, o la actual vicegobernadora de Córdoba, Alicia Pregno, a quien Cristina impugnó en su momento para poner a otra mujer afín a ella. De la Sota se negó entonces. Los dos candidatos actuales del gobernador han sido en el pasado cuestionados por la Presidenta.

Scioli está muy cerca de hacer lo mismo. Con encuestas que lo sitúan como el político más popular del país (y también el que menos imagen negativa tiene), habría llegado a la conclusión de que nunca tendrá futuro si no diera un salto hacia fuera del kirchnerismo en el próximo año. Su primer candidato a diputado nacional sería el intendente de Tigre, Sergio Massa, una figura también popular y también rechazada por el cristinismo. Ya existirían acuerdos terminados entre ellos. La política, debe subrayarse, tiende a desconfiar de que ambos, Scioli y Massa, lleguen hasta el final con sus rebeldías electorales. La candidata de Cristina para el lugar de primer candidato es su cuñada, Alicia Kirchner. Cristina deberá sumarse o enfrentar la lista de Scioli con su propia lista , dijo un intendente bonaerense. Es el mismo planteo del peronismo cordobés.

Esos proyectos esconden ambiciones presidenciales, es cierto, pero también aspiran a apartar al peronismo de un previsible derrumbe del kirchnerismo. Una década con Menem y otra con los Kirchner podrían acabar con el peronismo , suele decir un viejo ícono del peronismo. También es una reacción contra la indiferencia. Cristina ha dejado al peronismo fuera del Gobierno, y el peronismo está sublevándose , precisa un gobernador de ese partido.

Alrededor de De la Sota nadie duda de su ambición presidencial. Esta es su oportunidad. No quiere seguir siendo gobernador , explican. ¿Y Scioli? Nadie tiraría las encuestas de hoy para irse a su casa , explican sus intérpretes. Scioli habla con más gobernadores e intendentes peronistas (y no peronistas) de lo que se sabe o intuye. El kirchnerismo lo destrató por haber explicitado en público el proyecto presidencial, pero el destrato terminó beneficiando a Scioli y perjudicando a Cristina. Las sociedades siempre se vuelcan a favor de la víctima y no del victimario.

Scioli cree que su vocación de pacifista fanático lo llevará a la poltrona de los presidentes. La historia no lo desautorizó hasta ahora. De la Sota, que nunca fue kirchnerista, juega más fuerte. Hace poco, en el aniversario de un municipio cordobés, canceló su presencia a última hora cuando se enteró de que estaría también el vicepresidente Amado Boudou. Nunca se sacará una foto al lado de Boudou , contaron. Boudou es ahora la figura más impopular del país. Cristina debe cargar también con esa mochila, pesada como un bloque de cemento, que es también producto de una decisión personal e inconsulta.

Los gobernadores peronistas se pasean entre Scioli y De la Sota. ¿O, acaso, fue casualidad que el gobernador sanjuanino, José Luis Gioja, un dirigente respetado por la estructura peronista, saliera en defensa de Scioli en el peor momento de éste? La política de los gobernadores más importantes del peronismo, el bonaerense y el cordobés, consistiría en unir a todos los mandatarios justicialistas en una misma estrategia. Esta es: confeccionar listas peronistas con candidatos propios y dejar que la Presidenta se sume a ellos o se presente con sus propios candidatos. Tendrá que pensarlo dos veces, porque podría ser derrotada, y no tiene ni tendrá posibilidad de reelección , aseguró un conocido gobernador. La reelección es una utopía; no existe ninguna condición para ella, apuntó otro mandatario.

Cristina Kirchner no desconoce, seguramente, nada de todo esto. Ni las consecuencias políticas ni las económicas de sus decisiones. Por eso ha vuelto a ser una mujer de enojos, ofensas y crispaciones. Llegó al extremo de haber considerado conspirativo un simple almuerzo entre dirigentes de la Sociedad Rural y editores de diarios independientes. La denuncia la hizo en uno de sus muchos discursos públicos. El almuerzo fue en la Exposición Rural, un lugar público, en un restaurante también abierto al público.

Semejante fantasía conspirativa sólo puede ser explicada por una inmanejable sensación de persecución o por una estrategia clara y autoritaria: atemorizar y callar al periodismo distribuyendo falsos fantasmas entre sus seguidores sedientos de fantasmas
 

La aspiración de callar a todas las voces disidentes

Por Joaquín Morales Solá | LA NACION - 25.7.12.-

 

La Presidenta está ante un dios indiferente. Entre las confesiones públicas de Cristina Kirchner sobre sus vanas conversaciones con un ser superior (a quien le pidió, dijo, ser humilde), se deslizó otra revelación, ésta de gravedad institucional. Después de criticar a los medios periodísticos y a los economistas opositores, se entusiasmó con el plazo que vence en el mes de diciembre para la nueva ley de medios. La alegría por la cercanía de ese plazo venía siendo celebrada ya por expresiones diversas del kirchnerismo (incluidos sus infaltables blogueros), pero nunca antes tales regodeos se habían escuchado desde la más alta instancia del poder.

La primera novedad que plantearon aquellas palabras presidenciales fue que Cristina Kirchner conoce de antemano lo que decidirá -o no decidirá- la Justicia. En rigor, el único artículo de la ley de medios que está protegido por una medida cautelar es el 161, que les ordena a las empresas de medios la desinversión en el plazo de un año de las propiedades que excedan las cantidades estipuladas por la norma. La medida cautelar fue interpuesta por el Grupo Clarín porque considera inconstitucional ese artículo que violaría el derecho a la propiedad y los derechos adquiridos.

 

El 7 de diciembre comenzará a correr el año para la desinversión que prevé la ley de medios.

 

En un reciente fallo, la Corte Suprema de Justicia fijó el 7 de diciembre como fecha final para que el juez de primera instancia se pronuncie sobre la cuestión de fondo. El máximo tribunal argumentó que las medidas cautelares deben tener un plazo, porque de otra manera esa medida transitoria se convertiría de hecho en una decisión de fondo.

De todos modos, ese plazo haría caer la medida cautelar sólo si el juez declarara constitucional el artículo o si no hubiera pronunciamiento previo del magistrado. Al revés, la protección cautelar sobre la propiedad seguiría vigente si el juez calificara de inconstitucional el artículo en cuestión. Es previsible que el Gobierno apelaría en este último caso a la Cámara, pero la medida cautelar seguiría vigente. La alegría presidencial ha descartado un pronunciamiento judicial en contra de los intereses del Gobierno. La Presidenta, por el contrario, dio por seguro que el juez fallará a favor de sus posiciones o que nunca se pronunciará. Puede colegirse fácilmente, por lo tanto, que el poder que manda cuenta con información sobre cruciales decisiones judiciales que el resto de los argentinos ignoran.

Aun así, y si se interpretara bien aquella resolución de la Corte Suprema, el 7 de diciembre comenzará a correr el año para la desinversión que prevé la ley de medios. Sin embargo, todo indica que, en caso de que el plazo realmente venciera ese día, el Gobierno comenzará a reclamar en el acto que le informen cómo y a quiénes se les venderán las propiedades no incluidas en la norma. La ansiedad kirchnerista por ver desarticulados los medios no adictos (que es la intención última de la ley de medios) ha convertido el 7 de diciembre en el desembarco de Normandía. En efecto, desde ese día el caso ya no estaría en manos de la Justicia, sino en las arbitrarias manos del poder político.

 

La ley de medios está vigente en más del 90 por ciento de su articulado, pero no se cumple casi ninguna de sus disposiciones.

 

Con todo, la reciente confesión presidencial fue más allá y reveló el propósito final de la ley. Con palabras menos directas, la Presidenta vino a decir que la vigencia total de la ley les cerrará la boca a los medios periodísticos independientes y a las voces críticas de la oposición. A todo esto, la ley de medios está vigente en más del 90 por ciento de su articulado, pero no se cumple casi ninguna de sus disposiciones. No se cumple, por ejemplo, la regulación que hace del uso de la cadena nacional de radio y televisión por parte del Gobierno, que es un resabio de los viejos tiempos del autoritarismo militar en la Argentina.

En combate

La Presidenta concluyó con la esperanza puesta en diciembre después de quejarse de la "cadena nacional del miedo y el desánimo" y de vapulear a dos economistas que formaron parte del gobierno kirchnerista, pero que hoy militan en filas opositoras. Alfonso Prat-Gray y Martín Redrado fueron presidentes del Banco Central durante las presidencias de Néstor y Cristina Kirchner. Con sus aciertos y con sus errores, ellos fueron autoridades monetarias mucho más razonables que las que los sucedieron.

Es cierto que hay una caída notable en las acciones políticas de Guillermo Moreno (ha cometido demasiados errores hasta para los ojos presidenciales) y que el hombre fuerte que se perfila en el manejo económico es el actual viceministro de Economía, Axel Kicillof. Aun así, se trataba de una disputa entre economistas que mantuvo a la Presidenta al margen de la batalla. Pero la pelea es el ámbito que mejor le sienta a Cristina Kirchner, que optó por defender a Kicillof y por revelar supuestos secretos del gobierno cuando Prat-Gay y Redrado eran jefes del Central. La versión de la historia por parte de sus protagonistas es siempre parcial. Prat-Gay y Redrado se desatendieron de Kicillof y se enfrentaron directamente con Cristina. Ninguna sorpresa en tiempos en que es políticamente redituable el combate directo con la Presidenta.

Sobresale también la poca capacidad de los funcionarios para el ejercicio de la política. No hay nada más impopular que decir lo que dijo Kicillof: que es progresista que el dinero de los jubilados, a quienes se les niegan las actualizaciones dispuestas por la Corte Suprema de Justicia, sea utilizado para pagar, por ejemplo, el aguinaldo de los empleados públicos bonaerenses. ¿Esperaban que los jubilados se sumaran al progresismo de Kicillof o que salieran enardecidos a criticarlo, como sucedió?

 

La versión de la historia por parte de sus protagonistas es siempre parcial.

 

El viceministro de Seguridad, Sergio Berni, cometió otro zafarrancho político cuando respondió con estadísticas al drama de la inseguridad. La Capital, el territorio que Berni acepta como responsabilidad del gobierno nacional en materia de seguridad, es cada vez más una zona liberada para el vandalismo y el crimen. Otras ciudades latinoamericanas están peor, como aseguró Berni, pero los porteños viven en la Capital, no en México, Bogotá o San Pablo. Las estadísticas no les dicen nada a los porteños.

Estos son, de todos modos, los relatos únicos y persistentes que la Presidenta quisiera ver diseminados en la unanimidad de los medios audiovisuales. No está lejos de lograrlo: su discurso admonitorio fue transmitido en directo por cuatro de los cinco canales de noticias y por un canal de aire (Canal 7, desde ya). No fue una cadena nacional, pero se le pareció. Sus palabras reveladoras indican que aspira a algo más que a la difusión unísona del discurso oficial; quiere que el resto se calle, de una vez por todas..



La política de la arbitrariedad

Por Joaquín Morales Solá | LA NACION- 22.7.12

Yo no quiero reglas claras. Me gusta más la arbitrariedad. La frase, dicha por Guillermo Moreno a un empresario que le aconsejaba que dictaran reglas aunque fueran duras, expresa todo un modo de gobernar. Va más allá de Moreno, aunque ésta sea su manifestación más tosca y frontal, y abarca a la economía, a las relaciones políticas e institucionales y hasta las relaciones exteriores. Si bien la Presidenta decidió en los últimos días abrir un paréntesis de distensión , luego de semanas de crecientes tensiones, nada indica un cambio significativo en el estilo de mandar. No fue un cambio, en efecto, sino una tregua: otra vez han sido las encuestas, francamente adversas para Cristina Kirchner, las que le fijaron un límite.

Resulta extraño que Daniel Scioli haya conseguido el dinero del medio aguinaldo resistiendo sentado y pacífico. El final le dio la razón a su posición, contraria a la de la mayoría de sus amigos que le pedían una actitud hasta rupturista. El gobernador, no obstante, pagó un precio. Encuestas en manos del kirchnerismo señalan que Scioli perdió imagen positiva en los últimos días, aunque amplió el margen a su favor en comparación con la propia Cristina Kirchner . Esto es: la Presidenta perdió mucho más que él. La generosidad presidencial que impulsaron esas mediciones benefició también a otros gobernadores. Puede cambiar: la Presidenta tiene recursos discrecionales del Banco Central y de la Anses, que los gobernadores no tienen.

Versiones confiables señalan que, con todo, fue la voz de Diego Maradona ("Que se rompan la cabeza entre ellos, pero que no jodan a la gente") la que terminó de decidir a Cristina. No fue una voz solitaria; venía acompañada por las encuestas de opinión pública que marcaban que la gente común culpaba más al gobierno nacional que a Scioli de los atrasos en el pago del aguinaldo. Sucedería lo mismo en otras provincias. De todos modos, que Maradona haya influido más que el sentido común es otra prueba de la arbitrariedad que gobierna.

En tales mediciones, hasta la inseguridad bonaerense, que es demasiado alta, es para una notable mayoría más responsabilidad de la Presidenta que de Scioli. Esto es más inexplicable. ¿Scioli está cubierto de amianto, como dicen, o Cristina es ahora más vulnerable que el gobernador? El viceministro de Seguridad de la Nación, Sergio Berni, aceptó ayer que el crimen hace estragos en la provincia de Buenos Aires, aunque a cambio debió asumir su responsabilidad en la Capital. Nunca el gobierno nacional había hecho antes ninguna de las dos cosas. Berni es una estrella en ascenso en el firmamento kirchnerista: ¿qué es entonces la otrora influyente ministra de Seguridad, Nilda Garré, jefa de Berni? Quizás una estrella que ha sido.

Sea como fuere, la Presidenta decidió retroceder, pero difícilmente la operación contra Scioli haya concluido. Le sacó la cabeza del agua. Ya se la volverá a hundir , dijo un kirchnerista que suele frecuentar el despacho presidencial. El presagio es coherente con la historia del conflicto. ¿O, acaso, quedarían reducidas a la nada las reuniones conspirativas de Cristina con intendentes del conurbano, los discursos cada vez más destituyentes del vicegobernador Gabriel Mariotto y las ofensivas desestabilizadoras de los bloques parlamentarios kirchneristas de La Plata? Durante dos semanas, el cristinismo expuso a Scioli a la crítica de sus opositores y a las del propio kirchnerismo, a las huelgas sindicales y a la presión de la Justicia. Misión cumplida. Por ahora.

El único plan inamovible del kirchnerismo consiste en la eliminación constante y tenaz de los competidores más taquilleros. Scioli estaba todavía bajo tortura política cuando Mauricio Macri apareció como compañero de cautiverio. Un tema los une: la basura de la Capital y de municipios del conurbano, que es enterrada en los mismos terrenos que administra el Ceamse. La basura es un problema estructural porque nadie hizo nada en muchas décadas. En un mundo donde el progreso tecnológico convierte a gran parte de la basura en combustible, en la zona más habitada de la Argentina se la sigue colocando bajo tierra. Las tierras del Ceamse se han agotado en el Gran Buenos Aires.

Ya el Ejército, que tiene tierras colindantes en Campo de Mayo, le vendió al Ceamse varias hectáreas, y ahora son necesarias muchas más. La operación de compraventa estaba en marcha, pero la Presidenta la frenó. La decisión de Cristina es fulminante y precisa: terminaría enfrentando a millones de argentinos con los dos líderes que comparten con ella el chato podio actual de popularidad. En el medio se coló una huelga de trabajadores del Ceamse, liderados por un viejo chofer de "el Gordo" Valor. En tales manos (y en tales arbitrariedades) quedó la suerte de muchos argentinos condenados a vivir durante varios días entre los desperdicios.

Macri ya se había convertido en el blanco del tiroteo oficial por el caso de los subterráneos, que son ahora otra forma cotidiana de suplicio colectivo. La empresa concesionaria sacó de circulación varias formaciones por razones de seguridad. La Presidenta le ordenó al ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo, que congele el diálogo de la comisión tripartita del transporte metropolitano (la Nación, la Capital y la provincia de Buenos Aires) que ella misma había creado. Dicen que Randazzo le informó a Cristina que las conversaciones andaban bien. No importó. El diálogo debía entrar en estado de hibernación. El gobierno nacional le transfiere a la empresa de subterráneos sólo la mitad de los subsidios que le corresponden para obligar a Macri a pagar la otra mitad. Macri se niega. Quiere que primero se acuerden las condiciones del traspaso del servicio.

La política admite la arbitrariedad, por un tiempo por lo menos, pero la economía es más renuente. De la mano de Moreno, el plan económico se ha convertido en un programa de parches. Tapan hoy los desbarajustes que hicieron ayer. Nunca se resuelven los problemas de fondo. Esa carrera contra los propios errores ha creado situaciones que serían risibles si no fueran trágicas. Las oficinas y los hogares se han quedado sin impresoras de computadoras porque está cerrada totalmente la importación de cartuchos de tinta, que no se fabrican en el país.

Todo eso ocurrió (y ocurre) en los mismos días en que Cristina Kirchner reinauguró Tecnópolis con un renovado aire de modernidad. A todo esto, los elementos de computación cuestan en la Argentina, en dólares, el doble de lo que valen en cualquier otro país, según las mediciones de varios economistas. Las palabras de la Presidenta parecían comparar al país con Silicon Valley, mientras la Argentina real está regresando a la era pretecnológica.

El Gobierno ha colocado a todas las importaciones en un mismo paquete, no importa si son bienes de consumo o si son insumos esenciales para la industria y la actividad rural. Las exportaciones han caído más por esa razón que por la crisis mundial. En medio de un clima inflacionario descontrolado (que la arbitrariedad y las expectativas alientan), el Indec reconoció, por primera vez, una desaceleración de la economía y una grave caída de la producción industrial. La Argentina es solidaria: siempre, aunque no le corresponda, está al lado de los países que peor les va. Ahora su crítica situación se parece más a la de los países centrales que a la de los emergentes, que están mucho mejor.

Los dólares van por el mismo camino: cada día se toman nuevas e imprevistas decisiones para frenar las filtraciones de una sociedad históricamente acostumbrada a maniobrar entre dificultades. El Gobierno se escandalizó el viernes cuando se notificó de que en junio se habían gastado en el exterior, con tarjetas de crédito, el doble de dólares que en el mismo mes del año pasado. ¿Sorpresa? Es la consecuencia natural del cepo a los dólares; a los que viajan sólo les quedan las tarjetas de crédito. El Gobierno estudia un impuesto especial a las compras en el exterior o un desdoblamiento en el tipo de cambio, para hacer más caros los dólares que se gastan fuera del país.

El futuro vacila. Puede ocurrir la guerra o puede suceder una tregua. Una sola persona decide la guerra o la paz. Sólo la política de la arbitrariedad no cambia nunca

Qué le pasa a la Presidenta

Por Joaquín Morales Solá | LA NACION. 15 de Julio 2012

El caso Scioli, un gobernador que tambalea en La Plata, es sólo un síntoma. Cristina Kirchner es una mujer que ha cambiado profundamente en los últimos meses. Siempre fue mandona, pero nunca había llegado a los niveles actuales de autoritarismo. Nunca fue amplia ni tolerante, pero antes sentía cierta curiosidad por otras realidades, que ahora ha perdido. Antes le gustaba desfilar por las pasarelas de la política internacional; ahora ha hecho de la Argentina el centro del mundo y convirtió al mundo en un despreciable vecindario.

Tres cadenas nacionales de radio y televisión en apenas cuatro días requieren de un gran concepto de sí misma. Más que la repetición, sorprende lo que dice. La Presidenta no les habla a los argentinos, sino que apela a sobrentendidos para agraviar o chacotear con el mundillo político. El exceso discursivo la empuja también permanentemente al error o a la confusión, justo a ella que era una obsesiva perfeccionista con sus apariciones públicas.

Pertenece a un universo político con poco sentido republicano, es cierto, pero antes solía subrayar su apego a la ley. Ahora usó sus discursos para cometer dos delitos: primero anunció que desobedecería a la Justicia si ésta le ordenara movilizar la Gendarmería, y luego violó el secreto fiscal cuando expuso la situación ante la AFIP de un empresario inmobiliario que contó que el control de cambios fulminó su actividad.

Daniel Scioli carece de márgenes políticos cuando el despotismo y la discrecionalidad han llegado tan lejos. ¿Cómo enfrentar con palabras amables a la furia de una persistente balacera? Scioli depende en estas horas de dos cosas. De él mismo, en primer lugar, si perdurara en su decisión de no renunciar. Pero también de la oposición antikirchnerista, porque estaría terminado si ésta se uniera al kirchnerismo para tumbarlo en el Parlamento de La Plata. Scioli tiene sólo cinco legisladores, si es que al final de cuentas fueran cinco y no menos.

Algunos amigos le han aconsejado al gobernador que se rebele ante tanta injusticia, aunque la decisión le termine costando la renuncia. Sin recursos, con permanentes huelgas, con una inseguridad desenfrenada y con la Justicia desautorizando sus decisiones políticas, Scioli debería, sin embargo, nacer de nuevo para hacer lo que le piden. Tiene hasta el vicegobernador Gabriel Mariotto en huelga. Aquella reunión con Cristina Kirchner que contó el intendente Darío Díaz Pérez fue una acción destituyente, no sólo un discurso. El intendente fue convocado secretamente a Olivos, donde se encontró con un grupo selecto de intendentes que escucharon a una Presidenta enardecida con Scioli. Nunca imaginé a Cristina hablando de esa manera de un gobernador, confesó otro intendente que también estuvo entre los selectos.

Si da una conferencia de prensa, yo le contesto por cadena nacional, había anticipado Cristina antes de que Scioli hablara ante los periodistas el sábado pasado. Dicho y hecho. Ni siquiera reparó en las flores que le tiró Scioli en su conferencia de prensa. No debía reunirse con los periodistas. Punto. Una nueva avalancha desestabilizadora contra Scioli sucedió después.

Scioli resiste, inmóvil como un Buda, y su pacifismo incluye hasta la aceptación pública de las críticas que le hace la Presidenta. Corre el riesgo de quedar muy solo. El gobernador llamó en estos días a un dirigente opositor para pedirle que no lo criticaran. Si vos te enamoraste de los secuestradores, yo no tengo por qué denunciar el secuestro, le respondió el opositor.

Si Scioli no ha nacido para rebelarse, otro destino posible es inmolarse en un eventual incendio provincial. Ese es el riesgo que la Presidenta actual no ve. La provincia de Buenos Aires no es la Capital, ni Córdoba, ni Santa Fe, para hablar sólo de los grandes distritos. Buenos Aires es un territorio bajo responsabilidad del gobierno nacional desde que mandan los Kirchner. Lo es cuando aporta millones de votos, pero lo es también cuando estallan sus conflictos. La Presidenta le sacó 1800 millones de pesos, que no se los dio a Scioli, al consumo de una economía gravemente entumecida. No es Scioli el que no cobró el medio aguinaldo, sino centenares de miles de bonaerenses. El péndulo de Scioli oscila entre la improbable rebelión y una eventual hoguera. Su horizonte no es bueno, pero el fuego podría cercar también a Cristina.

Hugo Moyano es más resuelto que Scioli. La notificó a Cristina de que no contará en adelante con su apoyo político y electoral. La Presidenta lo arrinconó a Moyano, otro viejo aliado, hasta la sublevación. Con la economía en caída libre y con la inflación en franco ascenso, ella prefirió darse el gusto de fraccionar el mapa sindical. La aguardan meses de intensos conflictos laborales. No sólo tendrá cinco centrales obreras, sino también un problema que preexistía: muchos jerarcas sindicales no controlan decisivas comisiones internas. En lugar de unificar la interlocución, que es lo que la propia Cristina hizo hasta hace poco, eligió castigar a Moyano. Lo fragmentó, es verdad, pero quedó expuesta a la sublevación sindical en plazos muy breves. ¿Para qué ha hecho eso cuando decidió, al mismo tiempo, la persecución implacable de la clase media, sin reparar que gran parte de ella la votó? Le prohibió el acceso a los dólares para ahorrar, cuando la inflación estraga los pesos, y para la compraventa de inmuebles; también le retacea dólares para viajar. Ahora la hostiga también con el consumo de servicios públicos en un país que necesita mejorar esos servicios y no perseguir al usuario. En un aspecto tiene razón Cristina, si su propósito es la revancha: la clase media argentina es naturalmente reacia al despotismo político. Es reacia, por lo tanto, al cristinismo actual.

Moyano tuvo en su congreso la mayoría de los delegados, el 54 por ciento. Esto es así si se deja de lado a la CGT de Luis Barrionuevo, que no puede participar de ningún congreso de la central obrera. Hace muchísimos meses que sus gremios no pagan el aporte mensual a la CGT, porque se consideran otra CGT. Sea como sea, Moyano no es un muerto político ni mucho menos. La Presidenta había ordenado su muerte. Sobrevivió.

Ni la condición volcánica de la provincia de Buenos Aires ni la posibilidad de un desmadre social detienen a la Presidenta. Tampoco las mínimas reglas de la convivencia internacional. La alusión al ministro de Economía español, Luis de Guindos, fue ciertamente ofensiva y agraviante. Aprovechó una foto con un cierto parecido de Guindos a Domingo Cavallo (parecido que en realidad no tiene) para tratarlo como "el pelado ese". No lo nombró a Cavallo ni a Guindos. Sobrentendidos. Encapsulada en el pasado, se mofó sólo para divertir a la barra kirchnerista. ¿El problema era con Repsol o es, como parece, con España y los españoles?

Cristina Kirchner no era así. Delante de este periodista describió en su momento, no sin deleite, sus conversaciones con el rey Juan Carlos, con Nicolás Sarkozy o con Angela Merkel. No es una presidenta que se haya ufanado antes de faltar el respeto en el exterior o que desconozca las normas más elementales de las relaciones entre los gobiernos. Esa vieja curiosidad por el mundo se ha desvanecido. Es una Cristina nueva, más radicalizada y menos realista, más arbitraria y menos predecible.

Cristina no pierde la oportunidad de pegarle a un ciego , sea Scioli o el continente europeo con sus muchos conflictos actuales. Europa está mal, pero la Argentina no está mejor. Cualquiera que haya caminado por calles europeas en los últimos tiempos pudo constatar que en la Argentina se ven más pobreza, miseria e inseguridad que allá. Cristina se pelea donde antes halagaba porque cree decididamente en lo que dice: ella vive en un paraíso que está en medio de un mundo que se cae.

El problema de la Presidenta es que no puede romper, ante sí misma, el hechizo de su relato. La aceptación de un solo error significaría la caída de todo el relato. Persistir en esa fantasía necesita de cantidades cada vez más grandes de cadenas nacionales y de mayores dosis de insoportable autoritarismo
 

Sólo una guerra por el poder

Por Joaquín Morales Solá | LA NACION

El universo sindical dio ayer un nuevo paso hacia su propia fragmentación. La perspectiva más probable es que dentro de poco habrá dos CGT de significativo porte, a las que deberán agregárseles la vieja CGT disidente de Luis Barrionuevo y las dos CTA, que también aspiran a ser centrales obreras. El antimoyanismo convocó el 3 de octubre a su propio congreso para elegir secretario general de la CGT al metalúrgico Antonio Caló, pero Hugo Moyano ratificó que mañana hará el suyo, donde será reelegido al frente de la central de los trabajadores. Detrás de Caló se esconde el kirchnerismo, mientras Moyano expresa al antikirchnerismo. También hay una CTA kirchnerista y otra que se declara opositora.

Una primera novedad consiste en la existencia de gremios decididos a militar en la oposición al kirchnerismo. El número de sindicatos rebeldes es inasible, porque es cambiante y volátil. Puede deducirse, sin embargo, que no es un número menor, porque Moyano está dispuesto a todo, menos a mostrar su debilidad.

La aparición de sindicatos opositores, que hasta hace poco militaron en las filas del oficialismo, coincide con una nueva caída de la imagen de la presidenta Cristina Kirchner en el mes de junio, según los resultados de varias encuestadoras. Más grave que ese descenso personal es la importante caída que se registró en las expectativas generales de la sociedad sobre la economía y la situación del país. Es ya una tendencia que lleva varios meses; nada indica que podría cambiar en las próximas mediciones.

Moyano se mueve entre esas constataciones, aunque en el fondo le cuesta entender la decisión de Cristina Kirchner de romper con él. Acostumbrado como estaba a ser el interlocutor privilegiado de Néstor Kirchner, no sabe ahora con certeza ni siquiera por qué se convirtió en un maldito para la Presidenta. Moyano desconoce, no obstante, que el propio Néstor Kirchner imaginaba una CGT que volviera al poder de los metalúrgicos.

"Es mejor que la CGT esté en manos de gremios industriales y no de servicios", decía, pero agregaba: "Eso sí: no es la hora todavía".

La pendiente

¿Esa hora ha llegado? No, seguramente. La economía se desliza velozmente por una pendiente y crecen, al mismo tiempo, las tensiones laborales. Una representación gremial atomizada sólo aumenta y diversifica el reclamo laboral.

La otra estrategia del ex presidente muerto era, precisamente, la de consolidar un solo interlocutor gremial (Moyano era su preferido) hasta que llegara el momento preciso del cambio. Hasta debió traicionar su promesa electoral de darle a la CTA personería de central obrera con el propósito de sentar frente a él a un solo representante de los gremios.

Cristina Kirchner está más pendiente de las disputas por el poder que de las dificultades de la administración. Moyano cruzó una frontera definitiva cuando en septiembre pasado se presentó en la Casa de Gobierno con un largo petitorio, que incluía el reclamo para que les devuelvan a los sindicatos recursos que pertenecen a sus obras sociales. Habló también de "la inflación del supermercado" y desarticuló el relato oficial sobre el principal problema de la economía argentina. Moyano salió de la Casa Rosada y no volvió nunca más.

Desde entonces, el kirchnerismo comenzó una faena persistente para debilitar al líder de los camioneros. En el acto circularon nombres de supuestos sucesores de Moyano . El primer candidato del kirchnerismo para conducir la CGT fue el jefe del sindicato de la construcción, Gerardo Martínez, pero su carrera se interrumpió cuando se supo fehacientemente que trabajó para el servicio de inteligencia del Ejército durante la dictadura. Por eso o por otra cosa -quién lo sabe- Martínez sigue siendo, no obstante, un aliado objetivo del kirchnerismo.

Es probable que Moyano consiga mañana la continuidad como jefe de una CGT, pero la estrategia política del kirchnerismo habrá tenido también su relativo éxito. El líder camionero no será en adelante la figura omnipresente del sindicalismo ni el único interlocutor de la dirigencia política y social. Tendrá menos poder, que es el propósito que se planteó la Presidenta cuando abrió una guerra con él. Aquel gesto de Moyano de septiembre se parece mucho al anuncio de Daniel Scioli sobre su candidatura presidencial para 2015. Cruzar esos límites significará siempre el despido del paraíso kirchnerista. Cristina Kirchner entiende el poder como un poder sin sombras.

Diferencias

Pero Moyano no es Scioli, siempre dispuesto a entender los agravios como presuntos halagos. Moyano es, en efecto, un auténtico hombre de poder. Cristina tiene razón en eso, aunque no la tenga cuando imagina un país con ella como único eje de un único poder. Cualquier negociación entre las distintas facciones gremiales debería suceder en las próximas 24 horas. Después de mañana, cuando Moyano sea proclamado secretario general reelecto de la CGT, las eventuales conversaciones serán más difíciles.

A pesar de todo, ninguna negociación es imposible entre dirigentes gremiales, aun después de mañana. Son la estirpe con más ejercicio político del país.

"Podrá haber negociación y hasta una reinserción en una sola CGT, pero siempre que los otros acepten la conducción de Moyano", dijo un dirigente que expresa bien al líder cegetista.

Esto es: Moyano no está dispuesto a dar un paso al costado ni un paso atrás. No lo ha hecho nunca.

Si el cisma sindical se produjera finalmente, Cristina Kirchner podrá darse el lujo político de hablar con Caló y de ignorar a Moyano. Según su concepción de la política, ella habrá ganado la guerra por el poder.

Esa será una cara de la moneda. La otra cara representará a los nuevos problemas de su gobierno. Moyanistas y antimoyanistas están diciendo las mismas cosas: ninguno quiere pagar los costos de un ajuste económico que se siente cada vez más.

Ayer, Moyano se dirigió a los trabajadores rasos para decirles que él estará de su lado. Ninguno de los otros aceptará nunca, aunque lo hagan con palabras más elegantes, quedar del lado de los que ordenan y desordenan la economía. Será otra mala noticia para la Presidenta entusiasmada en esquivar los problemas y en fulminar enemigos de carne y hueso
 

Un plan destituyente

Por Joaquín Morales Solá | LA NACION

8-7-12- Si todo fuera cierto, como parece, Cristina Kirchner se ha convertido en una cabal destituyente. Después de tantas acusaciones falsas del kirchnerismo sobre supuestos golpismos ajenos, ha sido la primera autoridad política de la Nación la que habría promovido la destitución del gobernador Daniel Scioli. El relato del intendente de Lanús, el kirchnerista Darío Díaz Pérez, sobre una conversación con la Presidenta, la muestra a ésta casi desesperada para que Scioli se vaya cuanto antes de la gobernación. Es improbable que Díaz Pérez, un político que siempre prefirió callarse, haya elegido por sí solo semejante historia para aprender a hablar. Más vale creer que el kirchnerismo fue notificado de manera oblicua, como suele hacerlo, sobre el destino de Scioli. Un destino sin destino.

Scioli podría reclamar el mismo trato que tuvo el ex presidente paraguayo Fernando Lugo, a quien al menos le montaron el teatro de un juicio político. Al gobernador, en cambio, lo juzgó y lo condenó la opinión y la voluntad de una sola persona: la Presidenta. El relato de Díaz Pérez es creíble, a pesar de los desmentidos, por uno de esos datos que parecen secundarios. El intendente contó que Cristina habría dicho que Scioli "pasa mucho tiempo con los Pimpinelas y poco tiempo trabajando".

Un kirchnerista que la conoce desde hace mucho tiempo concluyó así: Fue ella. Desde hace muchos años alude a la relación de Scioli con los Pimpinelas para subrayar su frivolidad .

Desde hace años también, Scioli se niega a creer que es un hereje para el kirchnerismo. ¿Lo cree realmente? ¿O usa ese argumento para seguir diferenciándose de los que mandan? En su conferencia de prensa de ayer se mostró más Scioli que nunca. Con el ropaje de un pacifista dispuesto a enfrentar desarmado las balas, señaló que sus únicos enemigos son los delincuentes y las drogas. Un político sin enemigos. ¿Hay algo más diferente del kirchnerismo?

El problema de Cristina con el gobernador es político, ideológico y personal. El conflicto político se reduce a una simple y general constatación: Scioli encarna ahora el relevo del kirchnerismo en el liderazgo del peronismo. Ese relevo no surge de un proyecto nuevo, porque nadie sabe cuál es el proyecto de Scioli. Tampoco se explica en un carisma especial, del que el gobernador carece. El único fenómeno que se advierte en Scioli, casi inexplicable, es su capacidad para atravesar las tempestades sin mojarse. No es un sabio administrador ni un deslumbrante orador. Su forma de ser, con todo, es poco habitual en el peronismo de estos días: sabe escuchar, trata de entender al otro y le gusta más la amistad que la enemistad. Suficiente. Ese único trazo lo define como un peligroso antikirchnerista.

Podrán decirse muchas cosas de las palabras desestabilizantes de la Presidenta, pero no podrá negársele que tiene razón cuando ve una contradicción ideológica entre ella y Scioli.

Scioli viene del mundo empresario y de frecuentar al famoseo local desde que era deportista. La Presidenta ha hecho de las ideas y de la política un drama perpetuo, una ópera continua, aunque también le gustan los famosos. Lo suyo no son los Pimpinela, sino Bono, Roger Waters o Sean Penn. Estos no son híbridos; tienen el glamour de la progresía que ella cultiva. La principal contradicción entre ellos consiste en que Cristina es una señora del Barrio Norte porteño con un discurso de imprecisas revoluciones, mientras Scioli es un hombre con fortuna personal que sólo aspira a ser previsible.

Nadie sabe si el rencor personal fue anterior a esas discordias políticas e ideológicas o si el rencor fue producto de ellas. Pero el rencor también existe. Scioli no es nadie para quien aspira a fundar una historia todos los días. Cristina está rodeada de personas que no son nadie, pero Scioli le deparó una sorpresa: ese nadie es más popular que ella, quiere ser presidente cuando ella ya no pueda serlo y el peronismo está siendo seducido por él. El kirchnerismo puede soportar cualquier idea menos la del fin del poder.

Al peronismo le importan pocas cosas, pero decisivas: las encuestas, la continuidad en el poder, el control de las organizaciones sectoriales y la capacidad para influir en un gobierno. Scioli le garantiza, por ahora, todo eso. Sucede lo mismo con Hugo Moyano. El kirchnerismo los está convirtiendo en mártires y corre el riesgo de transformarlos a Scioli y a Moyano en ídolos peronistas.

Hay quienes aseguran que la Presidenta tramó la destitución de Scioli antes de que Scioli fuera reelecto. ¿Qué sentido tuvo si no, ante las evidencias de ahora, la imposición de Gabriel Mariotto como vicegobernador? ¿Cómo se explica, si no, que Mariotto se haya dedicado desde el primer día a erosionar el equilibrio de su gobernador? El sesgo autorreferencial de la Presidenta es antológico. Un vicepresidente fue un traidor por haber votado una sola vez en contra del gobierno en el Senado, pero Mariotto no lo es cuando debilita a Scioli un día sí y otro también.

A pesar de todo, hay otra cuestión que se metió calamitosamente entre la Presidenta y Scioli: la economía. Cristina ha declarado una guerra donde existía una necesidad compartida. La situación económica de Scioli es desastrosa, pero la Presidenta no está mucho mejor. La única diferencia es que la Nación cuenta con el Banco Central y puede emitir. Los gobernadores tienen que mendigar , describió el economista Carlos Melconian. No es una diferencia menor, es cierto, aunque también la ventaja de Cristina tiene su desventaja: la alegre emisión de dinero espolea la inflación, que es el gran problema irresuelto de la Argentina.

Una novedad sorprendió en los últimos días: los economistas privados y el Indec comienzan a coincidir por primera vez en cinco años. Todos ellos dicen que la caída de la economía tiene una velocidad de vértigo. Economistas privados aseguran que la economía creció en el primer semestre del año entre el 0,5 y el 1 por ciento interanual. Nada. Es una recesión de hecho. El país ingresó al segundo semestre con su economía en recesión.

Los datos parciales del Indec acompañan esas estimaciones. Según las estadísticas oficiales, el PBI industrial cayó un 4 por ciento y un 5 por ciento la construcción. La venta de automóviles se derrumbó un 24 por ciento en abril, otro 24 por ciento en mayo y un 34 por ciento en junio. La producción de cemento registró un descenso importante en el primer semestre. La caída de la inversión fue altamente negativa en los primeros seis meses del año; algunos economistas privados señalan que podría estar en 16 puntos por debajo de cero.

Las restricciones para acceder al dólar, que se agravan con el paso de las semanas, y el freno absoluto y discrecional para las importaciones están convirtiendo a la economía en un páramo.

Decenas de obras privadas se frenaron en seco en los últimos días. Nadie está dispuesto a invertir en un país donde la propiedad del dinero ha dejado de ser propiedad privada. El Gobierno hasta hizo saber que obligará a los bancos a dar créditos a tasas del 14 por ciento anual, muy por debajo de la inflación. Así, condenará a los bancos a trabajar a pérdida o, en el peor de los casos, a la quiebra.

La única buena noticia de los últimos días fue un nuevo repunte del precio de la soja en el mercado de Chicago, que llegó a rozar los 600 dólares la tonelada. ¿Significa que el próximo año será mejor? No. Sólo habrá una mayor disponibilidad de dólares. La situación macroeconómica tiene otros condimentos letales y su modificación requeriría de un cambio sustancial de la política económica. Cristina Kirchner carece de ductilidad para decisiones de esa envergadura y no está dispuesta a reconocer que se equivocó. No lo ha hecho nunca.

La Presidenta podría haber acordado con Scioli en que los dos están mal. Hubiera sido una manera diferente de abordar la escasez real y mutua. Prefirió, al revés, confirmarse ella misma lo que ya sabía: que está ante un enemigo que la acecha para quitarle el poder. Eligió intentar una destitución antes de ser destituida.

Es la manera, conspirativa y enredada, de Cristina para resolver los problemas colectivos que están a la vista de todos. Es la mejor manera, también, de no resolverlos nunca

 

La interna del PJ . Tensiones en el oficialismo

El Gobierno presiona para aislar a Scioli

Promete fondos directos a los intendentes a cambio de fidelidad

Por Mariana Veron | LA NACION

 

El despacho de Julio De Vido volvió a recuperar la semana que pasó el trajinar de otras épocas. En busca de aislar políticamente al gobernador Daniel Scioli , el Gobierno reactivó los encuentros cara a cara con intendentes bonaerenses. Con promesas de obras públicas y fondos nacionales, la Casa Rosada rearma la estructura de poder en medio de la pelea abierta con el mandatario provincial.

El martes pasado, en el salón Belgrano del quinto piso del Ministerio de Planificación, De Vido recibió a 22 intendentes de los distritos más poblados del conurbano. Entre rondas de café, y respaldos para Cristina Kirchner, los adoctrinó para mantenerlos unidos detrás del gobierno nacional. Un símbolo de que la Casa Rosada bajará otra vez al territorio y está dispuesta a jugar fuerte es que allí se acordó que los próximos encuentros sean en alguna localidad del Gran Buenos Aires. Con Scioli corrido de las decisiones del PJ por orden de Cristina, de ese encuentro surgió la idea de una nueva reunión, para esta semana, de la Comisión de Acción Política del partido. La cumbre será entre el miércoles y el jueves, y buscará fortalecer el diálogo directo con los intendentes de los distritos más poderosos de la provincia.

En medio de la pelea política que esta semana derivó en reproches por cadena nacional de Cristina Kirchner y el envío de la mitad de los fondos reclamados por Scioli a la Nación, el Gobierno reactivó movimientos que hasta el momento estaban paralizados. Sumado al paro de Hugo Moyano , la primera red para cercar a ambos será el conurbano.

"Se busca fortalecer las políticas de obra pública nacional con los intendentes directamente", contó uno de los organizadores y asistentes a la primera reunión, que se hizo el mismo día en el que la Presidenta lanzó duras críticas contra el gobernador bonaerense, a quien le exigió una gestión "más responsable" y menos protagonismo público. Aquel reto fue el prólogo de una semana difícil para Scioli, en la que tuvo que anunciar el pago diferido y en cuotas de los aguinaldos estatales.

En la Casa Rosada califican al operativo de un renacer de las políticas directas del gobierno central hacia los municipios, que habían quedado relegadas desde la muerte de Néstor Kirchner.

La Comisión de Acción Política es el nuevo órgano de decisión dentro del peronismo en el que Scioli no tiene injerencia ni representantes.

La estrategia del Gobierno tiene dos ejes: reactivar la obra pública en los municipios y alinear nuevamente a los intendentes pensando en las elecciones de 2013. "La plata del gobierno nacional está llegando. Donde hay faltantes es en los fondos que envía la provincia", contó un intendente del interior, que ya se había reunido con la Presidenta en la quinta de Olivos el 10 de mayo pasado, en el inicio de los encuentros cara a cara para alinear a la tropa.

En el encuentro se coló la marcha de Moyano. Muchos de los presentes recordaron haber sufrido en carne propia las presiones del líder gremial en temas como la recolección de basura.

La preocupación central de la Casa Rosada es administrar la crisis económica. Les pide a los intendentes que muestren gestión, para contraponerlos a la nueva estrategia de golpear a Scioli por la constante campaña de difusión de sus políticas.

"Necesitamos fidelizar" , anticipó un funcionario del riñón kirchnerista sobre la estrategia de seducción hacia el distrito más grande del país. Identificado el enemigo en Scioli y su buena sintonía con el jefe de la CGT, la Casa Rosada no pierde tiempo e intenta evitar fugas.

El adoctrinamiento incluye la promesa de que el Gobierno no enfriará la economía y que se seguirá con el plan de obras públicas ya comprometida. Hubo promesas para nuevos emprendimientos. No en vano estuvo el secretario de Obras Púbicas, José López, y también se sumó el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, que pidió informes sobre la merma en el empleo. Uno de los programas de construcción de vivienda más ambicioso que lanzó la Casa Rosada, el plan Procrear, se centra en el distrito bonaerense.

De la primera reunión que armó De Vido participaron los jefes comunales de las zonas más pobladas, como Fernando Espinoza, de La Matanza; Alejandro Granados, de Ezeiza; Hugo Curto, de Tres de Febrero; Julio Pereyra, de Florencio Varela; Fernando Grey, de Esteban Echeverría, o Raúl Othacehe, de Merlo. Además, hubo presencias de los partidos de Cañuelas, como Marisa Fassi; de Brandsen, con Gastón Arias; de Lobos, con Gustavo Sobrero, y de Escobar, con Sandro Guzmán.

Con el debate instalado de medir quién es más peronista impuesto por la marcha de Moyano, y la disputa con Scioli en el medio, la Casa Rosada vuelve a recostarse en los jefes del conurbano.

DANIEL SCIOLI

 

  • Retado. El martes la Presidenta criticó la gestión de Scioli. Esa noche, De Vido se reunió con intendentes para pedirles apoyo al Gobierno.
  • Sin fondos. Sin el auxilio nacional que pretendía, Scioli tuvo que desdoblar el pago de aguinaldos estatales.

 

Para Scioli se dispara el "riesgo Cristina"

Desde el inicio del segundo mandato del gobernador la tensión con el kirchnerismo no para de crecer

 

  • 10/12/2011
    Asunción violenta
    Scioli jura su segundo mandato, en medio de una batalla campal entre militantes de La Cámpora y la policía de la provincia.
  • 4/1/2012
    Un gol amargo

    En la playa, Scioli juega un partido de fútbol con Macri y despierta duras críticas del kirchnerismo.
  • 7/1/2012
    La tregua

    Hay señales de distensión entre Scioli y Mariotto, que empiezan a compartir actos juntos.
  • 3/2/2012
    Contra Casal

    Mariotto encabeza una marcha en La Matanza contra el ministro de Seguridad de la provincia, Ricardo Casal.
  • 1/3/2012
    "Todo tranquilo"

    Ante la Legislatura, Scioli dice que la provincia está "saneada", agradece al gobierno nacional y reafirma su alianza con la Presidenta.
  • 28/3/2012
    En defensa de Boudou

    La Legislatura, con apoyo de Mariotto y de La Cámpora, exige informes a Scioli por los contratos del juego con la empresa Boldt.
  • 11/5/2012
    Fin de la guerra fría

    En medio de la pelea por el revalúo rural, cuatro ministros de Scioli acusan a Mariotto de "poner palos en la rueda".
  • 12/5/2012
    El candidato

    Por primera vez, Scioli admite sus aspiraciones a suceder a la Presidenta en 2015.
  • 7/6/2012
    Una gestión con Macri

    A pedido del Gobierno, Scioli convence a Macri de participar de una reunión con Randazzo y él por el transporte.
  • 10/6/2012
    Fútbol con el enemigo

    Scioli invita a Moyano a un partido de fútbol en Tigre y difunde las fotos de ellos dos sonrientes.
  • 26/6/2012
    El reto más duro

    Cristina Kirchner le exige por cadena nacional a Scioli "responsabilidad para gestionar".
  • 29/6/2012
    Sin fondos

    Scioli anuncia que pagará los aguinaldos en cuatro cuotas, tras recibir menos fondos nacionales de los que pedía.
     

El laboratorio de un modelo que fracasó

Por Joaquín Morales Solá | LA NACION 17 de Junio

Un círculo se cerró cuando Máximo Kirchner debió volar casi tres horas para curarse una rodilla infectada. Veinte años de gobierno kirchnerista en Santa Cruz han dejado una provincia que ni siquiera tiene un módico sistema de salud. Una provincia potencialmente rica convertida en muy pobre. El caso es revelador para la Argentina, porque la familia que gobernó durante dos décadas aquella provincia es la misma que gobierna el país. Los métodos son también los mismos, desde el exceso de protagonismo del Estado en la economía hasta la sofocación de las libertades y de las instituciones.

Eduardo Duhalde solía decir que los Kirchner intentarían trasladar a la Nación los métodos provinciales, pero que fracasarían. Equivocó el pronóstico. Nueve años después del desembarco de los Kirchner en la Casa Rosada, la Argentina se parece más a Santa Cruz que a cualquier otra cosa. El país está desaprovechando las oportunidades de la crisis internacional (no seduce a las inversiones que se alejan del escabroso mundo desarrollado) y malgastó el dinero que recibió en los buenos tiempos de la economía internacional. Santa Cruz es como un espejo: la provincia dilapidó en el pago de salarios los cientos de millones de dólares de las regalías petroleras, depositados en el exterior.

Hasta hace cuatro años, el Banco de Santa Cruz , propiedad de la familia Eskenazi, informaba anualmente al Banco Central que administraba más de 500 millones de dólares de la provincia. Esa cuenta desapareció en algún momento. La versión más seria indica que el banco provincial recibió orden de transferir esos recursos al Banco Nación, donde se licuaron entre cifras y cuentas mucho más millonarias que la santacruceña. Lo cierto es que después del desgastante conflicto con los docentes, en 2007, el gobernador de Santa Cruz, Daniel Peralta, fue instruido para que usara esos fondos en el pago de aumentos salariales. La provincia tiene petróleo y es atractiva para un turismo internacional y caro. Su población es escasa, parecida sólo a un municipio mediano de la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, ya le quedarían sólo monedas de aquellos depósitos que llegaron a superar los 1000 millones de dólares en los años 90.

En Buenos Aires, y después del período más largo de crecimiento económico desde la Segunda Guerra, la primera brisa en contra sorprendió al gobierno nacional con déficit en sus cuentas públicas, con salidas de capitales en los últimos años que significan mucho más que las actuales reservas nacionales y con la necesidad de echar mano a los recursos que no son del Gobierno, como los del Banco Central, la Anses o programas especiales para obras sociales. El juego macabro con los fondos de los jubilados (que financiarán un plan de vivienda con tasas de interés por debajo de la fantasiosa inflación del propio Indec) significa una continuidad de la política de gastar ya todo lo que hay. Mañana será otro día, aunque ese día podría encontrar quebrado al sistema jubilatorio.

Máximo Kirchner llegó enfermo al Hospital Austral, en el avión de mayor porte de la flota presidencial . Una cosa es el uso de ese avión (que sólo se explica en la certeza kirchnerista de que el Estado es suyo) y otra cosa es la decisión de su madre de trasladarlo. No fue esta última una decisión equivocada. El sistema de salud de Santa Cruz está devastado. Carece de insumos y de presupuesto, y sus médicos se han ido de los hospitales y hasta de la provincia. Cristina Kirchner jamás dejaría a su hijo en tales condiciones. Puede no hacerlo. Es una copia exacta de lo que sucede con la salud en el territorio nacional, a cargo ahora de un ministro sumiso que acató la orden de evadirse hasta desaparecer.

Con todo, los rasgos institucionales y políticos son los más graves y los más parecidos. El actual senador nacional Alfredo Martínez es radical y fue intendente de Río Gallegos durante ocho años; el gobernador de la provincia era Néstor Kirchner. Martínez suele recordar que jamás, durante casi una década, el gobernador lo invitó a tomar un café. En los pocos actos oficiales en los que debía compartir el palco con Kirchner, su presencia era borrada por los medios periodísticos de Santa Cruz. La televisión sólo tomaba a Martínez de espaldas. Mauricio Macri debió investigar esa historia para saber de antemano lo que le esperaba.

La libertad de prensa es una nostalgia en Santa Cruz. Diarios, radios y televisión fueron cooptados por el kirchnerismo. La prensa crítica desapareció o sobrevive a duras penas, minúscula, ahogada por la presión directa o indirecta del oficialismo. El antiguo chofer de Néstor Kirchner, Rudy Ulloa, terminó convirtiéndose en el zar del periodismo santacruceño. Hace lo que le ordenan. Tenía un diario, El Periódico, que recibía tanta publicidad provincial y nacional que no cabía en sus páginas.

Es la misma receta que se aplicó en el país. La editorial Perfil nunca recibió publicidad, a pesar de una orden de la Corte Suprema, y LA NACION y Clarín sólo acceden a una pauta testimonial de tan insignificante. La prensa kirchnerista rebosa, en cambio, de fondos publicitarios del Estado. La crónica de la realidad es la misma aquí que en Santa Cruz. El periodismo oficialista no informa de lo que los Kirchner no quieren que se sepa. ¿No sucedió lo mismo con el cacerolazo del jueves 7 de junio? La política no se resuelve, ni en Santa Cruz ni aquí, en el debate público ni en los partidos políticos ni en el Parlamento, sino dentro del Palacio y según el equilibrio de las intrigas entre muy pocos.

Carlos Zannini es el único amigo fiel, disciplinado y permanente que los Kirchner tienen en el Gobierno desde que llegaron. ¿Qué era Zannini en la provincia antes de 2003? Presidente de la Corte Suprema de Justicia local. La justicia provincial está en manos de familiares y de amigos del kirchnerismo. Hubo una sola persona, el jefe de los fiscales Eduardo Sosa, que tomó distancia del kirchnerismo. Fue despedido en 1995. Sosa inició un largo planteo que llegó a la Corte Suprema de Justicia de la Nación; la Corte le ordenó varias veces a la provincia que lo repusiera en el cargo. Los Kirchner la desobedecieron. Pasó el tiempo. También para Sosa, que acaba de jubilarse sin el cargo. Fin de la historia. El caso es ahora abstracto.

La Corte Suprema nacional reclamó en estos días a la Anses que le diga cuánto dinero tiene y en qué lo gasta. Se cansó de tratar causas de jubilados y de dictar fallos que el Gobierno no cumple. Si cumpliéramos, la Anses quebraría, le dijo el jefe del organismo, Diego Bossio. La Anses paga las asignaciones universales por hijo, asiste al Tesoro nacional cuando éste lo requiere y ahora se prepara para financiar un ambicioso plan de viviendas. Hace de todo, menos lo que debe. Eso es lo que cansó a los máximos jueces del país, aún impotentes.

La Nación y Santa Cruz están terminando igual. Ninguno de los dos gobiernos tiene plata. Una parte de sus sociedades está sublevada. Los sindicatos protestan duramente contra la inflación. El gobernador Peralta debió desmentir su renuncia hace un mes, en medio de reclamos y de huelgas, después de haber ganado la gobernación por más del 50 por ciento de los votos en octubre pasado.

Una prestigiosa empresa de encuestas acaba de constatar que Cristina Kirchner bajó 4 puntos en mayo. En un mes perdió más de lo que había ganado en abril con la estatización de YPF. Ronda ahora el 45 por ciento de aceptación nacional, muy lejos de los casi 70 puntos que tenía en diciembre. La Presidenta está perdiendo popularidad desde enero y nada indica que esa tendencia cambiará. Cristina la ignora. La realidad es todo lo que el relato niega
 

Otro equipo, igual promesa

Por Joaquín Morales Solá | LA NACION

 

Julio De Vido venía diciendo entre íntimos, desde hace por lo menos un mes, que su influencia en el Gobierno se había terminado. Ayer, en el anuncio del plan de construcción más importante del segundo mandato de Cristina Kirchner, su disfavor quedó expuesto en el principal escenario de la política argentina. Abstraído y distante de la algarabía que lo cercaba, sentado entre los ministros en una fila trivial, el otrora poderoso ministro del kirchnerismo se notificó de otra amputación a su poder. Le habían sacado la conducción de un monumental plan de viviendas con la misma frialdad con la que antes lo despojaron de su protagonismo en la estatizada YPF o lo dejaron sin jurisdicción sobre el transporte público.

¿Por qué no se va? De Vido ya estaría fuera del Gobierno si la Presidenta se lo hubiera permitido. Nadie ha confirmado una supuesta respuesta de Cristina a su ministro cuando éste le insinuó su intención de renunciar: "De aquí te vas preso o muerto". Pero es cierto que la Presidenta lo frenó en seco cuando De Vido le deslizó sus ganas de volver a casa; el ministro entrevé que lo aguarda como destino la asistencia, muda e impotente, a su propio sepelio.

Cristina es así, y De Vido no es el único funcionario que en las últimas semanas se encontró con esa dura frontera. Nadie se va del Gobierno si la Presidenta no lo echó. Esa ha sido su orden, clara y diáfana. Los funcionarios han perdido hasta esa libertad esencial, que consiste en poder decidir si quieren estar dentro de un equipo o si comparten una política.

La maltratada cadena nacional de radio y televisión registró ayer el apogeo de la nueva generación cristinista. Axel Kicillof y Diego Bossio, dos jóvenes promovidos por la inspiración presidencial, fueron los teloneros de la Presidenta. Ella se divierte hasta con los errores verbales de sus retoños políticos, equivocaciones que jamás les perdonaría a los viejos funcionarios de su gobierno. Sucedió cuando Kicillof ponderó el "círculo vicioso" de las políticas kirchneristas en lugar de decir "círculo virtuoso". Cristina se rió, como ríen las madres ante las confusiones de sus hijos. Los viejos ministros que Cristina heredó de su marido estaban en la línea del coro o directamente ya no estaban. No se puede hablar ahora de un programa que llega desde 2003 hasta nuestros días. La Presidenta ha cambiado la política de su marido, pero también las personas que la expresaban.

Los indicios

En un sistema de poder tan secreto y aislado, las pistas de los detalles son los únicos indicios de los favores y de las desgracias. Amado Boudou se enfrentó ayer también a un síntoma concreto de su prematuro eclipse. "Aquí están sólo los que trabajan", dijo la Presidenta sobre el escaso grupo de funcionarios que la rodeaban en la tarima. Nombró uno por uno a los que estaban ahí (de nuevo a Kicillof y a Bossio), pero se detuvo en seco cuando le tocaba el turno a Boudou. Ni lo miró. Cambió de tema en el acto.

El vicepresidente fue acomodado por el estricto protocolo presidencial, que Cristina supervisa personalmente, en el último lugar dentro de ese racimo de pocos funcionarios. Ultimo y sin mención. La Presidenta despedazó en los últimos tiempos a la justicia ideológicamente más cercana al kirchnerismo para defender al vicepresidente, imputado en una causa por hechos de corrupción, pero esa gestión le valió a Boudou la pérdida de su influencia política y el derrumbe en las encuestas de opinión pública.

De hecho, su ahijado más encumbrado, el exiguo ministro de Economía, Hernán Lorenzino, no estuvo, ni habló, ni nadie lo nombró en un acto donde descolló su viceministro, Kicillof, que habló como ministro. Lorenzino está en el exterior, pero nadie explicó su reveladora ausencia.

La obcecación contra Mauricio Macri fue la otra constante del espectáculo televisivo de la víspera. Empezó Kicillof y terminó la propia Cristina. Los dos aludieron a Macri sin nombrarlo. El mensaje fue claro: ellos expresaban una solución argentina y popular al problema de la vivienda, mientras Macri está reproduciendo, con sus créditos del Banco Ciudad, las burbujas inmobiliarias que desataron la crisis mundial. Ni unos son tan malos ni los otros son tan buenos, pero el kirchnerismo está acertando con los blancos que elige: tanto Macri como Daniel Scioli son, hasta ahora, las alternativas distintas del cristinismo para el relevo del actual círculo gobernante. A ninguno de los dos lo deja en paz.

Una respuesta

El propio plan de viviendas anunciado ayer es también, aunque no excluyentemente, una respuesta a un exitoso programa de viviendas anunciado por el macrismo. En la página web del Banco Ciudad ingresaron dos millones y medio de interesados (que a veces colapsaron el sitio) para un plan que sólo contempla 3500 créditos anuales. Ese plan de Macri podría resultar fatalmente comprometido si se convirtiera en ley el proyecto que le saca al Banco Ciudad los depósitos judiciales. Si el objetivo es la provisión de viviendas y de créditos, ¿para qué destruir un plan que tiene sus seguidores? ¿O el objetivo es, en cambio, que sólo Cristina sea le heroína de las viviendas?

Los anuncios de ayer significaron también una notificación de que el Gobierno asumió, en parte al menos, que la economía ya no es lo que era. La Presidenta y Kicillof subrayaron ese aspecto fundamental del plan. La construcción moviliza la economía y la mano de obra, dijeron los dos. No deja de ser un importante cambio en un gobierno que venía repitiendo que la economía gozaba de muy buena salud. La Presidenta no fue distinta de ella misma ni se privó de pontificar sobre lo humano y lo divino. Se entreveró con las palabras también cuando recordó que la Unión Europea está analizando la posibilidad de restringir las transacciones en divisas en Grecia si este país terminara alejándose de la eurozona. Se felicitó elípticamente por haber hecho ella eso antes en la Argentina. Es, siempre, dueña de las primicias. Pero, ¿acaso la situación argentina es igual o parecida a la griega? No lo es, pero la extrapolación arbitraria de datos y la manipulación informativa suelen terminar en esas alteraciones de la realidad.

Los planes son buenos, pero son mejores si se cumplen. Hasta Guillermo Moreno anunció, hace ya varios años, que los argentinos podrían acceder a una vivienda propia sólo con lo que les costaba el alquiler de una casa. El país se alegró y desconfió al mismo tiempo de ese anuncio durante varias semanas. Nada cambió hasta el momento. Los argentinos que alquilaban viviendas entonces siguen pagando ahora sus alquileres
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El rechazo a Reposo en el Congreso y las cacerolas en las calles
Frenar la pasión por la desmesura

Por Santiago Kovadloff | LA NACION- 12.6.12

El fracaso del aspirante Reposo a la Procuración General no fue otro que el de la estafa. No logró pasar por quien simulaba ser. Pero la derrota más honda provocada por este fracaso fue la de aquellos que, sabiendo quién era él, aun así lo apoyaron.

¿Por qué procedieron de ese modo? Lo hicieron porque, para el desempeño que se le requería, Reposo no debía contar más que con un único atributo. Ese atributo no demanda solvencia profesional, ni sólida trayectoria intelectual, ni mucho menos independencia de criterio. Ese atributo es el de la disposición a subordinarse sin condiciones a quien promovía su designación; a un poder, por lo tanto, que en incontables ocasiones ha sabido ofertar investiduras a cambio de obediencia irrestricta.

Se diría que la lógica aplicada para hacer de Reposo el candidato al cargo que finalmente no obtuvo manifiesta, una vez más, los atributos espectrales que debe reunir al menos buena parte de los funcionarios seleccionados por el Gobierno. Una vez que acceden a las investiduras que les han sido asignadas destruyen, mediante su insolvencia, el significado que ellas pudieran tener.

Al contrario de lo que William Shakespeare advertía en su momento acerca de la sed ilimitada de poder, hoy la ambición sin escrúpulos no esconde su naturaleza ni disimula su propósito. Estamos en un tiempo de siniestra franqueza en el despliegue de la perversión política. A diferencia de lo que sostiene el rey Duncan en Macbeth, poco antes de ser asesinado por aquel en quien más confía, los rostros ya no enmascaran las más secretas intenciones del alma. Por el contrario, las exhiben casi con ostentación. Es que abunda, también en la Argentina, un ejercicio del poder que deja ver sin pudor la índole siniestra de quienes lo cultivan o, para decirlo de otro modo, de quienes conciben como un derecho la burla de la idoneidad y la ley.

Postulado por Cristina Fernández como candidato para presidir la Procuración General de la Nación, Daniel Reposo es un ejemplo de esa convicción. Pero también lo es -hay que decirlo- de su inusual fracaso. En un brote de integridad invalorable, la mayoría parlamentaria se hizo oír para que la simulación y la estafa esta vez no prosperaran.

Pero, en estos días, el freno impuesto a la desmesura no sólo se hizo presente donde tanta falta hace, es decir en el Parlamento. La disconformidad con el Gobierno volvió a irrumpir en las calles, al son de las cacerolas. Quienes las hicieron retumbar le han dicho al oficialismo que no tiene allanado el camino que busca recorrer para postularse como expresión de la eternidad en la historia.

No se trata de sobrestimar el alcance de la protesta de la clase media ni la envergadura conceptual de su manifestación. Pero su legitimidad es indiscutible y su significado innegable. Las motivaciones que le dieron vida son tan valederas como las de cualquier otro sector social que decide denunciar la arbitrariedad de los que mandan cuando esa arbitrariedad tiene lugar.

La clase media encuentra en el manoseo de sus bolsillos el límite a su proverbial errancia política. Entre los escombros de tantos ideales que alguna vez fueron suyos, el del ahorro sigue en pie. Muchos querrían que fueran otras y más altas las motivaciones sustanciales de su rebelión: principios, digamos; reivindicaciones morales y cívicas de estatura republicana. Que sus manifestantes no esperaran a ver estrangulado su derecho al ahorro para que las calles los volvieran a contar entre los indignados con el autoritarismo oficial. Se supone, cuando tan elevadas razones se reclaman como fundamento de la protesta colectiva, que esa clase media tiene, todavía, un nivel de formación ciudadana como el que la caracterizó en un pasado ya distante. Y no es así. La clase media argentina no es hoy sino la sombra de lo que fue; saldo desvalido de un ayer en el que la educación, el trabajo y la cultura eran, junto con el ahorro, fuerzas promotoras de un perfil social inconfundible y singular incluso en América del Sur. Ese perfil, si no ha terminado de desdibujarse, está a merced de una crisis que lo ha transformado por completo. Por supuesto, nada de ello rebaja la validez de su protesta actual. Pero explica por qué esa protesta encuentra su eje vertebrador en la demanda económica. Otros valores políticamente decisivos, más sutiles y complejos quizá pero no más fundamentales ya no logran articular y desencadenar la protesta pública de la clase media. Los fervores cívicos de 1983 se han disuelto, arrasados ante todo por la catástrofe administrativa del radicalismo en el poder. Si se exceptúa el clamor constante que provoca la inseguridad, la rebelión ante la decadencia de la democracia argentina no despierta un espíritu de protesta colectiva que se haga oír en las calles. Se trata, en suma, de entender que, entre el vaciamiento doctrinario de los partidos opositores y la anémica sensibilidad republicana de la clase media, hay una relación de interdependencia cuyos signos son inocultables.

Lo ocurrido con la protesta campesina de 2008 parecería decir lo contrario. Sin embargo, de los pueblos del interior, laboralmente dependientes de la faena agrícola ganadera, provino muy buena parte del apoyo que en octubre de 2011 consagró como Presidenta a Cristina Fernández de Kirchner. Nadie ignora el porqué. Si el oficialismo no consiguió derrotar parlamentariamente al campo en 2008, sí lo hizo moralmente en las elecciones de la pasada primavera. La abundancia de dinero circulante se le agradeció al Gobierno con abundancia de votos. La memoria y los principios pudieron menos que el bienestar circunstancial.

Hoy el campo vuelve, con justa razón, a expresar su disconformidad con el tratamiento ofensivo que le dispensa la Casa Rosada. Pero no está demás preguntarse qué harían sus votantes de mañana si, hacia 2015, la situación de los productores, en una hipótesis fantasiosa, viera recuperada su lozanía de la mano del oficialismo. Insisto: no se trata de alzar las banderas del repudio al vil metal mientras se enarbolan las de presuntos bienes del espíritu. Se trata, en cambio, de abordar las cosas como son, en la medida de lo posible. Todo ello sin olvidar lo mucho que hace el Gobierno para minar la robustez de sus propios fundamentos.

Shakespeare creía haber aprendido algo esencial con Sófocles, Roma y la sangrienta historia de su país. Ese algo era que la desmesura termina por devorar a quienes la practican. Sus devotos, fatalmente, estallan por implosión. Se quiebran íntimamente a medida que multiplican sus abusos; a medida que se empecinan en confundir lo que febrilmente anhelan con lo viable; a medida que repudian a quienes les aconsejan obrar con prudencia y mejor discernimiento; a medida que desprecian como ficticias las consecuencias de esa peligrosa homologación entre la realidad y el deseo en la que incurren con tanta facilidad.

La Presidenta y quienes celebran como virtud mayor su estrechez de miras en órdenes decisivos para el país no parecen percatarse de la relación que guarda el transcurso del tiempo con la autosuficiencia empecinada. El desgaste, la erosión no afectan el paso de los días, sino esa autosuficiencia. Y más la afectan cuando ella se aferra al poder. Para contrarrestar ese desgaste, el Gobierno, absurda, locamente, embiste contra todos aquellos en los que su credibilidad pública y su estabilidad podrían encontrar respaldo. Al violentar las leyes del equilibrio mínimo indispensable, el oficialismo termina por no hacer otra cosa que emprenderla a palos contra su propia cabeza. "Ir por todo" bien puede terminar significando embestir contra uno mismo.

Volviendo a Shakespeare, vale la pena recordar que Macbeth creía estar avanzando cuando en verdad retrocedía. Enceguecido, acaso secretamente resignado a lo irremediable, le prometía a su turbulento corazón: "A mi propio interés todas las otras causas se someterán. Y si más no avanzase tanto daría volver como ganar la orilla opuesta. Ideas extrañas llenan mi cabeza. Las tomaré en mis manos y las ejecutaré sin detenerme a analizarlas
 

Cacerolazos

Los errores que explican la protesta

Por Joaquín Morales Solá | LA NACION- Domingo 10 de junio de 2012 |

El Gobierno dio más importancia a las cacerolas que los propios medios periodísticos. Fuentes oficiales señalaron que en la noche del jueves se movilizaron a la Plaza de Mayo unas 10.000 personas, aunque nunca estuvieron todas juntas en el mismo momento. Otras 2000, según esas mismas mediciones, se movilizaron en puntos más distantes del centro de la ciudad. Doce mil personas es una cantidad significativa para una convocatoria que fue hecha sólo por las redes sociales. Ningún medio periodístico tradicional habló de esa protesta con antelación. ¿A cuántas personas expresaron realmente esos estrépitos?

También hubo cacerolazos en el interior, sobre todo en Rosario y en Córdoba. ¿Alcanzaron cifras abrumadoras? No. Pero conviene detenerse en la tendencia. El segundo cacerolazo fue peor que el primero y el tercero fue más grande que el segundo. El fenómeno está encerrado por ahora en los centros urbanos, donde siempre existió un antikirchnerismo latente. La novedad, sin embargo, fue la edad de los caceroleros. Hubo más gente joven que vieja. Es natural: los jóvenes son nativos de la revolución tecnológica, mientras que los viejos vivieron sin ella gran parte de su vida. El kirchnerismo se jacta de haber devuelto la juventud a la política, pero muchos jóvenes están lejos del kirchnerismo. La Presidenta oyó el ruido y la queja.

Reposo estaba terminado el jueves, cuando los senadores del PJ disidente hicieron saber que votarían contra él. La respetada senadora Sonia Escudero había plantado una bandera opositora a Reposo que era difícil de arriar para sus colegas del peronismo no kirchnerista. La senadora Roxana Latorre, que pasó de la oposición al oficialismo, colocó otro precedente con su abstención. Si ella no podía aceptar la escasez de méritos de Reposo, ¿qué margen quedada a los senadores críticos o distantes? Reposo había caído definitivamente.

Nadie obligó al Gobierno, con todo, a anunciar su desgracia en la extraña medianoche del jueves. Tenía tiempo para informar sobre la novedad en un momento más sereno. Sólo se hacen anuncios políticos a esa hora innecesaria en circunstancias de crisis. Algunos funcionarios aseguran que la Presidenta dio orden de descomprimir la presión de las cacerolas. Había que dar algo, ya que no se podían dar dólares, ironizó un kirchnerista molesto. Otros dicen que el Gobierno se propuso arrebatarles a las cacerolas los titulares de los diarios del día siguiente. Sea como sea, el apresurado fin de Reposo tuvo su razón de ser en la sublevación de sectores sociales. Las encuestas y la protesta social son, hasta ahora, los únicos límites de un poder sin límites.

Reposo acababa de ser presentado en Tucumán como el "futuro procurador general de la Nación" nada menos que por la senadora Alperovich, presidenta provisional del Senado y amiga de Cristina. Reposo nunca supo de su renuncia hasta que ésta fue anunciada en Buenos Aires. Según una cronología hecha por el periodista Gabriel Levinas en su blog (www.plazademayo.com), Reposo se enteró de su dimisión mientras cenaba en Tucumán; tampoco tuvo tiempo de escribirla, ocupado como estaba en una reunión de síndicos. Fuentes del gobierno nacional señalaron que uno de los redactores de sus varias renuncias habría sido el jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina.

Su sucesora, Alejandra Gils Carbó, ha hecho una carrera judicial y tiene fama de honesta. Tendrá el acuerdo senatorial. Es mucho menos vulnerable que Reposo, pero es también una mujer extremadamente ideologizada. Chocó con el ex jefe de los fiscales Righi por un concepto fundamental. Creyente del dogma oficial en boga, Gils Carbó sostiene que los fiscales deben defender al Gobierno porque ésa es la manera de defender al Estado. Righi le replicó que eso es así a veces; otras veces, los intereses de un gobierno colisionan con el derecho de los privados o con las garantías de los ciudadanos. Gils Carbó denunció a Righi, su superior entonces, por ese cruce esencial sobre la razón de la Justicia.

El nombre de Gils Carbó había sido propuesto por Guillermo Moreno cuando se fue Righi. Los padrinos definen a los ahijados. Pero Boudou le ganó la pulseada a Moreno con su candidato Reposo. Reposo es el único que no pertenece a la corporación judicial, murmuró Boudou en el oído presidencial. Suficiente. Nada hay mejor para Cristina que un combate contra una corporación, no importa cuál sea. Boudou dio un mal consejo. Reposo fue fulminado el día en que los argentinos lo vieron por televisión dando módicas explicaciones en el Senado. No obstante, el Gobierno sigue defendiendo una versión indefendible: que muchos senadores se dejaron llevar por la opinión de los dos principales diarios argentinos. La improbable conspiración vale más que los hechos comprobados.

¿Descomprimirá la caída de Reposo la revuelta de sectores sociales? Las cacerolas fueron mayoritariamente eyectadas de las cocinas por la economía y por los dólares, no por Reposo. El Gobierno tiene reservas reales en el Banco Central por 36.000 millones de dólares; es mucho dinero. ¿Por qué entonces semejante estrago social y político con los dólares? Aquellas reservas son importantes, salvo que los argentinos estén dispuestos a repetir lo de 2011. Entonces, se fueron del sistema financiero 22.000 millones de dólares.

El problema es la desconfianza y la inflación que el Gobierno ignora. Néstor Kirchner, con Roberto Lavagna, con Alfonso Prat Gay o con Martín Redrado en el Banco Central, salían a veces a comprar dólares para que el precio de la moneda norteamericana no se cayera demasiado. Los argentinos no sienten adicción por el dólar cuando las variables de la economía están razonablemente bien y cuando hay personas confiables a cargo de sus cuentas. El dispendio de los últimos años y los cambios en el escenario internacional obligaban a hacer modificaciones en la economía, no siempre populares. El Gobierno prefirió aferrarse a los dólares que tiene y postergar esos cambios.

El remedio fue peor que la enfermedad. La vetustez fáctica e intelectual de Moreno convirtió el quirófano en una carnicería. La economía se está parando abruptamente. El valor del dólar paralelo llegó a niveles que no son necesarios. La conducción económica es inexistente. La propia Presidenta hizo su aporte cuando anunció la pesificación de sus ahorros de tres millones de dólares. Dijo que no sabía quién había hecho eso, porque ella nunca se metió en tales cosas. ¿Cuánto dinero hay que tener para que resulten indiferentes tres millones de dólares? El exceso de poder suele borrar hasta la sensibilidad política.

El campo y la ciudad vuelven a ser aliados de hecho. El Senado frenó un capricho personal de la Presidenta. Más allá de la actual lentitud de la Justicia, su elección de Boudou fue una equivocación política demasiado cara. En apenas siete meses, la Presidenta dilapidó más capital político que sus cuantiosos ahorros en dólares

Un modelo de encierro y aislamiento

Por Joaquín Morales Solá | LA NACION

El modelo se ha reducido al encierro. La clausura de hecho de la Aduana para las importaciones y la virtual prohibición de acceder al dólar son típicas medidas de efecto inmediato. Efecto sólo aparente; el programa, para llamarlo de algún modo, está empeorando la desaceleración de la economía. Tendrá también consecuencias políticas. La situación actual de la economía es muy distinta de la que predominaba en el momento de la arrolladora victoria de Cristina Kirchner. En octubre del año pasado, la economía y el consumo crecían al ritmo interanual del 10 por ciento. Ahora, la unanimidad de los economistas privados asegura que el crecimiento de la economía es nulo en los primeros meses del año. La caída se parece más a un derrumbe que una retracción.

Cristina Kirchner ha iniciado rápidamente, así, el trámite de divorcio con todos los segmentos de la clase media. Sin embargo, son los sectores de bajos recursos los más preocupados ahora por el empleo y la inflación. Empleo, inflación e inseguridad son los temas que movilizan, aunque con intensidad distinta, a casi todos los sectores sociales. El Gobierno reacciona como un animal herido. Lastima sin necesidad.

Las encuestas le advierten ya a la Presidenta que la economía será siempre el motivo de su gloria o de su ruina. Según tres encuestas serias, la caída de la popularidad de Cristina Kirchner se frenó en el mes de abril, después de tres meses de peligrosas pérdidas en esas mediciones. La novedad no es buena, aunque parezca lo contrario. El mes de abril abarcó la estatización de YPF, la mayor empresa del país que tiene, además, una vieja carga emocional en el espíritu de los argentinos.

El freno de abril, que no incluyó ningún aumento significativo en las simpatías hacia la Presidenta, augura, según los expertos en opinión pública, nuevas caídas en los próximos meses. Ya perdió 20 puntos de popularidad desde enero. La explicación está en la economía. Los argentinos parecen privilegiar más el costo de las cosas, la capacidad de consumo o los controles para acceder al dólar que el relato de supuestos patriotismos.

Los controles necesitan de más controles, por lo menos hasta que los funcionarios se resignan a la realidad. Sucedió con el control de precios, cuando apareció Guillermo Moreno con desopilantes amenazas a los empresarios. Varios años después, la inflación no cedió ni cede. Son las soluciones de Moreno, que incluyen más agravios y humillaciones que remedios técnicos.

La saga sigue ahora. La vida cotidiana de los argentinos está sometida a una madeja de burocráticos controles, que ya afecta seriamente el derecho a la libertad. Tienen que dar explicaciones para ahorrar en dólares, para viajar o para vender una propiedad con una moneda confiable. La compraventa de viviendas se desplomó por eso. Digan lo que digan, la moneda de ahorro de los argentinos es el dólar, y lo es desde hace muchas décadas. La Presidenta los criticó, aunque ella también ahorra en dólares. ¿Cometen un error? La capacidad de equivocarse de los gobernantes argentinos ha sido demasiado grande en la historia. Enormes devaluaciones, hiperinflaciones, confiscaciones de depósitos o pesificaciones sólo han terminado dándoles la razón a los que se resguardaron en el dólar.

Una teoría económica bastante extendida señala que la economía no sólo necesita de buenas políticas, sino también de instituciones fuertes y confiables. La mejor política económica resultaría poco creíble en un país débil institucionalmente. El caso argentino es la suma de los defectos: ni la política económica es buena ni existen instituciones fuertes y confiables. De hecho, ha desaparecido la única autoridad que puede resolver sobre la política cambiaria, que es el Banco Central. La agencia impositiva, la AFIP, se ha convertido en una celadora arbitraria y caprichosa, que sólo dice que no. Más aún: fue la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, la que le pidió a la AFIP mayores restricciones para el acceso al dólar. Argumentó que los dólares seguían yéndose de las reservas del Banco Central. El problema empeoró: ahora se van, a un ritmo diario de entre el 2 y el 3 por ciento, los depósitos en dólares.

Esas restricciones para acceder al dólar, que son ya casi una prohibición total, les suceden a los argentinos comunes. Los empresarios, aun cuando necesitan dólares para cancelar compromisos previos, deben hacer otro recorrido después de pasar por la AFIP y el Banco Central. Al final del camino está un funcionario de la oficina de Moreno, que determina si la compra de dólares se puede hacer o no. Ese funcionario termina diciendo que no o, lo que es más inexplicable, les exige que vendan la misma cantidad de dólares que compran. Kafka sería aquí un escritor costumbrista, como dijo un reconocido juez.

El problema de fondo es que no existe una sola resolución que regule la compra y venta de dólares. Nada. Sigue vigente la resolución que autoriza a cualquier argentino a comprar dos millones de dólares mensuales. Eso es lo que dice el Banco Central, pero la AFIP dice otra cosa todos los días, y todos los días dice una cosa distinta.

La Argentina tiene un problema con la valuación del dólar. Ese es el núcleo del conflicto. Brasil, el principal socio comercial de la Argentina, devaluó un 32 por ciento desde julio pasado. El valor del dólar oficial en la Argentina se depreció mucho menos, a pesar de que aquí hay una inflación mucho mayor. A Menem le sucedió lo mismo en enero de 1999. Ni Menem entonces ni Cristina Kirchner ahora quisieron aceptar esa realidad. La solución del menemismo fue seguir acumulando deuda pública, que luego el país pagó con un histórico sufrimiento social, y la de Cristina es cerrar la Aduana, que está llevando al país a un vasto aislamiento internacional.

Brasil tomó represalias en los últimos días contra el proteccionismo argentino y la Unión Europea denunció formalmente a la Argentina ante la Organización Mundial del Comercio por el cierre de las importaciones. La Unión Europea es, como bloque, el segundo destino de las exportaciones argentinas. El mundo que se le cayó a la Presidenta, según su definición, es más bien un mundo que ella se está tirando encima.

La economía argentina está sufriendo ya mucho más que el resto de las economías emergentes. En el último mes cayeron un 45 por ciento las importaciones de bienes de capital, indispensables para el progreso de la industria argentina. La producción de cemento cayó un 17 por ciento. Esta es una señal clara de que una recesión incipiente está llegando a la construcción y a la obra pública.

El Gobierno quiere, dice en reserva, forzar la pesificación de la economía y promover una inmediata industrialización del país. Ninguna de las dos cosas se hace en 24 horas. Pesificar la economía con una inflación del 25 por ciento anual es una causa perdida. Industrializar un país en pocas horas es imposible. La industria nacional que ya existe necesita, en el 90 por ciento de los casos, de insumos importados. Son las cosas que están paradas en la Aduana. Por eso los bienes escasean y por eso, también, los precios aumentan.

¿Solución? Ninguna a la vista, salvo nuevos y mayores controles. No sólo han fracasado la política económica y la instrumentación inconstitucional de muchas medidas, sino también la manera de conducirla. Hay un ministro de Economía, Hernán Lorenzino, del que sólo se conoce su inexistencia. Hay un viceministro de Economía, Axel Kicillof, que es en realidad un superministro. Pero hay también un secretario de Estado, Moreno, que es más superministro que el superministro que es sólo viceministro. El Gobierno tiene una crisis encima, pero para enfrentarla puso un trabalenguas en lugar de un equipo económico
 

El debate es por la libertad

Por Joaquín Morales Solá | LA NACION

 

 

La algarabía kirchnerista de ayer por la resolución de la Corte Suprema olvidó la sustancia de esa decisión: el tribunal le fijó un plazo al juez de primera instancia y no al Grupo Clarín. Sólo si ese juez no decidiera la cuestión de fondo antes del mes de diciembre el recurso de amparo (que le permite a Clarín no desinvertir rápidamente) caería. La decisión del juez de primera instancia sobre la cuestión de fondo será apelada en cualquier caso y, seguramente, otro recurso de amparo protegerá la propiedad hasta la resolución final de la Corte Suprema. La Justicia tiene, en casos como éste, tres instancias: el juez; la Cámara, que revisa o confirma la decisión del juez, y, por último, la Corte Suprema, que tiene siempre la última y definitiva palabra. El Grupo Clarín planteó un recurso de inconstitucionalidad sobre el artículo 161 de la nueva ley de medios. Respaldó la presentación, sobre todo, en que la ley tiene efectos retroactivos. Subrayó especialmente el hecho de que el Estado (y un mismo gobierno, conviene recalcarlo) ordenó el fin abrupto de licencias que el mismo Estado y el mismo gobierno habían concedido con anterioridad. Señaló que se habían vulnerado los derechos constitucionales a la propiedad privada y a la libertad de expresión.

Este es un caso que por su naturaleza (determinar la constitucionalidad o la inconstitucionalidad de una decisión política) llegará inevitablemente a la Corte Suprema. La misión primordial de la Corte es, precisamente, la interpretación de la Constitución. Es muy probable, por lo tanto, que los recursos de amparo estén vigentes (si se cumplieran los plazos establecidos ayer por el máximo tribunal) hasta la decisión definitiva de la Corte. De otra manera, la Corte resolvería sobre una cuestión ya abstracta. Es lo que ocurriría, por ejemplo, si el Grupo Clarín se viera obligado a vender apresuradamente parte de su propiedad y la Corte decidiera luego que la medida que lo apuró es inconstitucional. La propiedad ya no existiría. La propia Corte advirtió ayer en su resolución que los plazos podrán ser prorrogados de acuerdo con los tiempos procesales.

Está claro que la Corte fijó ayer un plazo de tres años para las medidas cautelares. Para todas, no sólo para la que protege la propiedad de medios audiovisuales de Clarín.

Se entiende, de todos modos, que ese plazo deberá regir para cada instancia en que se decida una cuestión. "Decidimos por un término medio; entre el Gobierno, que quería que cayera ya la medida cautelar, y Clarín, que quería extender sin límites la protección sobre su propiedad", dijo ayer uno de los jueces del tribunal. En rigor, varios de los miembros de la Corte habían estado trabajando sobre la idea de darles dos años de plazo a las medidas cautelares. Lo extendieron a tres cuando advirtieron que hubieran dejado al juez de primera instancia en este caso con los plazos vencidos.

De todos modos, la Corte sí le hizo pagar a Clarín la demora de un año entre la decisión de la medida cautelar, en 2009, y la notificación al Gobierno, en 2010. Puso como fecha de inicio 2009 y, por eso, el período "razonable" de tres años vencerá el próximo mes de diciembre. El actor más activo en aquella dilación entre 2009 y 2010 fue el propio Gobierno, que trató de invalidar el proceso con varios planteamientos. ¿Por qué? Seguramente imaginaba que difícilmente la Justicia declarará la constitucionalidad de una ley que tiene efectos retroactivos. Por lo general, las leyes regulan hacia adelante y no hacia atrás, sobre todo cuando se trata de la propiedad de medios de comunicación.

Una idea de la Corte se torna más inexplicable cuando abarca este punto. El máximo tribunal ha dicho que las medidas cautelares no pueden durar indefinidamente porque esas decisiones, circunstanciales por definición, terminarían convirtiéndose en permanentes. Tiene razón. Pero ¿qué bien irreparable se habría dañado si se hubiera respetado el plazo de tres años a partir de las dilaciones promovidas por el propio Gobierno? ¿Qué daño se habría perpetrado con llevar el plazo a diciembre de 2013; es decir, a partir de la notificación en 2010?

Expresión

En un largo párrafo, la Corte señaló que estaba resolviendo una cuestión patrimonial, sin relación con la libertad de expresión. Recordó también que el tribunal ha sido muy estricto en la defensa de esa libertad esencial de la democracia. Esto es cierto, pero es menos cierto que el caso que afecta al Grupo Clarín no esté vinculado con la libertad de expresión. De hecho, ése es el único grupo de medios audiovisuales que se financia con la comunicación. El resto de los conglomerados audiovisuales pertenece a empresas que tienen su principal facturación en actividades como contratistas del Estado, como petroleros o como prestadores de servicios públicos.

La Corte pecaría de ingenuidad si no advirtiera, al mismo tiempo, que hay una desigualdad de trato por parte del Gobierno cuando decide sobre Clarín y cuando lo hace sobre otros grupos de medios. La mayoría de éstos incumplen hasta ahora la ley de medios y nadie los ha demando ni los ha perseguido. El propio artículo 161, sobre desinversión, está congelado sólo para Clarín, que es el que lo impugnó.

El amparo no rige para los otros grupos, que deberían haber desinvertido hace ya dos años y medio, pero ningún funcionario se molestó por ello. El problema es, entonces, con el Grupo Clarín, no con las supuestas bondades de la ley de medios ni con la interpretación de los plazos procesales.

Estas son las constataciones prácticas que permiten aseverar que detrás del expediente que trató ayer la Corte se esconde un debate sobre la libertad de expresión.

"Hay una guerra, y en la guerra todo se agranda", conjeturó otro juez de la Corte. Nadie puede negar la existencia de una guerra descerrajada por el Gobierno contra el periodismo independiente. El Gobierno, a su vez, entiende que la prensa le declaró una guerra, porque no comprende (y es probable que no lo comprenda nunca) que la crítica es la razón de existir del periodismo.

La ley de medios surgió como una batalla crucial del gobierno contra el Grupo Clarín. El objetivo claro del combate es la desarticulación económica de ese conglomerado de medios. La decisión de la Corte avanzó sobre el tema sin tener en cuenta, tal vez, el contexto político ni una historia de agresiones ni las amenazas latentes que existen. No es sólo Clarín. La Justicia y la propia Corte Suprema están en estas horas en el interminable catálogo de los enemigos del kirchnerismo
 

De Menem a Boudou, corrupciones comparadas

Por Mariano Grondona | LA NACION

En enero de este año, el vicepresidente Boudou gozaba de una imagen positiva del 56 por ciento contra un 23 por ciento de imagen negativa, pero en abril estas cifras se revirtieron puesto que, al preguntárseles a los ciudadanos si consideraban a Boudou culpable o inocente en el caso Ciccone, mientras que el 32 por ciento de los encuestados lo creía culpable, un 35 por ciento tenía dudas sobre su comportamiento. El 67 por ciento de los encuestados pasó a tener así una imagen más o menos negativa de Boudou, y estas cifras se seguirían agravando en las encuestas de mayo, en tanto que del 15 por ciento que aún lo creía inocente, una alta proporción correspondía al segmento juvenil femenino. Esta cuenta contrasta fuertemente con el leve desgaste en la imagen de la Presidenta, quien ha descendido del 54 por ciento de aprobación obtenido en las elecciones de octubre de 2011 al 41 por ciento actual. Los números que aquí consignamos reflejan el promedio entre las principales consultoras de opinión, lo cual explicaría por qué, en lugar de dejar a Boudou en la Presidencia durante su viaje relámpago a Angola, Cristina confió el sillón de Rivadavia a la presidenta provisional del Senado, Beatriz Rojkés de Alperovich, tercera en la línea de sucesión, mientras el vicepresidente viajaba a Suiza.

En tanto que el suave descenso de Cristina podría reflejar un desgaste natural cuando se pasa de las promesas electorales a la realidad, la abrupta caída de Boudou en las encuestas parece estar ligada al escándalo Ciccone, del que recibimos noticias cada día más graves. Estos números reflejan por su parte el cumplimiento de una ley que podríamos formular del siguiente modo: cuando la economía se enfría, y sólo cuando se enfría, renace un tema que, en tiempos de bonanza, la opinión pública tiende a relegar. Estamos hablando de la corrupción . Menem, para tomar un ejemplo, gozaba de una alta opinión favorable que le valió su holgada reelección en 1995, pero ya hacia el fin de su segundo mandato, en 1998, las acusaciones de corrupción que lo acechaban empezaron a multiplicarse junto con el enfriamiento económico que llevó a Eduardo Duhalde a la derrota y a Fernando de la Rúa a la victoria en las elecciones de 1999. Un gobierno sospechado puede sobrellevar las denuncias de corrupción cuando la economía parece marchar viento en popa, pero no puede resistir el aguijón de la sospecha en un período de vacas flacas. Hay diferencias entre el declive de Menem en 1999 y el ocaso de Boudou en 2012, sin embargo, que conviene destacar.

Cristina y Boudou

Cristina cuenta por lo pronto con algo que Menem nunca tuvo: tiene un fusible. A Menem nunca le importó contrarrestar las sospechas de corrupción que al fin determinaron la reversión de su imagen. Hacia 1995, cuando promovió la reforma de la Constitución para obtener un segundo período de gobierno, acertó al calcular que los débiles instintos republicanos que todavía nos caracterizan no serían, para él, una valla infranqueable. En 1993, así, después de ganar una elección intermedia lanzó su propuesta reeleccionista. Acertó de este modo dos veces, no sólo al apostar a su popularidad sino también al prever el carácter "seguidista" del peronismo, que ha caracterizado al radicalismo desde el advenimiento de Perón. El abrazo de Perón y Balbín al comenzar los años setenta, si bien era en sí mismo un acontecimiento favorable a las instituciones, giraba en torno de lo que el propio Balbín proclamó con aquel abrazo, "el que gana gobierna y el que pierde ayuda", fijando de este modo el rol de "no ganador" al que se resignó el radicalismo, un papel que Alfonsín confirmó en el famoso Pacto de Olivos con Menem y que el radicalismo actual prolonga cada vez que se somete al kirchnerismo en el Congreso.

El pueblo judío enviaba al desierto un cabrito al que cargaba con las culpas cometidas, para liberarse de ellas. Hace tiempo que esta costumbre ha dejado de ser religiosa para convertirse en política. Habría que aconsejar entonces a los gobernantes que siempre tengan a mano un "chivo expiatorio" que los alivie de acusaciones que, en caso contrario, podrían abrumarlos. Insensible ante las acusaciones de corrupción que pesaban sobre él por sentirse, quizás, invulnerable, Menem nunca contó con la reserva de un favorito sacrificable, por si su suerte cambiaba. El gobernante exitoso suele creer que su fortuna es eterna. A lo mejor Cristina pensaba lo mismo, pero he aquí que aquel a quien se tenía por su favorito, puesto que lo había elegido para acompañarla sin consultar a nadie, se ha prestado alegremente para tapar con su propia sospecha de corrupción toda otra que podrían endilgarle a la Presidenta.

Los gobernantes no suelen advertir a tiempo que el humor del pueblo es cambiante y que conviene por ello tener a mano un culpable sustituto para cuando el ánimo popular haga clic , convirtiéndose en desfavorable. En tiempos de "vacas flacas", el papel de este portador de culpas es esencial. Por designio o por casualidad, Cristina lo tiene. Esto le da una protección suplementaria contra el desgaste de la cual nunca gozó Menem. La pregunta que cabe consignar aquí, entonces, es si el enfriamiento de la economía que ya se anuncia marcará un clic en la imagen del Gobierno similar al que padeció en su momento Menem, pero Cristina, ahora armada con el Boudou que nunca tuvo su antecesor, ¿podrá postergar indefinidamente su propio desgaste? Este anunciado clic , por otra parte, ¿realmente se avecina o es, apenas, una ilusión de los opositores?

Sin contrapeso

Además de contar con el chivo expiatorio que nunca tuvo Menem, Cristina dispone de una ausencia que no bendijo a su antecesor: el mutis de la oposición. No olvidemos que, frente al menemismo, la alianza entre los radicales de Alfonsín y el Frepaso de Chacho Alvarez pudo vencer a Duhalde en las elecciones de 1999. Es verdad que esta conjunción se mostró después incapaz de gobernar, pero aun así su presencia bastó para interrumpir al menemismo. Hoy no existe ni el pálido reflejo de una alianza opositora. Cuando Cristina fue reelegida el año pasado, ¿hubo acaso alguna formación electoral que la desafiara seriamente? Es posible por lo tanto que en las próximas elecciones, aun cuando el desgaste de Cristina desborde el "paraguas" que le ofrece Boudou, ninguna otra fuerza opositora pueda ofrecerle al país una alternativa. Es que el 54 por ciento que obtuvo Cristina el año pasado, aunque decayera, todavía sería contundente si, del otro lado, la oposición brillara por su ausencia. Ganar, para ella, no fue en 2011 ganarle a alguien sino ganarle a nadie, dada la dispersión de sus opositores. Si esta dispersión continúa en 2013 y en 2015, ¿habrá quiénes sepan superarla?

Aun si las defensas de Cristina que hemos anotado resultaran insuficientes frente al clic de la opinión pública que algunos anticipan, ¿de dónde podría venir una oposición valedera? ¿O la política, con sus impensados giros, puede dar siempre una sorpresa? Decía Stuart Mill que hasta el gobierno más autoritario necesita al menos la opinión favorable de los jenízaros que lo custodian. Los jenízaros camporistas, ¿serían capaces de sostener al Gobierno por sí solos en medio del enfriamiento de la economía? Llevado por su desesperación ante la sequía de dólares que lo acecha, ¿cometerá todavía este gobierno, bajo la dudosa inspiración de Kicillof y de Moreno, actos desesperados que podrían reducir aún más sus menguantes posibilidades? El futuro, por definición, es lo que está abierto. Por eso no es irrazonable esperar que el pueblo argentino, finalmente, dé de sí

 

Demasiadas pruebas acorralan a Boudou

Por Joaquín Morales Solá | LA NACION

lo quemando las pruebas que ya hay se podría cerrar la causa que investiga a Boudou. La frase, lapidaria y concluyente, pertenece a un funcionario judicial que investiga al vicepresidente. Los papeles están. Un grupo de chambones dejó sus huellas a lo largo de toda la operación para apropiarse de la ex Ciccone.

El nuevo juez de la causa, Ariel Lijo, ya no podría hacer mucho si quisiera salvar al vicepresidente. Sólo le queda la administración de los tiempos. Su margen se agota en acelerar o frenar. El nudo central de la cuestión era probar la relación entre Boudou y el presidente de la imprenta de billetes, Alejandro Vandenbroele. Los dos han negado siempre que se conocieran. La relación está ahora probada en la Justicia.

No es sólo la voluntad de Lijo la que intercede en la causa. Varios jueces federales (Lijo está entre ellos) suelen frecuentar a miembros de la Corte Suprema de Justicia. La Corte viene pidiendo a los jueces federales "imparcialidad". Es decir, que no se dejen llevar por las presiones políticas que el Gobierno aplica con buenas y con malas artes en la Justicia. El anterior juez de la causa, Daniel Rafecas, también fue un interlocutor de los máximos jueces del país. Quizá por eso hubo dos Rafecas: el primero, que le daba consejos a la defensa de un sospechoso, y el último, que ordenó gran parte de las medidas probatorias que acorralan al vicepresidente.

La mayoría de los jueces de todas las instancias está fatigada por lo que llama la "era del terror". El fastidio llego a la propia Corte porque sus sentencias no se cumplen ni siquiera en los casos de los jubilados. El "terror" se extiende con otras amenazas: el Gobierno prometió que les sacará a los jueces el 82 por ciento móvil de las jubilaciones y que los hará pagar el impuesto a las ganancias.

El kirchnerismo considera jubilaciones de privilegio lo que debería ser un sistema universal de jubilaciones. Los jueces no pagan impuestos a las ganancias porque están obligados a vivir sólo de lo que ganan como magistrados (cuando son honestos). Es lo que garantizaría su independencia. La Corte percibió ya ese clima de temor y enojo entre jueces de instancias inferiores. Hay otra deducción que no se dice: el máximo tribunal del país no puede hacerse cargo, solo, de ponerle límites a un gobierno que va por todo.

El Gobierno no le perdonó a Rafecas su giro en el aire. Rafecas fue fusilado por el kirchnerismo , dijeron importantes fuentes judiciales. Rafecas estaba ideológicamente más cerca del Gobierno que Lijo, que viene de una familia peronista ortodoxa del conurbano bonaerense. Lijo lo apartó al fiscal Carlos Rívolo, que fue quien juntó todas las constataciones que hay, pero no modificó el respeto que siente por el fiscal caído. El propio Rívolo deslizó, en público y en privado, palabras de comprensión hacia Lijo. No tenía otra alternativa que hacer lo que hizo , suele repetir. El juez estaba bajo presión política, por un lado, pero también existía una resolución de la Cámara Federal más cercana al oficialismo, que ya había cuestionado a Rívolo sin que nadie le pidiera su opinión.

¿Te puedo dar un consejo? , le preguntó a Lijo un viejo amigo con el que se cruzó. , le respondió el juez. No te incineres por esta causa, a pesar de las presiones. No vale tanto , le señaló. No lo haré , le contestó, seguro, el juez. El amigo le estaba dando el mismo consejo que Lijo recibió de jueces de la Corte Suprema: ocultar arbitrariamente los presuntos delitos de funcionarios podría arrastrar su prestigio y su carrera como magistrado. Podría hundir también el prestigio de toda la Justicia.

El Gobierno temía una sola cosa de la continuidad de Rívolo y era que éste terminará pidiendo en un plazo breve la declaración indagatoria del vicepresidente. La citación a indagatoria lo colocaría a Boudou en las puertas del procesamiento. La Justicia puede llegar hasta ahí, que ya sería ir muy lejos, porque más allá está la prisión. Los fueros protegen al vicepresidente de la cárcel. Boudou no corre el riesgo de la prisión, sino de convertirse en el ojo del huracán de un monumental escándalo político.

¿Se equivocaba el Gobierno con aquel temor sobre Rívolo? Dicen que no. El fiscal ya había empezado a garabatear los primeros borradores del pedido para que lo citaran a indagatoria. Rívolo es reconocido como un experto técnico de la Justicia y como un hombre honesto. Es improbable, por lo tanto, que haya iniciado esos bosquejos sin contar con elementos suficientes. Los tenía. Son los mismos que ahora están en la causa que controla Lijo. ¿Se incineraría Lijo sepultando el peso de esas pruebas? Hay que remitirse a aquella respuesta a un amigo: No lo haré .

¿Qué pruebas hay? Boudou dice que no lo conocía a Vandenbroele, pero éste pagó expensas, servicio de televisión por cable y teléfono fijo del departamento de Boudou. El departamento estaba alquilado a nombre de una persona que no vive en el país. Boudou debió hacer un trámite personal ante Telefónica para colocar su teléfono fijo a nombre de Vandenbroele. Así es el reglamento. ¿Y, sin embargo, no lo conocía?

La empresa controlante de Ciccone, la enigmática The Old Fund, pagó decenas de pasajes aéreos a amigos y familiares de Boudou, decidido a darse todos los gustos en vida. El resto de los argentinos no sabe de quién es The Old Fund ni quién está manejando la fabricación de los pesos. ¿Cómo pedirles después a los argentinos que confíen en su moneda nacional? ¿Cómo reclamarles porque se refugian en el dólar?

¿Cómo es Boudou? , le preguntó un antiguo peronista a un senador con muchos años de senador y de justicialista, convertido ahora al kirchnerismo. Es todo lo que a vos y a mí no nos gusta de la política , le respondió el senador, seco y sugerente.

El nuevo fiscal, Jorge Di Lello, es otro peronista orgánico, capaz de mirar para otro lado cuando advierte una travesura en la administración de los fondos de una campaña electoral de su partido. Los que lo conocen aseguran que nadie le puede pedir mucho más que eso. Tiene fama de hombre austero. De todos modos, ya hizo su aporte a la desgracia de Boudou: lo acusó de un delito más grave que el que tramitaba Rívolo. Di Lello lo acusó de enriquecimiento ilícito, mientras Rívolo lo investigaba por tráfico de influencias.

El diablo se esconde en los detalles. Di Lello abrió una causa nueva contra Boudou, pero el juez Lijo terminó pidiendo más pruebas que las requeridas por el propio Di Lello, como la apertura del secreto bancario para las cuentas del vicepresidente y de los otros imputados. En las dos causas unificadas ahora será Lijo quien llevará adelante la investigación y no Di Lello. En la etapa anterior era el fiscal Rivolo, por delegación de Rafecas, quien estaba a cargo de la investigación. Lijo validó, además, todas las pruebas reunidas por Rívolo.

El Gobierno tiene todavía un reaseguro: la Cámara Federal, integrada por los jueces Ballesteros, Farah y Freiler, que es la instancia que revisará las decisiones de Lijo. Aquella Cámara fue siempre proclive a conformar al Gobierno. Es la misma Cámara que confirmó el procesamiento de Mauricio Macri por el caso de las escuchas telefónicas. La única conexión real de Macri con esa causa consiste en que estaba intervenido el teléfono de su cuñado, aunque su padre certificó ante la Justicia que él había pedido ese seguimiento.

El otro elemento fuerte de la causa es la intervención del teléfono de Sergio Burstein, dirigente de los familiares del atentado a la AMIA, pero eso forma parte de una vieja pelea de éste con el entonces jefe de la Policía Metropolitana, el comisario Jorge "Fino" Palacios. La designación de Palacios fue un error político de Macri, pero eso no es territorio de los jueces.

El caso que compromete a Macri, a quien el infaltable juez Oyarbide podría mandar a juicio oral, no carece de hipocresía. Cualquier escucha telefónica es condenable. Pero ¿dónde está la novedad? Hasta funcionarios y legisladores oficialistas están seguros de que sus teléfonos son intervenidos por los servicios de inteligencia del gobierno nacional. Las escuchas forman parte de la vida de dirigentes opositores y de periodistas. En la causa contra Macri no hay sindicalistas ni empresarios ni políticos opositores ni periodistas.

Nunca, como ahora, la Justicia estuvo tan impregnada por los servicios de inteligencia. Esa es una aseveración que se escucha en la cumbre y en el llano de los tribunales. Funcionarios judiciales que trabajan en el caso Boudou fueron víctimas de detestables operaciones de espionaje. Esa es otra prueba de "la era del terror" que se abatió sobre los jueces.

Todo forma parte de lo mismo. El esfuerzo del Gobierno para salvar al vicepresidente es conmovedor. El propio Boudou, su ligereza y sus huellas, impiden su salvación
 

"Ir por todo", ¿es democrático o totalitario?

Por Mariano Grondona | LA NACION

 

Se atribuye a Ian Fleming, el creador de James Bond, la siguiente frase: "Una vez es casualidad, dos veces es coincidencia, tres veces es acción enemiga". ¿Podría aplicársele este famoso dicho, hoy, a Mauricio Macri, Hugo Moyano y Daniel Scioli? Los tres dirigentes, ¿no deberían pensar que las numerosas veces en que la Presidenta y sus incondicionales los han hostigado más que a casualidades o coincidencias corresponden a una "acción enemiga"?

Los tres acosados por Cristina no han respondido a sus embates de la misma manera. Macri, por lo pronto, procuró postergar todo lo posible la confrontación con la Presidenta. En julio de 2009 hasta le regaló un bandoneón pese a que ya el Gobierno se había negado a avalar los pedidos de financiación externa de la ciudad, que son internacionalmente inviables sin el auspicio del Estado nacional. Macri sólo recibió además un obstinado silencio ante sus reiterados pedidos de audiencia para dialogar con ella. A estos indicios hostiles se sumaron otros, como el retiro de la Policía Federal de hospitales y edificios municipales, y el intento del Gobierno de traspasarle a Macri los subterráneos y los colectivos sin transferirle los fondos que por ley le corresponden. El Gobierno proyecta quitarle al Banco Ciudad los cuantiosos fondos judiciales que administra. La propia Presidenta no deja de aludir frecuentemente a Macri en sus discursos en forma peyorativa, por no decir grosera. Viene de referirse a él, por ejemplo, como "la gata Flora". Pero la última semana Macri reaccionó al fin, acusando a la Presidenta de procurar la asfixia financiera de la Ciudad para ponerlo de rodillas como si fuera un suplicante más, alineándolo así con el resto de los gobernadores.

Hugo Moyano ya había salido "con los tapones de punta" contra Cristina en el acto masivo de Huracán del 15 de diciembre de 2011. Aquí la fecha por retener pertenece empero al futuro más que al pasado, porque el próximo 12 de julio el Gobierno intentará frenar la reelección del dirigente sindical al frente de la CGT a través de la candidatura alternativa del metalúrgico Antonio Caló, quien pese a ello podría rebelarse finalmente si Cristina no aprueba el alza salarial que su gremio reclama. ¿Incluía Cristina al propio Caló cuando expresó que siente "rabia" frente las exigencias salariales de los sindicatos?

El caso de Scioli es más complejo, ya que aparte de los ataques directos de Gabriel Mariotto, su vicegobernador implantado por Cristina, la última estocada que recibió el gobernador fue "indirecta", como la de una carambola a tres bandas. Primera banda: la asfixia financiera que está sufriendo en su propio distrito. Segunda banda: al inducirlo de este modo a proyectar un aumento sin precedente de los impuestos locales para salir del enredo, Cristina ha puesto a Scioli en confrontación directa con los ruralistas, con quienes chocaron los militantes de La Cámpora en la Legislatura en una refriega que dejó varios heridos. Nuestra capacidad de asombro resultó colmada al ver que los activistas de La Cámpora se trababan a golpes con los ruralistas nada menos que en defensa de Scioli, aunque quizá con la intención oculta de malquistar con los votantes bonaerenses al único dirigente peronista cuyas encuestas de popularidad igualan a las de la Presidenta. Tercera banda entonces: desgastar a Scioli. ¿Hasta dónde prolongará el gobernador su incesante retirada ante Cristina? Su paciencia, ¿es acaso infinita?

¿Qué quiere decir "todo"?

En su libro sobre la China actual, titulado simplemente China , Henry Kissinger señala que un rasgo peculiar de la mentalidad de Mao y de Deng fue combatir "simultáneamente" en varios frentes. Carlos Zannini, el asesor de la Presidenta, fue maoísta, pero, ya se deba a su influencia o no, hay indicios sobreabundantes, como hemos visto, de que Cristina está embistiendo al mismo tiempo a Macri, Moyano y Scioli, sin que éstos atinen a unir sus fuerzas. Pero si esta suma de indicios no nos bastara, ahí están las reiteradas afirmaciones de los voceros del oficialismo, que han repetido en voz alta y en voz baja que Cristina va por todo .¿Qué significa, para el caso, "todo"? ¿Todos los resortes institucionales, incluídos los jueces, los legisladores y los gobernadores? ¿Todos los medios orales, audiovisuales y escritos? ¿Todas las "cajas"? ¿Hasta todos los votantes? ¿Y por cuánto tiempo? ¿Por el tiempo constitucional que le corresponde a la Presidenta hasta 2015 o aún más allá, por el tiempo que a ella y a su hijo les quede de vida? ¿Qué nació en suma en 2003, una presidencia seguida por otras dos, o una dinastía ?

Estas preguntas parecen exageradas, pero basta recordar lo que concretaron los Kirchner en Santa Cruz, donde su dominio no ha admitido ningún límite institucional, político y económico, para advertir el carácter insondable, casi sobrehumano, de su ambición de poder. Cuando los Kirchner subieron de Río Gallegos a Buenos Aires, muchos pronosticaron que, siendo su experiencia meramente "provinciana", no podrían someter desde ella a una nación entera. Pero a partir de los Kirchner, ¿no se ha parecido a la inversa la propia Argentina, cada día más, a Santa Cruz?

¿Y la democracia?

En su estudio sobre los regímenes políticos de nuestro tiempo, Guillermo O'Donnell describió a uno de ellos, al que llamó la democracia delegativa , como aquel en el cual, cuando un presidente gana democráticamente el poder, a partir de esta victoria inicial aspira a ocupar todo el poder. En la descripción de O'Donnell, que estaba pensando en la Venezuela de Chávez, lo que llamamos habitualmente "dictadura" es como un huevo que se esconde en las entrañas de la democracia hasta anularla desde adentro, cual si fuera un tumor maligno que los demócratas no advierten hasta que es demasiado tarde. Si O'Donnell tenía en vista a Venezuela, ¿qué diría hoy de la Argentina de los Kirchner? ¿La llamaría, también, "democracia delegativa"?

Todavía no hemos visto el final de esta película, pero ya resulta evidente que, al confesar que Cristina "va por todo", sus incondicionales no están pensando en la clásica democracia representativa; ésta es, por lo pronto, pluralista porque en una democracia, ya sea la de un Sarkozy o la de un Hollande, ningún vencedor aspira a ocupar "el poder" sino, a lo más, "el gobierno", y por un período limitado. Para que una democracia representativa acceda a la alternancia que la caracteriza, es necesario que del otro lado del cerco quede una oposición capaz de reemplazar a los triunfadores de hoy en una próxima elección.

Pero en la Argentina de los Kirchner, ¿qué queda del otro lado? Los pesimistas podrían afirmar, con cierta razón, que no queda casi nada. Es que todo es el antónimo de nada . Animada por el espectacular 54 por ciento que logró en octubre, ¿estará pensando Cristina que esta cifra es aún demasiado baja en comparación con la que espera lograr en 2013 o en 2015? Para ella, en suma, la mayoría que tiene hoy, ¿es un "techo" o apunta a la totalidad o a la casi totalidad de los votos, en demanda de un poder sin límites en el espacio y en el tiempo? Esta ambición, si en verdad existe, ya no es democrática ni pluralista, sino totalitaria porque "va por todo". La mejor definición del totalitarismo la produjo Benito Mussolini cuando dijo: "Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado". Los incondicionales de la Presidenta, ¿aspiran acaso a reemplazar la palabra "Estado" de esta definición por la palabra "Cristina" o por la frase "Cristina eterna", que ya pronunció la diputada Diana Conti?
 

Obligado a ir a la guerra

Por Joaquín Morales Solá | LA NACION

 

Alguien le dijo que no tendría destino en este mundo si sólo respondiera con sonrisas las agresiones del kirchnerismo. Daniel Scioli aceptó el consejo, pero nunca terminó de entender por qué el kirchnerismo lanzó tan pronto una batalla que terminará en 2015. Scioli nunca fue Mauricio Macri ni Hugo Moyano; éstos han decidido decirle que no al cristinismo y lo hacen con palabras que cada vez abren heridas más profundas. Es probable que los tres hayan sido obligados a entrar en una guerra que no querían, aunque Scioli fue siempre el que menos cómodo se sintió entre tantos combates y rencores. Cómodo o incómodo, lo cierto es que en las últimas horas decidió que devolverá golpe por golpe, si es que el golpe fuera el plan del cristinismo.

Hasta hace tres días, el gobernador bonaerense marcaba todavía una clara diferenciación entre Cristina Kirchner y los dos espadachines cristinistas que más lo acosan: el vicegobernador Gabriel Mariotto y Carlos Kunkel, el custodio todoterreno de la ideología kirchnerista. Kunkel es el esposo de Cristina Fioramonti, presidenta del bloque peronista de senadores provinciales, que también hace su contribución diaria a la desgracia de Scioli. Una cosa es Cristina y otra cosa son los cristinistas , solía repetir.

Esa aseveración es cierta porque la Presidenta no suele empujarlo personalmente a Scioli (desde que es gobernador, al menos) y tampoco deja sus huellas en las operaciones desestabilizantes contra el gobernador. Pero tal deducción del gobernador provocaba ya la reacción crispada de sus interlocutores políticos. ¿Acaso Mariotto y Kunkel actuarían por cuenta propia contra el funcionario elegido más importante después de la Presidenta? ¿No era más exacto concluir que aquellos sólo seguían, cada uno con su estilo y con sus formas, la dirección política marcada por Cristina? Mariotto y Kunkel tienen, además, el estilo que siempre agradó al kirchnerismo para desgastar a sus adversarios: son prepotentes, autoritarios e irreverentes. Al final, Scioli decidió que, en efecto, no hay matices posibles entre los ultras del kirchnerismo y su jefa. Decidió, más bien, que deberá ser la jefa quien marque la diferencia entre ella y sus generales en la guerra inverosímil.

La posición existencial de Scioli quedó definida ayer. Será candidato presidencial en 2015 si la Constitución de los argentinos siguiera siendo la misma Constitución. Esto es: si en diciembre de ese año Cristina se viera obligada a volver a casa por el veto constitucional a una nueva reelección. Del mismo modo, una eventual reforma de la Constitución, que habilitara otro mandato de la Presidenta, dejaría a Scioli automáticamente fuera de la próxima campaña presidencial. Nunca competiré contra Cristina , ha ratificado en las últimas horas.

Los cristinistas tienen derecho a escandalizarse ante el proyecto presidencial de Scioli. Ellos nunca supieron nada de esos preparativos. La única que lo sabía era la propia Cristina. Scioli se lo dijo personalmente y ella no puso ninguna objeción. El silencio de la Presidenta ante la sinceridad del gobernador o su bendición a ese proyecto (hay versiones distintas) lo llevó a Scioli a ilusionarse con ser el heredero consentido del kirchnerismo en la presidencia. La llama de esa ilusión, contra todas las evidencias y las advertencias, estuvo encendida hasta hace muy pocos días.

Evidencias y advertencias actuaban en contra, pero también la propia historia. La Presidenta nunca simpatizó con las ideas de Scioli, a quien considera un centrista incapaz de jugarse por un proyecto fundacional, que es el que le gusta a ella. Una enorme distancia entre ellos viene desde la época en que convivían en el Senado, él como vicepresidente de la Nación y ella como poderosa senadora y primera dama.

La Presidenta gobierna en los últimos tiempos para un núcleo reducido: los militantes de La Cámpora, el kirchnerismo puro y duro, las organizaciones de derechos humanos y algunos progresistas que dan vuelta alrededor de ella. Es el auditorio que eligió, cuyo aplauso busca y cuya crítica detesta. Frente a esa tribuna, Scioli será siempre un extranjero. Se lo nota un forastero en los numerosos actos de la Presidenta en la Casa de Gobierno: Scioli está ahí siempre serio, buscando una mirada aliada entre un público adverso. Debés diferenciarte , le aconsejó un amigo. ¡Soy diferente! , le contestó Scioli. Fue un día antes de que estallara la conflagración de estas horas. Sin embargo, Scioli entendía aquella diferencia como una continuidad parecida a lo que gobierna ahora. Los kirchneristas no entienden esas sutilezas.

La guerra la inició el camporismo cuando hizo en la Legislatura bonaerense un pedido de informes al gobernador sobre los gastos de publicidad. O la inició Scioli cuando le volvió a reclamar a la ex Ciccone que pagara impuestos provinciales que debe desde 1994. Más vale pensar que no fue Ciccone lo que desencadenó el fuego, porque en tal caso estaríamos ante un gobierno demasiado complicado en un caso de supuesta corrupción que sólo tiene como principal sospechoso por ahora al vicepresidente Amado Boudou.

Hay que agradecerle al cristinismo cierta dosis de sinceridad. Cree que el Estado le pertenece y no hace nada por disimularlo. Cualquier otra expresión política no hablaría de publicidad oficial para no destapar sus propias vergüenzas. Según la fundación que preside la ex diputada Silvana Giudici, el gobierno de los Kirchner aumentó la publicidad oficial en un 3242 por ciento desde 2003. Esa publicidad se destina sólo a los medios amigos, encargados de defender las políticas oficiales, en algunos pocos casos, y de difamar a dirigentes opositores y a periodistas independientes, en la mayoría de los casos.

Sea como sea, Scioli se convirtió, sin quererlo, en un fenómeno. Es el primer gobernador peronista que recibió un pedido de informes de su propio bloque legislativo. No es que el peronismo haya perdido el sentido de la disciplina, sino que la disciplina del bloque bonaerense no se ejerce en La Plata, sino en Olivos.

Algo parecido sucede con las candidaturas presidenciales. El cristinismo cree tener derecho a plantear hasta una reforma constitucional para entronizar a su líder. Una candidatura presidencial de Cristina Kirchner, en las actuales condiciones, es inconstitucional. Pero, al mismo tiempo, le niega a Scioli el derecho a pensar en su propia y legítima candidatura. Encuestas recientes dan cuenta de que el gobernador bonaerense sigue siendo el político más popular del país, más que la propia Cristina. Las mediciones son posteriores a la fiesta kirchnerista por YPF. Sólo un político que no fuera de este mundo desalentaría, así las cosas, su propia ambición de ser presidente.

Scioli tiene sus propios conflictos, que el camporismo kirchnerista se los agrava. El importante aumento de impuestos que dispuso el gobernador (todavía falta la sanción definitiva de la Cámara de Diputados) lo enfrentó con el poderoso sector rural. El aumento del impuesto inmobiliario producirá una suba automática en impuestos nacionales. Los ruralistas de Buenos Aires aseguran que están peor que en los tiempos del 1 a 1 (para ellos rige la cotización oficial del dólar) y que sólo los está salvando el buen precio internacional de las materias primas. Con todo, el gobernador no estuvo de acuerdo con los violentos forcejeos que protagonizaron militantes de La Cámpora con productores rurales. Esas formas no son de Scioli.

¿Por qué ahora? ¿Por qué, cuando faltan todavía tres años y medio para las elecciones presidenciales? Nunca imaginé que esto se iba a desatar tan pronto , dijo Scioli entre confidentes. Puede haber intercedido la ansiedad kirchnerista para asegurar la continuidad de Cristina. Pero puede haber influido también la necesidad perpetua de una guerra en marcha, cuando ya se apagan los estruendos nacionalistas de YPF y cuando las fogatas por las Malvinas duran cada vez menos.

Otra guerra es necesaria. ¿Qué le pasaría a la Presidenta si los argentinos tuvieran que debatir sólo sobre la declinación de la economía, sobre la prohibición casi total de acceder al dólar o sobre los estragos del crimen? Una guerra puede ser inútil o no, pero siempre produce un escenario deslumbrante y obsesivo
 

Batallas de la sucesión

Por Joaquín Morales Solá | LA NACION
Sin embargo, al oficialismo lo preocupan esas cosas, pero también otras más significativas. No hay encuestas que no consignen que las tres figuras políticas más populares del país son la Presidenta, Daniel Scioli y Macri.

Las presencias de Macri y de Scioli en ese podio podrían estar marcando una incipiente inclinación de la sociedad hacia otros parámetros ideológicos, distintos de los que pregona el kirchnerismo desde hace nueve años. Scioli y Macri tienen una misma formación inicial en el mundo de las empresas y sus ideas cabalgan a la derecha de las ideas predominantes en el poder. Los dos, además, le huyen al teatro del conflicto, que es el escenario donde mejor se mueve el kirchnerismo.

Halagos

Macri podría sentirse halagado, en tal caso, con la feroz crítica que le propina el gobierno federal. No hay mejor campaña para un opositor que la que le hace el Gobierno cuando lo enfrenta. La sociedad opositora toma nota entonces de quién es el mejor enemigo del poder que gobierna. Hace pocos días, Ricardo Alfonsín hizo una pública y conmovedora confesión: "Ya quisiera yo que el gobierno nacional me criticara como lo critica a Macri", dijo, en una aceptación implícita de su impotencia. No obstante, la fuerte declaración de Macri de ayer no se refería a declaraciones políticas o electorales, sino a la administración concreta de los asuntos del Estado. Es ahí, precisamente, donde las cosas cambian de color.

El futuro de Macri, cualquiera que sea, estará siempre ligado a su gestión como jefe del gobierno porteño. El gobierno de la Capital tiene un presupuesto, en cifras redondas, de unos 30.000 millones de pesos, pero sólo puede disponer del 10 por ciento de ese monto para inversiones y obras. El resto es usado en gastos corrientes de la administración. Cristina Kirchner fue y vino con los subsidios de los servicios públicos (sobre todo para el consumo de gas y electricidad), pero mantuvo inalterable la primera decisión que tomó: sacarle esos subsidios al gobierno de la ciudad. Macri se encontró de pronto con un gasto adicional de 300 millones de pesos.

La Capital, que recibe sólo el 1,4 por ciento de los fondos federales que se coparticipan con las provincias, no tiene una situación muy distinta del resto de las provincias.

Es, a pesar de todo, uno de los pocos distritos que tienen un margen propio de financiación. Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba están mucho peor que la Capital. El gobierno nacional más unitario financieramente de la historia les está negando a algunas provincias, como Córdoba, hasta el pago de acuerdos firmados ante la Corte Suprema de Justicia.

Con todo, el resto de las provincias recibe recursos por otras vías, como las obras públicas. En contraste, el kirchnerismo no ha hecho ninguna obra pública en la Capital en los nueve años de gloria y poder. No es sólo Macri el que puede sentirse ofendido, sino también Aníbal Ibarra, Jorge Telerman y el resto de los porteños. La única obra pública que comenzó el gobierno nacional es la del subte que une Plaza de Mayo con Retiro, pero los trabajos se han dispuesto de manera tan lenta que parecen hechos para colmar la paciencia de los porteños.

Quizá todo eso sea consecuencia de que el kirchnerismo ha considerado siempre a la Capital un bastión inalcanzable para su proyecto político. No se equivoca: una encuesta en manos del macrismo indica que, luego de la expropiación de YPF, Macri creció en la Capital en la consideración social, mientras que los números de la Presidenta bajaron. Al revés, Cristina Kirchner aumentó su popularidad en el cordón bonaerense que rodea la Capital. Es probable, por lo tanto, que la Presidenta haya frenado su caída de los últimos meses en las encuestas nacionales o que haya crecido un poco en tales mediciones.

El traspaso de los subterráneos y de los colectivos a la Capital podrían erosionar aún más los recursos de la Capital. Si esos servicios terminaran en poder de Macri, éste deberá disponer de unos 2000 millones de pesos más por año, salvo que se decida a despojarlos totalmente de subsidios.

El propio Scioli, que bascula entre jugar al fútbol con Macri y obedecer a su presidenta, ya notificó al jefe porteño de que no se procesará más en la provincia la basura que produce la Capital. Esa es una iniciativa de Cristina Kirchner para obligar a Macri a hacer importantes inversiones durante varios años. "Me quiere de rodillas", suele decir el líder capitalino.

La seguridad

La propia seguridad en la Capital, que está en condiciones cada vez peores, es un conflicto del que la Presidenta se quiere apartar. Apartó a la Policía Federal de grandes zonas de la Capital. El delito, creciente y violento, provocó ya el primer cacerolazo contra el gobierno del segundo mandato de Cristina en la noche del lunes. El Ministerio de Seguridad de la Nación es un organismo parcelado entre dos líderes, la ministra Nilda Garré y su viceministro, Sergio Berni. Sea como sea, ninguno de los dos ha hecho nada para establecer con el gobierno de la Capital una política común contra el crimen.

A pesar de tantas competencias y desafíos, Cristina Kirchner es una política ingrata: Macri la trató bien en los últimos tiempos, espoleado más que nada por el olfato de las encuestas, y hasta firmó un acta de traspaso de los subterráneos, aunque luego se arrepintió. Ahora acusó a la Presidenta de querer "fundir la Capital", pero lo hizo cuando las encuestas lo notificaron de una novedad. Una parte de la sociedad está buscando claramente un líder que asuma la refutación histórica del kirchnerismo.
 

La estrategia del miedo

Por Joaquín Morales Solá | LA NACION

 30.4.12.La colonización kirchnerista de la Justicia no empezó en las últimas semanas. Empezó mucho antes, pero se le agregó ahora una brutal lección: cualquier gesto de independencia de los jueces puede ser duramente condenado. Es más que probable, por eso, que la causa contra el vicepresidente Amado Boudou reciba, en adelante, masivas dosis de anestesia. Dormirá.

El miedo es también decisivo para interpretar la reacción política y sectorial por las pésimas maneras que usó el kirchnerismo para expropiar YPF. Los propios empresarios se mueven al compás del Gobierno, acosados por temores. Los dirigentes radicales están asustados por una eventual estigmatización ideológica o por sociedades políticas con el oficialismo difíciles de descifrar. Prefieren ser funcionales al kirchnerismo. Gobernadores e intendentes peronistas, que se sienten, en verdad, fuera del Gobierno, son cautelosos ante una administración dispuesta a sacarles los recursos que necesitan hasta para pagar los salarios.

El poder siempre despierta algún temor en muchos sectores sociales, pero ningún gobierno desde la restauración democrática había usado con tanto furor, como lo está haciendo el de Cristina Kirchner, el miedo como estrategia.

Daniel Rafecas, el juez caído, tenía buena fama como magistrado, pero es -o era- un hombre ideológicamente muy cercano al kirchnerismo. El suyo es un caso muy parecido al de Esteban Righi. Los dos cayeron empujados por el único funcionario sospechado de corrupción hasta ahora: Boudou. Righi había facilitado la tarea funcional del fiscal del caso Ciccone, Carlos Rívolo, y Rafecas había autorizado casi todas las gestiones del mismo fiscal. Adiós a Righi y a Rafecas.

Los jueces saben leer las señales de la política. Precavida, la Cámara Federal que le tocó en suerte al caso Boudou apartó a Rafecas. Hay dos cámaras federales. Una tiene prestigio de independiente; la otra, la que eliminó al juez, ha hecho siempre su aporte a la salvación judicial del kirchnerismo o a la destrucción de sus enemigos. Es la misma Cámara que de aquí en adelante revisará todas las decisiones del caso Boudou. Rafecas cometió un serio error cuando intercambió mensajes de texto con un abogado amigo sobre la causa de Boudou. Es difícil explicar una actitud tan campante en un magistrado con experiencia. Sin embargo, fue también el juez que más avanzó en una causa judicial por corrupción contra el kirchnerismo.

El nuevo juez, Ariel Lijo, no tiene mala fama, pero tampoco tiene fama. Su primera decisión será sobre la suerte futura del fiscal Rívolo, el que mostró más disposición para investigar a Boudou. El fiscal está recusado por razones infinitamente más leves que las de Rafecas. Con todo, el juez podría inmovilizar a Rívolo con sólo sacarle la delegación de la investigación que había hecho Rafecas. Era Rívolo el que investigaba, no Rafecas. Si Lijo reasumiera la responsabilidad de la investigación, el fiscal pasaría a un plano tan secundario como gris. La tríada de funcionarios judiciales (Rafecas, Righi y Rívolo) que, por acción u omisión, había hecho avanzar la causa contra Boudou, quedaría así definitivamente destruida. Sólo falta un eslabón para que eso ocurra.

El kirchnerismo manipula hasta las cosas de la Corte Suprema. El presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, debió aclarar la posición del tribunal ante el enredo que andaba sembrando Eugenio Zaffaroni sobre la actitud de ese cuerpo frente al reformismo constitucional. El kirchnerismo quiere que se hable de la reforma de la Constitución para instalar el tema, por un lado, y también para frenar con el temor la ambición de otros peronistas a la inevitable sucesión de Cristina. Dicen que el parlamentarismo de Zaffaroni no le gusta a la Presidenta. Es cierto. Pero lo que se busca ahora es que se hable de la reforma.

Zaffaroni le da prestancia a ese debate. El proyecto definitivo se planteará sólo si las elecciones legislativas de 2013 fueran exitosas para la Presidenta. Lo que importa ahora no es la reforma de la Constitución, sino que se cumpla la actual , dijo un juez de la Corte que expresó el consenso mayoritario del tribunal. Zaffaroni es sólo Zaffaroni, definitivamente.

La Corte replicó, al menos, con un no al Gobierno. La Unión Industrial demoró, en cambio, casi dos semanas en pronunciarse (sí, pero no, terminó diciendo) sobre la inconstitucional apropiación de YPF. ¿Los empresarios argentinos están de acuerdo con los modos del Gobierno para hacerse de una empresa privada? Nadie lo sabe. Prevaleció el miedo a que Guillermo Moreno se siga llevando a su CGE, otro remedo gelbarista de los años 70, a pequeños y medianos empresarios ahora afiliados a la UIA. Moreno los llama y les exige prepotente, a cambio de decisiones oficiales (como la autorización para la importaciones de imprescindibles insumos), que se desafilien de la UIA y se afilien en el acto a la CGE. Es como un contrato de compraventa: Moreno firma luego de que los empresarios firmaron su desafiliación y su nueva afiliación. La UIA está cuidando su clientela, no sus principios.

Los radicales llegaron a argumentar con las encuestas cuando tomaron la decisión de apoyar el proyecto oficial sobre la expropiación. Aquellas eran supuestas porque no había ninguna seria hasta ese momento. Los sondeos más prestigiosos hechos luego señalaron que un 40% de la sociedad no estaba de acuerdo con esa decisión. Los radicales renunciaron a su representación. Temieron quedar expuestos con la etiqueta de que eran funcionales a un imperio impreciso o que se habían inclinado hacia la derecha.

Un proyecto de Ricardo Gil Lavedra era más razonable y más realista. Propiciaba que las provincias sacaran a YPF la concesión de los pozos en los que no se había invertido y los licitaran de inmediato con otras petroleras. No sirvió. Los radicales debían votar por el proyecto de Cristina, según la inexplicable decisión del partido. El negocio político funcionó perfectamente en el Senado. Funcionará también en Diputados. El radicalismo se despidió, así, como alternativa política y electoral al kirchnerismo.

Nadie desnudó tan bien y tan oportunamente el relato kirchnerista como Evo Morales, quizá sin saberlo. El presidente boliviano anunció que se terminaron los trabajos para duplicar las exportaciones de gas de su país a la Argentina. El gas boliviano le cuesta a la Argentina casi seis veces más que el precio que se les paga aquí a las petroleras. ¿Quién extrae el gas en Bolivia y lo exporta a la Argentina? Repsol, entre otras compañías. La soberanía petrolera es el autoabastecimiento de petróleo y gas, pero eso no sucederá aquí durante muchos años.

Los gobernadores no tienen plata, pero la Presidenta tampoco. No obstante, creen que el látigo podría ser mucho peor que la penuria. Los peronistas hablan de las alternativas a Cristina. De Daniel Scioli, el político más popular del país, más que Cristina incluso. De Sergio Massa o de Juan Manuel Urtubey. Todos fingen cristinismo en la Capital y posan de antikirchneristas en sus provincias o municipios. Le temen también al casi monopolio de medios audiovisuales kirchnerista que se terminó de formar. La economía y la opinión social han sido, con todo, históricamente impermeables al mensaje de medios oficialistas. Los supermercados influyen más que nadie en la opinión de la gente.

Cinco importantes medios internacionales (The Washington Post, Financial Times, The Wall Street Journal, The New York Times y El País) fueron en las últimas dos semanas duramente críticos con el gobierno kirchnerista por su autoritario maltrato al escaso periodismo independiente que va quedando en la Argentina. El maltrato no deja de tener su lógica. Esos medios y esos periodistas son ya las únicas voces que resisten a la estrategia del miedo
 

"Contra los medios gané; con los medios, perdí" (Perón)

Por Mariano Grondona | LA NACION

30.4.12.-La frase de Perón que encabeza este artículo no fue la expresión de un pensamiento teórico, sino el resultado de una experiencia personal. En 1946, Perón ganó las elecciones que lo llevarían a la Presidencia pese al disenso de los principales medios de prensa. De ahí en más, dejándose llevar por la embriaguez del poder, Perón expropió La Prensa y tejió una vasta red de medios oficialistas atraídos por el auxilio financiero del Estado. Sin embargo, Perón cayó en 1955 en medio del clima adverso que su deslizamiento hacia el despotismo durante los años 50 había provocado en vastos sectores de la opinión pública. De esta doble experiencia, el último Perón extrajo en los 70 la paradójica conclusión que resume su famosa frase del comienzo porque, cuando tenía a casi todos los medios en contra, ganó y, cuando los dominaba casi a todos, perdió. Así fue cómo, provisto de este aprendizaje, el último Perón abrazó a Balbín en los años setenta, dijo que "para un argentino no hay nada mejor que otro argentino", en vez del sectario "para un peronista no hay nada mejor que otro peronista" que lo había acompañado por años, y al fin fue enterrado como el gran pacificador, rodeado por el homenaje póstumo de la gran mayoría de los argentinos.

Pero, siendo como fue el fruto de su experiencia práctica, la frase de Perón que consignamos aquí encerraba una poderosa intuición: que el factor que decide el rumbo de un país no es la concentración en el Estado de los medios de opinión sino más abajo, casi en el nivel del inconsciente colectivo, la opinión profunda de lo ciudadanos . Este es el factor decisivo en una sociedad. Los medios de opinión que saben interpretarla reciben el favor de los lectores. Los que no saben interpretarla quedan afuera, por más que cuenten con una lluvia de subsidios estatales. ¿De qué le vale entonces al Estado acumular medio tras medio, si pierde en el camino la opinión auténtica de los ciudadanos?

La actitud que han tomado los Kirchner respecto de los medios de prensa los ubica, empero, por debajo de la ruta ascendente del último Perón. En 2009, perdieron rotundamente a manos de la oposición, pero sacaron una conclusión contraria a la del caudillo. En ese año, grandes medios que hasta aquel momento los apoyaban, revisaron su posición al notar que la opinión profunda de los argentinos se les estaba alejando. Al percibir la nueva situación minoritaria en la que habían quedado, los Kirchner apostaron entonces a una ecuación contraria a la frase de Perón: no era según ellos que los medios de prensa seguían la posición de la gente, sino que la gente estaba siendo manipulada por los medios de prensa. Despreciaron de este modo la sabiduría popular y, siguiendo esta otra lógica, concluyeron que había que dominar a los medios de prensa para que éstos, a su vez, manipularan a la opinión pública. Detrás de esta persuasión acuñaron la nueva ley de medios y la urgente promoción de una vasta red de medios oficialistas con la esperanza de que, gracias a ellos, la opinión de los argentinos volviera a bendecirlos.

Se nos dirá: ¿pero no es acaso que, pese a este error de interpretación sobre el papel de los medios, Cristina Kirchner ganó ampliamiente las últimas elecciones? ¿Cómo explicar entonces esta contradicción, que en tanto que los medios kirchneristas, pese a los subsidios, encuentran escasos oyentes o lectores, los votos, por su parte, han apoyado ampliamente a Cristina? Ella se encontraría entonces en una disyuntiva entre dos procesos divergentes: gana votos, pero sus medios no ganan oyentes o lectores. ¿Cómo entenderlo?

Porque los votos se le multiplicaron a Cristina por factores diferentes de la irradiación mediática, entre ellos la bonanza consumista de los últimos años. El kirchnerismo debería sacar por lo tanto esta conclusión: no es el hecho de que se haya apoderado de tantos medios lo que le ha atraído el apoyo popular, sino un factor externo a ellos, ya que aquellos medios oportunistas que ahora la acompañan no han ganado por hacerlo ni siquiera una audiencia considerable.

¿Qué pasará entonces en el mediano plazo? Que la euforia del Gobierno por la victoria electoral del 23 de octubre podría llevarlo a una nueva embriaguez del poder como la que experimentó Perón antes de que lo alcanzara la sabiduría, una embriaguez que ya se ha manifestado en su abrupta reacción ante el desabastecimiento del petróleo y en el acto eufórico de anteayer en Vélez Sarsfield. Quedamos a la espera de que, cuando se aquieten las aguas de la exaltación, quizás el kirchnerismo vuelva a recordar con prudencia la aridez de 2009. La respuesta final a la estéril política de medios de Cristina llegaría a nosotros, según esta observación, recién en el mediano plazo.

Clásicos autores liberales como David Hume y John Stuart Mill han enseñado que los gobiernos deben obedecer a la opinión pública y que esto les pasa hasta a los tiranos porque ellos dependen, finalmente, "de la opinión de sus jenízaros", de su férrea guardia pretoriana, para sostenerse. Esta verdad, oscurecida por un tiempo, en el corto plazo, por los engañosos fulgores del populismo, finalmente vuelve con la desilusión del pueblo ante los demagogos. En la Argentina, entonces, la opinión pública volverá a su quicio tarde o temprano. Esta es una esperanza fundada por el hecho de que desde el momento en que, aún en medio de la euforia del kirchnerismo, los lectores, los oyentes, los televidentes, siguen rehuyendo a sus portavoces mediáticos. En un artículo que LA NACION publicó anteayer, el escritor mexicano Enrique Krauze lamenta que "el populismo parece haber inoculado en muchos argentinos la servidumbre más triste, la servidumbre voluntaria ". En muchos argentinos, pero no en todos porque aún quedan en nuestra opinión pública grandes reservas de valores que, cuando llegue el momento, resurgirán. Y aún si el Gobierno intenta apilar radios con la intención de volcarlas al oficialismo, también aprenderá, como lo hizo Perón en su momento, que los ciudadanos son más independientes de lo que supone y que, si llega a despojar a dichas radios de sus emisiones tradicionales, su audiencia se evaporará. Quizá llegue un momento en que nos sintamos tentados de dudar que, en la democracia, la verdad llega. Quienes luchan por su advenimiento deben recordar que lo que hacen los periodistas independientes no responde a un cálculo mezquino, sino a una convicción que se encuentra más allá de él, y sin que pretendan imponer su visión de la verdad a la visión de aquellos que piensan de otro modo porque, aun en la disidencia, adhieren a la famosa profesión de fe de Voltaire cuando dijo: "No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo".

Entre aquellos que luchan por preservar su vocación, ya sea en el periodismo o en otros terrenos, y los que militan en la temblorosa legión de los aplaudidores, media una distancia moral , porque aquellos creen en el acceso de cada uno a la verdad tal como honestamente la conciben y al aprendizaje que surge de sus propios errores, ya que nadie es infalible. Aunque sea sin saber si su actitud necesariamente prevalecerá, igual se nutren de antiguos valores. En cuando a los otros, confiamos que les llegue a tiempo el reconocimiento de estos valores, una vez que resistan el canto de sirenas del oportunismo, una tentación que, aunque parezca fuerte, termina por rendirse ante la búsqueda de la verdad en el único ambiente en que ella resulta posible: el ambiente de la libertad


 

Las garantías se convierten en una nostalgia

Por Joaquín Morales Solá | LA NACION

 

 

25.4.12.-Algunos síntomas y otros hechos están indicando que el "vamos por todo" del kirchnerismo incluye al Estado de Derecho. No se trata entonces sólo de la pretendida hegemonía política (casi lograda) o de la imposición de equivocadas políticas económicas (cuyo fracaso es más que probable), sino que ha puesto seriamente en duda la vigencia de las libertades y garantías constitucionales.

La prensa independiente sabe de lo que se trata desde hace mucho tiempo, situación que ha sido denunciada en un duro documento por la reciente asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). La inconstitucional indefensión sumó en los últimos días a personas de un espectro mucho más amplio que el ya vapuleado periodismo.

El caso más notable es el ex procurador general de la Nación (jefe de los fiscales) Esteban Righi, quien será investigado por un equipo de fiscales más numeroso que el que se dedica a averiguar las correrías del vicepresidente Amado Boudou. Righi es peronista y kirchnerista, pero últimamente había caído en una especie de éxtasis cristinista. A tal punto llegaba su fe en la Presidenta que algunos kirchneristas críticos habían dejado de hablar con él. Lo aprecian y lo respetan demasiado como para correr el riesgo de enojarse con Righi en una trasnochada conversación política.

Sin embargo, ningún fiscal consultado recordó que Righi lo haya presionado nunca por una causa que involucrara al gobierno de los Kirchner. Puede deducirse que el ex procurador marcaba una clara frontera entre sus simpatías políticas y sus obligaciones como un importante referente del Poder Judicial. El fiscal Carlos Rívolo, que lleva adelante la causa Ciccone, en la que está complicado Boudou, aseguró que Righi nunca le pidió nada. Nunca le demoró siquiera la entrega de viáticos o la designación de peritos contables para avanzar en la causa. No era eso lo que el Gobierno esperaba de Righi. Ningún funcionario le pidió nada al ex procurador, pero el sistema kirchnerista supone que los ciudadanos, sobre todo los que tienen algo que hacer o decir, deben saber cómo actuar en cada caso.

Righi habría renunciado si sólo le hubieran pedido la renuncia. Era poco. El castigo debía ser mucho peor. Fue públicamente acusado por Boudou de tráfico de influencias y de prácticas corruptas. Su ex segundo en la procuraduría, Luis González Warcalde, actualmente a cargo de la oficina que era de Righi, nombró a cinco fiscales para investigar la denuncia de Boudou contra el ex procurador, que ni siquiera fue ratificada por éste, un paso clave para que la investigación se ponga en marcha. En contraste, las serias sospechas sobre los manejos de Boudou y sus amigos con los dineros del Estado están siendo investigadas por un solo fiscal.

En defensa de Menem

Es cierto que González Warcalde, un fiscal que defendió la posición de Menem cuando éste estuvo preso (dictamen que luego hizo suyo la Corte Suprema de cuño menemista) y consideró un suicidio la extraña muerte del periodista Mario Bonino, no se llevaba bien con Righi. Las historias chocaban: Righi fue ministro de Héctor J. Cámpora y se reencontró con sus posiciones peronistas durante el gobierno de los Kirchner, mientras González Warcalde es un referente de la justicia de los años 90, de otro peronismo.

Las historias se han dado vuelta ahora. Nadie del Gobierno le pidió nada a González Warcalde, pero éste sobreactuó lo que supone que el kirchnerismo quiere. Supone -o suponía- que quiere la peor desgracia para Righi. González Warcalde intuye, y quizás intuye bien, que el propuesto procurador, Daniel Reposo, no pasará por el Senado. Si el peronismo disidente no se dejara llevar por la euforia petrolera del kirchnerismo y conservara su posición inicial, es probable que Reposo no cuente nunca con los dos tercios de los votos del Senado que necesita para sentarse en el sillón de Righi. González Warcalde está trabajando a destajo ahora para ser la alternativa de Reposo si éste chocara con un muro imposible, pero el Gobierno le salió al cruce ayer y frenó su ambición. El ministro de Justicia, Julio Alak, lo desautorizó públicamente. Se debe ir en el sentido del kirchnerismo, pero la sobreactuación también se paga cara.

Righi, otrora un héroe en el panteón del kirchnerismo, debe enfrentar ahora, de cualquier forma, las descalificaciones de Boudou, las más duras en términos personales que le propinó la política. El estalinismo soviético o la revolución cultural maoísta solían convertir también en réprobos deshonestos a quienes suponían traidores.

Atropello

Otro caso no menor es el que dio cuenta de un grave atropello en la vivienda particular del ex presidente de YPF Antonio Brufau. Según el relato del corresponsal en Buenos Aires del diario español El País, dos días después de la inconstitucional intervención de la petrolera fue virtualmente allanada la casa de Brufau en el barrio porteño de Recoleta. No existió nunca ninguna orden judicial para practicar ese allanamiento. La invasión de una vivienda por parte del Estado sólo puede ser ordenada expresamente por un juez, aun en los casos en que se persigue, por ejemplo, a traficantes de drogas.

Todos, y sobre todo el Gobierno, sabían que Brufau se había ido de la Argentina el domingo, un días antes del anuncio presidencial sobre la expropiación de YPF. La información fue publicada por los diarios, pero la oficina de migraciones se la había ratificado al Gobierno. Alguien que dijo ser contador (¿de YPF?) se apersonó en la casa de Brufau para entregarle la notificación de que había sido, obviamente, desposeído de todos los cargos que tenía en la petrolera. Una persona del servicio doméstico le abrió la puerta, el supuesto contador entró, sacó una cámara fotográfica y tomó fotos de todo el departamento y hasta del interior de los cajones de los muebles. Como las pruebas conseguidas ilegalmente (en caso de que haya habido alguna) no sirven en la Justicia, lo más probable es que esas fotos sean usadas, si es que sirven para algo, en futuras operaciones mediáticas del kirchnerismo contra el presidente de Repsol.

En la casa de Brufau eran recibidos con mucha más frecuencia los funcionarios kirchneristas que cualquier otro argentino. Julio De Vido, Daniel Cameron y Roberto Baratta, los responsables de la política energética del Gobierno, pasaban largas veladas en esa vivienda del empresario español. Ninguna garantía constitucional le sirve ahora a Brufau cuando ha perdido la simpatía del kirchnerismo y se ha ganado su odio. Los otros directivos españoles de la anterior YPF se escabulleron silenciosamente en un barco hacia Montevideo, luego de la expropiación, para regresar desde ahí a España. Temían que en Ezeiza les impidieran salir del país.

Righi y Brufau son casos concretos, pero son también casos simbólicos de un país que está abandonando los cauces del Estado de Derecho. Righi quedó sometido a la persecución del kirchnerismo y ningún fiscal abrió de oficio una causa por el ilegal allanamiento a Brufau. Boudou, en cambio, es el único beneficiado por la caída de Righi y por el estrépito que provocó la confiscación de YPF. Es el método que gobierna en un país donde las garantías se están convirtiendo en una nostalgia

La peor crisis internacional desde el default

Por Joaquín Morales Solá | LA NACION

 

22.4.12.-Una compra acordada de YPF a Repsol (que era posible) le hubiera amputado a la operación el trazo épico y el aspecto guerrero. Así no servía. En su lucha cuesta abajo con las encuestas, Cristina Kirchner necesitaba del teatro heroico que le gusta cultivar. Las encuestas le están dando a la expropiación una aceptación menor de la que el Gobierno esperaba; es posible, además, que a los argentinos les importe muy poco si YPF es manejada por Axel Kicillof o por Antonio Brufau. Según la encuesta de Poliarquía que publica hoy LA NACION, una mayoría social culpa más al Gobierno que a Repsol por la disminución de las reservas de petróleo y gas. También la mayoría espera negativas repercusiones en el exterior. Estos dos datos incuban un serio riesgo para la Presidenta en el futuro mediato.

A cambio de tan poco, Cristina Kirchner metió al país en la peor crisis internacional desde la guerra con la OTAN por las Malvinas y desde el campante default, el más importante en la historia de la humanidad. El mundo ha hecho saber públicamente, con menor o con mayor intensidad, su rechazo a la expropiación de YPF. Hay dos informaciones extraoficiales, sin embargo, que sobresalen. Una dio cuenta de que la mayoría de los países latinoamericanos avisó oficiosamente a España, al resto de Europa y a los Estados Unidos que no son como Cristina Kirchner o, lo que es peor, como la Argentina. Algunos países lo hicieron en declaraciones públicas (México, Colombia y Chile), pero otros lo deslizaron en ámbitos más reservados. Es exactamente lo mismo que sucedía con Hugo Chávez en el apogeo del chavismo. La aclaración de entonces (No somos como Chávez) incluyó varias veces al entonces presidente argentino Néstor Kirchner.

La otra información alude a la reacción de los Estados Unidos. A la Argentina no le fue bien en la reciente cumbre de Cartagena. Tiene pleitos pendientes con gran parte de los países asistentes por el virtual cierre de las importaciones y, además, sólo quería sacarle a la reunión un documento contra Gran Bretaña por las Malvinas. Washington no quiere desviarse del estrecho sendero de la neutralidad que eligió. El caso de Canadá es más comprensible aún: la reina de Gran Bretaña es su simbólica jefa de Estado. El consenso estaba roto.

A su vez, los países latinoamericanos tienen problemas más urgentes, como la economía y la droga, que la retórica de una vana declaración. La reunión de Cristina Kirchner con Barack Obama pudo ser el mejor saldo de ese viaje, pero la Presidenta insistió con las Malvinas, escuchó la preocupación norteamericana por la cuestión de las importaciones y calló su secreto mejor guardado: la expropiación de YPF.

Obama debió sentirse defraudado, 48 horas después, cuando se enteró por televisión de la decisión argentina. En la capital norteamericana se ratificó que Cristina no le dijo nunca nada a Obama lo que sucedería con YPF. Ante una consulta precisa, la embajada estadounidense en Buenos Aires fue tajante: Nadie le advirtió al presidente Obama sobre la expropiación, contestó. Hillary Clinton, primero, y su vocero, luego, precisaron que la expropiación había caído muy mal entre ellos. Es probable que pase mucho tiempo antes de que Cristina vuelva a tener una reunión cara a cara con Obama.

Varias empresas y bancos internacionales han decidido hacer un corralito con sus filiales en la Argentina. Temerosos de que la ola de confiscaciones no se haya agotado con YPF, no enviarán dinero para nuevas inversiones, sus sucursales se acomodarán al que mueven en el país y estarán jurídicamente en condiciones de cerrar las puertas en cualquier momento y entregar las llaves de las compañías. ¿Es para tanto? Todos estamos ahora en libertad condicional, explicó un empresario argentino.

La producción y comercialización del petróleo y el gas (no su propiedad, que siempre fue argentina) forman parte de un debate legítimo. Las preguntas son otras: ¿cómo y para qué se hacen las cosas? El Gobierno violó la Constitución porque no siguió ninguno de los pasos previstos, como la estipulación de un precio del bien expropiado y el depósito previo, aun en el desacuerdo. Pero hizo algo mucho más grave: confiscó en los hechos una empresa privada, un acto prohibido claramente por la Constitución. No existe ningún antecedente de una empresa intervenida por una ley; sólo un juez puede hacerlo.

El cómo importaba para preservar la inversión en el país. Podría haberse intentado una compra consensuada o una oferta hostil de compra del ciento por ciento de las acciones, que eran los mecanismos legales. Estaban previstos precisamente para evitar una expropiación de YPF. Una cosa es la legalidad y otra, el delito. Una es seguir los pasos de la ley y otra, la confiscación, el desalojo ultrajante y discriminatorio de sus dueños, y el insulto final. Es lo que hicieron desde Cristina hasta Kicillof. Ellos sacrificaron la confianza y la inversión aquí por muchos años.

El para qué era significativo para establecer la manera en que el Estado mejoraría la supuesta falta de inversión de Repsol. Hasta ahora, lo que reluce es la voracidad del Estado kirchnerista para hacerse de la caja de YPF cuando el dinero comienza a escasear. Es llamativo que ningún argentino exaltado por la expropiación se haya preguntado de dónde saldrán los millonarios recursos que necesitarán las imprescindibles inversiones de la petrolera. Los políticos, no sólo los del Gobierno, se han confirmado como fisiócratas, devotos de una teoría económica que atribuye exclusivamente a la naturaleza el origen de la riqueza.

El radicalismo ni siquiera se detuvo en las formas y en el porqué para apoyar la expropiación. La defensa de la Constitución y de la legalidad era su principal capital político, que también lo malvendió en un tributo a la fugacidad de las encuestas. El radicalismo define sus posiciones en contraposición con Mauricio Macri; teme que una asociación con él, aunque sea casual y precisa, lo contamine de ideas de derecha. Macri es el único político opositor que apostó claramente a ser en el futuro una opción electoral al eventual fracaso de las políticas kirchneristas. Elisa Carrió será la otra política que votará en contra del proyecto oficial: No votaré por el delito, la corrupción y el encubrimiento. Votaré mi propio dictamen, dijo. El problema es que los bloques parlamentarios de Macri y de Carrió son muy minoritarios en el Congreso.

La prepotencia kirchnerista y la deserción opositora provocaron un verdadero estado de shock en Madrid. Hay un antes y un después tras la expropiación, dijeron cerca de Mariano Rajoy. La Argentina y Alemania son -o eran- los países mejor vistos por los españoles. España y Brasil son los más queridos por los argentinos. Es difícil explicarle a un español que no hubo segregación cuando le sacaron una empresa donde habían incorporado, por presión de los Kirchner, a los argentinos Eskenazi. Los Eskenazi, que recibieron préstamos de la propia Repsol para adquirir parte de la propiedad de Repsol, se quedaron con sus acciones y los españoles fueron desplumados.

La filial argentina de la ítalo-española Endesa podría quebrar en los próximos 60 días por obra de las subsidiadas tarifas eléctricas del kirchnerismo. Será otro momento de tensión con España y con Italia. Cristina Kirchner elevó la tensión con España hasta convertir la situación en un drama histórico y emocional inexplicable. Las encuestas son importantes, pero no son un dios que merezca poner de rodillas a nadie

Cristina ¿Tan dominante como Hugo Chavez?
Por Mariano Grondona para LA NACION
22.4.12.Cristina Kirchner venía cayendo en las encuestas por la acción conjunta de tres factores: el terrible accidente del Once del 22 de febrero, el escándalo por la relación entre Amado Boudou y Ciccone Calcográfica, que sepultó al vicepresidente ante la opinión pública y, finalmente, el enfriamiento de la economía. Sumados, estos tres factores estaban bajando los índices de popularidad de la Presidenta en unos cuatro puntos por mes, poniendo en peligro el formidable apoyo del 54 por ciento que había obtenido en las elecciones del 23 de octubre.

¿Qué hizo Cristina frente a este triple desafío? En materia de transportes urbanos, que es una de las áreas más expuestas de su administración, redobló el esfuerzo de pasarle el fardo a Mauricio Macri en pos de un doble objetivo: primero, que si sobreviene un nuevo accidente sea el propio Macri, su único rival a la vista, quien cargue con él y, segundo, que ya sin subsidios del Estado nacional el jefe de gobierno de la ciudad encuentre dificultades financieras comparables a las que pusieron de rodillas al resto de los gobernadores. Ante el derrumbe de la imagen de Boudou, cuyo único título para llegar a la vicepresidencia fue el favoritismo presidencial, Cristina decidió reemplazarlo con un nuevo favorito, el ascendente Axel Kicillof. Y en cuanto al recorte de los subsidios, la Presidenta detuvo bruscamente la "sintonía fina" que ella misma había anunciado.

Esta triple contraofensiva, ¿sería suficiente para detener el deterioro de su popularidad? Como la Presidenta temió que no lo fuera, abrió un audaz gambito: la expropiación de las acciones de Repsol en YPF anunciada en su discurso del lunes. Al hacerlo, redobló su apuesta dándole a esta nueva medida un marco espectacular, ya que sus funcionarios expulsaron sin miramientos de sus oficinas a los directivos de Repsol después de haberles bloqueado sus comunicaciones por Internet, con lo cual convirtieron a la supuesta "expropiación" en una potencial confiscación, porque el Gobierno puso en duda que la empresa española vaya a recibir un solo peso por sus activos, con lo que quedó a un paso de violar la Constitución Nacional, que sólo admite expropiar mediante el pago previo de una indemnización.

Si la nuestra fuera una verdadera república, con su consiguiente división de los poderes, la contraofensiva de la titular del Poder Ejecutivo no habría sido posible porque podrían haberla contenido el Poder Legislativo y el Poder Judicial. Pero el Congreso, después de la elección abrumadora del 23 de octubre, ha vuelto a convertirse, como antes de la derrota kirchnerista de 2009, en una "escribanía" que se limita a consignar la voluntad presidencial, mientras que, si bien todavía hay algunos fiscales y algunos jueces dignos de temer, los fallos de la Corte Suprema se hacen esperar ad infinitum y, cuando no se demoran de este modo, el Poder Ejecutivo, simplemente, los ignora.

El análisis de lo acontecido con las acciones de YPF plantea así una pregunta que se vuelve inquietante: ¿quiénes están hoy en condiciones de limitar a la Presidenta? Si no son nuestras instituciones, ¿quiénes podrían hacerlo en lugar de ellas?

¿Será, acaso, la comunidad internacional? De su seno ya han salido algunas decisiones que subrayan el aislamiento en que está cayendo la Argentina, como la declaración de cuarenta naciones contra la clausura comercial que impulsa el secretario Guillermo Moreno -el otro favorito, rival de Kicillof- además del anuncio de que el gobierno de Estados Unidos ya no le acordará a nuestro país el trato favorable que le reconocía. ¿Irrumpirá ahora la furia española por el maltrato a Repsol? Pero la comunidad internacional, que por lo pronto incluye la tradicional discreción diplomática del Brasil, no es compacta. Que lo diga si no la República Popular China, con cuya participación podría haber contado Cristina antes de su anuncio del lunes último como un probable reaseguro para obtener las ingentes sumas que requerirá relanzar la explotación del petróleo, quizás a partir del nuevo yacimiento de Vaca Muerta, de tentadoras posibilidades.

Por supuesto que la ruptura con España, que tiene por otra parte de "rehenes" a sus enormes inversiones en la Argentina, y el aislamiento internacional nos harían mucho daño a los argentinos en el largo plazo. ¿Pero no es el de Cristina un gobierno visceralmente cortoplacista, que piensa sobre todo en el "aquí y ahora"?

La propia Repsol, aparte de la justificada indignación por el modo como la están tratando, tendría que hacer un examen de conciencia por sus propias carencias de inversión. El tema que se plantea a partir del entredicho que hoy la involucra lo mismo que a España, va más allá porque se abre a esta pregunta fundamental: ¿es la Argentina, aún, una "república", o habiendo caído bajo una conducción unipersonal que relega a la Constitución se ha convertido en un unicato?

La expresión "unicato" se difundió para criticar al presidente Miguel Juárez Celman en la crisis de 1890 cuando, en realidad, por haber surgido debajo de su padrino político y cuñado Julio Argentino Roca, Juárez Celman debió ceder al fin su puesto al vicepresidente "roquista" Carlos Pellegrini, que salvó al país de la debacle económica.

Comparado con Cristina, Juárez Celman tenía un mínimo poder. El verdadero unicato, hoy, le corresponde a ella porque, si por esta expresión ya no designamos al infortunado presidente de hace ciento veinte años sino a la presidenta actual, tendremos que convenir que ella posee hoy un poder sin parangón en nuestra historia constitucional. En tren de comparaciones, tendríamos que medir el suyo con el poder, tampoco republicano, de Hugo Chávez. Este, a la inversa de Cristina, ha metido presos y ha exiliado a muchos venezolanos.

En dirección de los abusos del poder, Chávez es "más" que nuestra presidenta, pero hay dos dimensiones en que es "menos" que ella. Primero, por su enfermedad quizá terminal. Segundo, porque en Venezuela, pero no en la Argentina, la oposición se ha unificado detrás de un único candidato, Henrique Capriles, que desafiará a Chávez en las elecciones presidenciales del 7 de octubre. El poder que ha adquirido Cristina es perfectamente comparable, después de la confiscación de Repsol, al de su émulo venezolano, desde el momento en que ni en Caracas ni en Buenos Aires rigen plenamente los principios democráticos.

El unicato de Cristina depende sin embargo, como el de Chávez, de una condición, la voluntad popular, porque tanto en la Argentina como en Venezuela impera no ya una república democrática, sino un tipo alterado de democracia a la que podríamos llamar plebiscitaria ya que, una vez que el pueblo ha elegido un presidente, éste interpreta su victoria como un plebiscito que lo ha ungido para siempre.

Nuestro pueblo, que ha reaccionado ante la confiscación de Repsol con un entusiasmo nacionalista comparable al día en que el general Galtieri llenó la Plaza de Mayo después de haber invadido las Malvinas, ¿por cuánto tiempo sostendrá este entusiasmo que Cristina supo excitar? ¿Fue al ver que sus encuestas empezaban a flaquear que Cristina se animó a confrontar no ya al Reino Unido sino a España? ¿Le habrá valido su audaz gambito para sostenerla de aquí a 2015, cuando ya no tendrá otro recurso que aspirar a la re-reelección? ¿O tendrá que apelar antes de esta fecha a algún nuevo "plebiscito eventual", ya sea antes o después de las elecciones parlamentarias de 2013?.

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¿Otra vez, "Braden o Perón"?

Por Mariano Grondona | LA NACION

 

¿Hacia dónde debe dirigirse la política exterior de un gobierno? ¿Hacia objetivos favorables para la nación o hacia objetivos favorables para la popularidad del gobierno? Cuando la opción es elegir un objetivo favorable para la nación que el pueblo además aprueba, este dilema no se plantea. Se plantea, en cambio, cuando lo que favorece a la popularidad del gobierno contradice el interés de la nación. Dicho con otras palabras, cuando al gobierno lo pone a prueba la tentación de la "demagogia".

Si el gobierno cede ante esta tentación, escoge el corto plazo en lugar del largo plazo porque la demagogia consiste, en lo esencial, en la preferencia de lo inmediato a costa de lo mediato o, con otra palabras, cuando el gobierno se queda con la ganancia que le ofrece la popularidad pero "patea" hacia el futuro la pérdida que le acarreará la adopción de una política exterior en última instancia "irracional", ya que afectará negativamente al desarrollo de la nación.

Pero el dilema entre la ganancia electoral de corto plazo y la ganancia ulterior de largo plazo sólo se presenta cuando el propio pueblo, por favorecer lo instantáneo en lugar de lo permanente, se deja fascinar por la atracción de las medidas demagógicas. En estos casos, al gobierno puede importarle más ganar elecciones que conquistar el futuro, fijándose en la lógica "interna" de sus encuestas de popularidad en vez de atender la lógica "externa" del posicionamiento de la nación en el mundo.

Tenemos dos ejemplos históricos de estas opciones. En 1956, cuando ya iniciaba su marcha hacia la presidencia de los Estados Unidos, John Kennedy escribió Perfiles de coraje, un libro en el cual exaltaba la conducta de aquellos estadistas que siguieron mirando al futuro a pesar del costo electoral que podría acarrearles. Diez años antes, en 1946, el ascendente Perón optó por su parte en favor de la popularidad immediata de cara a una elección que, con la ayuda del eslogan "Braden o Perón", le valió alcanzar la presidencia, apostando a la popularidad aunque debió corregir su enfoque inicial pocos años más tarde convocando a Alfredo Gómez Morales al frente del ministerio de Asuntos Económicos, entre 1952 y 1955.

La dificultad de optar entre la demagogia "internista" del corto plazo y la sabiduría "externa" del largo plazo reside en el hecho de que tanto la demagogia como la responsabilidad vienen a ser, en diferentes aspectos, "racionales". Elegir la demagogia es "políticamente" racional en el sentido de que, si el objetivo de un político es ganar el poder, la demagogia podría serle funcional a este objetivo si la mayoría del pueblo, aún inmadura, lo aplaude, en tanto que resistir esta tentación es "económicamente" racional porque apunta al desarrollo de la nación. ¿Por cuál de estas dos racionalidades debe apostar el gobernante? Pero el dilema entre lo político y lo económico sólo es posible cuando la mayoría del pueblo, aún fascinada por consignas finalmente contraproducentes, escoge el "hoy" en desmedro del "mañana".

Al anunciar la confiscación de Repsol-YPF, que ha lesionado gravemente la credibilidad argentina frente al mundo, ¿no ha seguido la presidenta Kirchner la misma ruta que inicialmente siguió Perón, ocupando en este caso España el papel de Braden? ¿Necesitará entonces, de aquí a un tiempo, de algún nuevo Gómez Morales? Pero la decisión demagógica que anunció la Presidenta el lunes último, ¿provino en última instancia de ella misma o de la mayoría del pueblo que, según se lo decían las encuestas, se inclinaba por la estatización? Si la alternativa que escogió en su momento Kennedy no le impidió ganar las elecciones, fue porque el pueblo le dio la victoria gracias a su larga experiencia democrática de casi docientos años, a la inversa de nuestra joven e inexperta democracia, que se halla todavía en su edad adolescente. ¿Habrá que esperar por ello que nuestra democracia madure el tiempo necesario para repudiar a los demagogos? Cuando la demagogia muestre al fin sus frutos venenosos, recién entonces nuestras mayorías podrán desenmascarar el ardid de los demagogos. ¿Cuán lejos de nosotros se halla, todavía, esta venturosa iluminación?
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Dinero y encuestas, las grandes razones

Por Joaquín Morales Solá | LA NACION

 

18.4.12.-"Los países deben justificar sus decisiones y vivir con ellas." Esa frase fue la más diplomática y directa advertencia al gobierno de Cristina Kirchner sobre el futuro de represalias que le aguarda en el mundo después de la expropiación de los bienes de Repsol en YPF. Pertenece a Hillary Clinton, pero es probable que ni siquiera haya hecho esa reflexión como secretaria de Estado. Es el análisis de una mujer inteligente que está desde hace 20 años en el corazón del poder de Washington (primera dama, influyente senadora y secretaria de Estado). Cristina Kirchner no es más progresista que ella: Clinton promovió recordadas políticas de progreso e inclusión social, y sufrió la derrota con algunas de ellas.

En efecto, la Presidenta deberá convivir en adelante con la desconfianza. Declarados de interés público los hidrocarburos y el papel para diarios, ¿por qué no podrían ser declarados de interés público en tiempos próximos el cemento o los caramelos? Esa es la pregunta que se hacen los empresarios aquí y en el exterior. Un amplio sector de la sociedad suele tentarse con esas cosas. ¿Acaso una mayoría social no apoyó la Guerra de las Malvinas, las frivolidades de Menem o la fiesta del default? Fueron simpatías breves, es cierto, pero simpatías al fin.

De hecho, para Francia ayer no fue suficiente la reacción de la Unión Europea y salió por su cuenta a rechazar la expropiación de YPF. Tiene razón en adelantarse a las cosas. Después de todo, YPF controla sólo un tercio del mercado del petróleo. ¿Qué pasará con los otros dos tercios controlados por otras petroleras (entra ellas, la francesa Total) cuando el Gobierno descubra que no resolvió nada tras romper el bazar? Los franceses tienen experiencia con las prepotentes expropiaciones argentinas: ya le sucedió lo mismo a Suez de Francia, ex concesionaria de Aguas Argentinas, actualmente la estatal Aysa.

Los franceses fueron convertidos entonces en enemigos, como ahora lo son los españoles. Las formas del kirchnerismo esquivan siempre cualquier sistema civilizado para acordar las diferencias. No hace mucho, un español importante le aconsejó a Carlos Zannini que hablaran con Repsol, incluso de la peor de las alternativas: la expropiación. "Todo puede resolverse de una manera serena y ordenada", le dijo. Zannini lo escuchó, pero no le respondió. Hasta él depende de esa vocación por la guerra y el empellón tan propia de los Kirchner.

Cristina Kirchner dijo que no le respondería a la prepotencia del canciller español José Manuel García Margallo, que, en verdad, había quebrado (suele hacerlo) las normas diplomáticas. No le contestó con palabras, pero desató su furia en los hechos, que es una manera mucho peor de responder. La expropiación de YPF se pareció, según los procedimientos de su inmediata intervención, a las viejas imágenes de un golpe de Estado. Un pelotón de funcionarios llegó al edificio de la petrolera y echó en el acto y de mala manera a todos sus directivos, sobre todo a los españoles. Cerró oficinas, incautó cuentas de correos electrónicos y apagó el sistema de computación. Trasladaban así la ira contenida durante varios días de la presidenta argentina.

El Gobierno deberá vivir también con la suspicacia de sectores políticos nacionales y extranjeros de que sus políticas están siempre espoleadas por dos razones: el dinero y las encuestas. Néstor y Cristina Kirchner se convirtieron en los abanderados de la privatización de YPF cuando su provincia necesitaba desesperadamente los recursos de las regalías. No fueron sólo ellos. Menem le vendió YPF a Repsol en 1998, cuando ya tenía problemas para pagar la enorme e impagable deuda pública que él mismo había creado. Cristina Kirchner expropió YPF ahora porque ella también tiene problemas para pagar las desmesuradas facturas de las importaciones de combustibles, producto de la mala política energética del kirchnerismo. Dos medidas distintas, pero con un mismo objetivo: que el petróleo, propio o de otros, se haga cargo de los gastos del populismo.

Deberá vivir también con la común pregunta sobre a qué Estado se refiere la Presidenta cuando habla de Estado. En primer lugar, desmintió con la firma lo que había dicho con las palabras. YPF será una sociedad anónima y no una empresa del Estado. ¿Por qué? Porque las empresas estatales están sujetas a severos controles de organismos constitucionales, aunque en la era kirchnerista queda ya sólo uno, la Auditoría General de la Nación, que hace lo que puede. Aerolíneas Argentinas sigue siendo, formalmente, de sus anteriores dueños españoles. Nunca se terminó la expropiación. Nadie, por lo tanto, debe controlarla. Un sarcasmo de la historia: la expropiación de YPF está respaldada en una ley de Videla, el mismo que acaba de aceptar, por primera vez, que la dictadura asesinó e hizo desaparecer a miles de personas.

Axel Kicillof dijo ayer en el Congreso que "YPF terminará igual que Aerolíneas Argentinas". ¿Qué significa que terminará igual? Aerolíneas Argentinas, manejada por un grupo de inexpertos amigos del poder, le acarrea al Estado un déficit diario de dos millones de dólares. Tal vez Kicillof coincidió sin quererlo con Mauricio Macri, que se convirtió en el único político opositor con una posición clara: "Dentro de un año estaremos peor que ahora", dijo. Se refería a la crisis energética y a la expropiación de YPF.

Cristina Kirchner deberá vivir también con el estigma de ser una aliada cambiante e imprevisible. No le expropió las acciones a la familia Eskenazi, viejos amigos de ella. Los Eskenazi se endeudaron con Repsol y varios bancos extranjeros importantes para comprar las acciones de YPF, según la operación de argentinización que promovía el matrimonio Kirchner. Ahora se quedaron con las acciones y con las deudas, pero sin los dividendos de la empresa y sin la gestión de la compañía. La venganza es un mandamiento en el dogma del kirchnerismo.

Esa desconfianza como aliada irá más allá de las fronteras nacionales. Los países del Mercosur estaban preocupados ayer por la repercusión de la decisión petrolera de Cristina en la relación con la Unión Europea. En rigor, y para decirlo con palabras directas, Cristina hizo trizas cualquier posibilidad, ya escasa de antemano, de un acuerdo de libre comercio entre la UE y el Mercosur. Otros países de América latina (México, Perú, Chile y Colombia) vienen de hacer pomposos seminarios con España para cautivar la inversión de los empresarios españoles. España está mal, pero, por eso, sus empresarios decidieron invertir en el exterior, sobre todo en América latina.

El aislamiento personal, de su gobierno y de su país, que terminó activando la decisión de Cristina Kirchner sobre YPF, fue bien recibido en una sola capital del mundo: Londres. La declamada causa de las Malvinas es la primera víctima frente a un mundo, cercano o lejano, estupefacto ante la inútil audacia de la presidenta argentina
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La Presidenta dio un portazo al mundo

Por Joaquín Morales Solá | LA NACION

 

17.4.12.Cristina Kirchner protagonizó ayer la transgresión argentina más importante desde el festivo default de Rodríguez Saá. El kirchnerismo ha hecho de la infracción un arte y ha convertido la seguridad jurídica en una noción casi inexistente. Sin embargo, y a pesar de todo (las AFJP o Aerolíneas Argentinas), nunca había llegado tan lejos. Ayer se quedó, lisa y llanamente, con la empresa privada más importante del país, una expropiación respaldada en argumentos parciales y rebatibles. Acorazada en su decisión de pasar a la historia como una líder fundacional, la Presidenta se expuso y expuso a su país a duras represalias del mundo occidental, que es lo que sucederá en los próximos tiempos.

La decisión fue directamente contra los capitales españoles de Repsol y no incluyó las acciones de la familia Eskenazi ni a los tenedores privados de acciones. Los directivos españoles de YPF fueron ayer directamente expulsados de la petrolera, en un gesto que pareció una declaración de guerra del kirchnerismo contra España. No obstante, aquella decisión de incluir sólo a Repsol en la expropiación podría explicarse en la estrategia de unificar al futuro interlocutor del inevitable resarcimiento. Parcelar la expropiación hubiera requerido una agresión hacia un número de víctimas más amplio, lo que, a su vez, hubiera provocado juicios en varias partes del mundo.

Es probable, con todo, que el kirchnerismo no se salve de juicios múltiples y diseminados por diversas capitales importantes. Los accionistas minoritarios podrán argumentar que se asociaron a una empresa controlada por Repsol y no a una manejada por la señora de Kirchner. Del mismo modo, Repsol iniciará acciones judiciales de inmediato, aquí y en el exterior, porque lo que la Presidenta hizo fue cambiar las reglas del juego en el medio del partido. Destruyó también todo el orden jurídico previo de la empresa para acceder a sus acciones. Pero la Presidenta pareció convencida de su versión de la historia y temerosa al mismo tiempo de que otra versión cambiara la suya. No habló con nadie que no dijera lo que quería oír.

Recorrer el discurso presidencial de ayer es adentrarse en una aventura de verdades a medias, de realidades prolijamente ocultadas y de acuerdos directamente desconocidos por una protagonista de ellos. ¿Cómo negar que las reservas de petróleo y gas cayeron en los últimos años? ¿Cómo no admitir que hubo una decidida política empresaria de reparto de ganancias en YPF?

Las reservas cayeron intensamente durante los años del kirchnerismo. ¿Qué pasó? El Estado se quedó con más del doble del precio del barril del petróleo en una política muy parecida a la que se intentó aplicar al sector agropecuario con la resolución 125. Pero los petroleros no tienen la inserción social que sí tienen los productores rurales. No pudieron hacer nada. El gas se les paga aquí a los productores sólo un 20% del precio que se les paga en la Bolivia de Evo Morales.

Durante los últimos siete años hubo serias y reiteradas advertencias sobre esa política de dispendio. Nada. Los inversores huyeron de la Argentina, incluida Repsol, que intentó un acercamiento acordando con el Gobierno el ingreso a su capital accionario de la familia Eskenazi, con buenas relaciones con el kirchnerismo. Partes de las ganancias se fueron en esa compra que Cristina aprobó. Esa es una parte escondida de la verdad.

Otra parte que no se dijo fue la política oficial de subsidiar (y alentar) el consumo popular de energía barata y abundante. La felicidad no se puede ordenar por decreto y ahora llegaron las facturas de esa fiesta populista y derrochona. Sin precios redituables y con un disparado consumo energético, la única conclusión ineludible era, y es, una profunda caída de la reservas energéticas del país. El problema del kirchnerismo, en el corto plazo, es que creó una sociedad subsidiada y obviamente contenta con esa condición. ¿Cómo hará para conformarla ahora que ya no tendrá el pretexto de los españoles?

Cristina Kirchner le dijo ayer al mundo que no le importa una inédita tensión con España. De ahora en más, no podrá contar con su proclamada amistad con el rey Juan Carlos y deberá enfrentar una dura reacción diplomática española y del bloque de la Unión Europea (el tercer destino de las exportaciones argentinas). Su más reciente interlocutor, Barack Obama, preside un país que es una potencia capitalista que detesta la sola imagen de un Estado expropiando la propiedad privada. La Presidenta le dio un portazo al mundo.

Es extraño que eso suceda en un país que se reconstruyó de la gran crisis de principios de siglo por sus relaciones comerciales con el mundo; es decir, por sus exportaciones. La Argentina escribió otro capítulo como país adolescente, capaz de cambiar de humor con el correr de las horas. La Argentina de los 90 y la de los primeros años de este siglo parece expresar a dos países distintos. Es el mismo país y, además, está en el gobierno de ese país el mismo partido político.

En aquel Menem de los 90 había también un sesgo de autoritarismo en el que podrían encontrarse algunas de las causas de lo que sucedió ayer. Menem privatizó YPF entre gallos y medianoche en el apogeo de su larga gestión presidencial. Nunca buscó un acuerdo con los otros partidos políticos para decidir el destino de la principal empresa petrolera del país.

Cristina Kirchner es la primera peronista que accedió a un tercer mandato consecutivo de su partido, si se incluye, como debe incluirse, el mandato de su esposo. Antes, ni Perón ni Menem, con sólo dos mandatos, debieron pagar los costos populistas de sus gestiones. Cristina Kirchner decidió que no lo pagará ella, sino las empresas privadas y, en última instancia, el futuro del país. La Presidenta ya no tiene recursos para la importación de combustible, de la que se quejó ayer como si estuviera heredando una gestión ajena.

El rechazo a pagar nuevos costos políticos tiene su explicación en las encuestas. La Presidenta ha perdido 20 puntos de aceptación social en los últimos tres meses. La sociedad es más pesimista que optimista sobre el futuro del país y también se quebró la adhesión social a la política económica. Es lo que aseguran varias y serias encuestas de los últimos días. Las mismas que dan cuenta de un derrumbe en las mediciones del vicepresidente Amado Boudou. ¿Se seguirá hablando de él en los próximos días o los anuncios de ayer taparán un escándalo con otro escándalo?

El único problema irresuelto es el energético. Las reservas gasíferas no convencionales de Vaca Muerta, las terceras en importancia del mundo, necesitan de inversiones de muchos miles de millones de dólares. ¿De dónde sacará el kirchnerismo esos recursos? ¿Quién invertirá en un país donde su gobierno cambia la propiedad privada como quien cambia su vestuario? La inversión, que es el motor de la economía, recibió ayer el golpe más letal desde el default y la confiscación del ahorro privado.
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El cambio sòlo posterga una crisis mas profunda
Por Joaquin Morales Solá para LA NACION

12.412.Cristina Kirchner quedó atrapada en las últimas horas en una dura encrucijada: debió optar entre su vicepresidente y su viejo amigo Esteban Righi, el fiscal más importante del país. Prefirió a Amado Boudou, porque su apoyo a Righi hubiera significado, en los hechos, el comienzo de una sangría de dimensiones imprevisibles en su administración. Dos veces se inclinó hacia Boudou. Primero, para desplazar a Righi, y luego, para nombrar a su sucesor, Daniel Reposo, un hiperkirchnerista que secundó a Boudou en la Anses y en el Ministerio de Economía. Estuvo cerca de Boudou, también, en el polémico caso de la compra de automóviles en Economía sin licitación previa, que aún investiga la Justicia.

Si la Presidenta hubiera optado por apoyar a Righi (que es lo que éste razonablemente esperaba), Boudou habría quedado cerca de la puerta de salida, pero también Ricardo Echegaray, jefe de la AFIP, ambos con destacada participación en el escándalo de la ex Ciccone. La mancha del escándalo está ya en condiciones de empapar del mismo modo a la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, y al secretario de Comercio, Guillermo Moreno.

En esa extraña y cruel lucha interna dentro del oficialismo, un peronista orgánico como Righi fue vencido por un advenedizo como Boudou. El propio Righi aceptó en el texto de su renuncia su identificación con las líneas fundamentales del modelo kirchnerista, aunque también aclaró que había divorciado esa simpatía política de su tarea como jefe de los fiscales. Ese fue su error, según los códigos del kirchnerismo. El propio fiscal Carlos Rívolo, que hurga en el caso que tiene al vicepresidente como personaje central, dijo ayer que Righi jamás hizo ninguna gestión ante él por Boudou ni por ninguna otra causa que afectara al Gobierno.

Tanto Néstor como Cristina Kirchner confundieron siempre el rol del procurador general de la Nación. Ambos creyeron que a Righi le hacía falta sólo un teléfono para disciplinar a los fiscales, que son los que tienen a su cargo muchas investigaciones que afectan directamente al Gobierno o a sus funcionarios. El procurador no puede hacer eso. La independencia de los fiscales está protegida por la ley. El procurador sólo puede advertirle a algún fiscal de un error procesal si éste existiera, pero no puede dirigir todas las investigaciones. Aquella afirmación de Rívolo y la profesión de fe de Righi en la necesaria independencia de los fiscales, explayada en su renuncia, explican mejor que otra cosa por qué se fue un hombre tan cercano a los Kirchner. ¿Sirvió de algo? "El fiscal no se siente presionado por lo que pasó con Righi", aseguraron muy cerca de Rívolo. Para peor, el propio juez de la causa, Daniel Rafecas, es un amigo y discípulo de Righi. Tampoco Righi medió nunca ante Rafecas por el caso del vicepresidente.

Sin embargo, ¿estuvo Cristina Kirchner dispuesta desde el principio a abandonar en el camino a Righi? Todas las fuentes oficiales indican que la Presidenta se vio llevada por el vértigo hiperactivo del vicepresidente, que la dejó sin margen para tomar otra decisión. Boudou lo denunció a Righi y luego formalizó la denuncia ante la Justicia. En rigor, aseguró que el estudio de la familia de Righi había hecho gestiones de lobby para representar al vicepresidente ante los jueces federales.

Gestiones

Un abogado que trabaja en el estudio de la familia de Righi agregó que nadie nunca hizo gestiones ante Boudou. Hubo, contó, dos o tres reuniones pedidas por el entonces ministro de Economía para hablar sobre causas que involucraban a Boudou en la justicia federal, pero nunca se concretó nada. "La mayoría de las defensas judiciales que hizo el estudio de funcionarios fueron gratuitas", agregó. ¿Ejemplos? "La defensa que en su momento se hizo de Néstor Kirchner. Nunca se le cobró nada", subrayó. Estos antecedentes explican que Righi haya calificado de "falsedades" las afirmaciones de Boudou ante la prensa y ante la Justicia.

Righi era un interlocutor casi diario de la Corte Suprema de Justicia. Aunque el procurador no integra el máximo tribunal de Justicia, en los hechos su opinión es una referencia insoslayable (aunque no vinculante) cuando se tratan hechos de relevancia institucional. ¿Cómo cayó la renuncia de Righi en la Corte? "Mal, muy mal", dijeron fuentes del tribunal.

Los máximos jueces del país extrañarán, aseguraron, el nivel académico y la calidad humana del ex procurador. Más cercano a los jueces Carmen Argibay y Eugenio Zaffaroni, por los temas que todos ellos cultivan, Righi había labrado una buena relación personal con el presidente del cuerpo, Ricardo Lorenzetti, y con el resto de los ministros de la Corte. También mantuvo una excelente relación con Enrique Petracchi, uno de los tres jueces no nombrados por el kirchnerismo, cuando éste fue presidente de la Corte. "Nunca buscó el disenso. Por el contrario, siempre trató de acercar posiciones con la Corte. Ahora no sabemos con quién deberemos trabajar todos los días", señaló uno de los jueces de la Corte.

Respuesta

La respuesta no demoró en llegar con el paso de pocas horas: será Reposo, un buen amigo de Boudou que actualmente está a cargo (es una manera de decir) de la Sigen, el organismo de control interno del Gobierno. ¿Queda alguna duda ya de por qué se fue Righi y por qué llega Reposo? En el actual mandato de Cristina sólo se admiten a los exaltados del modelo. Reposo, que está muy lejos del nivel intelectual de Righi, deberá pasar, no obstante, por el acuerdo de los dos tercios del Senado, una mayoría que el kirchnerismo no tiene.

El problema no es sólo la Corte. La Justicia se siente globalmente agredida con el golpe a Righi y con las acusaciones contra el juez Rafecas y el fiscal Rívolo. Las acusaciones contra Rafecas tienen tal grado de superficialidad que nadie del oficialismo presentó hasta ahora un pedido de recusación ante la Justicia. "Cualquier juez la rechazaría in limine", dijo una fuente judicial. Queda el Consejo de la Magistratura, donde ayer se presentaron pruebas contra Rafecas que comprometerían la imparcialidad del juez.

No podría ser casual que en apenas 24 horas hubo dos resoluciones que dañan de manera severa los intereses políticos del oficialismo. Una fue la resolución del juez Bonadio, que declaró "ilegítima" la orden allanamiento contra Cablevisión dispuesta por el juez mendocino Walter Bento. El mismo Bonadio denunció ante la justicia federal a la ministra de Seguridad, Nilda Garré, por haber utilizado a la Gendarmería, en aquel allanamiento, sin orden de un juez competente. Bonadio se metió de lleno en una guerra prioritaria del kirchnerismo: la que descarga contra el Grupo Clarín, propietario de Cablevisión. Bonadio expuso, así, a un Estado capaz de usar la Justicia y la fuerza para alcanzar personales objetivos políticos.

Pocas horas más tarde, la Cámara Federal revocó una disposición del propio Bonadio en otro caso, el de la tragedia ferroviaria de Once, que dejó 51 muertos que caminan hacia el olvido. Bonadio había aceptado al Estado como querellante (casi como una víctima), cuando el Estado estaba entre los probables responsables del descuido y la indiferencia que provocaron aquellas muertes. Por primera vez en mucho tiempo, el camarista Eduardo Farah, que suele votar en disidencia y a favor del Gobierno, esta vez se sumó a la mayoría para enmendar una decisión que beneficiaba al oficialismo. La tragedia de Once fue considerada por Cristina Kirchner como el hecho potencialmente más lamentable y peligroso de su segundo mandato.

La salida de Righi sólo postergó una crisis política mucho mayor dentro del oficialismo. La justicia federal está en poder de pruebas que afectarían aún más a Boudou en el escándalo de la ex Ciccone y no se descartan nuevas y espectaculares decisiones en los próximos días. Por eso, tal vez, es Boudou el que le está marcando el ritmo al Gobierno. Hasta Cristina Kirchner podría extrañar dentro de poco el consejo oportuno del fiscal caído
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¿Es verdad que la Presidente aún puede cambiar?
Mariano Grondona para LA NACION
8.4.12.-Con el título "La Presidenta aún puede cambiar", Abel Posse publicó el último miércoles en LA NACION un artículo bienintencionado e inteligente. Es el suyo un artículo "bienintencionado" porque Posse desea, como tantos otros argentinos de buena voluntad, que la Presidenta acierte de ahora en adelante. Lo suyo es también "inteligente" porque Posse enumera con precisión las razones objetivas por las cuales la Presidenta, si las atendiera, aún podría reencaminar su gobierno en dirección de una gestión exitosa en beneficio del país y de ella misma, abandonando el electoralismo de corto plazo, la adicción inflacionaria, la clausura de la economía con la creciente irritación que ella provoca en nuestros principales socios externos y generando al fin el aliento de las inversiones para detener la fuga de capitales que nubla nuestro desarrollo económico.

Pero hemos dicho que Posse enumera en su artículo las razones objetivas que inducirían a la Presidenta a cambiar si las atendiera. La pregunta que hay que hacer después de leerlo es si la Presidenta mantiene su espíritu abierto ante el poder persuasivo de aquellas razones o si habitan su espíritu razones subjetivas que apuntan en dirección contraria. Si entendemos por "presidentes normales" aquellos jefes de Estado latinoamericanos como los brasileños Cardoso, Lula o Rousseff, los uruguayos Sanguinetti, Lacalle o Mujica, los peruanos Alan García u Ollanta Humala y otros comparables de nuestro continente que han reunido las dos características de gobernar con sentido común , sin distorsiones ideológicas, y de no pretender además la reelección indefinida , ¿deberíamos incluir en esta lista de notables conductores regionales a la presidenta argentina? Dicho de otro modo, ¿no chocan las "razones objetivas" a las que apela acertadamente Posse, que mueven a todos los presidentes latinoamericanos excepto esos viajeros al fracaso que son los "chavistas", con las razones subjetivas que inspiran a Cristina?

"Son los valores, amigo"

Bill Clinton apeló a ese sentido común del que estamos hablando al referirnos a los presidentes latinoamericanos exitosos, cuando pronunció su famosa frase: "Es la economía, estúpido" en plena campaña electoral. Es que su mensaje indirecto era que las teorías, las ideologías, deben ceder su lugar a las intuiciones más simples, al alcance de todos. Lo que ha venido a decirle Posse a Cristina es que alentar las inversiones y dejar de lado explicaciones ideológicas quizás atractivas en pequeños círculos, pero alejadas del sentido común tal vez sea menos sofisticado, pero es más efectivo cuando se trata del desarrollo de las naciones. Cristina proviene, empero, de otra escuela del pensamiento político; aquella a la que aludió Néstor Kirchner cuando dijo al asumir el poder que no había llegado a la Casa Rosada para dejar en la puerta sus ideales. Sin atender a este origen ideológico, que Cristina compartió con Néstor, es imposible calibrar con justeza cuál podría ser su reacción ante la irrupción del sentido común que le dice que, si quiere gobernar bien de ahora en adelante, es necesario que deje de lado los ideales épicos de su juventud militante.

Cuando Néstor Kirchner decidió formar La Cámpora para nutrirse de una oleada de entusiasmo juvenil, empezó por acudir a la agrupación Hijos para encontrar en ella el núcleo duro, implacable, de sus seguidores, tal como lo señala Laura Di Marco en su admirable best seller titulado precisamente La Cámpora .

En ese momento pudo pensarse que el ex presidente, sin ser él mismo un fanático, apelaba como si lo hubiera aconsejado Maquiavelo a la energía más intensa que encontró a mano. Hoy que Néstor ya no está, ¿hay que extender esta conjetura "maquiavélica" en dirección de su heredera política, o Cristina, al rodearse ahora casi exclusivamente de los jóvenes camporistas, a quienes trata como a sus propios hijos junto a Máximo, no está dejando atrás la conjetura "táctica" que rodeaba a su antecesor para revelar en cambio, ya sin interferencias que atenúen su poder, su propio sistema de valores. ¿" Son sus valores, amigo" , podríamos decirle entonces a Posse, parafraseando a Clinton, para interpretar a esta Cristina ya sin Néstor? Si esto es así, es improbable que la Presidenta deje de lado el sentido épico que tiene a sus ojos este sistema de valores, que eleva a lo más alto su autoestima, en favor del sentido común al que apela la "razón objetiva" de Abel Posse.

Montoneros desarmados

Cuando Néstor y Cristina Kirchner mostraron de golpe, al llegar al poder, su inclinación por el relato montonero y su drástica animadversión por los militares, cortando de este modo la tendencia pacificadora que habían desarrollado Alfonsín y Menem, pudo pensarse que lo suyo era sólo un giro calculado por sus previsibles efectos políticos, pero ya sin Néstor y a nueve años de 2003, ¿no podríamos interpretar ahora que los esposos Kirchner, si bien no se jugaron por la subversión en los años setenta, nunca abandonaron en su fuero interno la ideología montonera de la que se habían sentido tan cerca en sus años mozos? Ahora esta ideología vuelve al ruedo con Cristina y La Cámpora. Vuelve pero, eso sí, modificada .

En los años setenta, los Montoneros intentaron la toma del poder mediante la lucha armada. Cuando rodearon al presidente Cámpora entre marzo y mayo de 1973, casi lo obtuvieron, pero el viejo Perón, que había aprendido tanto en el exilio, los echó de la Plaza de Mayo. Aquí se produjo la modificación ideológica de la que hablamos. En lugar de los Montoneros armados , que fueron derrotados por las Fuerzas Armadas, surgieron entonces los Montoneros desarmados , que hasta ahora están triunfando. A ellos pertenecen Cristina, Máximo y La Cámpora. El paso de la lucha armada a la lucha ideológica trajo consigo dos consecuencias notables. Una, que éste fue uno de los casos excepcionales de la historia en que los vencedores, en vez de ser quienes cuentan el relato de sus hazañas, perdieron el relato, inexplicablemente, a manos de sus derrotados. No ya los derechos humanos como tales, que deberían merecer un respeto universal, sino la causa de los derechos humanos "a la argentina" fue utilizada entre nosotros con inversa eficacia para repudiar exclusivamente a los militares y no a los igualmente sangrientos Montoneros, de modo tal que, mientras casi mil militares siguen hoy presos sin sentencia, sus antiguos vencidos han ascendido a la cima del poder.

Estamos gobernados, pues, por una ideología que se acerca significativamente a la teoría renovadora del gran comunista italiano Antonio Gramsci, quien hizo ver a los marxistas italianos que el poder no vendría, como suponían Marx y Lenin, por la rebelión de las masas obreras, sino por la conquista ideológica, cultural, de las clases medias ya que Gramsci dijo: "Venceremos si convertimos a los hijos de Agnelli". Si Cristina figura a la cabeza de esta profunda renovación ideológica entre nosotros, ¿será sensible a los argumentos razonables que le ha hecho llegar Abel Posse? Esto no es imposible, y el empeño del autor de la nota que estamos comentando ha de ser por eso alabado, pero con la condición de que advirtamos que lo que le está pidiendo a la Presidenta no es simplemente un cambio de políticas, una rectificación meramente "práctica", sino nada menos que la conversión de sus creencias más hondas, de sus valores más arraigados, alejándose de la épica ideológica que comparte con los jóvenes de La Cámpora. Esto es altamente improbable. Aun así, es necesario intentarlo
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Boudou es ya un problema sin solución buena
Morales Solá para LA NACION
8..4.12.-El kirchnerismo se debate en estas horas en medio de un problema que carece ya de una solución buena. Amado Boudou, derrumbado en las encuestas, es el problema. ¿Cuál es la mejor solución? ¿Existe? ¿Dónde está? El vicepresidente podría verse, en los próximos días, más complicado aún en una causa que puso en vilo al segundo mandato de Cristina Kirchner, apenas inaugurado. La permanencia o la renuncia de Boudou serían un enorme problema. Nadie sabe qué hacer , aceptó un funcionario con acceso al despacho presidencial. Esa vacilación en la cima quedó demostrada con los apoyos y las distancias que promovió la reciente arritmia verbal del vicepresidente .

Funcionarios judiciales aseguraron que en días próximos el juez Daniel Rafecas podría estar técnicamente en condiciones de citar a indagatoria a Boudou. Sin embargo, es probable que el magistrado, consciente del problema institucional, eleve aún más los estándares de pruebas que él acostumbra a requerir para tomar drásticas decisiones. En rigor, la indagatoria abre el camino hacia un eventual procesamiento, pero no lo pronostica con seguridad. La indagatoria es un recurso que siempre se resuelve según la sana convicción del juez. Influyen los elementos probatorios, sobre todo, pero también la experiencia, la psicología y el sentido común.

El enredo vicepresidencial tiene claramente dos aspectos: uno judicial y otro político. El judicial refiere a su participación en el cambio de la propiedad de Ciccone. ¿Fue interesada? ¿Benefició a algunos amigos y se benefició él mismo? Hechos inéditos marcaron una línea que lo vinculan con esa operación. Por primera vez en la historia el Ministerio de Economía opinó sobre la aceptación de un plan de pagos de la AFIP. Sólo una vez antes en la historia la AFIP había aceptado que se levantara un pedido de quiebra, hecho por el propio organismo recaudador, sin que antes se hubiera saldado la deuda o se hubiera acordado un plan de pagos. La segunda vez fue para beneficiar a Ciccone; la primera fue en los años 90. Por eso, este caso pone también frente a la posibilidad de la citación a indagatoria al jefe de la AFIP, Ricardo Echegaray.

Ciccone, con más de setenta embargos en diez años, podría también debilitar a la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, que acaba de ordenar que la imprenta se haga cargo, sin licitación previa, de la fabricación de billetes de 100 pesos. Nadie sabe quiénes son los dueños de Ciccone. Una parte del paquete accionario está en poder de un fondo, The Old Fund, propiedad de empresas radicadas en el exterior. La AFIP le libró a Ciccone, a pesar de todo eso, un certificado que la habilita para ser contratista del Estado. El certificado vencerá el próximo miércoles. Es probable que la Justicia dicte antes una medida precautoria para frenar la decisión de Marcó del Pont, que quedaría también expuesta, así, en un escándalo en el que tuvo poca participación.

La cuestión política es la presunta mentira del vicepresidente, tanto ante la opinión pública como ante su propio gobierno. Boudou aseguró que nunca conoció al presidente de The Old Fund, el monotributista Alejandro Vandenbroele, que de la nada pasó a manejar un fondo de inversión y a pagar expensas (y otras cosas más) de un departamento deshabitado en Puerto Madero. Boudou es el dueño del departamento. Se está cerca de comprobar que había relación entre ellos, salvo que exista un proceso de "casualidades permanentes", las mismas que en su momento expuso Carlos Menem cuando también tenía los jueces en la puerta de su casa. La mentira de un gobernante en procesos penales es un grave delito político.

Boudou acostumbra decir entre íntimos que Cristina Kirchner sabía todo el entramado de Ciccone. Funcionarios kirchneristas explicaron que no es así. Poco antes de morir, Néstor Kirchner imaginó una estatización de Ciccone para que su planta impresora pasara a depender directamente de la Casa de Moneda. En las semanas finales de la vida de Kirchner, cuando su salud daba ya signos evidentes de agotamiento, Boudou cambió la estrategia y metió en Ciccone a un grupo de supuestos amigos suyos. Por eso el pasteleo de acciones y la intervención benefactora de la AFIP sucedieron pocos días después de la muerte del ex presidente. La Presidenta quedó atrapada entre la vaga idea que escuchó de su esposo y la versión posterior de Boudou.

Cierta superficialidad del vicepresidente llevó luego al Gobierno a desentenderse del caso. Confió en la aseveración de Boudou de que nada grave sucedería. Por eso ni siquiera aceptó la oferta que le hizo el siempre obsequioso Oyarbide para hacerse cargo del caso. Tampoco el kirchnerismo se preocupó cuando Rafecas delegó la investigación en el riguroso fiscal Carlos Rívolo. Boudou seguía ratificando, seguro, que todo marcharía bien. Sin embargo, la unión de Rafecas y Rívolo está resultando letal para Boudou y, de alguna manera, para el Gobierno. El allanamiento del departamento de Boudou y las pruebas que la Justicia se llevó dejaron al descubierto la frivolidad vicepresidencial.

No era, entonces, un momento oportuno para romper relaciones con la Justicia. Boudou lo hizo. Colocó en proceso de destrucción también la relación del kirchnerismo gobernante con la poderosa justicia federal. Hay un antes y un después en la relación del Gobierno con Comodoro Py tras los agravios de Boudou , dijo una importante fuente judicial. Rafecas no es Oyarbide; éste es un juez solitario y excéntrico, que convoca muy pocas adhesiones entre sus colegas. Rafecas tiene prestigio y expresa, en cambio, a la corporación judicial, que también existe. El fiscal Rívolo es otro referente prestigioso de los magistrados. El fuero penal federal quedó en virtual estado de convulsión interna luego de que Boudou se despachara, con su habitual levedad, contra esos dos magistrados.

No fueron solo ellos. La Justicia y el peronismo se trastornaron con la acusación directa de Boudou contra Esteban Righi, el jefe de los fiscales. Righi es un ícono del peronismo, que fue abogado personal del matrimonio Kirchner antes de llegar a su actual cargo, hace nueve años. Hombre con formas cordiales y espíritu amplio, Righi nunca hizo diferencias entre un peronismo y otro; es respetado también por dirigentes políticos que no son peronistas. Funcionarios kirchneristas dijeron que el único interés de algunos abogados del estudio de la familia de Righi fue alertar al Gobierno de que había graves y descuidadas causas en la justicia federal. Boudou aceptó que tuvo veinte causas penales. Nunca, aseguraron, el estudio de la familia de Righi ofreció su trabajo profesional. Fue siempre una advertencia amigable y solidaria , subrayaron. Ir contra Righi, Rafecas y Rívolo es una declaración de guerra a la Justicia.

El kirchnerismo activó el protocolo básico de apoyo a un funcionario. Pero callaron los bloques parlamentarios, los gobernadores y, sobre todo, la Presidenta, la única vocera confiable de las filias y las fobias del kirchnerismo. El silencio absoluto del Gobierno hubiera dejado a Boudou en una situación insoportable. El vicepresidente se limitó, a su vez, a arroparse en la denuncia de conspiraciones amplias, inabarcables e inverosímiles contra él. Debe aceptarse que siempre es posible que alguien esté interesado en ventilar los errores y las deshonestidades de las personas públicas.

Una vez un periodista le preguntó al célebre fiscal italiano Antonio Di Pietro, que condujo el proceso de Mani Pulite que barrió con toda la dirigencia política y empresaria de su país, si era cierto que la CIA estaba detrás de esa investigación para desestabilizar a la socialdemocracia europea. La respuesta de Di Pietro: No sé si eso es cierto. Pero mi pregunta es otra: los políticos italianos, ¿robaron o no robaron?
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La caja de YPF, un tesoro en tiempos de escasez

Por Joaquín Morales Solá | LA NACION

4.4.12.-Es difícil explicar que un Estado recurra a los mismos procedimientos que usan los fondos buitre, que emplean tretas innobles y dispersan versiones sobre empresas codiciadas para bajarles el precio y apropiarse de ellas. Es el mismo método al que recurrió el kirchnerismo para hacerse, por vía directa o de terceros, del dominio accionario de YPF, propiedad mayoritaria de la española Repsol. Es más complicado aún explicar esas maneras en un gobierno que denuncia el lobby de los fondos buitre hasta para justificar por qué 40 países protestaron ante la Organización Mundial de Comercio (OMC) por el cierre aquí de importaciones.

No hay interlocutores en la Argentina. No es un problema menor para inversores y funcionarios del exterior. El presidente de Repsol YPF, Antonio Brufau, postergó el viaje a Buenos Aires que se proponía hacer esta semana, presuntamente porque no tenía agenda aquí con nadie del Gobierno. El conflicto no es sólo de agenda. La confianza en los funcionarios argentinos está muy debilitada o se ha extinguido. Julio De Vido es ahora el encargado de presionar a los gobernadores petroleros (y lo hace con la convicción de los conversos) para que desplumen a YPF. De Vido era, hasta hace poco, el principal divulgador de las ventajas de la YPF argentinizada con la incorporación de la familia Eskenazi.

La opinión de la Presidenta está igualmente en duda. Suele cambiar de ideas con demasiada frecuencia y también acostumbra a desconocer a los aliados muy rápidamente. La palabra de un líder político, y su perseverancia en el respeto de los acuerdos, es un capital invalorable que Cristina Kirchner subestimó siempre. Ella misma promocionó la gestión de los Eskenazi en YPF hasta fines del año pasado. Luego decidió denunciar los acuerdos que había hecho su propio esposo (la compra de acciones con dividendos por parte de los Eskenazi) y condenó a españoles y argentinos de YPF, sin darles el derecho a la defensa. El diálogo, que ella proclama ente el secretario general de las Naciones Unidas por las Malvinas, está clausurado en el caso YPF. Si fuera cierto que los británicos hacen uso del poder para no dialogar, la presidenta argentina comete el mismo pecado: cree también que el poder da derechos
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La Argentina, sola frente al mundo
Por Joaquin Morales Solà para LA NACIÓN
1.4.12. urante la era kirchnerista ingresaron al Estado en concepto de impuestos más de 500 mil millones de dólares. Las exportaciones aportaron gran parte de esa recaudación. Cerca de 100.000 millones de dólares se fueron del sistema financiero durante los últimos ocho años espoleados por la desconfianza. Los argentinos le dieron tres veces el gobierno a los Kirchner, pero les sacaron la confianza. Las políticas económicas, financieras y comerciales de la dinastía gobernante están colocando al país al borde mismo del total aislamiento político y económico. La Organización Mundial del Comercio se prepara para duras represalias al país. El Fondo Monetario Internacional podría sancionar a la Argentina en los próximos meses. El Mercosur ha dejado de existir. La presencia de la Argentina en el G-20 será incómoda, al menos, en la cumbre prevista para junio en México.

El kirchnerismo creyó siempre que se puede agredir sin consecuencias. Lo hizo en su relación con los sectores políticos y sociales argentinos. En el balance, aquí no le fue mal. Salvo cuando chocó con la sublevación de los productores agropecuarios y con la tenacidad del periodismo independiente, consiguió disciplinar, con asombrosa comodidad, a políticos opositores, a gobernadores sumisos y a empresarios oportunistas. El mundo fue siempre el que le trazo un límite al kirchnerismo.

Un conflicto interno acaba de estrellar a la Argentina con una considerable cantidad de países en la Organización Mundial del Comercio; en esa lista, hubo países importantes y poderosos, pero también muchos que tienen menor envergadura económica que la propia Argentina. La mezcla juntó a países amigos (México, Chile o Colombia) con indiferentes (Estados Unidos, China y la Unión Europea). Nadie la defendió. La Argentina quedó conmovedoramente sola. En la queja sólo faltó Brasil, pero los brasileños prefieren ser duros en sus reuniones bilaterales y no sumarse a posiciones internacionales que podrían dañar seriamente la relación con su principal vecino. Es una vieja estrategia del gobierno de Brasil para defender su condición de importante actor global. Si quiere ser eso, no se puede llevar mal con el que tiene al lado.

El conflicto interno es la inflación. Esa escalada incontrolada de precios durante muchos años (ignorada por las falsas estadísticas del Indec) sobrevaluó la moneda argentina. La relación real entre el peso y el dólar, en valores constantes, es hoy igual que la que era durante la denostada convertibilidad. El tipo de cambio es peor aún para las exportaciones de todo tipo por obra de las retenciones, que no existían en tiempos de convertibilidad. Los salarios, medidos en dólares, son casi un 40 por ciento más altos que los de los años 90.

Esa regresión en el tipo de cambio provocó la fuga de la sociedad hacia el dólar, la moneda de los argentinos que ahorran. Enfrentar un fenómeno inflacionario requiere siempre de iniciales medidas impopulares. El populismo kirchnerista es, por definición, la antítesis de cualquier política racional y sincera. La solución que encontró es el cierre virtual de las importaciones y un rígido y arbitrario control de cambios.

Se puede ser Corea del Norte o Cuba, pero esos sistemas necesitan de gobiernos fuertemente autoritarios y de sociedades dóciles y acostumbradas a los sacrificios. No es el caso argentino. No lo es, tampoco, porque el espectacular crecimiento argentino se debió sobre todo al elevado precio internacional de las cosas que el país le vende al mundo. Se debió, en fin, a las exportaciones. ¿Es posible una agresiva política de exportaciones cuando se frenan las importaciones? ¿Es posible recibir del mundo sin darle nada?

Los asesores económicos de la Presidenta son Guillermo Moreno y Axel Kicillof. Moreno es un nostálgico del peronismo de los años 40 y 50, y considera una referencia de la modernidad a la administración de José Gelbard en los años 70. Fueron años en los que reinaba un concepto de la industrialización que necesitaba blindar al país de las importaciones. Ni el mundo ni la economía ni el país son ahora lo que eran entonces.

La prepotencia de Moreno es detestable cuando enfrenta a personas, pero lo es más cuando pone en juego el destino de los argentinos en nombre de políticas que han dejado de existir. Kicillof le aporta su percepción sobre la necesidad de un Estado metido de lleno en la economía; para él, ganancias empresarias que superan un 6 por ciento anual son negocios de desenfreno y disipación. Cristina Kirchner cree en ellos, porque nunca confió en la fuerza de un mercado sólo regulado para defender al consumidor de la falta de competencia o de la deslealtad comercial.

La cancelación de las preferencias norteamericanas a la exportación de productos argentinos no es importante por el volumen del dinero en juego, pero tiene la significación del frío político. Afecta también directamente a algunas industrias, como la vitivinícola, que había logrado instalar con éxito en los Estados Unidos el malbec argentino, considerado allá un vino bueno y barato. Washington y toda Europa se sumaron a la queja en la OMC. Europa es, como continente, el segundo destino de las exportaciones argentinas y tiene una política común de comercio exterior.

El Mercosur fue la gran expectativa argentina, porque la integración con Brasil le permitía acceder al mercado más grande de América latina. Las eternas disputas entre Brasil y la Argentina dejaron a la alianza

sudamericana con vida vegetativa. Es cierto que los productos brasileños son más baratos que los argentinos, pero eso sucede porque la industria brasileña no detuvo nunca el proceso de modernización de su industria. ¿Cómo podría competir una industria con maquinarias mayoritariamente viejas, como la argentina, con la modernidad brasileña? El presidente de Uruguay, José Mujica, se preguntó hace poco qué pasa con un club al que nadie quiere ingresar. Es cierto: hasta Hugo Chávez aparcó su anterior excitación para que su país fuese miembro pleno del Mercosur.

Es difícil imaginar, por ahora, un apartamiento de la Argentina del G-20, porque tal inédita sanción debería ser votada por todos los países miembros. Pero varias naciones de ese exclusivo ateneo están dispuestas a recordarle a Cristina Kirchner que su país no reúne ninguna condición para estar ahí. No es una de las 20 principales economías del mundo; no se somete a la revisión anual del Fondo Monetario, a la que están obligados todos sus miembros; viola las reglas de la Organización Mundial del Comercio; no paga los juicios perdidos en los tribunales internacionales del Ciadi y nunca intentó saldar un default de diez años con el Club de París, que son deudas con Estados, no con privados. Alemania y Japón figuran entre los acreedores.

¿Esas políticas les han hecho algún bien a los argentinos? En las góndolas de los supermercados hay cada vez menos abundancia de ofertas y los productos son más caros. Es lo que históricamente ha pasado cuando se cerró la economía a la importación. Baja la oferta y suben los precios. La industria argentina, fuertemente dependiente de los insumos importados, debe racionar su producción. En algunos casos, hubo industrias que pararon durante días su proceso de fabricación por falta de insumos. La inversión huye, espantada por el control de cambios y las presiones oficiales para que las empresas no liquiden ganancias. La arbitrariedad en la Aduana ha dado rienda suelta a la corrupción de la burocracia, convertida por Moreno en dueña y señora de las importaciones que empresarios grandes, medianos o pequeños ya han comprado.

El férreo límite del mundo sobresalió en los últimos días. ¿Importa? El mundo es el mundo de aquí y ahora. La Argentina, en cambio, habita en el pasado, aun en el que ya ha fracasado
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Un giro hacia la sensatez

Por Joaquín Morales Solá | LA NACION

3.4.12.-Es imperturbable en su decisión de sorprender. Cristina Kirchner fue ayer una política correctamente pacifista, después que había dejado crecer las expectativas de una mayor tensión con Londres. Contradijo, por momentos, lo que hace con lo que dice, pero su discurso, en un aniversario redondo de la guerra por las islas Malvinas, fue un conjunto sensato, sin fisuras, salvo las concesiones que hace, y que nunca faltan, a la épica kirchnerista. Ni siquiera se dejó llevar por la impronta combativa de los que la precedieron en la palabra, incluida la gobernadora de Tierra del Fuego, Fabiana Ríos, más kirchnerista que los Kirchner.

Hasta David Cameron debió asombrarse por las palabras de la inofensiva líder que habló ayer desde el fin del mundo. La Presidenta intentó refutarlo, pero por uno de esos extravíos de la oratoria terminó dándole la razón. Cameron había dicho que la guerra de 1982 fue una agresión a la libertad de los malvinenses. Cristina Kirchner le contestó que los argentinos vivían en aquella época sin libertad, afirmación que es irrebatiblemente cierta. ¿Qué podían esperar entonces los isleños de un triunfo de los militares argentinos, tal como dijo el primer ministro británico, si no un atentado a la propia libertad de los habitantes de las Malvinas?

Los propios intelectuales que la critican se vieron comprendidos por el primer párrafo de Cristina Kirchner en alusión directa al 2 de abril. "La guerra no se conmemora", afirmó, y se colocó en la difícil posición de tener que explicar qué hacía ella en un lugar como ése y en un día feriado. No explicó nada, pero aquella frase es más expresiva de su decisión política que un feriado más entre tantos feriados inútiles.

Estuvo a punto de desautorizar a los ministros belicosos, como el canciller Héctor Timerman y la ministra de la Industria, Débora Giorgi. No llegó a tanto. Hace poco, un diplomático extranjero le señaló a Timerman la importancia de una declaración de Cameron en la que éste proponía un diálogo con la Argentina por el petróleo, la pesca y las comunicaciones. "Que los británicos entreguen la soberanía y después hablamos", le contestó el canciller, despectivo. Giorgi pidió públicamente a las empresas argentinas que no compren insumos británicos y se metió, tal vez conquistada por la ignorancia, en un pleito amplio con la Unión Europea (UE). La Presidenta, en cambio, levantó ayer el diálogo con los británicos como el único e inamovible reclamo de su gobierno.

En Tierra del Fuego estaban ayer los embajadores de la Unasur y hay muchos países ahí (Brasil, Chile, Uruguay, Colombia y Perú, por ejemplo) que acompañarán a la Argentina sólo en su reclamo de diálogo por la situación y el futuro de las Malvinas. Nunca suscribirán una política de boicot comercial ni de hostigamiento a los isleños. Algunas de esas naciones tienen buenos lazos comerciales con Londres y saben, además, que Gran Bretaña está protegida, como miembro de la UE, por una política comercial común entre los europeos.

Cristina se puso a tono con esa platea, pero pudo avanzar un poco más. Pudo instruir a su embajadora en Londres, Alicia Castro, para que reclamara una ronda inmediata de diálogo entre argentinos y británicos. El diálogo franco se hace sin condiciones previas. Es necesario, después de las tensiones de los últimos dos meses, recrear un clima de negociación entre los dos países, indispensable para llevar adelante los tramos más ríspidos e inevitables de una transacción por un diferendo tan antiguo, tan emblemático también para la historia de los dos países.

La Presidenta osciló entre un emotivo e inesperado homenaje a los muertos ingleses (homenaje que compartió, desde ya, con los muertos argentinos) y el reproche al gobierno británico porque no acata la resolución de las Naciones Unidas que obliga a los dos países a negociar cuanto antes por las Malvinas. Faltan iniciativas argentinas más concretas que la mera retórica. Es cierto, sin embargo, que los británicos han sido siempre renuentes a obedecer ese mandato de las Naciones Unidas, un excelente trabajo del ex canciller radical Miguel Angel Zavala Ortiz en los años 60; los militares argentinos les dieron luego, tras la guerra perdida, nuevos pretextos para alargar los tiempos de la negociación. La guerra fue un desastre humano y una regresión diplomática. La Argentina no podrá deshacerse fácilmente de ese legado, aun cuando la democracia argentina haya rechazado, desde 1983, el recurso de las armas.

Ayer, por primera vez, Cristina se acordó de los isleños. Es improbable hacer algo con ellos desde la Argentina, pero es imposible lograr algo contra ellos. El reciente boicot a los barcos con banderas malvinenses ha sido un error argentino, porque no afecta los intereses de Londres, sino los de los isleños. El respeto a las costumbres y a la cultura de los isleños no es una concesión de este gobierno, como pareció decirlo la Presidenta, sino un mandato constitucional. Fue oportuno, de todos modos, que Cristina lo ratificara. Ella debe también una explicación: ¿ese proclamado respeto es coherente con el boicot? ¿Se puede respetar y boicotear al mismo tiempo?

Dijo que se había enamorado de una frase: "En la guerra, la gran derrotada es la verdad". Es una variante de una frase certera de un aristócrata británico, el influyente y pacifista Arthur Ponsonby, que dijo en ese mismo sentido en el siglo XIX: "La primera víctima de la guerra es la verdad". Cristina Kirchner debería aceptar que el acierto que encierran ambas expresiones es aplicable también a la guerra política y no sólo a la guerra armada. Si aceptara esa premisa, los enemigos desaparecerían, la verdad sería siempre parcial, los otros tendrían algo que decir sobre los conflictos comunes y los necesarios adversarios recuperarían sus derechos.
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Sin las Malvinas ¿es la nuestra Nación inconclusa?
Por Mariano Grondona para LA NACIÓN
1.4.12.- n enero de 1833, el comandante inglés John Onslow, al mando de la corbeta Clío, invadió las islas Malvinas y desalojó a su legítimo gobernador, Luis Vernet, quien administraba una comunidad de ciento cincuenta habitantes bajo el pabellón argentino. Mañana se cumplen 30 años de la recuperación de las islas por parte de la Argentina y del inicio de la guerra entre nuestro país y el Reino Unido. Cabría decir que la espinosa relación triangular entre la Argentina, el Reino Unido y los isleños atravesó tres fases desde la invasión británica de 1833.

En la primera fase , si bien la Argentina nunca dejó de reclamar las islas, fue relativamente tolerante con la presencia británica en ellas debido a la excelente relación que mantenía con el Reino Unido. No olvidemos en tal sentido que Juan Manuel de Rosas, bajo cuyo gobierno los ingleses ocuparon las islas, se exilió después de su caída y hasta su muerte en una chacra próxima a Southampton. Durante esta primera fase de tolerancia bajo protesta de la ocupación británica, el entredicho de las Malvinas no afectó las intensas relaciones entre Londres y Buenos Aires, a cuyo amparo se multiplicaron las inversiones de Gran Bretaña mientras nuestras exportaciones agropecuarias cruzaban el Atlántico rumbo a sus puertos. Aparte del antecedente de Rosas, en 1933 ambos gobiernos firmaron el famoso pacto Roca-Runciman, que aseguraba el destino de nuestras exportaciones en medio de la crisis económica mundial, mientras la Argentina aventajaba de lejos al resto de América latina en materia económica.

La segunda fase

La segunda fase en la relación triangular entre la Argentina, el Reino Unido y los isleños comenzó en realidad en 1941, a partir del momento en que los Estados Unidos reemplazó al Reino Unido a la cabeza de Occidente después de resistir la agresión japonesa de Pearl Harbor. Hasta este momento, la neutralidad argentina en la Segunda Guerra Mundial era favorecida por el Reino Unido porque, gracias a ella, los submarinos alemanes dejaban pasar nuestros envíos de alimentos por el Atlántico. Pero a partir de 1941, cuando los Estados Unidos entraron en la guerra, comenzaron a presionar al gobierno argentino para que los acompañara. En manos primero del presidente Castillo y después de la logia militar del GOU, inspirada por Perón, la Argentina al principio se resistió. Al fin, Washington torció el brazo de Buenos Aires mientras Brasil, dándose cuenta de que había una nueva potencia hegemónica en el mundo, enviaba tropas a Italia para combatir al lado de ella. Este fue el instante preciso en que Brasil sustituyó a la Argentina en el convoy de la historia.

Pese al nacionalismo que exhibió al estatizar los ferrocarriles ingleses, Perón nunca se aventuró por las Malvinas. Podría decirse empero que, a medida que la influencia británica en el mundo decaía, los gobiernos argentinos que lo sucedieron empezaron a mostrar cierta impaciencia frente a las islas porque en las flamantes Naciones Unidas los acompañaban los nuevos países que venían animados por el espíritu de la descolonización. Fue entonces cuando nuestro país empezó a ganar una votación tras otra en la Asamblea de las Naciones Unidas, que exhortaba al Reino Unido a negociar la disputa de soberanía sobre las islas. El Reino Unido se negaba, pero al mismo tiempo alentaba a nuestros gobiernos a dar auxilio económico a las islas; sembraba así la esperanza, que al final resultó fallida, de que una buena relación con ellas podría reabrir un día la frustrada negociación. Podríamos decir así que la segunda fase del conflicto mostró una creciente impaciencia del lado argentino ante el hecho de que, pese a que desde el continente se abastecía a las islas y se abrían intensas vías de comunicación con ellas, persistían las maniobras dilatorias del gobierno británico mientras se consolidaba la ocupación de las islas en manos de sucesivas generaciones de colonos escoceses cuyas familias se afianzaron como los ocupantes efectivos de las Malvinas.

El 31 de marzo de 1982, el creciente aislamiento político en el cual se encontraba la junta militar que presidía el general Galtieri lo animó a ensayar la aventura de la invasión, quizá suponiendo que la primera ministra Margaret Thatcher no se animaría a arriesgar su flota a través del Atlántico para reprimirla. En su ignorancia capital del mundo, Galtieri no vio, sin embargo, que, llevando casi perdida la campaña por su reelección, Thatcher aprovecharía el desafío de la invasión para levantar en su propio beneficio la bandera nacionalista, lo cual desembocó no sólo en la reconquista sangrienta de las islas, sino también en la primera guerra perdida de nuestros militares en toda su historia. Humilladas y confundidas pese al heroísmo de nuestros aviadores, las Fuerzas Armadas argentinas desaparecerían, a partir de ahí, del escenario argentino.

La tercera fase

Diríamos que la tercera fase del largo conflicto de las Malvinas coincide con esta posguerra que lleva 30 años. Este último capítulo contiene, a su vez, dos partes. En la primera de ellas, la Argentina volvió a las andadas para obtener una seguidilla de triunfos diplomáticos retóricos, para consumo interno, que no conducen a ninguna parte mientras, sobre las islas, sus ocupantes avanzaban en la explotación de una inmensa riqueza ictícola y, probablemente, petrolera. Hubo, sin embargo, otra instancia intermedia que coincidió con un gambito del canciller Guido Di Tella, en los años noventa. Habiendo advertido que el Reino Unido no avanzaría nunca hacia una negociación con la Argentina mientras aleteara el veto de los malvinenses, Di Tella emprendió la tarea de seducirlos . Su ofensiva respondía a la convicción de que no era posible que cuarenta millones de argentinos no pudieran convencer a dos mil isleños de que les convenía una estrecha relación con un país de dimensiones considerables, que los miraba apenas a cuatrocientos kilómetros de distancia, sin ningún otro país a la vista.

La estrategia de Di Tella pudo haber resultado con una sola condición: que los gobiernos posteriores a él insistieran en su política de seducción, convirtiéndola en una política de Estado. Pero esto no ocurrió, porque los sucesores de Di Tella volvieron a la retórica, con lo que se demostró que el problema no reside en las Malvinas, sino en que la Argentina carece de políticas de Estado, de largo plazo, y sólo tiene políticas de gobierno que nacen y mueren con cada presidente. Solamente después de varias décadas de "seducción", los isleños se convencerían de que sus vecinos somos constantes, porque recién entonces empezarían a percibirnos como socios confiables.

Aquí desemboca el verdadero problema de las Malvinas: no en la relación con los ingleses o con los isleños, sino con nosotros mismos, porque sólo cuando maduremos hasta ser capaces de sostener una política de Estado que trascienda la sucesión de nuestros gobiernos, los argentinos podremos convencer a otros, y sobre todo a nosotros mismos, de que merecemos ser una nación. Cuando esta evidencia salga a la luz, ya no necesitaremos ni siquiera festejar a los isleños porque, al advertir los enormes beneficios que obtendrían al conectarse con una nación lindante, madura y benigna, estarían espontáneamente dispuestos a levantar el veto que ahora, pese a su mínima dimensión, nos siguen oponiendo con eficacia. La Argentina es una nación adolescente. Sólo cuando deje de serlo podrá fecundar otros espacios convergentes no sólo en las Malvinas, sino también en las aguas del Atlántico Sur y en los hielos de la Antártida.
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Obama ya no espera nada de Cristina
Por Joaquin Morales Solá para LA NACION
28 de Marzo 2012.- ntre Barack Obama y Cristina Kirchner (o entre sus administraciones) hay un conflicto político. Tal vez existan también ciertas decepciones de cada uno respecto del otro. El gobierno de Obama creyó siempre que la salida de George W. Bush de la presidencia, y el fin de algunas de sus políticas, podían cambiar fundamentalmente la interlocución norteamericana con muchos líderes del mundo. La presidenta argentina cultiva más la ideología que las cuestiones prácticas: un gobernante demócrata en lugar de un republicano en Washington, se convenció, abriría la posibilidad de una nueva era en las relaciones bilaterales. No hacía falta nada más.

Sólo en ese contexto, en el que últimamente se dieron varios acontecimientos siempre negativos, puede explicarse la dura carta de Obama al Congreso, en la que comunicó la cancelación de las facilidades para exportar algunos productos argentinos. El argumento formal (pero no por eso menos cierto) fue que la Argentina no cumple con las sentencias del tribunal internacional del Ciadi, que condenó al país a pagar resarcimientos a dos empresas norteamericanas.

El gobierno de Cristina Kirchner quiere llevar esos juicios terminados a los tribunales argentinos, instancia que nunca estuvo prevista en ningún acuerdo; es una estrategia para demorar los pagos. No es mala: los jueces argentinos podrían estar varios años sentados sobre esos expedientes.

Pero ¿se habría llegado simbólicamente a tanto si no hubiera existido antes un clima de frialdad, de distancia y, por momentos, de tensión? La decisión de Obama es, en efecto, simbólica. El monto en cuestión es de apenas unos 300 millones de dólares, un monto muy pequeño en el volumen total de las exportaciones argentinas. Tampoco cierra las puertas de los Estados Unidos a las importaciones argentinas, ni siquiera a las afectadas directamente por esta decisión. Sólo las despoja de un excepcional sistema arancelario.

El problema es político, en efecto. A Washington le pasa lo que le sucede también a gran parte de las capitales occidentales: no saben cómo tratar a la Argentina ni cuáles son los temas con los que disienten o cuáles son las cuestiones con las que acuerdan. No hay, por lo tanto, una clara agenda política. La indiferencia es tan grande que Obama tomó esa decisión comercial pocos días antes de la próxima Cumbre de las Américas, que se realizará el 14 y el 15 de abril en Cartagena, Colombia.

Después del maltrato

Ya no espera nada de la presidenta argentina. En la anterior cumbre, en Trinidad y Tobago, Washington pidió especialmente a Cristina Kirchner que no hiciera mención a la cismática cumbre de Mar del Plata, en 2005. El entonces presidente norteamericano, Bush, se fue ofendido y maltratado. Washington nunca olvidó, ni aun con Obama, ese agravio a la institución presidencial norteamericana. Cristina Kirchner dedicó en Trinidad y Tobago la mayor parte de su discurso, al revés del pedido washingtoniano, a elogiar los desenfrenos de Mar del Plata. ¿Qué podría esperar ahora Obama de la líder argentina?

El hilo de las ofensas y sus respuestas se hizo luego muy largo. Obama visitó América del Sur, pero viajó a Brasil y a Chile, sin pisar la Argentina. El gobierno argentino le contestó a ese desplante con la incautación de un avión militar norteamericano y su carga, que había aterrizado en Ezeiza para trasladar tropas y material sensible para un curso acordado de entrenamiento a policías argentinos. Una de las valijas decomisadas en el aeropuerto personalmente por el canciller Héctor Timerman guardaba las claves secretas del Pentágono, que debieron ser cambiadas en el acto.

Washington comenzó a votar después, sistemáticamente, contra la concesión de créditos a la Argentina en el BID y en el Banco Mundial. Aparecieron, además, dos protagonistas con enorme poder de lobby en Washington: las dos empresas norteamericanas que no cobran las sentencias del Ciadi, por un lado, y los últimos tenedores de bonos argentinos en default desde 2001. Estos bonistas no aceptaron entrar a ninguno de los dos canjes propuestos por el gobierno de los Kirchner, en 2005 y en 2010. El lobby existe, pero tiene más poder cuando no existe ningún interés político que lo modere.

Escandalizados

Sabe a extraño que el gobierno argentino se haya escandalizado por un medida arancelaria que dificulta las exportaciones argentinas. ¿No es eso lo que hace Guillermo Moreno, sostenido por la pública defensa presidencial, con las importaciones de cualquier procedencia? El mundo está lleno de pecadores en materia comercial. China traba muchas importaciones y también Brasil. Eso sí: cometen pecados metódicos, perfectamente reglamentados. Ninguno ha depositado en la voluntad de un solo hombre la decisión de abrir o cerrar las puertas de sus aduanas. La diferencia puede parecer pequeña, pero no lo es. Puede haber reglas buenas o malas, pero mucho peor es que no las haya.

La política comercial de Moreno (y de la Presidenta) le ha quitado al país la autoridad moral para denunciar el proteccionismo de las naciones más desarrolladas. Esta política de denuncia del proteccionismo fue ejercida por los gobiernos argentinos desde Alfonsín hasta Néstor Kirchner. Resulta que ahora la Argentina se ha convertido en el país más proteccionista de Occidente. ¿Cómo reprocharles a los otros lo que uno mismo hace?

En esa encrucijada sin explicación tiene sentido la extravagante queja del canciller Timerman, que dijo que el país no cumple con las sentencias del Ciadi, pero sí cumple con los juicios de resarcimiento a los familiares de las víctimas de las violaciones de los derechos humanos. No hay relación alguna entre una cosa y la otra. Pero fue una manera de llenar con palabras la carencia de argumentos. Fue, también, la insistencia en un método demasiado repetido en los últimos tiempos: halagar los oídos de la Presidenta con las cuestiones que a ella le agradan. El método puede ser eficaz, pero termina cambiando de tema y enterrando los problemas, irresueltos..
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Crisis institucional en puerta
Joaquin Morales Solà para LA NACION
11.3.12.- Amado Boudou está batiendo un récord histórico: es el primer vicepresidente de la Nación en funciones que es formalmente investigado por presuntos hechos de corrupción. Ya tiene condición de "sospechoso" para la Justicia. Este precedente respaldaría, eventualmente, una citación judicial a indagatoria, que podría ponerlo, a su vez, a las puertas de un procesamiento. El escándalo, que está abriendo paso a la posibilidad de una seria crisis institucional, ya tiene consecuencias políticas para la propia Presidenta. Jamás consultó con nadie antes de encaramarlo a Boudou en el segundo lugar en importancia de la República, hace apenas seis meses.
La política oficial se ha entretenido demasiado en aclarar si Boudou era amigo -o no- del presidente de la ex Ciccone Calcográfica, Alejandro Vandenbroele. Este actual directivo, un ex indigente en términos empresariales, fue nombrado en ese cargo por una misteriosa empresa, The Old Fund, que controla la mayoría accionaria de una de las más grandes imprentas del país. Esa amistad, existente o inexistente, es irrelevante para la Justicia.
Las preguntas que se están haciendo el juez y el fiscal de la causa son más simples y más expeditivas. ¿Intervino Boudou, con el poder del Estado, en el trámite que depositó la empresa en sus actuales manos? ¿Influenció ante la AFIP para que ésta aceptara primero el levantamiento de un pedido de quiebra y para que, luego, aprobara un excepcional plan de pagos? ¿Instigó las intervenciones en el caso del titular de la AFIP, Ricardo Echegaray, y del secretario de Comercio, Guillermo Moreno?
Echegaray tuvo, según otro juez, un "llamativo" interés en el proceso de quiebra de la ex Ciccone, como publica hoy LA NACION, y Moreno fue decisivo para desplazar a la empresa Boldt, ex controlante de Ciccone, del dominio de la impresora en cuestión. Echegaray acusó a Boldt de serios delitos fiscales, pero eran los mismos de los que se acusaba a Ciccone. El jefe de la AFIP no aclaró nunca esa contradicción.
Si las respuestas a aquellas preguntas confirmaran la participación de Boudou a favor de The Old Fund, ¿el vicepresidente intervino también para beneficiar a otras empresas o a bancos privados?
Una pregunta ya está respondida: Boudou intervino personalmente para que la AFIP aceptara un ventajoso plan de pagos de la deuda impositiva por parte de la ex Ciccone. Su participación fue revelada ante la Justicia por la propia AFIP, luego de que el vicepresidente negó públicamente cualquier "intervención directa" en el trámite. El caso de la ex Ciccone es el segundo en toda la historia en que la AFIP aceptó el levantamiento de un pedido de quiebra, hecho por la propia AFIP, sin que antes se hubiera saldado la deuda impositiva o se hubiera acordado un plan de pagos. El caso es absolutamente excepcional y sugerente. Sin embargo, no hay pruebas contra Boudou en el trámite del levantamiento de la quiebra, pero sí en los pasos posteriores de la administración.
La AFIP pidió la opinión del Ministerio de Economía sobre el plan de pagos. La respuesta de Boudou le llegó sólo 65 horas después. En tan poco tiempo pasó por dos direcciones del ministerio y por el despacho del entonces ministro Boudou. Ningún trámite en la administración pública dura tan poco tiempo si no está empujado por alguien con mucho poder , aceptó un ministro kirchnerista. Echegaray desligó luego a Boudou de cualquier intervención en el levantamiento de la quiebra, pero nadie habló de eso. Las pruebas actuales señalan que el vicepresidente intervino para que se aprobara un plan de pagos de la ex Ciccone, no en el trámite de la quiebra. Fue Echegaray quien se interesó en la quiebra.
A principios de 2011, la Casa de Moneda, bajo control de una aliada de Boudou, pidió con urgencia a la Auditoría General de la Nación una auditoría contable. La razón de la urgencia consistía en que la institución argentina proyectaba hacer una empresa transitoria con su homóloga de Brasil para que se fabricaran en el país vecino 130 millones de pesos argentinos. Pero la urgencia desapareció. El argumento esgrimido fue que la Casa de Moneda compraría la imprenta Ciccone y que eso solucionaría el problema de la impresión de billetes. Por esas mismas semanas, se gestaba el desembarco definitivo de The Old Fund en Ciccone. Nunca se supo, hasta ahora, quiénes son los auténticos accionistas de The Old Fund. Ni Boudou ni Echegaray averiguaron quiénes son los dueños para, al menos, descartar cualquier posibilidad de lavado de dinero.
El fiscal de la causa, Carlos Rívolo (un funcionario con fama de serio e independiente), recibió varios testimonios con pedido de reserva de nombres. Son empleados de la ex Ciccone o viejos acreedores de esa empresa. Todos le aseguraron que Vanden-broele llegaba a ellos con un mensaje claro y reiterativo: el poderoso Boudou estaba detrás de los negocios que se apoderaron de la ex Ciccone.
No existe, entonces, sólo el testimonio de la ex esposa de Vandenbroele, que aseguró que su ex marido es testaferro de Boudou. La mujer, Laura Muñoz, le acercó a la Justicia la grabación de una conversación de ella con su ex marido. Es una larga discusión para tramitar los asuntos de un amor concluido. En medio de esa discusión, la mujer le recordó que ella conocía los negocios de él con "José María", el nombre de Núñez Carmona. Núñez Carmona es un viejo amigo de Boudou y el hombre que uniría a Boudou con Vandenbroele.
¿Por qué la AFIP entregó a la Justicia documentación que compromete seriamente a Boudou? ¿Por qué, si la AFIP suele preservar, incluso ante los fiscales, esa clase de documentos amparándose en el derecho a la intimidad de los investigados? El fiscal lo notificó en el mediodía del miércoles al abogado de Boudou de que existía en su poder ese documento de la AFIP. Le dijo algo más: dos diarios lo habían llamado para chequear esa información. En el juzgado que investiga a Boudou aseguran que ellos no filtraron esa información. Que se equivoquen si se quieren equivocar, pero esa información no salió de aquí , dijeron. Presuroso, Boudou dijo esa misma noche en televisión que había "una nota" suya en el expediente. El episodio abre un debate sobre la fortaleza o la debilidad de Boudou.
Hay síntomas de que el vicepresidente sufre -o sufrió- un abandono político. Vandenbroele, el hombre que podría fulminar a Boudou, llegó en un taxi a los tribunales para buscar dos fotocopias y se llevó la notificación de que está imputado. Los protegidos del poder no padecen tanta desinformación. Oyarbide se declaró incompetente en una vieja denuncia contra Boudou por la ex Ciccone, luego de que la Presidenta averiguó qué hacía ese juez metiéndose en las desventuras del vicepresidente.
Oyarbide desarchivó una denuncia extravagante que antes había archivado, pero lo hizo porque confundió los intereses del Gobierno. Fuentes judiciales aseguraron que aquella antigua denuncia fue una clara "operación judicial" de Boldt, antes de abandonar la empresa. La política no olvida los panfletos contra Boudou en el Congreso el día en que había un solo espectáculo y una solista: la Presidenta y su discurso, con Boudou a su lado. Esos panfletos salieron del kirchnerismo.
Boudou es, más allá de sus provocadoras remeras y de sus desafinadas guitarras, el vicepresidente de la Nación. Hasta la Justicia pondera ese dato; por eso, es probable que la causa tenga un trámite rápido. Boudou tiene también fueros. Puede ser llamado a indagatoria y podría negarse a concurrir. Los fueros impedirían que fuera llevado por la fuerza pública. Si no lo declararan inocente, un paso inevitable sería su procesamiento. A partir de cierto límite del juicio común, si su libertad estuviera en riesgo, el caso debería pasar al Congreso para que éste activara el juicio político. El Congreso, no obstante, puede activarlo en cualquier momento.
El escándalo calló al kirchnerismo hasta que habló Echegaray. Boudou no sufriría nunca una caída solitaria. Su crisis judicial afectaría políticamente a la Presidenta. Al propio Néstor Kirchner nunca le gustó la frivolidad manifiesta del entonces ministro de Economía. Boudou carece de militancia peronista y de las aptitudes de un buen funcionario. Cristina lo hizo vicepresidente a pesar, incluso, de la opinión contraria de su propio hijo, Máximo. La soledad de Boudou no es, entonces, una buena receta. Al final, advirtieron el tamaño de la escandalosa tormenta que aparece en un horizonte que ya no está lejos.
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Cristina va por todo, incluido Macri
Mariano Grondona para LA NACION
11.3.12.- La Presidenta ha enviado al Congreso, donde cuenta con amplia mayoría, dos proyectos de ley aparentemente diferentes, ya que uno apunta a reformar la Carta Orgánica del Banco Central y el otro, a traspasar el control de los subterráneos y los colectivos que operan en la Capital Federal al gobierno de la ciudad. En la medida en que los dos proyectos atienden a jurisdicciones distintas, ellos son, en este aspecto, diferentes. Pero también podría afirmarse que ambos proyectos son sólo "aparentemente" diferentes porque responden, en el fondo, a una misma intención política : acrecentar aún más el poder de la Presidenta. Podría vérselos, en tal sentido, como las dos caras de una misma moneda.
Cuando el Congreso apruebe el proyecto de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, el Poder Ejecutivo podrá emitir dinero sin respaldo en forma prácticamente ilimitada, por quedar la facultad de emisión sometida enteramente a su voluntad. Si impone la ley del traspaso de los transportes a la ciudad de Buenos Aires, podrá transmitir además su enorme costo al gobierno de la ciudad.
En ambos casos, limitar la emisión sin respaldo y compartir el costo del transporte porteño con la Ciudad dependerán exclusivamente de la buena voluntad presidencial. Por un camino o por el otro, el poder de Cristina aumentará decisivamente con esta diferencia: que, en tanto que el Banco Central no se animará a ponerle freno porque su presidenta, Mercedes Marcó del Pont, le está políticamente subordinada, se supone que la Legislatura porteña, donde Mauricio Macri tiene primera minoría, sería capaz de ofrecerle alguna resistencia.
¿Cuánta resistencia? Mauricio Macri podría parapetarse detrás de la autonomía porteña, ya que, incluso en los considerandos del proyecto de ley del traspaso de los transportes, el Gobierno cita el acta acuerdo del 3 de enero de este año entre la Nación y la Ciudad, pero acto seguido intenta una interpretación unilateral de ella en virtud de la cual la determinación de cómo se hará el traspaso y quién cargará con las deudas anteriores y el costo futuro del servicio quedaría en manos del Poder Ejecutivo.
Si Macri intenta hacer valer su propia visión sobre el acuerdo del 3 de enero como un "contrato" que obliga a ambas partes, entrará en conflicto con Cristina, probablemente apoyado por una mayoría "no automática" de la Legislatura, cuyos miembros se agruparían, quizás, bajo la bandera federal. Pero en el proyecto del Ejecutivo que estamos comentando se insinúa una polémica entre ambas jurisdicciones porque, en sus considerandos, el Gobierno sostiene que la Ciudad de Buenos Aires no debería mantener el privilegio de no pagar el servicio de los transportes, un privilegio del que, afirma, no gozan las demás provincias.

La voluntad de Macri

Una y otra vez, la Presidenta ha "ninguneado" al jefe de gobierno de la ciudad, negándose incluso a recibirlo. Macri insiste, por su parte, en tratar con extrema consideración a Cristina. La felicitó cordialmente por el Día de la Mujer y recibió su proyecto de ley sobre el traspaso de los subterráneos y los colectivos diciendo que será una excelente ocasión para debatir y consensuar. Para "debatir" y no necesariamente para "consensuar", ya que Cristina se obstina en desconocerlo.¿Hasta dónde "bajará" entonces Macri para demostrar su buena voluntad? ¿Se cierne en su horizonte, acaso, una subordinación política comparable a la que ha venido padeciendo Daniel Scioli en la provincia de Buenos Aires? Pero Macri se postula, al mismo tiempo, como el rival de Cristina con vistas a la elección presidencial de 2015. ¿Cómo conciliará esta elevada pretensión con sus excelentes modales de 2012?
A Macri no se le debe escapar la posible estrategia de la Presidenta a su respecto: simplemente, dejarlo sin recursos para afrontar el traspaso. Hoy la Ciudad es el único distrito que no depende de los fondos nacionales para subsistir. Si llegara a perder esta fuente de autonomía, la situación de Macri empezaría a parecerse a la de los demás gobernadores, que tienen que "ir al pie" de Cristina para mendigar ayuda. De llegarse a este extremo, que también mutila la esfera de acción de Scioli, ¿qué quedaría del desafío de Macri a Cristina en dirección de 2015?
Esta última pregunta pone al descubierto la posible intención política de Cristina: arrodillar a Macri a través de la consiguiente presión financiera, poniéndolo en el mismo plano que los demás gobernadores. Con otras palabras, lograr que no sólo los gobernadores sino también el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires quemen incienso en el altar de la Caja . ¿No ha sido acaso la meta central del kirchnerismo desde que llegó al poder en 2003 poner de rodillas a "todos" los que podrían desafiarlo? ¿No fue ésta su estrategia en la mayor batalla de todos de estos años, la lucha contra el campo de 2008, que esta vez los Kirchner perdieron al no conseguir que las retenciones lo asfixiaran?

A partir del fútbol

En su viaje hacia el poder total, es razonable suponer que la Presidenta tiene in péctore a dos eminentes rivales: Daniel Scioli y Mauricio Macri. Quizá pocos episodios la alteraron más, en los últimos tiempos, que ese nada inocente partido de fútbol que ambos compartieron. La alianza eventual entre los dos gobernadores de Buenos Aires se halla aún lejana, precisamente, por la dependencia financiera de Scioli. Si la navegación política que ha emprendido Cristina en la ciudad la llevara a buen puerto, sus dos rivales principales quedarían bajo una presión fiscal comparable, mientras que el Gobierno nacional, gracias a la claudicación del Banco Central, podría llenar su "caja" con recursos nominalmente ilimitados.
Esta observación nos conduce a una conclusión general, que surge no bien tratamos de tipificar el sistema de poder que aspira a construir la Presidenta. ¿Es este sistema de poder, acaso, la democracia? Sí y no. Sí, porque ha ganado ampliamente las elecciones. No, porque su interpretación de la victoria electoral se acerca peligrosamente a otro tipo fronterizo de democracia al que Guillermo O'Donnell le dio el nombre de democracia delegativa . Esta consiste en que, mientras las democracias normales sólo otorgan el poder por un período al que no seguirán necesariamente otros períodos similares, los promotores de la "democracia delegativa" consideran sólo a una elección, la primera, no transitoria sino "fundacional" porque calculan que, a partir de ella, pueden aspirar al poder total.
Hugo Chávez y sus acólitos latinoamericanos pertenecen a este otro tipo de democracia "fronteriza". ¿Podría sostenerse entonces que el kirchnerismo aspira a fundar en la Argentina una "democracia delegativa"? Pero este otro sistema, ¿es verdaderamente democrático? La diferencia entre las democracias delegativa y las dictaduras tradicionales es que, a la inversa de éstas, aquéllas no han llegado al poder mediante un golpe militar, como lo pretendió primero Chávez sin conseguirlo, sino mediante elecciones libres, pero la similitud entre las dictaduras militares y las democracias delegativas es que, una vez ganada la primera elección, los demócratas delegativos también buscan el poder total.
La diferencia entre el kirchnerismo y el chavismo sería, a su vez, que mientras Chávez y sus secuaces no perdieron tiempo en pasar de la primera elección a la dictadura, el kirchnerismo ha construido su poder lenta y trabajosamente desde 2003, abriendo así la posibilidad de que las fuerzas verdaderamente democráticas alcancen, finalmente, a detenerlo
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Còmo esconder 51 muertos
Joaquin Morales Solá para LA NACION
arece de capacidad de síntesis, sin duda, pero tiene claridad para expresar lo que quiere. Cristina Kirchner quiere salvar a su gobierno del peor escándalo que se abatió sobre el kirchnerismo: la muerte de 51 argentinos inocentes en Once, forzados a subirse a un tren para cumplir con sus obligaciones. Podría convertirse en el caso que defina y recuerde una época. Le será difícil la salvación de su gobierno cuando un importante sector de la población está mirando la reacción de la Presidenta. La pregunta sin respuesta consiste en saber si todos los poderes del Estado se han contagiado del ensimismamiento de la jerarquía kirchnerista. La ruptura entre gobernantes y gobernados podría estallar, si fuera así, de la peor manera.

La Presidenta cuenta siempre con aliados permanentes o circunstanciales. La Justicia decidió mantenerse en la senda política que ella abrió. El Estado es inocente y hasta víctima, a pesar de que los hermanos Cirigliano (a quienes también protege la Justicia) recibieron en los últimos años transferencias del Estado por unos 500 millones de dólares, por las líneas de inhumanos trenes que controlan. Tienen, además, otros negocios con el Estado, tan lucrativos como el de los ferrocarriles.

¿Es grande el tamaño de la tragedia? Sí, pero no pasó nada. Ni siquiera renunció el enfermo secretario de Transporte, Juan Pablo Schiavi. Los Cirigliano siguen siendo titulares de la concesión de la línea de trenes que se estrelló en Once. La rocambolesca intervención (al contrato, no a la empresa) terminará en un amable pasatiempo entre viejos amigos, los funcionarios kirchneristas y los Cirigliano. El juez Claudio Bonadio no está dispuesto a arruinar ese viejo romance, sobre todo después del último discurso presidencial.

Bonadio pudo optar entre la gloria y la política. Prefirió la política. Es su arte personal como magistrado de la Nación. Aceptó al Estado como querellante sin que el Estado haya sido, en el desenfreno de Once, un particular damnificado ni esté libre de la presunta culpabilidad o complicidad. Es decir, no cumple con los requisitos que la ley impone para que alguien sea querellante. El fiscal de la conmoción de Once, Federico Delgado, había pedido que se investigara el "adentro" y el "afuera" de la tragedia. Esto es: qué es lo que sucedió esa mañana ingrata y cuáles fueron las causas que terminaron con ese tren descarriado. Bonadio está, en cambio, obsesionado desde el día de la tragedia con los asuntos técnicos del hecho en sí mismo. Decidió no mirar el contexto. Es mejor que no lo mire si quiere proteger al Gobierno.

Sólo el informe de hace un año de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT), publicado el miércoles último en LA NACION, podría llevar a la justicia penal a muchos y envarados funcionarios. El informe de la CNRT, que es una dependencia del Gobierno, denunció que en el ferrocarril Sarmiento había "fallas preocupantes desde el punto de vista de la seguridad, por su gravedad y repetición". ¿No fue ese un claro presagio de lo que sucedió luego en Once? Ningún funcionario hizo nada después de semejante advertencia.

Aníbal Ibarra debió dejar el gobierno de la ciudad por mucho menos. El informe que lo inculpó de la tragedia de Cromagnon aconsejaba mayores controles en algunas discotecas, que no se cumplieron, pero no mencionaba a Cromagnon. El informe de la CNRT es preciso sobre el tren de los Cirigliano, no sobre cualquier tren. Si la ley es la misma para todos, habrá que pedirle perdón a Aníbal Ibarra o comprometer en la investigación de Once a funcionarios más empinados que Schiavi. Esto es lo que sagazmente entrevió Cristina y decidió cubrir a todos (y a ella misma). Se enfureció con Schiavi, al que vapuleó varias veces por teléfono, pero la caída de éste podría ser la primera de un derrumbe más amplio.

El Estado puede ser querellante para el juez Bonadio. El conductor del tren no estaba alcoholizado y tenía su celular desactivado. Estas comprobaciones de la Justicia apartan al conductor de la responsabilidad que el Gobierno y los Cirigliano le quisieron endilgar en los primeros momentos posteriores al choque. Los Cirigliano no merecen que el Gobierno les rescinda el contrato. ¿Qué pasó entonces? Estamos cerca de que la tragedia de Once sea caratulada por la Justicia como un extraño suicidio colectivo.

No es difícil llegar a la verdad con sólo responder algunas preguntas. ¿Qué provocó la tragedia? Que los frenos no funcionaron ese día. Delegados gremiales denunciaron públicamente que ese día funcionaban en el tren sólo cinco de los ocho compresores que activan los frenos y las puertas. Pasajeros que salvaron su vida contaron que el tren ya había tenido problemas de frenos en estaciones anteriores. La pericia preliminar dijo otra cosa (sobre trenes que no chocaron), pero no hay mejor pericia que el testimonio de los que vivieron el pánico y la mutilación.

¿Quiénes son los responsables? El concesionario que no cumplió con las inversiones de seguridad y el Estado que no lo controló ni lo persiguió. ¿Dónde fueron a parar los multimillonarios subsidios entregados por el Gobierno a los Cirigliano? ¿Cómo se los usó? El caso se cerraría con las respuestas a esas simples preguntas.

Sabemos que una parte de los negocios de los Cirigliano fue destinada a pagarle vacaciones en el exterior, con avión privado incluido, al ex secretario de Transporte Ricardo Jaime, que era quien les entregaba a los Cirigliano los subsidios para trenes y colectivos. El juez Oyarbide acaba de declarar la prescripción de esa causa de sobornos para los Cirigliano, pero no para Jaime. En el trámite de la corrupción es tan culpable el que cobra como el que paga. Es el sentido común de la ley. Pero, a veces, es el sentido menos común en la Justicia.

El sistema tampoco es difícil de desenredar. Los concesionarios están pendientes de los funcionarios, porque éstos son los que los riegan de subsidios. A los funcionarios sólo les importa el trasiego del dinero a los empresarios, por buenas o por malas razones. Los gremios consiguen también jugosas tercerizaciones y conquistas laborales con ese dinero. Los usuarios son la parte sufrida y marginal, que no forma parte de ninguna prioridad. Hay informes del Estado que denunciaron esas complicidades y hasta se estipularon multas que nunca se pagaron. Nunca fueron reclamadas. La sociedad entre funcionarios y empresarios funciona. El resto es pura apariencia. Nada más.

En la Auditoría General de la Nación hay delegados kirchneristas, que conocían de antemano el último y desolador panorama del Sarmiento que se conoció anteayer. Cristina Kirchner no se interesó por esos papeles; sólo les ordenó a sus delegados que no lo votaran, hasta que la opinión pública presionó sobre sus conciencias. La orden de no votar el miércoles vino de muy arriba , aceptó uno de los auditores kirchneristas. La Presidenta debía hablar el día siguiente en el Congreso. La verdad no podía deshacer un buen relato. El informe se conoció, al final, el día después del largo sermón presidencial.

La misma lógica atraviesa otros hechos. La Presidenta sólo quiere tener más razón que Mauricio Macri. No son 250 los policías federales adscriptos a los subterráneos. Son muchos más. No importa, porque viajar en ese transporte público acarrea el riesgo de ser desvalijado todos los días, en cualquier momento. Hasta en la Web hay un sitio ( peesba.com.ar , una abreviación de Pungas en el Subte) que suministra las fotos de conocidos ladrones de los subterráneos. Es un recurso de la sociedad para defenderse de los delincuentes y de la ineptitud policial. Ninguna instancia del Estado puede hacer nada.

Las cifras dadas por la Presidenta sobre las inversiones en los subtes (rimbombantes 5000 millones de pesos en casi diez años) reduce la inversión a unos 125 millones de dólares anuales. Nada. Con eso no se construyen subterráneos seguros. Sea quien sea su responsable en adelante, el trazo del presagio también incluye a los subtes.

Otra vez la endogamia: Cristina lo mira, enfurecida, a Macri. Es un problema político e ideológico. Un conflicto entre ellos. La sociedad está afuera, sola
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Si Cristina no dice la verdad, ¿miente o se miente?
Mariano Grondona para LA NACION
4.3.12.-Fueron tales las exageraciones y las omisiones de la Presidenta en su presentación ante el Congreso del último jueves que, después de escucharla durante tres horas y diecisiete minutos, nos queda una sola pregunta que no por solitaria deja de ser fundamental. Esta pregunta es la siguiente: ¿cree Cristina, verdaderamente, en lo que dijo? La minuciosa argumentación que nos transmitió el jueves, ¿refleja su auténtico pensamiento o es, apenas, un elaborado intento de manipulación?

A partir de aquí el dilema que presenta la interpretación del discurso presidencial se abre en dirección de dos tesis contrapuestas. Si la Presidenta nos ha querido manipular mediante un elaborado "relato", lo suyo sería negativo y positivo al mismo tiempo. Tendría rasgos moralmente negativos porque está prohibido mentirle al pueblo. Pero esta misma doblez sería políticamente remediable porque, si la Presidenta distorsionó deliberadamente la realidad en su mensaje, nos quedaría la esperanza de que, conociendo íntimamente las fallas de su política que omitió blanquear, esté pensando por lo bajo en ocuparse de ellas cuando le llegue el momento.

Varios pasajes de su discurso podrían apuntar en esta dirección. Si bien parecía encaminada a "castigar" a sus ex amigos de YPF, a último momento y por gestión del rey de España puso un freno que también podría anunciar un intento de revisión de la catastrófica política petrolera que nos ha puesto al borde de la anemia energética.

También debe anotarse en esta breve lista de las posibles omisiones voluntarias de Cristina el hecho de que esta vez no insistió en repetir las mentiras estadísticas del Indec y recurrió una y otra vez a las estadísticas más creíbles, aunque las haya juzgado odiosas desde 2003, del Fondo Monetario Internacional. Otro rasgo de renuente realismo que debe subrayarse es que, pese a que sigue señalando al Reino Unido como el único culpable sobre las islas Malvinas y su ministra de Industria, Débora Giogi, creyendo que la halagaba, pretendió boicotearlo, la Presidenta anticipó el deseo de que haya vuelos directos entre Buenos Aires y Puerto Argentino, una iniciativa que, aunque fue rechazada de inmediato por el gobierno británico, también apunta en dirección de la única vía que nos queda para recuperar las islas en el largo plazo: reanudar las relaciones entre la Argentina y los isleños. Esta es la vía que acaba de aconsejar, por otra parte, un prestigioso grupo de intelectuales con Santiago Kovadloff a la cabeza.

¿Podría ocurrir entonces que, por debajo del relato oficial en temas tan importantes como el petróleo y las islas, a los que podría sumarse hasta el disparate de proclamar que "el corralito" de hace diez años fue el verdadero culpable de la tragedia de Once, asomen tímidamente ahora, al ser reconocidos, aunque sean deformados desde el estrado presidencial, algunos atisbos de rectificación? Si el Gobierno asume ahora aquella tragedia como un componente innegable de la realidad, tarde o temprano se sentirá obligado a hacer algo para que no se repita.

Sobre el fanatismo

También podría ocurrir, para seguir con esta línea de razonamiento, que la Presidenta, aun cuando ya haya advertido los errores más gruesos de su política, no se anime a ventilarlos por la presión del amplio grupo de militantes fanatizados que ella misma ha alimentado, desde Moreno hasta La Cámpora. Tanto en esta hipótesis como en las anteriores, lo malo es que mostrarían a Cristina como una gobernante maquiavélica, que ya sabe lo que pasa, pero aún no se anima a enfrentar el costo político que le exigiría una necesaria rectificación. ¿Es mejor suponer, al contrario, que la Presidenta cree sinceramente en su propio "modelo"?

Sería mejor, otra vez, moral, pero no políticamente. Si Cristina sigue todavía encandilada por sus propias palabras, si ella misma ha comprado lo que vende, ¿podríamos rescatar su sinceridad, pero a costa del agravamiento, de la "profundización" de un curso de acción que está llevando al país a la escasez, la fuga de capitales y la inflación? Pero un maquiavelista nos diría aquí que la misión de los gobernantes no es salvar su alma, sino al país, como lo hizo Arturo Frondizi cuando, contradiciéndose a sí mismo, abrió el camino del autoabastecimiento energético que ahora estamos perdiendo, aun al precio de su propia credibilidad.

Esta segunda hipótesis, "antifrondizista", de la autenticidad aun errada del gobernante, salvaría en todo caso la conciencia presidencial, pero a cambio de los gruesos errores de los que la Presidenta nunca habla y que podrían agravarse a partir de ahora con el otorgamiento de la luz verde al Banco Central para que emita ya sin ningún freno, y con la ex Ciccone Calcográfica de un favorito del vicepresidente Boudou mediante, con el empapelamiento final de la República.

Diversas razones llevan a los pesimistas sobre la futura conducta de Cristina a suponer que su discurso, en lugar de una manipulación maquiavélica, es auténtico y final. Cabe agregar entonces a las razones que esgrimen los pesimistas el hecho innegable de que Cristina, cuando habla, sólo emplea el monólogo autorreferencial porque ningún periodista y ningún opositor pueden interpelarla. El monólogo sin excepciones, el relato sin disidencias, ¿puede conducir a la verdad?

Cuando se atrevió a compararse con Napoleón el jueves porque aspira, como él, a reformar nuestro Código Civil; cuando puso a su período de gobierno por encima de todos los períodos anteriores de nuestra historia y de todos los países latinoamericanos, incluido Brasil; cuando sólo admitió como estadísticamente superiores a China y la India, ¿no se estaba encerrando Cristina en una visión narcisista de la realidad? Si éste fuera el caso, ¿de qué nos serviría suponer que esta desmesurada autoexaltación, pese a todo, es sincera? Tanto ella como sus seguidores y hasta muchos de sus opositores ¿no están todavía bajo el embrujo emocional de la "cifra mágica" del 54 por ciento?

La encrucijada

Decía Maquiavelo que el éxito del príncipe depende de dos factores: la virtú o capacidad, y la fortuna o lo que Ortega y Gasset llamaría "la circunstancia". Pero también decía que la mayor prueba para el príncipe se presenta cuando cambia la "fortuna", cuando gira la circunstancia, porque, acostumbrado como está a tener éxito mediante el método que ya no le sirve, se apega a él por acostumbramiento. El cambio de la fortuna es, por eso, la encrucijada de los gobernantes otrora exitosos. ¿Es ésta, acaso, la situación de Cristina?

¿Está la Presidenta frente al giro de la fortuna? Sus aplaudidores, sus protegidos, esperan que no cambie para seguir pegados al dogma o a sus pequeños intereses. ¿No les ha ido hasta ahora extraordinariamente bien por no cambiar? ¿Le iría igualmente bien a Cristina si ella, de aquí en adelante, tampoco cambiara? Los fanáticos y los aprovechados, por supuesto, la siguen aplaudiendo sin cesar, ya sea en nombre de los ideales que confiesan o al impulso de los intereses que no confiesan. Pero la "fortuna", igualmente, está cambiando. El "viento de cola" ha amainado. El país no crecerá este año al diez, sino al dos por ciento. Los subsidios se están agotando. La plata del consumismo populista ya no alcanza. Las necesarias inversiones todavía no se anuncian. ¿Le ha llegado entonces a Cristina la hora de adaptarse al giro de la fortuna? ¿Está o no está en la encrucijada? Deberá decidirse. ¿Con quién podrá contar para hacerlo? En última instancia con nadie porque al poder ilimitado lo acompaña, invariablemente, la soledad
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Una Obra Cumbre del Relato Oficial
Joaquin Morales Solá para LA NACION
Desde la supuesta sensibilidad social de Cindy Crawford (porque se acordó en Buenos Aires del musical 1.3.12. Evita más que de otra cosa) hasta la denuncia furiosa de la construcción mediática de una "agenda" irreal, la Presidenta agotó y se agotó durante casi tres horas y media de discurso.

Cerca de los récords de Chávez y de Fidel Castro, Cristina Kirchner prefirió abrir las sesiones ordinarias del Congreso con un discurso que fluctuaba entre el tecnicismo de las estadísticas y los coloquios propios de una conductora de televisión. Llamó a ministros y a legisladores por sus nombres de pila o pidió silencio a los "chicos", que no sabían medir su entusiasmo kirchnerista en los momentos graves, durante la ceremonia anual más solemne de cualquier Estado que tenga un Parlamento.

Fue una obra cumbre del relato. Un inventario de las proezas kirchneristas desde 2003 hasta la fecha. En los últimos días, la Presidenta había estado especialmente insistente en que le enviaran informes, cuadros estadísticos y antecedentes. No faltó la contradicción, porque entre tantas victorias se le coló una frase sorprendente: "A veces tengo dudas de si vale la pena seguir adelante", dijo, en una vuelta de tuerca a su visión conspirativa de la vida. ¿Cómo? ¿No sabe si quiere seguir la líder política que ganó de manera aplastante las elecciones presidenciales hace apenas cuatro meses? ¿O, acaso, no sabe si le gusta el poder en los momentos de infortunio? Esta última pregunta es, al parecer, la que podría guardar la respuesta.

Como todo relato autocomplaciente, el discurso de ayer escondió en la cartera los asuntos que no tienen una fácil explicación. Ni una palabra sobre la inflación. Ninguna mención de la fuga de capitales espoleada por la desconfianza social. Silencio sobre todo eso. Debió, eso sí, hablar de la tragedia de Once por segunda vez en apenas tres días. La información que le llega es significativa: encuestas hechas rápidamente indican que una mayoría social señala al Gobierno como responsable último de esa devastación. La propia imagen de la Presidenta se estaría viendo afectada por aquel desastre.

Es notable que haya revalorizado su idea de un tren bala entre Buenos Aires y Rosario cuando millones de argentinos viajan y mueren en los trenes suburbanos de la Capital. ¿Qué solución le hubiera dado a esa inopia aquel tren de velocidad satelital para muy pocos pasajeros? Ninguna.

"La Auditoría General de la Nación no me pidió nunca la rescisión del contrato", aseguró, y le endilgó alguna culpa a Leandro Despouy, el jefe opositor de la AGN. Es cierto. La Auditoría no le pidió nunca eso. No es ésa, tampoco, la función de la Auditoría, que sólo debe investigar y realizar informes fiables sobre las acciones del Estado. La rescisión de los contratos es una decisión que le cabe exclusivamente a la autoridad política, aunque ésta puede respaldarse en aquellos informes de la Auditoría. La Presidenta reclamó de nuevo que otros tomaran las decisiones que le competen a ella.

El enemigo

Componedora por momentos hasta con los ruralistas, la nueva batalla que abrió tiene nombre y apellido: es Mauricio Macri. Lo llamó "adolescente", "frívolo" y "desinformado". Macri le devolvió los subterráneos en el peor momento de la Presidenta y comparando la situación de esos trenes urbanos con la tragedia del Sarmiento. El Gobierno reaccionó en el acto como un animal herido. Amado Boudou quiere ir a la Corte Suprema. Abal Medina despotricó contra Macri. Cristina Kirchner se tensó más de la cuenta en su discurso cuando habló del líder capitalino. Hasta deslizó un improbable acuerdo entre Macri y la concesionaria de los subtes para cancelar los servicios de ayer. La huelga que paralizó los subtes había sido anunciada por el sindicatos 24 horas antes. No era una novedad ni la medida de fuerza carecía de autores formales.

Macri se convirtió definitivamente en su rival más importante. ¿Debe preocuparse el jefe capitalino? El poder se construye con esos contrastes. Si realmente aspira a la presidencia de la Nación, Macri tiene desde ayer un deber de agradecimiento con Cristina por la oportunidad que le dio y por el lugar en el que lo colocó.

Llama la atención que hasta se haya quejado del color amarillo de las obras del subterráneo que se hacen en la avenida Leandro Alem. "¡Esas obras son mías!", pareció decir. El amarillo es el color del macrismo, pero es también el color que usaban ayer las banderas del kirchnerismo en la amplia movilización que hizo. "Los kumpas", decían esas banderas que flameaban desde los colectivos rentados que hicieron más insufrible el insufrible tránsito de Buenos Aires.

Un paréntesis: por primera vez el microcentro se cerró totalmente durante casi cinco horas para los desplazamientos presidenciales. Por lo general, esos cierres se hacen sólo durante 15 minutos, cuando la Presidenta va al Congreso y cuando vuelve del Congreso. Movilización de adeptos, subtes cerrados y varias calles clausuradas durante horas convirtieron a la Capital en un infierno. ¿Qué es eso si no la definición de una nomenclatura aislada de la sociedad?

La sangre no llegó al río con dos obsesiones de temporada. Después de pedirles a las empresas que no importaran insumos de Gran Bretaña, Cristina Kirchner dio una vuelta en el aire y se mostró dispuesta a ampliar el número de vuelos a las islas Malvinas, aunque con aviones de Aerolíneas Argentinas. ¿Por qué no propuso una negociación directa con el gobierno británico sobre ese tema? ¿Para qué le pidió a David Cameron una "oportunidad para la paz" si ella se dedicó luego a tensar aún más la relación? ¿Para qué nombró una embajadora en Londres si ésta se encontrará cuando llegue con un rosario de hechos consumados? La retórica necesita de hechos consecuentes para ser creíble.

Nadie le dijo, a todo esto, que el pedido de la ministra Débora Giorgi a los empresarios, para que no importen de Gran Bretaña, estrellaba al gobierno contra la Unión Europea. Los problemas comerciales europeos son competencia de la Unión Europea. El boicot a un país europeo es considerado un boicot a Europa. Ayer, en Bruselas, hubo una reunión para tratar esta decisión del gobierno argentino, aunque es probable que el anuncio haya quedado borrado por el siguiente anuncio.

Es posible que el rey Juan Carlos haya logrado frenar a último momento la decisión de intervenir YPF. Ningún funcionario del Estado español confirmará nunca que hubo en el fin de semana pasado un contacto entre el monarca y la Presidenta, pero la conversación fue corroborada por fuentes argentinas. Cristina Kirchner había tenido ya una dura conversación, de su parte, con el príncipe Felipe durante un encuentro de 40 minutos entres los fastos de su última asunción. El hijo del rey le sugirió entonces tener en cuenta la "seguridad jurídica" durante su segundo mandato; la réplica de la Presidenta fue agria.

Sin embargo, Cristina Kirchner difícilmente pueda negarse a un pedido del rey español, que le hizo más favores que los que la mandataria argentina está dispuesta a reconocer. De todos modos, nadie, ni aquí ni en Madrid, considera concluido el capítulo de YPF, que provee a Repsol de casi la mitad de su producción petrolera mundial; Repsol es la primera empresa española y la primera también en la Argentina. "Repsol no es Marsans, y ni siquiera se las puede comparar. Repsol es una prioridad para cualquier gobierno español", señalaron en Madrid.

Reformista

La Presidenta anunció que acomodará el cuerpo jurídico de la Nación a la epopeya kirchnerista. ¿La Constitución está incluida en el cuerpo jurídico? No lo precisó, pero hubo muchas alusiones sin precisiones durante el incesante discurso. Por lo pronto, parece dispuesta, mediante una ley, a despojar de cualquier límite a las reservas del Banco Central. Necesita más plata.

YPF y el Banco Central son los emblemas de la nuevas urgencias de la exhausta caja kirchnerista. Las Malvinas son cada vez más, aun con su errática política y su peor diplomacia, el humo que atizan para cubrir tiempos de infortunio
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Repartir culpas sin asumir nada
Por Joaquín Morales Solá | LA NACION
28.2.12.- Paseó su discurso por la épica kirchnerista, comparó a su marido con Belgrano y San Martín, cantó la marcha de la Juventud Peronista de los años 70, se entretuvo en las desgracias de la poscrisis de 2003 y sólo entonces recaló en los 51 muertos de hace cinco días.
Hacía mucho que Cristina Kirchner no lloraba en público. Ayer volvió a quebrarse delante de un micrófono. Fue evidente que sintió el impacto político que pegó en su gobierno por la tragedia del ferrocarril Sarmiento, que se estrelló en Once el miércoles pasado. Sin embargo, habló con palabras medidas, definió la muerte como puede hacerlo alguien entusiasmado por la literatura, pero no se hizo cargo de nada.
La responsabilidad de todo es de la tarjeta SUBE, cuya enrevesada y extravagante historia parece ser, en el discurso presidencial, culpa de un capricho de la naturaleza. Si hace tres años que ella viene luchando para que esa tarjeta suplantara los multimillonarios subsidios a empresarios del transporte, como insinuó sin decirlo, ¿por qué no relevó antes a todos los funcionarios responsables? ¿La devastación, la muerte y la mutilación de Once, largamente anunciadas, son ahora, acaso, culpa exclusiva de las increíbles demoras en la distribución de la tarjeta SUBE?
Echó mano a su retórica más encendida y enojada cuando se refirió a la Justicia. Después de casi diez años de gobierno kirchnerista, y de las decisiones que se tomaron para controlarla, la Justicia que hay es la Justicia que quiso el kirchnerismo. Sucede que la Presidenta no hará nada antes de que exista un peritaje o una definición de la Justicia.
Podría haber hecho otras cosas. Le habría bastado leer el último informe de la Auditoría General de la Nación sobre el estado de los trenes, que data de 2008, para rescindir el contrato de concesión sin pagarles indemnización a los hermanos Cirigliano, dueños de la empresa que administra el Sarmiento. Podría haber pedido el nuevo informe que ya está hecho y que será tratado mañana por el directorio de la Auditoría. Es tan lapidario como el de hace tres años y como el de otros más viejos aún.
Repartió las culpas sin mojarse en las responsabilidades. Los Cirigliano están terminados, si se escucharon bien las palabras presidenciales, pero ellos fueron los amigos dilectos del poder desde Menem hasta los Kirchner. Es probable que también Juan Pablo Schiavi, el secretario de Transporte, haya encontrado un mal final para su corta y zigzagueante vida política. Más que el peritaje de la Justicia, es conveniente esperar que la Justicia no homologue ese mezquino relato del kirchnerismo. La responsabilidad política es mucho más grande que la que les cabe a un simple secretario de Estado o a empresarios largamente conocidos por su voracidad y su incapacidad.
Nunca un contraste fue más nítido que el de la tarde de ayer. Un par de horas antes del discurso de Cristina Kirchner, los padres de Lucas Menghini Rey calificaron de "vil y canalla" un documento de la ministra de Seguridad, Nilda Garré, a la que llamaron por su nombre, y señalaron que la tragedia no fue un accidente, sino un "desastre previsible". Cristina trató luego como pudo, y pudo poco, de acercarse a ellos desde la distancia, mientras recordaba que el padre de Lucas trabaja en Canal 7. Tarde y mal. Nunca hizo una autocrítica del Estado, que demoró casi 40 horas en encontrar un cuerpo sin vida en una formación de apenas ocho vagones. La dura crítica de los padres llegó hasta lugares sociales más profundos que el discurso presidencial.
La Presidenta pareció, por momentos, una vecina ofendida por las ineptitudes del Estado. La tarjeta SUBE es un desastre. La Justicia es remolona. Los empresarios del transporte son peores que los cuervos o los buitres. Son las cosas que dice la gente común cuando se queja de las desdichas de la vida cotidiana. Faltó ayer la jefa del Estado que gobierna o cogobierna desde hace casi una década. Por primera vez, eso sí, debió explicar por qué faltó otra vez a la cita con el dolor. Su reclusión en El Calafate fue, cómo no, una decisión magnánima, la de alguien que no quiere sacar provecho de la muerte. Las familias de los muertos esperaban, no obstante, su consuelo en el momento oportuno; esa misión, difícil sin duda, forma parte de su salario.
El resto del discurso lo dedicó a sus últimas obsesiones. Levantar la disputa con Gran Bretaña por las islas Malvinas, que tiene poco eco en una opinión pública preocupada por cuestiones más próximas y cotidianas. La querella con YPF, empresa a la que culpa de la importación de combustible por un monto de 10.000 millones de dólares anuales. Ninguna desventura es consecuencia, aun las más previsibles, de políticas oficiales. Nada. Los Kirchner diseñaron una política energética cuando llegaron, pero la culpa siempre es ajena. La naturaleza parece ensañarse con ella, que es la que toma todas las decisiones políticas desde hace cinco años
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LA OLIGARQUÍA...
Por Carlos M. Reymundo Roberts | LA NACION
En mi condición de liberal y kirchnerista, nada me hace más feliz que tener una Presidenta multimillonaria. Es como la confirmación de que el capitalismo y el progresismo se pueden llevar a las mil maravillas. La señora es un compendio de los dos mundos: acumula riquezas y quiere hacer la revolución. ¡Me encanta!
Cuando se supo que el año pasado había incrementado 27% su patrimonio, y que éste había llegado a los 70 millones de pesos (casi 17 millones de dólares), personalmente sentí una satisfacción profunda, una suerte de reivindicación. Durante siglos, el peor insulto que la izquierda les propinaba a los dueños de la tierra era llamarlos "terratenientes". Y ahora resulta que nuestra abanderada nacional y popular no sólo es terrateniente, sino que, si repasamos la lista de sus bienes declarados, también es hotelesteniente, dolaresteniente, pesosteniente, empresasteniente, inmueblesteniente? Y todos felices.
Insisto en que la señora y su familia representan la síntesis de dos cosmovisiones, dos ideologías. La izquierda nunca se ha llevado bien con el capital. Cuando los Kirchner llegaron a la Casa Rosada, en 2003, tenían 7,4 millones de pesos, y desde entonces han multiplicado casi por diez su fortuna. Además de ser un prodigio de administración de los recursos, lograron convertirse en ídolos y referentes de gentes que, como los ex montoneros o las Madres de Plaza de Mayo, normalmente se hubiesen rasgado las vestiduras ante tamaña acumulación de ganancias desde el poder.
Para que se entienda mejor: a Menem (el Menem neoliberal de los 90, no el de ahora, aliado nuestro) sus riquezas lo condenaban; a los Kirchner, los beatifican. En Menem, el dinero era corrupción. En los Kirchner, ahorros.
Yo encuentro, además, innumerables beneficios en tener una Presidenta a la que le sobra la plata. El primero, bastante obvio, es que no tiene que estar preocupándose por si llega o no a fin de mes. En ese sentido, la señora está muy tranquila, creo. El segundo es que una situación económica apretada puede derivar en tentaciones reñidas con la moral. A la Casa Rosada no deberían llegar harapientos que aprovechan su poder para salvarse. El tercero es que presidentes que se manejan bien con el dinero no necesitan ministros de Economía. En otras palabras, un Boudou sólo es posible con un Kirchner.
Algunos podrían pedirme -nunca faltan los que buscan el pelo en la sopa- que les explique cómo se pasa de 7 millones a 70 millones mientras se gobierna un país. Mi respuesta es: no lo sé, pero me lo imagino. Me imagino que tienen un buen administrador, que han tenido suerte con sus inversiones y que no gastan más de la cuenta (incluso, que son un poquitín agarrados).
Otros cuestionan el hecho de que la Presidenta haya dicho hace poco que no hay que apostar al dólar, cuando tiene en plazos fijos más de medio millón de dólares (en pesos tiene menos). Los que critican esto, además de ser malintencionados, demuestran no entender nada: si la señora lo dijo es porque se da cuenta de que ese dinero le hubiese rendido más en otra inversión; que perdió plata por apostar al dólar. Tengamos en cuenta que ella habla como Presidenta, pero también como inversora. Se me ocurre un versito con rima, cosa de que quede grabado: es Presidenta e inversora a toda hora. Pero no pretendo hacer poesía, sino que se entienda su naturaleza.
Otra objeción de estos días ha sido que presentó la declaración jurada de sus bienes sobre el límite del plazo legal, e incluso fuera de él. Qué bárbaro: son impiadosos. ¿No se dan cuenta de lo que se tarda en contar 70 millones de pesos? No digo que no sea agradable sumar porotos, pero la cosa lleva su tiempo.
Por lo demás, todo el mundo sabe que hay millonarios ensimismados, egoístas, que nunca compartirán su fórmula, y hay otros que son todo lo contrario. Entre estos últimos están los Kirchner. Fíjense, si no, que gente sencilla como su chofer Rudy Ulloa o el cajero bancario Lázaro Báez, y muchísimos otros, de la nada construyeron una fortuna. Estoy convencido de que detrás de esa súbita prosperidad ha estado el aliento de Néstor y Cristina, el consejo sabio y, por qué no, hasta un impulso inicial en efectivo.
¿Tendrá algo que ver la riqueza de Cristina con su respaldo electoral? Yo pienso que sí. A los argentinos nos gusta que nos conduzca alguien al que económicamente le va bien. No hay nada más desalentador que un presidente pobretón, porque da la impresión de que nos va a hacer pobretones a todos. A Raúl Alfonsín nunca le sobró un peso, y así terminamos, en la hiperinflación. Las masas han estado con Perón, con Menem, con los Kirchner, toda gente de buen pasar. O con Scioli o los Rodríguez Saá. El General, cuándo no, lo tenía muy claro: la triple P (peronismo, poder y plata) es una fórmula imbatible. Muchos se lo dicen a Macri: lo que le falta es la pata peronista.
Yo deseo que los bienes de la señora sigan creciendo. La quiero bien arriba en el ranking deForbes . La quiero desahogada y luciendo, como luce, las mejores joyas y relojes, las mejores carteras, la ropa más cara. Estilo Evita. Vamos bien. A este ritmo de multiplicación de su fortuna, con la reelección lo lograremos. Falta poco para que podamos decir: ella era nuestra Presidenta; ahora es nuestra reina..
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Once: cuando la torpeza compite con la maldad
Por Mariano Grondona | LA NACION
27.2.12.- En 1804, poco antes de ser coronado emperador, Napoléon ordenó fusilar por conspiración al joven duque de Enghien, un miembro encumbrado de la dinastía de los Borbones. El crimen ensombreció la imagen del naciente imperio napoleónico a un punto tal que Talleyrand, el canciller de Napoleón, se animó a minimizar el fusilamiento del duque porque había sido, en su opinión, "más que un crimen, una torpeza". La frase de Talleyrand quedó en la historia porque aprovechaba ingeniosamente la tabla de valores convencional, según la cual el crimen es siempre peor que la torpeza. ¿Nos servirá la ocurrencia de Talleyrand para ubicarnos ante la horrorosa masacre ferroviaria que tuvo lugar el miércoles último en la estación de Once? Al sugerir que la torpeza puede aliviar un crimen, Talleyrand pretendía eximir a su emperador de la peor de las condenas, ya que la torpeza parece ser un pecado "venial" si se la compara con el "pecado mortal" que es la maldad.
A la vista de las decenas de muertos y los centenares de heridos que cayeron en Once, ¿podría salvarse la imagen del Gobierno diciendo que lo ocurrido el miércoles fue, más que un crimen, una torpeza? Que la empresa TBA es culpable por no haber realizado las inversiones ferroviarias a las que se había comprometido y que el Gobierno también es culpable por no haberla vigilado, no hay quien lo dude. Quizás el juez Bonadio agregue a estas culpas "colectivas" las responsabilidades "individuales" del maquinista Marcos Antonio Córdoba -por ahora, excarcelado- y del guarda que lo acompañaba. ¿Pero bastarán estos casos de "mera culpabilidad" para que no sólo los damnificados sino también la opinión pública dejen de lado su indignación, nada más que porque los implicados sólo cometieron "pecados veniales"?
Nuestra tradición jurídica, que viene del Derecho Romano, siempre sostuvo que la culpa es menos grave que el dolo porque en éste, pero no en aquella, impera la intención de hacer el mal. ¿No hay casos empero en que el dolo, pese a ser intencional, provoca menos daño que la culpabilidad? Las familias de los muertos, ya sea en Once o en Cromagnon, ¿estarían de acuerdo con esta invitación a la levedad del castigo de los culpables? ¿O, siendo a veces el daño provocado por los culpables incomparablemente mayor que el daño que puede producir en ocasiones un acto doloso, deberíamos revisar la escala de nuestras condenas? ¿Qué es más grave para la sociedad, el "dolo" de un asaltante solitario que sólo causa un rasguño o la "culpa" por un siniestro colosal?
Teoría de la excusa
El juez Bonadio caratuló la causa de Once como "estrago culposo seguido de muerte". ¿No se anuncia en esta definición la estrategia de otorgar impunidad al Gobierno como lo han hecho otros jueces frente a ese gran impune que es el ex secretario de Transportes Ricardo Jaime? Si esta estrategia se confirmara, vendría a corroborar el objetivo del Gobierno de salir indemne de las acusaciones de mal manejo y de corrupción que lo acechan. No bien ocurrieron los hechos luctuosos del miércoles, el actual secretario de Transporte, Juan Pablo Schiavi, incurrió en expresiones atolondradas, como la de sugerir que el accidente habría sido menor de ocurrir en un día feriado y que los propios pasajeros tuvieron parte de culpa al agolparse en los vagones delanteros, en su urgencia por arribar a tiempo al trabajo. Al Gobierno le faltan inversiones pero es, por cierto, fecundo en excusas.
Las expresiones desafortunadas de Schiavi respondían por su parte a la intención de liberar a Cristina Kirchner de todo atisbo de responsabilidad por la tragedia. Es evidente, en este sentido, que la Presidenta ha pretendido, una y otra vez, que los escándalos de su gobierno ni siquiera la rozaran. Quizá terminen por afectar la continuidad de funcionarios "menores" por este escándalo, a comenzar por el propio Schiavi, pero la directiva de la Presidenta parece ser que, sea cual fuere la gravedad de los hechos de corrupción y de mal manejo que se imputan a su gobierno, nunca la toquen. Es que, sean cuales fueren las malas noticias , Cristina sólo está para dar buenas noticias . ¿Cuántas veces se la ha visto a la cabecera de algún herido, de algún enfermo? Cromagnon causó la caída de Aníbal Ibarra. Once, ¿afectará acaso a Cristina?
La idea de la Presidenta de quedar al margen de los hechos negativos que podrían afectarla se vio confirmada esta vez, cuando llegó al extremo de ordenar al Estado que querelle a los presuntos culpables del siniestro, como si su gobierno viviera en otro planeta. Lo dijo, en su dolor, una de las víctimas de Once: "Este gobierno ha dejado de ser pingüino ; ahora es avestruz ".
La palabra excusa quiere decir, literalmente, "ex-causa" o, con otras palabras, que la culpa siempre está afuera, es ex, porque recae en algún otro. Este "otro" pueden ser, según las circunstancias, desde los "piquetes de la abundancia" del campo hasta los Eskenazi de YPF. La excusa de la querella presidencial apunta a desviar como sea la responsabilidad de Cristina por las fallas de su gobierno. A las malas noticias que irrumpen entre nosotros, sean el luctuoso accidente del miércoles o la "sintonía fina" a la que alude la señora de Kirchner para blindar la imagen del ajuste económico que está por caer sobre los consumidores, se las debe camuflar mediante algún nuevo relato . ¿Podrá esta estratagema proteger indefinidamente el formidable 54 por ciento de los votos que Cristina obtuvo el 23 de octubre?
¿"Tragedia" o "relato"?
Los griegos acudieron a la tragedia porque, en ella, los dioses castigaban la soberbia de los protagonistas haciéndoles morder el polvo de su finitud. Pero grandes autores como Esquilo o Sófocles no tenían ni la intención ni la posibilidad de manipular a los espectadores con un relato diferente de lo que ocurría, algo que está a la mano en la sociedad mediática en la que vivimos. También pudieron elaborar relatos alejados de la percepción popular regímenes totalitarios del siglo XX como el nazismo, seguidor fiel de la consigna de Joseph Goebbels, "miente, miente, que algo queda", pero esta consigna fue eficaz mientras se dieron dos condiciones: una sociedad de masas ajena a la realidad cotidiana y el monopolio de los medios de comunicación en manos del Estado. La Presidenta navega, por así decirlo, entre dos aguas. De un lado, acude de continuo al expediente del relato. Del otro, no ha obtenido el monopolio mediático al cual aspira. Puede seducir a mucha gente por algún tiempo, pero no a toda la gente por todo el tiempo; al 54 por ciento, pero no al 46 por ciento de los argentinos.
Es difícil que, pese a su empeño, Cristina imponga su objetivo en última instancia utópico de la manipulación total de nuestra sociedad. Si advierte a tiempo esta esencial limitación, su mirada quizá descienda sobre la otra alternativa que se le ofrece: internarse a la vista de la sociedad que la rodea en una realidad que, como todo lo humano, incluye lo bueno y lo malo, la bonanza y Once. Si Cristina advirtiera que este otro curso de acción la pondría a ella misma en contacto con los hechos como son, con sus torpezas y maldades dentro, quizá cambiaría de rumbo. Si no lo hiciere, tarde o temprano a ese mismo pueblo que la votó se le caerían las vendas del relato. Rodeada como está por un puñado de aduladores profesionales, ¿caerá en la cuenta la Presidenta de que esta ruta alternativa, que le traería algunos sinsabores, también la pondría también en la única ruta compatible con la democracia? Lo dudamos aunque lo deseamos, por el país y por ella misma.
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La tragedia y la corrupción viajan juntas
Por Joaquín Morales Solá | LA NACION
27.2.12.- ¿Por qué corren tantos riesgos en lugar de invertir parte de los cuantiosos recursos que reciben del Estado? La intencionada pregunta fue planteada por un empleado de la Auditoría General de la Nación a un conocido empresario de los ferrocarriles. ¿Usted cree que todo ese dinero es sólo para nosotros? , respondió el empresario. Las cifras son las que figuran en los documentos del Estado, replicó el auditor. Bueno, digamos que parte de esos recursos son para nosotros, zanjó el empresario, con cierta ironía y una sonrisa inoportuna.
Una vieja sospecha de corrupción en los desorbitados subsidios a empresarios de servicios públicos y, sobre todo, del transporte. Estado y empresarios más preocupados por el trasiego del dinero que por la seguridad de los ciudadanos. Ese es el trasfondo de una tragedia de muerte y mutilación en el barrio de Once. Una carga moral y política de 51 muertos es demasiado pesada para cualquier gobierno. Aquel diálogo del principio fue la confesión de que a los funcionarios les importa tan poco como a los empresarios la inversión en el mantenimiento. Cualquier inversión resultaría, al fin y al cabo, una merma del dinero ilegal que va a parar a cuentas privadas de unos y otros.
La devastación en Once fue comparada con la de Cromagnon. No es lo mismo. Es mucho peor. La discoteca no recibía subsidios del Estado ni prestaba un esencial servicio público. La falta de controles es un delito en cualquier caso, pero nadie está obligado a ir a una discoteca y, mucho menos, a quedarse ahí mientras lanzaban bengalas en un lugar cerrado. El transporte público es, en cambio, una imperiosa necesidad social y laboral de los ciudadanos. Es su conexión con la vida cotidiana para la mayoría de la gente de cualquier país.
Cerca de 5000 millones de dólares fueron transferidos por el Estado en calidad de subsidios, sólo en 2011, a las empresas de transporte público. Unos 16.000 millones de dólares acumularon esas transferencias desde 2004. Esos montos no incluyen los dos millones de dólares por día que se lleva Aerolíneas Argentinas mientras no cesa de perder pasajeros. En 2003, año de la poscrisis en que los Kirchner gobernaron sólo durante los últimos seis meses, tales subsidios fueron de apenas 200 millones de dólares.
Néstor Kirchner hizo su campaña electoral de 2003 con un fuerte discurso sobre el estado calamitoso de los ferrocarriles. Contó, incluso, que se subió a un tren como pasajero raso para viajar en uno de los tramos que terminan en la Capital. Eso es inhumano , contó luego por televisión. Los poderosos hermanos Cirigliano, que tienen la concesión del Sarmiento, el mismo de la tragedia de Once venían en complicidad con funcionarios desde la época de Menem. Formaban parte -y forman- de un sistema discrecional, ineficiente y oscuro.
Kirchner accedió al poder en mayo de 2003 y poco después convirtió a los Cirigliano, y a otros empresarios, en interlocutores favoritos de su gobierno. La intensa presión de la campaña electoral pareció entonces una estrategia para obligar a los Cirigliano a abandonar el menemismo y anclar en el kirchnerismo. Lo logró. Ricardo Jaime (nadie puede explicar por qué no está preso todavía) y Juan Pablo Schiavi fueron los orfebres de ese nuevo amor. La Justicia lo sabe, y calla.
No menos de cuatro informes de la Auditoría General de la Nación (el último que se conoce es de 2008) alertaron al Gobierno sobre la falta de mantenimiento de los trenes, incluidos los frenos, y sobre los riesgos de accidentes mortales. El próximo miércoles, la Auditoría podría aprobar el último, tan fulminante y acusador como todos los anteriores. El Gobierno tenía en esos informes, mucho antes, los argumentos necesarios como para rescindir los contratos sin indemnización. En el informe de 2008, la Auditoría advirtió sobre la posibilidad de un descarrilamiento en un lugar determinado. Una fotografía de vías rotas acompañó la advertencia. Poco después, el descarrilamiento sucedió en el lugar que la fotografía había indicado.
El Gobierno ni siquiera leyó esos informes que advertían, en última instancia, sobre eventuales muertes de argentinos. La última noticia de la Auditoría que conmovió a Cristina Kirchner fue la que dio cuenta de que su otrora protegido Nicolás Fernández, un ex senador santacruceño, había recalado ahí como importante asesor, sin conocimiento de ella. Cristina ordenó que renunciara en el acto. Ya había vetado su reelección como senador. Algo sucedió entre ella y su sucesor en el Senado (Fernández heredó hasta el despacho de Cristina) que nadie puede descifrar.
¿Por qué esos empresarios jugaban, un día sí y otro también, con la vida y la muerte de los pasajeros? ¿Por qué no temieron por su prestigio y por su responsabilidad penal? Había en ellos una enorme sensación de impunidad, la certeza de que ellos y el Estado eran una misma cosa , contaron funcionarios que hablaron con los empresarios sobre los riesgos que corrían. Ahora, esos empresarios han caído en desgracia con los métodos clásicos del kirchnerismo: el Gobierno se exhibe como una víctima tan inocente como los muertos y sus familias. Presentarse como querellante en la causa (que es lo que hizo el Gobierno) sería un sarcasmo si no formara parte de un drama. Sólo pueden ser querellantes los particulares damnificados sin posibilidad alguna de ser investigados como culpables.
Fuentes judiciales aseguraron que difícilmente el juez Claudio Bonadio aceptará esa petición del oficialismo de ser querellante en una causa en la que podría ser cómplice o culpable. De hecho, Bonadío reclamó a la Auditoría General todos los informes que existen sobre la situación de los ferrocarriles. El presidente de la Auditoría, Leandro Despouy, que acaba de sofocar un intento de golpe de Estado de sus propios correligionarios radicales, se puso a disposición del magistrado. Bonadio no es Oyarbide, y decidió llegar hasta el fondo , dijeron en los tribunales. La querella del oficialismo, implícita contra los ex amigos Cirigliano, sucedió luego de que fracasara la estrategia de culpar al chofer de la formación, integrada por trenes que tienen medio siglo de mala vida. Víctima convertida en victimario.
Macri debería pensar dos veces si aceptará el traspaso de los subterráneos. Algunas de esas maquinas, construidas con madera, tienen 90 años y el sistema de señalización es más vetusto que el del ferrocarril. La recaudación tributaria acumulada desde 2003, durante los años del viento de cola más intenso que tuvo la Argentina desde la Segunda Guerra, es de unos 500.000 millones de dólares. Es una cantidad enorme de dinero que no se usó para mejorar la infraestructura del país, sino para hacer, en el mejor de los casos, caminos perdidos que van hacia ninguna parte, sólo para beneficiar a gobernadores o a intendentes amigos. Y también a empresarios igualmente amigos.
Los sobreprecios son una constante de las obras públicas, tal como lo denunció en su momento un ex gobernador de Santa Cruz, Sergio Acevedo. Por eso, Acevedo renunció a la gobernación. La mayor parte de esos recursos de la bonanza económica de casi una década sirvió para construir una sociedad subsidiada y para levantar una formidable maquinaria de poder y de control. Casi el 24 por ciento del total del gasto público se fue, en 2011, en subsidios (transporte, energía, empresas públicas y trabajos y subsidios sociales).
El viento de cola se ha terminado. Lo que no se hizo antes, no se podrá hacer ahora. Economistas privados aseguran que el crecimiento del país durante este año será de un 2 por ciento si las cosas se hicieran mejor de lo que se hacen. También podríamos tener una caída del PBI del 2 por ciento , aseguró uno de los más respetados. Sería la recesión, intensa y depredadora como la de 2009. No es casual que Guillermo Moreno esté haciendo espectáculos semanales de insoportable prepotencia ante empresarios. Está eligiendo a los próximos culpables de la crisis de la economía. Son los mismos empresarios que hicieron lo que él les ordenó durante cinco años y que ahora tampoco reaccionan ante el autoritarismo.
El poder es Moreno, guste o no. Ningún otro funcionario, en uno de los casos históricos más memorables de abandono de funciones y de deberes, es capaz de contradecir o plantear otro punto de vista cuando está frente a la Presidenta. La tragedia de Once, anunciada e ignorada desde hace mucho tiempo, podría ser el presagio de otras tragedias.
Un poderoso empresario preguntó cómo es el sistema de gobierno. Uno de los ministros con más fama de influyente resumió así la respuesta: A la Presidenta se la acata. Somos diez ministros corriendo detrás de un loco

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Se agotò la paciencia
Por Joaquin Morales Solà para LA NACION
22.2.12. eL Gobierno no dice nada. El vicepresidente no aclara ni desmiente ni confirma. Un fiscal empezó a actuar, tarde y con el paso cansino. Una de las más conocidas empresas de impresión de billetes cayó en poder de un amigo de juergas juveniles del vicepresidente. Una mujer, en proceso de divorcio de aquel amigo, lo acusa a éste de ser testaferro del vicepresidente. Los diarios derraman información cotidiana sobre el vínculo personal de Amado Boudou con los que controlan esa firma, la ex Ciccone Calcográfica. No importa. Silencio.

¿No pasa nada, entonces? Ayer pasó algo. El gerente general del Banco Central, Benigno Vélez, renunció a su cargo, uno de los más importantes del sistema financiero y del equipo económico. Vélez es el hombre en el que Boudou confió en el Banco Central, en sus tiempos de ministro de Economía, para hacerle la vida imposible a la presidenta de la institución, Mercedes Marcó del Pont. Vélez cumplió acabadamente con la función que le encomendó su amigo ministro. Resulta, sin embargo, que ahora Vélez firmó la autorización técnica para que Ciccone se hiciera cargo de la impresión de billetes de 100 pesos al precio de unos 50 millones de dólares.

El Banco Central dijo ayer, en un comunicado, que Vélez se fue porque tiene otro destino en el Gobierno. Es improbable que exista otro lugar de tanto brillo, vacante al menos, como la gerencia general del banco que ejerce la autoridad monetaria del país. También puntualizó en ese documento que la adjudicación para imprimir billetes es una facultad del directorio y no del gerente general. Es una aseveración cierta, pero hipócrita. El directorio adjudica luego de la aprobación de los funcionarios del banco. Vélez había firmado la aprobación técnica. Ningún directorio adjudica obras o compras en el vacío.

Boudou debería abstraerse de ese comunicado zalamero y formal. Su situación se empieza a complicar. Marcó del Pont es una alumna dilecta del poderoso Guillermo Moreno; tal vez se convirtió al morenismo más por necesidad que por convicción. Perseguida y descalificada por Boudou, no tuvo nunca más remedio que recostarse sobre alguien más poderoso que Boudou. Sólo estaba Moreno, que viene acusando al vicepresidente, en conversaciones con cualquier interlocutor, de tener poca conciencia de los rigores de la moral pública. Lo vincula frecuentemente con el banquero Jorge Brito y tiene, dice, buena relación con la familia Eskenazi. Brito y los Eskenazi han pasado a integrar desde hace poco tiempo el amplio paisaje de la demonología kirchnerista. Fueron parte de los empresarios amigos hasta entonces.

En la dura interna del oficialismo, Moreno acaba de fulminar a otra pieza de sus adversarios. Pero, ¿es sólo Moreno? Ni el secretario de Comercio ni Marcó del Pont dispararían tan cerca del vicepresidente sin el consentimiento de Cristina Kirchner. Boudou es, quiérase o no, la segunda figura de la República por una decisión personal y exclusiva de la Presidenta. Es verdad, por lo demás, que Boudou venía siendo seriamente objetado por el círculo más íntimo de Cristina. Esto es: por su hijo Máximo y por el secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini. Nunca perdonaron la frivolidad manifiesta del vicepresidente ni su predisposición a ostentar inexplicables riquezas.

La decisión no fue fácil. Quizá porque la desgracia de Boudou habla mal también de la capacidad presidencial para elegir a sus colaboradores. De hecho, el vicepresidente estuvo hasta hace poco protegido por el manto de impunidad judicial y mediática que provee el kirchnerismo a sus militantes. Un fiscal comenzó a averiguar si hay algo de cierto en todo el asunto sólo 15 días después de que se conocieron las primeras informaciones sobre la oscura propiedad de la empresa Ciccone. Un adversario del Gobierno se hubiera visto frente a tres fiscales con vocación de hurgar penalmente en el escándalo en apenas 24 horas. El fiscal Carlos Rívolo fue instruido para moverse por el juez Daniel Rafecas, luego de una perentoria presentación del abogado Ricardo Monner Sans. Ningún fiscal actuó de oficio ni cumplió con su deber.

Novedades

Eso no fue una novedad. El gobierno kirchnerista se resistió siempre a soltarles la mano a sus funcionarios más sospechados de prácticas corruptas. ¿Cuánto tiempo soportó, por ejemplo, Ricardo Jaime? Una novedad fue, en cambio, lo de ayer. Sólo hay dos alternativas para la noticia de que un funcionario cercano a Boudou haya tenido que renunciar: o el vicepresidente está políticamente peor de lo que parece o el Gobierno considera que la situación del vicepresidente es realmente comprometida. Es probable que se trate de una mezcla de las dos cosas.

"La Presidenta no está bien con Boudou desde que se enteró de los aumentos a los legisladores, que él promovió, y de los gastos que hizo para destruir el histórico despacho de los vicepresidentes en el Senado", dijo una fuente con acceso a la jefa del Gobierno. "Ni el menemismo se atrevió a tanto con los sitios históricos", deslizó otro funcionario. El problema de Boudou no es sólo Ciccone, aunque éste sea el más grave y el más difícil de explicar. Su problema es que el caso Ciccone agotó la paciencia del núcleo duro del kirchnerismo. El cargo de Boudou es inamovible, salvo que mediara una renuncia o un juicio político. Su situación debe analizarse, por lo tanto, por lo que sucede con los funcionarios que él designó en la administración, que sí pueden ser relevados.

Por otro lado, ¿cuánta paciencia se necesitaría para que ésta no se agotara? Por denuncias menos probadas, Dilma Rousseff echó a varios ministros de su gabinete. Por un caso infinitamente menor (haber aceptado el regalo de unas vacaciones por parte de un empresario) acaba de renunciar el presidente de Alemania.

Sin embargo, Boudou habría mantenido el favor oficial si su caso fuera una decisión compartida por la aristocracia del kirchnerismo. No lo es. Por lo que se sabe hasta ahora, Boudou abrió solo el tesoro oculto de Ciccone y solo tomó del brazo a empresarios y banqueros que luego cayeron bajo el odio implacable del kirchnerismo.

"Tiene que imitar al ex presidente alemán"

El diputado nacional Gerardo Milman, de GEN, sugirió ayer que el vicepresidente Amado Boudou debería considerar la renuncia a raíz de sus vínculos con los dueños de la ex Ciccone Calcográfica. "De probarse la relación con todos estos señores que han tenido la rara virtud de hacerse millonarios a través de contratos la mayoría de las veces desventajosos para el Estado Nacional, el señor vicepresidente de la Nación debería tomar el ejemplo del ex presidente de Alemania que, ante las sospechas, renunció a su cargo para no comprometer el honor de su propio país", expresó Milman en un comunicado



Otra señal de aislamiento social de la dirigencia
Por Joaquin Morales Solá . Para LA NACION
15.2.. 2012.-Dicen que sus salarios estaban muy atrasados. Es probable. Aseguran que un chofer del Congreso, con algunos viáticos, terminaba ganando más que un senador. Es posible. Eso explica, en parte, la necesidad, pero no la oportunidad para uno de los más voluminosos aumentos salariales que se haya autoconcedido la nomenclatura política. Senadores y diputados nacionales se han otorgado un aumento superior al ciento por ciento en un país donde tres de cada cuatro argentinos trabajan en la informalidad, están desocupados o cobran insuficientes jubilaciones. Sin paritarias. Sin sindicatos. Sin pudor.

La oportunidad está signada por la "sintonía fina" anunciada por la Presidenta, que consiste en un fenomenal aumento de las tarifas de servicios públicos, de un techo, invisible aún, para los incrementos salariales de este año y de la indiferencia frente a la inflación y la escasez de bienes. El Gobierno, por ejemplo, no homologó todavía el aumento salarial de las paritarias de los peones rurales, porque consideró excesiva la suba del 35 por ciento acordada.

La teoría de que un legislador no puede vivir con menos de 35.000 pesos, explicada públicamente por el presidente de la Cámara de Diputados, el peronista Julián Domínguez, podría ser aplicada por cualquier sindicato. Bastaría con poner una cifra. ¿Y si los maestros no pudieran vivir con menos de 18.000 pesos mensuales?

El caso, que tiene una enorme repercusión social, conduce a analizar dos aspectos cruciales de la política actual: el aislamiento social de la dirigencia y el papel de la oposición. Revalorar la política, conquista de la que se ufana el kirchnerismo, no consistió nunca en militar ciegamente detrás de la orden de una jefa. Menos significaría que se limitara a una revaloración de los salarios. Tras la gran crisis de principios de siglo (y del amenazante "que se vayan todos"), la conducción política congeló sus salarios, temerosa de que se hiciera realidad aquel abrupto despido.

Nunca intentó, sin embargo, reconciliarse con la sociedad. Diez años después, parece seguir tan aislada como entonces de las necesidades sociales. El kirchnerismo ensayó en el aire, con palabras hechas para militantes, una supuesta reconciliación entre política y sociedad, condenada ésta siempre a elegir entre lo malo y lo peor. Esa supuesta reconciliación dejó atrás el congelamiento de salarios. Los ministros cobraban hasta no hace mucho tiempo menos de 10.000 pesos mensuales; ahora cobran 45.000 pesos. Los diputados rasos pasaron de 13.000 pesos a 33.000.

Durante los últimos dos años, la oposición gobernó el Congreso, sólo teóricamente. Las divisiones internas, las fracturas promovidas con suerte por el oficialismo y las competencias por futuros y eventuales liderazgos convirtieron la escribanía, como se llamaba al Congreso, en un cementerio. La oposición sólo pudo aprobar un par de leyes, vetadas luego por la Presidenta. Demasiado poco para tan poco tiempo.

La rutina parlamentaria que se anuncia es la de la obediencia debida a la jefa del Estado. La oposición carece de fuerza siquiera para obstaculizar los proyectos del oficialismo. Oficialistas y opositores van a trabajar muy poco, según los pronósticos. ¿Y los aumentos por "productividad" a los que la Presidenta sometió a los sindicatos? La conclusión podría ser desastrosa si al aislamiento social se le uniera la sensación de la gente común de que los legisladores hacen más nada que poco.

Desde hace dos años, el ex vicepresidente Julio Cobos tenía una resolución para un aumento escalonado de los salarios de senadores y diputados, ciertamente rezagados. Nunca lo firmó. El peronismo llegó ahora como llega el peronismo: cortó el nudo de un solo golpe. La propuesta fue del kirchnerismo, sin duda, pero lo extraño es que contó con la complacencia de casi todos los bloques de la oposición, con las excepciones de Pino Solanas y Victoria Donda, entre pocos más. La reunión en la que se comunicó a la oposición el aumento se hizo hace más de un mes.

La primera pregunta interpela al radicalismo, porque es el partido opositor con más legisladores. El centenario partido fue golpeado duramente por el 54% que sacó Cristina Kirchner o por el módico 11% que consiguió su fórmula presidencial. Sea como sea, en los últimos tiempos se ha convertido en una versión más democrática e institucional del propio kirchnerismo. Contra la opinión de sus dos presidentes de bloque, el de senadores y diputados, el partido decidió que debía concurrir a la Casa de Gobierno para escuchar una "política de Estado" sobre las Malvinas. Los radicales se resignaron a suscribir esa política sin ser consultados y sin haber contribuido a su elaboración. Sin saber siquiera si hay una política.

Ahora, fueron los bloques parlamentarios los que oyeron sin reprobar el anuncio sobre los aumentos salariales. Por estos días, el presidente de la UCR, Mario Barletta, se propone también la destitución del presidente de la Auditoría General de la Nación, Leandro Despouy. Las explicaciones que se han dado son muchas, pero la más extravagante de todas consiste en que debería ir ahí un auditor menos irritativo que Despouy para que el oficialismo no anulara ese cargo en una eventual reforma constitucional. La reforma significaría un problema mucho más grande que la permanencia de un cargo de contralor que le corresponde al radicalismo. Despouy es, en efecto, irritativo para el Gobierno, porque fue el radical que más luchó contra las prácticas del kirchnerismo en la última década.

El candidato de Barletta es Mariano Candioti, un ex presidente del Consejo de la Magistratura, santafecino y amigo personal del presidente del radicalismo.Candioti es el candidato también del poderoso operador judicial del kirchnerismo Javier Fernández y del ex senador santacruceño Nicolás Fernández, un kirchnerista convertido ahora en el principal asesor de la Auditoría, que debe controlar al gobierno kirchnerista. La candidatura de Candioti es resistida por los principales dirigentes del radicalismo. Hasta ahora.

El otro caso es el de Federico Pinedo. Apoyó sin condiciones el discurso de Cristina Kirchner sobre las Malvinas, antes había contribuido a la designación de jueces muy cuestionados y ahora también suscribió el monumental aumento salarial. Siempre aclara que son decisiones personales, que no involucran al jefe de su partido, Mauricio Macri. O Macri tiene un bloque autónomo de diputados nacionales o el presidente de ese bloque, Pinedo, confunde sus gustos personales con las necesidades políticas.

El grave conflicto por los salarios de los legisladores denuncia al kirchnerismo, pero también exhibe el desorden intelectual y político de sus opositores

 

Todo el poder en manos de un solo hombre
Por Joaquín Morales Solá | LA NACION
12.2.12.-Lo llaman " el virrey ". Es secretario de Estado, pero tiene más poder que todos los ministros juntos. La economía argentina no se mueve si él no la mueve. Está en condiciones de disponer de la vida de los argentinos enfermos. Sólo él decide qué empresarios ganarán y cuánto ganarán. No quiere aumentos salariales sin su consentimiento. Decidió que la Argentina vivirá o morirá con lo suyo, pero sólo con lo suyo. De espaldas a cualquier mundo. Ha puesto en revisión las políticas, las órdenes y los hombres de Néstor Kirchner. Se llama Guillermo Moreno.
Están destruyendo el legado de Néstor Kirchner, se oyó decir a un viejo kirchnerista. Moreno acusa a Amado Boudou ante sus interlocutores. El vicepresidente le está dando la razón con los turbios manejos que se conocen sobre la propiedad de la empresa Ciccone Calcográfica. Y con su sugestivo silencio. En este caso, la balacera verbal golpea en el despacho presidencial. Néstor Kirchner nunca hubiera elegido a Boudou como vicepresidente. Moreno alude también con los peores términos a la ministra de Industria, Débora Georgi.
Sus párrafos más alarmantes se los dedica, sin embargo, al ministro de Planificación, Julio De Vido. Hay que revisar. Por ese ministerio ha pasado mucha plata en los últimos años , amenaza. De Vido tiene una gestión larga, polémica y cuestionada, pero todo lo que hizo fue ordenado o autorizado por el ex presidente muerto. Esto terminará en Kirchner , se sobresalta aquel kirchnerista. Dicen que De Vido suele mirar con cierta envidia a Aníbal Fernández; éste estará bajo la protección del Senado hasta el año 2017.
Muchos empresarios creen que la economía argentina se bloqueará dentro de pocos meses. Moreno está dejando sin insumos importados a la industria nacional. La producción argentina es muy dependiente de las importaciones. La industria automotriz sólo fabrica aquí el 30 por ciento de su producción. La matriz de esa industria está muy integrada con Brasil; esa fue la condición que pusieron en su momento las empresas automotrices para radicarse aquí y venderle autos a Brasil. Por cada punto de crecimiento de la industria argentina en general, la importación de insumos sube entre 3 y 4 puntos. Sólo un 11 por ciento de las importaciones totales es para bienes de consumo. La brecha entre las exportaciones y las importaciones no se ampliará por la sola caída de las importaciones. También caerán las exportaciones.
Las farmacias reconocen que hay unos 200 remedios que están faltando. Son fabricados aquí, pero requieren de drogas que se importan del exterior. Hay escasez creciente de medicamentos oncológicos y psiquiátricos. Esos tratamientos no se pueden cortar. Las drogas importadas deben pedirse con un año de anticipación, porque se hacen para una empresa en particular. Ninguna droga se vende al mejor postor. La escasez de remedios crea, a su vez, una psicosis social, que eleva el nivel de demanda. No tendrán problemas , les dijo Moreno a algunos fabricantes de medicamentos. Nada más. Discrecionalidad pura. No hubo una sola resolución que avalara la promesa del funcionario.
No giren, no paguen , les ordena Moreno a las empresas extranjeras. Una empresa española y otra portuguesa tienen el mismo problema. Les negarán el permiso para importar si no lo hacen a cambio de exportaciones. Las dos fábricas necesitan de los insumos importados para poder exportar los productos terminados. La discusión es interminable. El funcionario preferido de Cristina Kirchner mandó a una empresa automotriz que no hiciera un giro de dólares al exterior. Se trata de pago a proveedores, explicó la empresa. No lo haga , le replicó Moreno.
Una institución bancaria estatal estuvo a punto de caer en default, no por falta de dinero, sino por una orden del secretario de Comercio. La entidad se salvó por la decisión de su presidente de no cumplir con la orden. Una de las compañías telefónicas no puede terminar un proyecto para ampliar su red de telefonía celular. Moreno no la deja comprar dólares para adquirir imprescindibles insumos en el exterior. La Secretaría de Comunicaciones intima a la telefónica para que termine su proyecto, pero Moreno la conmina a no hacerse de dólares. Un grupo de políticos estaba reflexionando sobre estos asuntos cuando llegó uno con la noticia de que Moreno había prohibido la entrada al país de la revista española Hola . El debate se convirtió en una fiesta de taberna. Nada puede ser serio.
¿Cómo puede ser que una economía que produce 450 mil millones de dólares esté pendiente de un hombre? , se pregunta un diplomático extranjero, fatigado por las quejas de sus empresas. Es así. Moreno decide si entra una camisa o un pantalón. Un auto o un camión. Un par de zapatos o un medicamento. También decide cuánto costarán. Muchos países tienen reglas para las importaciones y la Argentina kirchnerista se cansó de denunciar el proteccionismo de otros países. Tienen reglas. Esa es la diferencia. La Argentina es ahora uno de los países más proteccionistas del mundo, pero sin reglas.
¿Qué resulta de esa diferencia? Un banco francés ofreció créditos para proyectos empresarios, pero el valor mínimo del crédito debía ser de 30 millones de dólares. No encontró un solo proyecto de ese valor, módico por donde se lo mire. Unas 130 empresas portuguesas vinieron hace pocos meses para explorar posibilidades de inversión, porque en Europa el consumo se encogerá durante mucho tiempo. Ninguna decidió invertir un dólar en la Argentina. Fuentes del sistema financiero señalan que hay unos 50 mil millones de dólares de argentinos en cajas de seguridad. Nadie quiere arriesgar ese dinero en inversiones o en depósitos bancarios. La arbitrariedad es un exceso de poder que ahuyenta la confianza de cualquier origen.
El legado de Kirchner. No sólo De Vido está bajo el fusil del militarista Moreno. También YPF y la familia Eskenazi han caído en sus garras. Las reservas argentinas de hidrocarburos cayeron en la última década (y eso es cierto) como consecuencia de una política populista que congeló tarifas y espantó a los inversores. El Gobierno habla del tema como si hubiera recibido una mala herencia. ¿Herencia? En mayo se cumplirán 9 años de administración kirchnerista. YPF hizo importantes inversiones desde 2010, pero eso no podría compensar la falta de condiciones para la inversión que prevaleció durante casi una década.
Nadie sabe qué pasó con la familia Eskenazi. Sus miembros están en YPF porque Néstor Kirchner pidió en su momento socios argentinos que fueran sus interlocutores (es decir, que manejaran la empresa). Se rumoreó que el conflicto se debió a la decisión de argentinos y españoles de cobrar sus ganancias y girarlas al exterior. Resulta que los dividendos de YPF significan sólo el 8 por ciento del volumen anual de dinero que controla la empresa. Es más probable que el Gobierno esté buscando un culpable para el déficit energético y la caída vertical de los subsidios al consumo de servicios públicos. En el barrio de Devoto, en la Capital, algunos vecinos recibieron las facturas de gas sin subsidios, pero, además, con un adicional de unos 400 pesos para financiar las importaciones de combustible.
Moreno se pavonea en Olivos. Se frenó la salida de capitales y cayeron las importaciones, dice. Así son sus victorias. Duran unos días o unas semanas. Después quedará tierra arrasada. La Presidenta mira la economía con la lógica de la política: busca los culpables y no las causas. Moreno encaja, perfecto, en ese método. Algunos empresarios, pocos, proponen hacer una propuesta antes de que se derrumbe la producción argentina. El resto mira al Gabinete para imitarlo. Los ministros decidieron balconear la fiesta de Moreno hasta que, aseguran, encuentre la pared con la que chocará, irremediablemente
 
Se suma la oposición al coro de los aplaudidores?
Por Mariano Grondona | LA NACION
12.2.12.En los comienzos del teatro griego había un solo actor que, como debía cambiarse para interpretar a los diversos personajes de la obra, era sostenido por un coro cuyos integrantes, los "coreutas", cantaban para cubrir los vacíos de su ausencia. Después se agregaron más actores, pero no por eso el coro perdió su función principal, que era servir de nexo entre los actores y el público para acentuar el impacto de la representación. Cuidadosamente diseñadas, las representaciones televisivas de la Presidenta podrían ser imaginadas hoy como actualizaciones del teatro griego de los comienzos, ya que en ellas un conjunto de coreutas acompaña a una única actora.
En la representación presidencial del martes último, dedicada a las Malvinas, hubo dos novedades. Una, menor, fue la reaparición de Hugo Moyano entre los coreutas. La otra, mayor, fue que al coro de ministros, legisladores y funcionarios que habitualmente aplauden a la Presidenta se le sumaron opositores. Decimos que la primera novedad fue "menor" porque no liberó a Moyano de la "mala onda" que aún existe entre él y Cristina. Y decimos de la segunda novedad que fue "mayor" porque puso en cuestión el verdadero vínculo entre la Presidenta y la oposición, entre el 54 por ciento que la votó y el 46 por ciento que no la votó.
La respuesta de los opositores ante la invitación que les había formulado la Presidenta para que la acompañaran en su reclamo por las Malvinas no fue unánime. Algunos de ellos no asistieron. Se contó entre los partidos ausentes a la Coalición Cívica de Elisa Carrió, cuya vocera, la senadora María Eugenia Estenssoro, señaló que "la causa de las Malvinas es demasiado importante como para hacer de ella otro show". Tampoco concurrieron el Proyecto Sur, que lidera Pino Solanas, ni parte del Frente Amplio Progresista (FAP) de Hermes Binner. El diputado Eduardo Amadeo fundamentó su ausencia con estas palabras: "Las decisiones importantes deben ser el resultado del diálogo. No estoy de acuerdo con ser invitado sólo a aplaudir".
Aceptaron la invitación presidencial, en cambio, la Unión Cívica Radical, el Partido Socialista que también integra el FAP, la Unión por Todos de Patricia Bullrich y el Frente Peronista de Francisco de Narváez. Llamó la atención el alto grado de adhesión de Federico Pinedo al discurso presidencial que calificó de "impecable", aunque el diputado de Pro aclaró enseguida que su apoyo al discurso de Cristina fue "personal" porque él es un "malvinero" desde siempre, y que por lo tanto no comprometía al jefe de Pro, Mauricio Macri, que estaba de vacaciones.
¿Un gesto o un ardid?
Aunque al finalizar el acto la Presidenta entonó de memoria canciones militantes junto a La Cámpora, su discurso en sí fue sobrio, acorde con un reclamo como el de las Malvinas que convoca a los argentinos. Los opositores que concurrieron el martes a la Casa Rosada destacaron que no habían participado de un acto partidario sino de una ceremonia de alcance "nacional". Los críticos del Gobierno se hicieron en cambio esta pregunta: ¿hubo alguna novedad, acaso, en la presentación de la Presidenta?
Si la novedad consistía en desclasificar, para después publicarlo al menos en parte, el famoso Informe Rattenbach sobre la Guerra de las Malvinas, este anuncio pareció redundante por cuanto ya la revista Siete Días había dado a conocer el Informe en 1983. Denunciar la "militarización" de las islas Malvinas del gobierno inglés porque envió a un destructor avanzado y al príncipe Guillermo a las islas, cuando es de sobra sabido que el Reino Unido mantiene una poderosa guarnición sobre ellas desde que terminó la guerra, no parece haber agregado nada nuevo al entredicho de las Malvinas. No sonó creíble, en fin, la manifestación del ministro de Defensa, Arturo Puricelli, cuando dijo que si los ingleses atacaran el territorio argentino les responderíamos militarmente, por dos razones. Primero, porque, para todos los afectos prácticos, nuestro país carece de fuerzas armadas. Y segundo, porque el ministro debiera haber recordado antes de hablar que los ingleses ya ocupan parte de nuestro territorio. ¿O Puricelli supone acaso que las Malvinas no forman parte del territorio argentino?
Si la Presidenta no innovó sobre las islas Malvinas en su presentación televisiva, queda una pregunta por contestar: lo suyo fue apenas el "show" al que aludió la senadora Estenssoro o tuvo, al revés, una explicación política significativa? ¿Fue sólo un gesto patriótico o, además, un ardid político?
La "agonía" de Cristina
La acción política tiene dos dimensiones: una arquitectónica , la otra agonal . Responden a la dimensión "arquitectónica" aquellas acciones que reflejan la voluntad del Estado en cuanto tal y convocan, por ello, a la generalidad de los ciudadanos. El objetivo de recuperar las Malvinas es, en este sentido, arquitectónico. Pero el objetivo de sacar ventajas particulares amparándose en un objetivo arquitectónico es en cambio "agonal" por cuanto el término agonía significa "lucha"; en política, "lucha por el poder".
La representación televisiva de Cristina contenía estas dos dimensiones. Como presidenta de los argentinos, nos representó "arquitectónicamente" en nuestro anhelo de recuperar las islas. Pero el objetivo "agonal" de los Kirchner ha sido, desde 2003, retener y ampliar el poder por todo el tiempo. Si analizamos la representación televisiva del martes desde este ángulo de mira, surge entonces la siguiente pregunta: ¿de qué manera ella estaba destinada a servir al objetivo "agonal" de Cristina?
Néstor en forma frontal, Cristina en forma sutil, los dos Kirchner procuraron de entrada combatir sistemáticamente a todos sus oponentes. Algunos han señalado que la exposición televisiva del martes tenía por objeto disparar fuegos artificiales que distrajeran a los argentinos de las dificultades económicas que se avecinan. Esto es verdad, pero no toda la verdad, porque también es verdad que el objetivo "agonal" del último martes fue reducir aún más la imagen de una oposición ya debilitada. Al invitarlos a la Casa Rosada a presenciar su alocución por las Malvinas, lo que intentó la Presidenta fue sumar a sus opositores a la corte de coreutas que la aplauden. Hasta ayer se podía decir solamente que Boudou y los suyos integran esta corte. ¿Habrá que sumarles ahora a los opositores que concurrieron a la Casa Rosada? Aquí es válido subrayar la observación que lanzó Amadeo porque la convocatoria de la Presidenta a los opositores no fue para "dialogar" con ellos -hacen falta dos no sólo para bailar el tango sino también para dialogar- sino para que la escucharan en silencio porque, como dicen en su entorno, "a la Presidenta no se le habla; se la escucha". La convocatoria del martes logró, además, un efecto colateral: que, al dividirse en torno del dilema de ir o no a la Casa Rosada, los opositores dieron una nueva muestra de fragmentación.
¿Cómo está entonces la imagen de la oposición después de la representación presidencial sobre las Malvinas? Aquellos que acudieron y aplaudieron, quedaron al borde de la corte de los aplaudidores. Aquellos que no concurrieron, confirmaron la división opositora. De resultas del monólogo presidencial a la que había sido invitada, la oposición a Cristina, que ya era débil, hoy lo es todavía más. La nueva ventaja comparativa que logró el martes, ¿no era acaso el objetivo "agonal" de la Presidenta? Esta pregunta deja otra todavía sin contestar: ¿cuándo y cómo podrá surgir el adversario capaz de medirse con ella?
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Mas gestos que hechos
Joaquin Morales Solà para La Nacion

8.2.12.-Aunque todos los relativos anuncios de ayer fueron correctos, es difícil explicar por qué se usó tanto para tan poco. Un país en vilo durante 24 horas. La oposición formalmente convocada por primera vez en ocho años. Una ráfaga de reconciliación con Hugo Moyano, sólo para que la cúpula gremial estuviera presente. Empresarios que nunca faltan. Funcionarios que sirven para cualquier temporada. Los aplaudidores de siempre. Nadie sabía nada de antemano. Los radicales desconocían si iban a asistir a una declaración de guerra o de paz. Moyano creía que era un anuncio sobre el petróleo o, en el mejor de los casos, un puente tendido hacia la reconciliación con él. Todos terminaron escuchando la repetición de anuncios sobre las Malvinas que ya se habían hecho.

En el caso del Informe Rattenbach hubo, además, un paso atrás respecto del último anuncio. Entonces se dijo que se abriría ese informe a la opinión pública, sin condiciones y de inmediato. Ahora se creó una comisión (integrada también por el hijo militar del teniente general Benjamín Rattenbach) que analizará en 30 días si existen pasajes de ese informe cuya divulgación podría afectar la seguridad nacional.

En rigor, ese informe ya mandó presos a militares al final de juicios que se hicieron en tribunales ordinarios y que terminaron a mediados de la década del 90. Mucho antes, en las postrimerías de la dictadura, la entonces revista 7 Días había publicado el Informe completo. Quizás haya, aunque nadie la sabe, anexos que se desconocen. Sería, en tal caso, lo único nuevo para los que han seguido esa historia. No puede desconocerse, con todo, la decisión presidencial de rendirle homenaje a una figura como Rattenbach, un militar que juzgó con coraje y decisión a sus propios camaradas, los responsables de una guerra criminal, inservible y equivocada. Rattenbach pagó con su propio aislamiento del mundo militar aquel implacable rigor.

La Presidenta tiene siempre su propia historia de la historia. Ayer aseguró que no hubo una adhesión social espontánea a la guerra, sino -cómo no- una manipulación de los medios. Una dictadura manipula la información. Esa no es una novedad. Es cierto que manipuló la información sobre la guerra y confundió a todos los argentinos. Pero también es verdad que hubo un amplio apoyo social espontáneo en el primer momento, tal vez como consecuencia de un viejo sentimiento nacional sobre las Malvinas.

La excepción

La descarada manipulación posterior por parte de la dictadura (que tuvo su centro en los medios estatales, como siempre) contó con la solidaridad de casi todos los dirigentes políticos argentinos, con la sola excepción de Raúl Alfonsín. Alfonsín fue el único dirigente civil que se negó a ir a las Malvinas cuando asumió el gobernador militar designado por la dictadura y el único, también, que deslizó algunas objeciones a la aventura militar. La sociedad se vio, a todo esto, en medio de la falsa información militar, que era, al mismo tiempo, secundada por el decisivo apoyo de los políticos civiles. Solidaridad que incluyó a todos los dirigentes, nacionales y provinciales, del Partido Justicialista, el partido de la Presidenta.

La Argentina ha recurrido históricamente a las Naciones Unidas, sobre todo desde que en la década del 60 el entonces canciller Miguel Angel Zavala Ortiz consiguiera la resolución de la Asamblea General que describe a la situación de las Malvinas como colonial. Ese es el eje de la histórica política argentina sobre las islas. Extraña que el kirchnerismo ponga el acento sólo ahora en el Comité de Descolonización de la ONU (con oposición incluida, como anunció Cristina Kirchner) después de ocho años de gobierno. Sorprende también que no se haya acordado mucho antes de los veteranos de la guerra, que siempre fueron menospreciados, olvidados y marginados. Como todos los veteranos de una guerra, sufren, es verdad, las consecuencias físicas y psicológicas de una conflagración. Ellos son víctimas inocentes y claras, porque no decidieron nada y debieron ir a la fuerza a una guerra desigual y chapucera.

Esa historia no le da derechos a ningún veterano a ejercer ahora la violencia. La agresión física que sufrió el diputado kirchnerista José María Díaz Bancalari, a manos de agrupaciones no oficialistas de veteranos, merece un enérgico repudio.

Por otro lado, la militarización del Atlántico Sur existe, pero existe desde la guerra perdida por la dictadura argentina en 1982. Otra cosa es, no obstante, la impolítica exhibición armamentística que está haciendo Londres en los últimos tiempos. Innecesaria, absolutamente.

Tal vez la parte más sustancial del discurso de Cristina Kirchner haya sido la que empleó para tenderle la mano de una negociación, otra vez, al primer ministro británico, David Cameron. Esa es la mejor decisión de la Presidenta desde que estalló la nueva tensión con Londres. Pudo hacer algo más concreto que una bella frase ("Dele una oportunidad a la paz", lo instó) e instruir a la nueva embajadora en Londres, Alicia Castro, a quien tenía a escasos metros, para que pidiera al gobierno británico una inmediata ronda de negociaciones. Ya es tiempo de que alguno de los gobiernos dé un paso concreto hacia el diálogo, más allá de proponerlo ante micrófonos políticos. Que es lo que hacen los dos.

Sorpresas

La oposición salió sorprendida por lo poco que hubo, aunque también distendida porque no había asistido a ningún desatino. La sorprendió, sí, una imagen del canciller Héctor Timerman. El ministro llegó en los momentos previos al discurso presidencial, buscó su nombre en la mesa donde estaría Cristina y no lo encontró. Sí estaba, en cambio, el nombre del ministro de Defensa, Arturo Puricelli. Timerman terminó sentado en una tercera fila de la plata de funcionarios. ¿Qué pasó? Es extraño, pero el ministro de Defensa prevaleció sobre el canciller durante un discurso en el que se proclamó la paz y no la guerra. ¿Fue entonces uno de esos mensajes encriptados del trono sobre el favor o el disfavor de sus cortesanos, que nada tienen que ver con el hecho convocante? No hubo respuestas.

¿Por qué semejante expectativa para tan poco? El conflicto con el sindicalismo se moderó durante algunas horas. El tenso y crucial silencio del molesto Brasil, por las medidas contra las importaciones de Guillermo Moreno, pasó a un segundo plano. La necesidad de dólares de la administración y las nuevas restricciones a la compra del billete norteamericano por parte del argentino común se esfumaron, fugazmente. De la agenda pública salieron la inflación, la quita de subsidios al consumo de servicios públicos y los primeros síntomas de una economía que comienza a ser tocada por la crisis internacional.

David Cameron tiene sus problemas internos y quizá, como corean los funcionarios argentinos, echó mano a las Malvinas para distraer a su opinión pública. Si aquello fuera cierto, Cristina Kirchner debería cuidarse de no seguir los mismos pasos. Las Malvinas ya han sido usadas y nunca, ni aquí ni allá, el resultado fue bueno
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Cuando la economia se encoge crecen los enemigos
Por Joaquin Morales Solá para LA NACION
 

1.2.12.-Hugo Moyano y la familia Eskenazi se han visto, seguramente, pocas veces en la vida. El dirigente gremial y esos empresarios son ahora, sin embargo, víctimas de la misma mutación: están siendo odiados por quienes antes los amaban. ¿Cambiaron ellos? ¿Hicieron algo nuevo y sorpresivo? No, al menos a simple vista. Cambiaron, en contraste, los objetivos del Gobierno y los protagonistas centrales y decisivos de la administración. Lo que antes era necesario ya no lo es ahora. Las prioridades son otras, además, cuando la economía parece entumecerse, extenuada por la larga juerga de los últimos años.

Moyano fue imprescindible para el kirchnerismo. El jefe de uno de los sindicatos más poderosos le dio el apoyo popular (y de poder) que las urnas le retacearon al mandato inicial de Néstor Kirchner. Luego, se convirtió en un aliado indispensable para el primer mandato de Cristina Kirchner, que incluyó la corrosiva contienda con el campo. Moyano formó parte de las soluciones a esos conflictos políticos, pero ahora parece formar parte del problema.

Escasean las buenas noticias económicas. Los atriles presidenciales de otrora, llenos de regalos como árboles navideños, se transformaron en escuetos comunicados de ajustes sobre ajustes. Tarifas, precios, impuestos. Todo sube o subirá. La inflación, alta de antemano, acecha entre tantos aumentos actuales. Merma la demanda de empleo, sobre todo en la industria. Según un estudio del economista José Luis Espert, la desocupación actual ronda el 11 por ciento, muy lejos del 6,7 por ciento anunciado por la Presidenta.

La única solución que encontraron los gobernantes para frenar una escalada inflacionaria es la de moderar los aumentos salariales de este año. Proyectan un porcentaje promedio de subas de salarios por debajo de la inflación por primera vez en los años kirchneristas. Moyano es parte de ese problema, porque el jefe cegetista ya comunicó que no aceptará esa política. Inflación de supermercado. Ese es el medidor de Moyano. Es, también, la diagonal que encontró para decir que no le cree al Indec ni a las propuestas salariales del Gobierno.

La pérdida de influencia de Julio De Vido significó también para Moyano la desaparición del último interlocutor confiable que tenía en la administración desde la muerte de Néstor Kirchner. Ya no tiene a nadie a quien quejarse o con quien acordar. Para peor, el influyente Máximo Kirchner lo combate al líder de los camioneros desde los tiempos en que su padre era presidente. Cristina Kirchner cree, a su vez, que la victoria electoral es suficiente para llevar adelante un gobierno personal. El día a día de una administración, cohabitando con los sectores sociales, le es absolutamente ajeno a su cosmovisión política. Encima, Moyano nunca fue un aliado fácil, ni siquiera cuando entraba al despacho presidencial sin golpear la puerta. La colisión estaba anunciada entre tantas contradicciones. Faltaba que sucediera. Sucedió.

Cambios

La familia Eskenazi pasó a integrar, en el nuevo campo de batalla, el bando de los adversarios junto con los españoles de Repsol. La incorporación de los Eskenazi a la propiedad de YPF fue una solución acordada con Néstor Kirchner, cuando el gobierno kirchnerista se preocupaba por la oferta de energía. La energía ya no es una prioridad, aunque su escasez es creciente. Los dólares tienen ahora la primacía. No podría ser casual que el disparo de largada del conflicto haya sido, precisamente, la decisión de los Eskenazi de votar junto con los españoles para que se repartieran las ganancias de YPF entre sus dueños. El representante del Estado votó en contra, sorpresivamente. Los Eskenazi no tenían alternativa: su compromiso, avalado en su momento por el gobierno del ex presidente muerto, consiste en pagarle a Repsol con sus dividendos la compra de acciones de YPF.
El conflicto existía desde antes. Ya en los últimos meses del año pasado Cristina Kirchner había hecho en Olivos una evidente diferencia en el trato con Sebastián Eskenazi, el CEO de YPF, en favor entonces del banquero Jorge Brito. Fría con Eskenazi, cálida con Brito. Después, cuando comprar dólares se convirtió en otro delito de traición a la patria, Brito cayó también en desgracia por hacer lo que hacen todos los banqueros. Repartir ganancias en dólares (gran parte de las cuales, las de Repsol, fueron giradas al exterior) también es ahora una deserción a la patria.

Inversiones

Es cierto que hay un problema de inversión en el sector energético, pero no es menos cierto que es una consecuencia de las políticas populistas del oficialismo. Las petroleras con pozos gasíferos en la Argentina perciben sólo una quinta parte del precio que el Estado paga por el gas importado. Varias empresas productoras de gas se han ido del país en los últimos años. Repsol y los Eskenazi deben cumplir ahora el papel de culpables, que el Gobierno no asumirá nunca, por la decadencia energética argentina.
Cristina Kirchner oye una sola campana, las de sus funcionarios, y con ese repiqueteo ordena sus discursos. Ha llegado muy lejos en los últimos tiempos, cuando se refirió a los españoles recordándoles las épocas del virreinato. En tales párrafos se pareció más a Evo Morales que a su marido. Esos perdigones verbales llegaron a Madrid. "Estamos dispuestos a discutir los problemas de ahora y del futuro, pero no la historia de hace 500 años", dijeron en la capital española. Las escaramuzas con los empresarios españoles (y, por lo tanto, con el gobierno español y con su monarquía) explican también por qué Carlos Bettini, el embajador argentino en Madrid y amigo personal de la Presidenta, no está en el nuevo gobierno de Cristina Kirchner, contra todos los pronósticos. Bettini no suscribiría nunca ni las políticas ni las palabras de su vieja amiga.
Patrullas kirchneristas dormidas de las estatizaciones se han despertado de pronto. El Gobierno calló cuando se conoció la noticia de que estaría estudiando la nacionalización y estatización de YPF. Tal vez se trate del conocido método de presión del kirchnerismo; tal vez, no. Sea como sea, la producción energética no mejorará si la controla el Estado argentino, como no mejoró ninguna empresa estatizada durante el kirchnerismo. Una sola cosa sería distinta para el gobierno. YPF es la principal empresa del país y, por lo tanto, la que más factura, ya sea en pesos o en dólares. El círculo se vuelve a cerrar: lo que importa ahora son los dólares que faltan en una economía que se encoge

Entre el adios al cáncer y la bienvenida al ajuste

Por Fernando Laborda para La Nación
8-1-12-El gobierno nacional ha dado muchas muestras de estar más preocupado por el relato de los acontecimientos que por los propios acontecimientos. Una de las especialidades del kirchnerismo es la generación de climas de hondo dramatismo, no exentos de salidas epopéyicas. La internación de Cristina Fernández de Kirchner como consecuencia de un supuesto cáncer de tiroides echó a volar la imaginación de militantes y expertos en comunicación del oficialismo. La imagen de una mujer capaz de superar la muerte de su esposo y mentor político y de vencer la peor enfermedad del mundo en poco más de un año era seductora para cualquier biógrafo o jefe de campaña. El adiós al cáncer que no fue, más allá del final feliz para la salud de la Presidenta y para todos los argentinos, le ha restado condimentos a la historia oficial.
Finalmente, el estudio histopatológico definitivo de la Presidenta modificó el diagnóstico inicial surgido de la punción, que daba cuenta de un carcinoma papilar, y descartó la presencia de células cancerígenas. El óptimo estado de salud de la primera mandataria hará innecesaria la administración de yodo radiactivo y, seguramente, le permitirá reintegrarse a sus funciones antes de lo planificado.
El interinato de Amado Boudou no será mucho más que un hecho anecdótico, que en todo caso sirvió para poner en evidencia los temores de ciertos sectores ultracristinistas sobre un prematuro inicio de la carrera presidencial hacia 2015.
Las buenas noticias vinculadas con la salud presidencial perderán velozmente impacto ante la irrupción de otras relacionadas con esa palabra tan temida y negada por el kirchnerismo: ajuste.
Los problemas de caja serán cada vez más serios. A menos que el ministro de Economía, Hernán Lorenzino, pueda remontar la cuesta del rígido discurso oficial sobre el desendeudamiento externo y lograr el retorno de la Argentina al mercado internacional de crédito.
En los próximos días se cumplirá el plazo que se habían fijado el Gobierno y el Fondo Monetario Internacional para definir un nuevo índice de precios. Hasta ahora, no hay novedades sobre esa cuestión. La relación del país con los organismos financieros del mundo continúa siendo muy fría.
El ajuste, aunque el Gobierno se empeñe en disimularlo, ya está entre nosotros.
Pocos recuerdan que, a poco de asumir por primera vez, en diciembre de 1991, la gobernación de Santa Cruz, Néstor Kirchner aplicó por decreto un ajuste cuyos seguidores hoy calificarían de salvaje. Las cuentas fiscales de la provincia estaban en rojo y, para equilibrarlas, Kirchner ideó una rebaja en los sueldos de los empleados públicos y de los jubilados locales del 15% en los haberes superiores a 500 pesos y del 10% en los inferiores a aquel monto.
Mediante el mismo decreto, el entonces gobernador santacruceño declaró "la imposibilidad del pago de haberes de los funcionarios y empleados públicos activos y pasivos" correspondientes a diciembre de 1991 y a la segunda cuota del aguinaldo de ese año. Un año después, con las cuentas más ordenadas, las deudas salariales comenzaron a ser devueltas en cuotas.
Aquel decreto provincial, que llevó el número 309/92, tenía las firmas del actual titular de la Secretaría Legal y Técnica de la Presidencia, Carlos Zannini, entonces ministro de Gobierno de Santa Cruz; de Alicia Kirchner, ex ministra de Asuntos Sociales del distrito, y de Ricardo Jaime, ex secretario de la gobernación, hoy procesado tras su triste paso por la Secretaría de Transporte de la Nación.
Los problemas fiscales de Santa Cruz vuelven a manifestarse con crudeza en estos días. Pero, esta vez, al gobernador Daniel Peralta, tomar medidas parecidas a las instrumentadas por Kirchner veinte años atrás, le costó la reprimenda de la Casa Rosada y la renuncia de varios ministros provinciales, entre ellos los vinculados a la agrupación La Cámpora.
Tal vez inspirada en la primera decisión de su esposo cuando llegó a la gobernación de Santa Cruz, Cristina Kirchner firmó días atrás un decreto para revisar los sueldos de 300.000 empleados de la administración pública nacional en lo que respecta a bonificaciones y suplementos. Las necesidades fiscales, anunciadas con la eliminación de los subsidios a las tarifas de agua, luz y gas, son ya innegables.
Las inconsistencias del modelo kirchnerista son agravadas por un nuevo enemigo: la sequía. En los últimos días, mientras la militancia recitaba plegarias por la salud de la Presidenta frente al Hospital Austral, otros funcionarios miraban al cielo esperando la lluvia.
Si las condiciones climáticas no mejoran, hay quienes aventuran que las pérdidas para los productores y para el Estado nacional por las menores cosechas de soja y maíz podrían acercarse a las de la campaña 2008/2009, cuando se perdieron 30 millones de toneladas.
Los cálculos más optimistas señalan que, al día de hoy, la cosecha de maíz, estimada en 30 millones de toneladas, no superaría los 20 millones, en tanto que la de soja, proyectada en 52 millones de toneladas, se ubicaría en 44 millones. Estos números, a los precios actuales, implicarían una reducción de las exportaciones de unos 5800 millones de dólares y una caída de los ingresos por retenciones para el Estado de casi 1700 millones de dólares. Pero podría ser peor.
La sequía abre también interrogantes sobre una probable merma de la oferta de dólares y un nuevo aumento en su cotización. Más doloares de cabeza: el dólar marginal, que hacia fines de 2011 parecía haber sido domado a los gritos por Guillermo Moreno, estabilizándose en 4,50 pesos, ha subido en los últimos días hasta los 4,80 pesos.
La situación fiscal de las provincias tampoco escapa a los temores por la sequía. En Córdoba, el gobernador José Manuel de la Sota anunció un plan de austeridad que contempla cesantías en el sector público y anticipó que no podrá negociar incrementos salariales hasta que la Nación no cancele deudas que mantendría con la provincia.
Quien tampoco dudó a la hora del ajuste fue Mauricio Macri. No demoró un segundo en disponer un aumento del 127% en la tarifa del subte desde que se anunció formalmente su traspaso de la Nación a la Ciudad. Siguió la máxima según la cual las malas noticias deben darse todas de una vez y rechazó el gradualismo que se le recomendó desde el kirchnerismo. El "esfuercito" que le pidió la Presidenta a Macri lo pagarán los usuarios porteños, aunque no debe descartarse que, más adelante, el gobierno local cree un sistema de tarifas diferenciadas para favorecer a las personas en situación vulnerable. Entretanto, el Ejecutivo porteño deberá enfrentar una avalancha de amparos judiciales para frenar el tarifazo.
Cuando la Presidenta se reintegre a sus tareas, no sólo será recibida por la sequía y las derivaciones de los ajustes. También encontrará otro regalito de Reyes, como la potencial alianza, hasta hace poco impensable, entre Hugo Moyano, la CTA de Pablo Micheli y grupos piqueteros, quienes podrían evaluar una medida de fuerza conjunta contra el ajuste nacional.
Con no menos intriga se habrá enterado la jefa del Estado del partido amistoso de fútbol que enfrentó a los equipos de Macri y Daniel Scioli y de las declaraciones de éste en favor de una agenda de trabajo conjunta con el gobierno porteño. Resulta prematuro avalar hipótesis sobre un futuro político juntos, como insinuó Luis D'Elía. Pero sí se puede decir que a Macri y Scioli los une un presente en el que ambos saben que pueden ser víctimas de un gobierno que quiere verlos de rodillas
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